*** Marzo 2019 ***

Entradas etiquetadas como ‘Santiago Gobernori’

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“La madre del desierto”, de Nacho Bartolone

La madre del desiertoPartiendo de una lengua en continua torsión, la escritura y el teatro de Nacho Bartolone se funden en un mismo gesto: adulteración, sensualidad, poesía, desacato. Sus piezas, dueñas de una sonoridad y un cuerpo escandalosos, parecen el resultado de una virtuosa coreografía intelectual. Con pulso alucinado, sus obras Piedra sentada, pata corrida (2013) y La piel del poema (2015), generan vínculos y dislocaciones entre buena parte de la tradición literaria y el teatro argentinos. La madre del desierto ataca el periplo de la difunta Deolinda Correa, puesto en el cuerpo y la voz de Alejandra Flechner. Si el desierto es una página en blanco, y el pasado un holograma o materia que acarrear, el autor enfrenta ambos con entusiasmo y crueldad. Una vez más el lenguaje, a partir del Bebo Pura Leche que encarna Santiago Gobernori, es “un destetado de su raza”y, como toda potencia desobediente, “siempre habla la Lengua de dios”.

Este año el TNA – TC incorpora a su programación funciones con recursos accesibles, diseñados para personas con discapacidad sensorial visual y comunidad Sorda. Las funciones contarán con audiodescripción introductoria e intérpretes en lengua de señas -LSA-; programa de mano con QR, que incluye un video subtitulado con la información del programa de mano en LSA.

Las funciones accesibles de La Madre Del Desierto serán el 21 y 28 de febrero a las 18 hs.

Autoría: Nacho Bartolone

Actúan: Alejandra Flechner, Santiago Gobernori

Músicos: Victoria Barca, Franco Calluso

Vestuario: Endi Ruiz

Escenografía: Endi Ruiz

Iluminación: David Seldes

Diseño Audiovisual: Leo Balistrieri

Música original: Franco Calluso

Asistencia de dirección: Gladys Escudero

Producción: Silvia Oleksikiw

Colaboración artística: María Florencia Rúa

Coreografía: Carolina Borca

Dirección: Nacho Bartolone

Web: http://www.teatrocervantes.gob.ar/

Duración: 75 minutos

Clasificaciones: Teatro, Adultos, Artes Escénicas

TEATRO NACIONAL ARGENTINO – TEATRO CERVANTES

Libertad 815 – C.A.B.A. (mapa)

Teléfonos: 4816-4224

Web: http://www.teatrocervantes.gob.ar/

Entrada: $ 280,00 – Domingo, Jueves, Viernes y Sábado – 18:00 hs – Del 14/02/2019 al 17/03/2019

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Shakespeare bajo el agua

Hamlet, la obra7

Surf o no surf, esa es la cuestión, y ese es el slogan que predomina en esta genial versión de Hamlet en que el balneario de Pinamar se convierte en escenario protagónico de la trágica historia shakesperiana para dejar atrás a la Dinamarca original.

Hamlet Rey ha muerto y su fantasma merodeando por la playa en busca de venganza a través de su hijo, quien se vestirá con traje de neopren y patas de rana, añorando esos veranos en que podían disfrutar de esquivar olas y conquistar chicas bonitas.

La puesta en escena no precisa más que de sillas para que, por orden de aparición, vayan representando la tragicomedia en que la risa invadirá El Tinglado, en el marco del V Festival Shakespeare Buenos Aires.

Y sin menospreciar determinadas obras, resulta interesante el impacto que se produce cuando se le da la posibilidad al público de ingresar gratis a un espectáculo. Por suerte ya no se asocia lo libre con lo bueno. Este es uno de esos casos, tanto el festival como la dramaturgia.

No es requisito saber de memoria Hamlet ya que la propuesta está destinada a un público heterogéneo que, sobre todo, quiera romper con los relatos clásicos y tradicionales.

También resultan interesantes y súper entretenidos los diálogos y conversaciones entre los personajes para conformar estrategias y bandos que le permitan a un héroe u otro alcanzar el poder.

La trama original se mantiene pero sufre muchas modificaciones que le permiten convertirse en una tragedia celebrada en que lo grotesco, lo absurdo e inclusive lo convencional tienen su momento y espacio para demostrar que los personajes de Hamlet no son solo personajes que aman y odian sino que, también, tienen deseos sexuales, que mantienen secretos para confabularse con quienes les convenga y que, por sobre todo, tienen salvajismo al igual que los animales más feroces.

Son sobresalientes las actuaciones y logran crear una voragine existencial gigante que quien no esté libre de prejuicios deberá abandonar la sala.

La dupla Gertrudis-Claudio se lleva todas las miradas de los espectadores por el modo en que transitan temas aún tabúes que demuestran cuán ridículo es mantenerlos en silencio. Pero Ofelia y su caprichoso deseo por estar junto a Hamlet príncipe la convierten en una despechada loca que se mueve por sus sentidos y no por la razón.

