*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Rey Lear’

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Transgrediendo fronteras

Ley Lear11

En esta historia no se narra la tradicional obra del Rey Lear -de Shakespeare- sino que se utiliza, simplemente, la idea como disparador para traer la monarquía a la actualidad. A una actualidad en que se prescinde de ésta al igual que de ciertos códigos antiguos, los cuales son reemplazados por otros que están íntimamente relacionados con problemáticas sociales vigentes.

Nada de luchas ni batallas físicas ya que la palabra y el cuerpo hablan, hasta convencer de sus propósitos.

El teatro físico es la pieza fundamental y sobre la que camina esta versión titulada “Ley Lear” (escrita y dirigida por Santiago Alegría). No hace falta aclarar que Lear fue el rey de Bretaña aunque resulta imprescindible saber sobre su poder, la tortura que ejercía sobre sus tres hijas y el poco consentimiento que afloraba por sus venas.

Un padre rey, pero un padre al fin. Cruel, desequilibrado, egoísta e injusto; que pretendió hacer su camino y cada uno de sus caprichos sin tener en cuenta a quiénes heriría.

En esta adaptación solo aparecen en escena dos de sus hijas (Milagros Coll y Paz Imán) y,  Cordelia, es la única que mantiene un nombre original del texto de Shakespeare. De este modo, los sonidos y expresiones corporales se encarga de, salvajemente, transmitir lo que sufrieron durante diez años de sus vidas.

Por momentos las voces se fusionan o desaparecen, como efecto sonoro que pretende resaltar, constantemente, el movimiento.

Les decía que son tres hermanas aunque una de ellas tuvo un accidente y la dramaturgia tuvo que adaptarse, a último momento, para dos. Esto realmente fue y es un desafío tanto para las actrices como para su director.

Evidentemente se ha resuelto bien, a pesar de que existen momentos en que quedan huecos que no se llegan a comprender correctamente. Más allá de esas situaciones puntuales, el mensaje de Ley Lear logra su cometido: demostrar cómo dos cuerpos consiguen romper límites normales, transgredirlos, sentir cansancio, agotarse, sufrir y amar apasionadamente.

Son dos hermanas que se tienen la una a la otra y sueñan con conocer a su madre, la misma que las abandonó y jamás llegaron a ver. Parece haber llegado ese gran día en sus vidas y parece haber estallado un terremoto que las modificó para siempre.

Son ellas mismas pero crecidas, cambiadas, añorando regresar a esas épocas en que cuidaban el vivero de su padre y el barro recorría sus pieles hasta componer una coreografía especialmente para la ocasión.

La violencia de género existió y existe. Actualmente lleva nombre y, cada vez más, puede verse cómo se defiende a las víctimas.

Estas hermanas son carne y uña, y más que eso. Sus soledades se cruzan hasta unirse como dos almas abandonadas. Así parecen sentirse y verse. Las luces se atenúan durante casi toda la obra y esto nos permite empaparnos del dolor en que crecieron.

Salvajes, solas, en un pueblo del interior, sin visitas y sin demasiados motivos para vivir. Hasta que una de ellas logra cambiar su rumbo y la tragedia invade por completo la escena. Shakespeare debía hacer su aparición, algo conmovedor tenía que pasar. El desenlace no es el del libro sino uno totalmente diferente.

Ley Lear ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Puedo sonreír y asesinar mientras sonrío

Sweet William4

Michael Pennington es un actor inglés que interpretó varios roles shakesperianos, decidiéndose a crear su propio unipersonal titulado “Sweet William”. En el marco del V Festival de Shakespeare Buenos Aires, el artista estuvo presente dando charlas sobre el escritor y, también, sobre su vida.

Es sumamente atrapante, sepas o no el idioma, cómo los relatos entre ambos se van entrelazando hasta que llega un momento en que tenés que preguntarte de quién se trata en ese entonces. Desde ya que sus pasados familiares no tienen semejanzas pero sí el amor por la literatura, el teatro y el deseo por narrar.

Cada cual con su lenguaje transmitió una atmósfera diferente y similar a la vez. En esta oportunidad, la Usina en el barrio de La Boca, abrió sus puertas para que disfrutemos de Pennington a través de su representación.

Solo, sin escenografía, simplemente con una silla logró conmover, anhelar, soñar despierto y atravesar esas fronteras que suponemos existen en la vida.

Una primera parte se basó en los primeros años de vida de Shakespeare donde contó que su infancia no fue del todo feliz, que dejó el colegio y desapareció hasta que se casó. Que no se sabe por qué contrajo matrimonio ya que su mujer había quedado embarazada, pero no existe información fehaciente que diga si estaba enamorado o no.

Desde ya que no es lo mismo escuchar hablar a un actor en castellano que en inglés porque para comprenderlo, en vivo, habría que tener un nivel excelente. Ese fue el único aspecto negativo en cuanto al unipersonal, sobre todo teniendo en cuenta la extensión de alrededor de dos horas, motivo por el cual tuvimos que escuchar la traducción a través de unos auriculares.

Claro que lo que importa, más allá de lo que dice es el cómo, las herramientas que utiliza y despliega para unir dos épocas completamente diferentes, para hacernos sentir que los reinados y monarquías siguen vigentes, y para que, realmente, deseemos con el corazón seguir consumiendo Shakespeare para siempre.

Al avanzar el relato, Michael hace una diferenciación entre tipos de actores estando de gira, con muchos tintes de humor y esa sonrisa de placer por poder representar no a uno sino a muchos de los personajes de sus libros.

En cuanto sigue mechando su historia de vida con la de Shakespeare, llega el momento de transitar por diferentes obras del autor, las que, posiblemente, pudieron ser concebidas gracias a lugar solitario en que vivía el autor. Macbeth, La comedia de las equivocaciones, Rey Lear, Ricardo III, Sueño de una noche de verano, Hamlet, entre algunas de las obras citadas por Pennington a lo largo del unipersonal. De ellas decide tomar ciertos fragmentos e interpretarlos en el espacio escénico.

¿Qué hubiera dicho Shakespeare si hubiera escrito en época de un mundial? – cuestiona el actor en un momento de la obra. Dejándonos perplejos y continuando con otra temática, es tarea para resolver en casa, pensando en tantos factores como sean posibles.

Uno de los momentos más cruciales se produce cuando menciona el lugar que tenían los teatros en la época de Shakespeare, a qué altura estaban y el menosprecio que sentían los poderosos por éstos: los teatros eran puestos al mismo nivel de un burdel, de hecho se trataba de los mismos dueños. También, nos explica que los autores eran peor pagos que los actores. Seguramente, habrá sido el único momento en que un actor ganó bien, agrega Pennington.

Respecto a los niños, dice que no suelen tener suerte en las historias de Shakespeare, aunque el resto de los personajes tienen la oportunidad, a través de monólogos, de esbozar sus pensamientos. Dice que el que recita el soliloquio, nunca miente en las obras de Shakespeare.

«El amor me abandonó desde el seno de mi madre , logra erigirse como una de las frases más emblemáticas de Shakespeare y habría que cuestionarle si ese abandono y esa soledad también existieron en su vida, si además de trasladar la política a sus libros, se atrevió a caracterizar personajes desolados y tristes que de cualquier manera pretendían sentir algo de amor, aunque sea por un instante.

 Mariela Verónica Gagliardi

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