*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Sebastián Angulegui’

Minientrada

Víctima del altar

I Capuleti e I Montecchi7

Ficha I Capuleti e I MontescchiLas historias románticas tienen su encanto y atractivo. Pero, si a éstas les sumamos el contenido dramático y bélico, la sensación de tensión produce aún más motivación en el público espectador. Qué mejor que aguardar la llegada de ese momento en que los amantes se reunirán en un beso eterno.
En esta versión, con reminiscencias de la tradicional Romeo y Julieta, el libretista Felice Romani escribe un argumento que se basa en historias de diversos autores y, principalmente, en la leyenda inglesa titulada La trágica historia de Romeo y Julieta. Dicha versión se estrenó, por primera vez, en Verona en el año 1830.
La acción se sitúa y desarrolla en el Siglo XIII, en Verona (Italia) y tanto la estética como puesta en escena permiten que lo que más resalte sea la vocalización y música presentes. Y este es uno de los principales puntos a destacar: el bel canto que imperó en esta época y continuó hasta el Siglo XVIII en el país mediterráneo.
Resulta, probablemente, imposible no hacer comparaciones con la versión de Shakespeare -que tan arraigada está en nuestra cultura- y es entonces cuando el raciocinio falla por completo.
Para contemplar y disfrutar al máximo la presente ópera I Capuleti e I Montecchi (con libro de Felice Romani y música de Vincenzo Bellini) es necesario despojarse de toda crítica no constructiva y del machismo en que se tendría que considerar a Romeo encarnado por un hombre. Nada de eso ocurre ya que la talentosísima Cecilia Pastawski es quien interpreta al enamorado en lucha, constante, de su Giulietta (Rocío Giordano), la víctima, en sí, de toda la trama que logra conmover desde un extremo al otro del cuerpo de todo ser humano presente en la sala. Este es uno de los puntos más incisivos que pueden notarse a lo largo de la función lírica y que podrá dividir al público considerablemente. Incluso, fue el propio autor quien dictaminó que el papel de Romeo sea ejecutado por un mezzosoprano y he aquí la elección (que se llevó a cabo en las diversas interpretaciones por diferentes países) de que sea una voz femenina la que cante los pesares, los mayores logros y el deseo por dar todo hasta las últimas consecuencias.
Esta ópera consta de dos actos y la totalidad de la misma es de aproximadamente 3 horas. Durante este tiempo puede sentirse cómo las partituras cobran vida bajo la dirección de Jorge Parodi quien le otorga a las melodías un vuelo enorme, permitiendo que cada uno de los presentes podamos inmiscuirnos en la obra musical desde el preludio.
Nada más gratificante para oír que una orquesta demostrando su excelencia, en cada uno de los conciertos brindados en el Teatro Avenida, otorgándole la precisión, la firmeza y la pasión con que puede tocarse un instrumento para recrear una era tan pasada, un momento en que dos familias se enfrentarán y en que la culpa será de quien menos se lo espere.
El libreto de Romani se basa más en la batalla desatada entre ambos clanes y no tanto en el romance. Es entonces cuando se notará cómo un pacto de paz brindado por una de las partes, no será acatado por la otra y de ahí en más estallará por los aires la desgracia de envenenamiento ya conocida.
Una obertura que invita al género dramático y burlesco a la vez, en que se podrá sentir tranquilidad, felicidad y la complacencia de que cada personaje luchó hasta donde quiso.
Puede notarse al gran cantante Santiago Ballerini encarnando al primo hermano de Giulietta, Tebaldo. Vestido de caballero, dispuesto a defender lo “suyo” y a demostrar su amor egoísta una y otra vez. Luciéndose, una proyección realmente audaz en que se luce como tenor y expone su grandeza como artista, dibujando en el éter las melodías de sus cantos. Se siente, se vive, se palpita y el caudal de su voz pareciera no tener fronteras. Por ello es que avanza, pretende conquistar el corazón de su amada y defender su legado.
Mientras tanto, el “error” de Romeo de matar al hermano de Giulietta no será motivo suficiente para separarlos. Detalles que le otorgan al argumento una impronta femenina enorme, pero no por ello menos dramática. El desenlace ya es de público conocimiento y por ello no indagaré en dicha cuestión.
En cuanto a la decisión de vestuario, la misma también se encarga de desdramatizar el contenido de la historia y conseguir profundizar en los hechos en sí. Y, adentrándonos en la cuestión estética, resulta muy conmovedor el ingreso de la protagonista luciendo de novia, suplicando no llegar al altar y poder encontrarse con su verdadero y, por lo visto, imposible amor. Como piezas que debieran encastrar a la perfección, la familia Capuleti es la encargada de empujar, -de manera inconsciente, aunque no por eso menos brutal- a la Giulietta, haciéndola cometer su propio crimen. La sangre no aparece y, al contrario, el dolor parece absorber todo vestigio de sufrimiento pasado. El culpable será juzgado oportunamente aunque ya no a tiempo de evitar ambas muertes.
Un elenco increíble, que se completa con Walter Schwarz (Capellio) y Sebastián Angulegui (Lorenzo), quienes demuestran también sus destrezas vocales engalanando la noche en este emblemático teatro de Buenos Aires.
Cuando una pieza artística está bien llevada a cabo hay que decirlo en mayúsculas y este es el caso.