De hecho, son pocos los que piensan y planean algo. Una de ellas es la hija de Fortimbrás (Rey de Noruega), quien desea quedarse con el balneario de Hamlet a toda costa. Para ellos se une a la ex mujer de Claudio, quien por estar muy despechada consigue su propósito de vengarse.

El léxico desde ya que es modificado por uno vigente, de nuestros tiempos modernos y, seguramente, este sea uno de los puntos que más le atraigan a los jóvenes que observen esta pieza teatral.

Como si lo más importante fuera ocupar un trono en un castillo, aquí se demuestra que nadar y rescatar a quien está a punto de ahogarse, es lo que vale la pena. Nada de lucir trajes épicos sino cómoda y liviana ropa, mallas y bikinis para juntarse junto a un imaginario fogón.

Cuando las llamas surjan, todas las verdades serán develadas y las escenas llegará a su fin.

“Hamlet, la obra” (escrita por Leandro Orellano y Cumelén Sanz; dirigida por Matías Feldman y Santiago Gobernori) sorprende, divierte, tiene un fuerte contenido social y merece ser aplaudida de pie. “Chetos” frente a “viyeros”, lucha de lenguajes, territoriales y carnales. Estos son los problemas de nuestra sociedad y por esto, simplemente, tenemos que ser agradecidos de que un grupo de jóvenes talentosos se anime a versionar al gran autor.

A la vez que los personajes corren, se miran, se alían unos a otros y se combaten unos a otros; llega la gran batalla: una pelea de ojotas en que el veneno matará al más débil. Quizás nadie salga herido o tal vez no sea la idea que uno perezca para que otro salga victorioso.

Hamlet, la obra ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Percepción o realidad?

El estadio de arena4

La muerte, más que el nacimiento, suele unir a las personas que estaban distanciadas. Este es un misterio que, al día de hoy, no logro entender del todo. Como si la melancolía fuese la encargada de juntar por un momento a seres que se odian pero que los recuerdos logran superar cualquier sentimiento negativo.

“El estadio de arena” (de Patricio Abadi) logra captar la esencia de una situación muy dolorosa como es la muerte de un padre y, en pocas horas, rememorar aquellos conflictos sin resolver.

Se trata de dos hermanos (Santiago Gobernori y Pablo Seijo) que, infantilmente, se han disputado el amor de una mujer. Pero, después de muchos años sin hablarse ni verse, ese tema no había salido realmente a la luz.

Ellos han encarado sus vidas de manera tan diferente que por más que intentaron diferenciarse el uno del otro, la El estadio de arena1vida se ha encargado de demostrarles que son dos caras de una misma moneda.

Además de esto, uno intenta mostrarse más frío y estructurado, mientras el otro hace renacer su costado más cursi y romántico.

Ninguno se ve demasiado realizado con el camino escogido, pero hay algo que los abrazará para trasladarlos a su infancia, una infancia en que su padre estaba vivo y les enseñaba fútbol.

La aparición de una pelota les permitirá jugar, brevemente, intentando que el poco tiempo que permanezcan en la playa sea inolvidable.

Una mirada al pasado será esta obra -cargada de emociones- y, al finalizar, era imposible que no nos conectemos con parte de nuestra historia.

Abadi logró lo que suele costar tanto: el famoso cuento con principio, nudo y desenlace; sumado al plus de explorar la intimidad más dolorosa al punto de desgarrarse.

La arena, una rambla y el rememorar momentos y lugares de Uruguay, nos sitúan exactamente donde el autor desea El estadio de arena6pararse. Debo asumir que disfruto y admiro el teatro autobiográfico, por más ficción que sea en una parte o en su totalidad. Me voy plagada del sabor a chivito, a mar, a niñez, a la sensación de los pies  cuando rozan la playa, a antes, a tiempos que podremos traer a la fuerza y que, sin embargo, no podremos obligar a anclarlos.

Un profundo dolor se siente y observa en esos rostros inclusive antes de que lloren y la presencia de Jazmín (Marina Glezer) podrá develar el sufrimiento que sienten estos hermanos. De a poco las gargantas se van cerrando hasta que escuchamos el comienzo del dolor. Ese dolor que, desde las entrañas, es imposible tapar u ocultar.

El potrerito, en este caso, es un espacio natural que evoca recuerdos, pases, balones y la simpleza de la niñez.

“El estadio de arena” vendría a ser un pasado revelador, muy similar al común de la gente y, justamente, este aspecto es el que logra empatizar con el público.

Escribir e interpretar roles complicados y retorcidos no siempre tiene sentido. Esta obra justifica lo simple sin desvalorizar el guión. Al contrario, realzando la vida cotidiana, los roces familiares, las palabras nunca dichas y los amores frustrados.

Un estadio, un corazón roto como una ola cuando está llegando a la orilla.

Mariela Verónica Gagliardi

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