*** Octubre 2017 ***

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La puta no tiene casa

Ph: Pablo Tesoriere

Una gran obra puede ser inmensa aún repitiendo fórmulas, temas y sentidos. En definitiva, de lo que se trata es de transmitir, de llegar a un público específico y analizar momentos.

Este es el caso de la comedia dramática Lo único que hice fue jugar (escrita y dirigida por Sebastián Irigo). Una obra realmente conmovedora en la que podemos transitar diferentes clímax -recreados musical y coreográficamente-, en los que las actuaciones comprometidas logran plasmar temas controversiales en nuestra sociedad: el de ser mujer, madre, esposa, ama de casa, trabajadora y mucho más. El de ser niño e hijo. El de ser menor y tener que absorber los problemas de adultos. Patinar, correr, danzar, cantar o entregarse al dolor.

De repente apareció Gerardo Chendo, intepretando a Manuel (un niño de ocho años), a un adulto de 40 y narrando su versión de los hechos. Entonces, todas las décadas que transcurrieron se encargaron de convertirlo en quien es hoy, en lo que es.

Quien crece, sufre. Quien juega se abstrae.

Mientras todo sucumbía en el hogar, él se ponía a jugar. Mientras sus padres discutían problemas graves, él se convertía en un súperhéroe. Mientras Adriana (Josefina Scaglione), su hermana mayor, salía sin dar demasiadas explicaciones, repetía modelos impensadamente y su otro hermano, Ignacio (Sebastián Politino) seguía acumulando obsesiones; él pretendía disfrutar de su niñez. Como si cada momento hubiera podido transformarse en un pentagrama gigante sobre el que conviene cabalgar cada tarde y noche.

Al tiempo que todo lo modificaba y, sin embargo, a este ser tan encantador se encargaba de conservar como en una cajita de cristal.

¿Qué ocurre con los hijos cuando un matrimonio llega a su fin?

¿Los padres se divorcian de sus hijos?

¿Por qué el caos del amor se traslada a los hijos?

¿Por qué?

Una ambientación de los años 80´ junto a un vestuario exquisito y muy bien logrado nos adentra en la casa de una familia de clase media. Una familia muy convencional, con costumbres tradicionales, vacaciones a la costa, fiestas de cumpleaños, silencios otorgados y conflictos no superados.

Existe un trabajo muy interesante en cuanto a la iluminación y la música: cuando las luces bajan, los hermanos comienzan a jugar, a utilizar todo el espacio escénico y a convertirse en los verdaderos dueños de la ficción. De hecho, es esta atmósfera que Manuel recrea, constántemente, la que le permite trepar, luchar como soldado, pilotear un helicóptero y ser un niño dentro de todo feliz. Una capa que lo cuida de todos los peligros inminentes, que lo protege de los posibles daños reales, de las malas decisiones de sus padres y de todo aquello que él, aún, no puede decidir.

La dramaturgia permite distintos tipos de análisis y eso es lo que cautiva del relato: las diversas aristas e interpretaciones que se puedan tener.

Un padre jugador (Federico Buso), un padre que todo lo arriesga sin medir las consecuencias. Que se ahoga en el alcohol a costa de todo y de nada. Un padre que se siente solo y que no hace nada para modificarlo. Pero nadie dice qué se espera de él, qué se pretende. Gritos de un lado y de otro. Estallidos que producen quiebres irremontables. Regalos que se acumulan más que el amor que no se prolonga. La “traición”.

Marcela, su esposa (Laura Oliva) muy sobreprotectora con sus hijos pero no con su marido. Esta relación es la que más importa desde el comienzo, porque todo lo que suceda luego dependerá de esos primeros instantes.

Como una margarita que se va deshojando: me quiere, no me quiere. Entonces, cada pétalo tirado, abandonado, sufrido o apestado. Ocurre de todo y el sufrimiento se ve en sus rostros. Unos rostros que están cansados de lo que les toca. Porque es lo que se trasluce: una sensación de que todo lo que viven no lo eligen sino que les cae de algún lado. Como si ellos no tuvieran responsabilidades.

La selección musical es excelente y permite rememorar hits de los años 80 y 90, esas canciones que al oír los primeros acordes ya asociamos con películas de aquel entonces. Esto es un valor agregado para la dramaturgia que se va construyendo artesanalmente, con relatos en forma de retazos, con el adiós precipitado, con una separación incoherente, con un límite que nada tiene que ver con el amor y unas lágrimas que prefieren esconderse tras el rostro del horror.