Mariela Verónica Gagliardi

 

Minientrada

La imposibilidad de decir te amo

Werther157

Jules Massenet (1842-1912) es un compositor francés muy distinguido, del Siglo XIX, pero que no contó en su momento -como solía ocurrir en aquella época- con la aprobación del público, a nivel masivo.

Sus piezas musicales denotan una sensibilidad extrema, que lo exhiben como una figura romántica de antes y de ahora.

En cuanto a sus óperas, algunas de las que ha escrito son: La coupe du roi de Thulé (1866), Le Grand-Tante (1867), Manon (1884), Le Cid (1885), Esclarmonde (1889), Werther (1892) y Thaïs (1894).

La presente pieza artística, que abre sus puertas en el Teatro Avenida, es Werther. Una historia que se basa en el amor, en el suicidio y en las familias conservadoras.

Inspirada en la novela epistolar de Johann Wolfgang von Goethe, titulada Los sufrimientos del joven Werther (basada en la desventura sufrida por el autor, cuando en 1772 conoció a Charlotte Buff, casada con un funcionario de apellido Kestner, y se enamoró de ella. Si bien al tiempo formó pareja con otra mujer, sus penas fueron puestas en páginas), permitió que Édouard Blau, Paul Millet y Georges Hartmann le otorguen un vuelo diferente (aunque conservando sus principios y esencia original) ya que cuando Massenet decidió sumergirse en las páginas de Goethe, habían transcurrido alrededor de cien años desde su escritura.

Este drama lírico en cuatro actos, describe una época en que la Iglesia, la sociedad burguesa y el amor imposible; se cruzaban para enfrentarse, diluirse y traicionarse. El romanticismo como camino, como ruta a seguir, a transitar en el 1800 trayendo al joven Werther para demostrar cómo la rigidez de las instituciones (Iglesia Católica, Familia) permitían el descontento de personas como él, no siempre hallando un final feliz.

¿Por qué es imprescindible la vida de este enamoradizo y utópico hombre?

Justamente porque sin llegar a ser un “rebelde” se deja guiar por su corazón, persiguiendo a Charlotte quien está por casarse con Albert, aún sin amarlo. Los matrimonios por conveniencia, las promesas, el sufrimiento y las condenas propias e impuestas, son algunos de los rasgos que delineaban la vida tradicional del romanticismo. Trasladado de Alemania a Francia, el escenario se vuelve aún más conmovedor, tierno y con la ilusión de que la tragedia no sea como la versión alemana. Si bien, sabemos que los dramas pincelados por franceses son indispensables al momento de narrar una pieza lírica.

No existen demasiadas vueltas en esta historia. El argumento gira entorno a este amor no correspondido socialmente (ya que ellos se aman) y a los mandatos familiares que se imponen sobre cualquier sentimiento noble.

La sencillez de la trama es lo que permite que disfrutemos de las voces tan bien proyectadas por sus protagonistas, por el coro de Buenos Aires Lírica y el acompañamiento imprescindible de la Orquesta (dirigida en esta oportunidad por Pedro Pablo Prudencio).

Como suelo decir, humildemente, ingresar a una ópera es sumergirse en un universo completo en que se fusionan, a la perfección, las artes escogidas para desplegar en escena. Por tres horas, el mundo externo para borrarse para darle lugar a un cuento en que el vestuario, la música, el canto y las actuaciones nos harán vivir un momento único.

En cuanto a la difusión de la obra de Goethe, los jóvenes europeos solían vestirse como el personaje, copiarlo (lamentablemente en cuanto a su última acción) y ser considerada por Napoleón Bonaparte como uno de los trabajos más importantes en el continente (de hecho solía llevar siempre una copia consigo).

Durante el Primer Acto, que tiene lugar en la casa del Burgomaestre (Cristian De Marco), quien comienza a deleitar con la introducción de la historia -la cual es cedidad después de la gran apertura a cargo de la orquesta-. Este Bajo realmente es excelente y su interpretación y vestuario lo convierten en verdadero anciano que le enseña a los niños unos villancicos para la Navidad que está pronta a llegar. La alegría de estos pequeños se reluce en sus rostros que alegran, una y otra vez, las situaciones dramáticas.

Mientras el Tenor que encarna a Werther (Gustavo López Manzitti) comienza a contar sus vivencias y augurios, deseamos que Charlotte le sea correspondida al menos un momento. No existen demasiadas palabras para describir a este artista que se lleva la ovación del público y la compasión por su nostalgia en carne viva. Una verdadera obra maestra se produce y las melodías ayudan a nuestra imaginación, a una imaginación que conoce cada situación venidera y que no puede hacer absolutamente nada para evitarla más que desearla.

Al ingresar Charlotte, se produce un quiebre importante entre las canciones navideñas y la melancolía de Werther. La mezzosoprano hace su aparición y la femineidad que la caracteriza, le permite desplegar desde su ternura absoluta hasta su vocalización que consigue crear diversos climax a lo largo de la dramaturgia.

También ingresan a la casa, Sophie, (la Soprano Laura Sangiorgio, quien generó momentos inolvidables y con una magia escénica increíble) y, al instante, el prometido de Charlotte, Albert, (el Barítono Norberto Marcos Barítono). Ya están todos los protagonistas juntos como para hacer rodar la historia. Una historia que tendrá un final diferente a la original escrita por Goethe y que, seguramente, le gustará más a los espectadores.

Un despliegue conmovedor, una puesta en escena a cargo de Crystal Manich, increíblemente pintada de diversos colores según la escena a desarrollarse (gracias a la iluminación de Rubén Conde y la escenografía de Noelía González Svoboda), el vestuario épico dotado hasta con el mínimo detalle (diseñado por Lucía Marmorek) y un grupo de talentosos cantantes que saben vocalizar no solo con sus cuerdas vocales sino con sus cuerpos, unos cuerpos que hablan, que silencian miedos, que callan verdades y que cuando llega el desenlace ya no pueden evitar.

Dirección musical: Pedro-Pablo Prudencio. Puesta en escena: Crystal Manich. Diseño de escenografía: Noelia González Svoboda. Diseño de vestuario: Lucía Marmorek. Diseño de iluminación: Rubén Conde. Dirección de coro: Juan Casasbellas. Dirección de coro de niños Petites Coeurs: Rosana Bravo. Funciones: 31 de julio, 2 6 y 8 de agosto.

Mariela Verónica Gagliardi