La puta no tiene casa, se escucha en un momento de la historia. Y aquí quedo helada. La mujer que quiere separarse (porque el divorcio aún no existía) tratada de la peor manera, tildada de tantas otras y en ningún momento abrazada. La mujer que no ama es despreciada, dejada a un lado, sin techo. Esa mujer que era todo, de un momento a otro estorba y es mencionada como la lepra.

Lo único que hice fue jugar permite un acercamiento con el sentido de la vida, con los valores, el respeto, el amor, la ira, el temor y tantas otras cuestiones que conviene palpitar.

El que esté libre de pecado puede rezar un Padre Nuestro.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Recuerdos que nunca se olvidan

Me gusta todo9

Ficha Me gusta todoCuando leí acerca de la propuesta de este unipersonal tuve enseguida ganas de verlo. Sobre todo porque se incluía a dos actores.

Me gusta todo (escrita por Andrés Rovetto, Patricio Ramos y Sebastián Irigo; dirigida por éste último) es una obra de teatro humorística que incluye a dos actores en su elenco pero que tiene la particularidad de ser un unipersonal. No es una cargada ni una falsa explicación. Durante casi toda la obra podremos ver a un solo artista en escena y solo en determinados momentos aparecerá un segundo que colaborará con las escenas a modo de asistente se podría decir. Entonces sí se trata de un unipersonal con una impronta novedosa.

No soy afín a los stand up, pero, en esta oportunidad, debo quitarme el sombrero para decir que es posible conseguir llevar adelante un excelente producto humorístico, en el que la ternura, la melancolía y la risa nos acompañarán durante todo el espectáculo.

Si quisiera encasillar a Me gusta todo, debería decir entonces que es un Stand up, con reminiscencias de comedia y humor.

Al ingresar a la sala de Nün se puede ver una estética bien festiva con todos los detalles necesarios para que nos sintamos en un cumpleaños. Desde la comida hasta los regalos estarán presentes y el homenajeado no solo será anfitrión sino que compartirá sus más lindos recuerdos de infancia, de su familia, de sus amistades y su verdadero sueño hecho realidad.

Andrés Rovetto le otorga una extrema suspicacia al show, deja brillando en el aire cada una de las escenas que componen su día más esperado del año, le da lugar a su parteneire Patricio Ramos para que también se luzca y, juntos, consiguen no solo entretener sino dejar una sonrisa grabada en toda la platea.

Me gusta todo no recurre al lenguaje vulgar sino que capta en sus diálogos aquello que deseamos escuchar y sentir. Resulta imposible no latir en la misma frecuencia y sensibilizarnos a medida que transcurre la fiesta.

Chistes que no causarán demasiada gracia (y que esto es adelantado por él), juguetes a cuerda, otros con canciones, participación del público, coreografías que nos harán descollar de la risa, carcajadas que nos provocarán dolor en las mandíbulas, chizitos con un aroma que el cumpleañero no soporta, textos que se reiterán como secuencias humorísticas y un sinfín de momentos inolvidables.

La comicidad no significa estupidez y eso queda bien subrayado en esta propuesta. Se puede hacer reír construyendo y no decayendo.

Realmente quedé maravillada y feliz por notar la alegría completa de todos los presentes. No siempre se puede lograr que un mensaje llegue de la manera deseada y este grupo talentoso puede llevarlo adelante con énfasis.

Me gusta todo es un modo de darle gracias a la vida por la oportunidad de estar vivo, que no es poca cosa. De exprimir al máximo cada segundo y de jamás olvidar a quienes más amamos. También habrá lugar para que ambos actores monten una escena teatralizada durante la cual ocurrirán ciertas peripecias que la dotarán de improvisación y drama a la vez.

Los pasitos que aprendíamos en los boliches de por ejemplo Luis Miguel y Chayanne, también nos darán lugar para que movamos el esqueleto y rememoremos tiempos pasados que siempre estarán presentes. Porque ni siquiera Macarena pasa de moda y ¡¿quién no ha recurrido a esta coreo para levantar un cumpleaños?!

Cada vez que las luces se atenúen, deberemos esperar la próxima sorpresa festiva. Porque acá no solo se trata de su propia celebración sino de lo que significa para Andrés adorar cada fecha.

¿Alguna vez te planteaste cómo ubicar un pesebre y si éste tiene movimiento?

Sus ocurrencias despertarán la conciencia de lo que en verdad importa y eso solo lo sabe cada uno en lo más profundo de su ser.

Regalos reiterados y siempre esperados, giros sorpresivos que dotan a los cuerpos de alegría y una timidez jamás presente. Porque la organización deberá ser premeditada, perfecta y con todo lo necesario para decorar la vida con lo mejor: la luz, ese brillo que ante nada debe quedar aplacado.

Pasen y vean que solo queda una función y el show recién empieza.

Mariela Verónica Gagliardi

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