*** Junio 2017 ***

Ley Lear11

En esta historia no se narra la tradicional obra del Rey Lear -de Shakespeare- sino que se utiliza, simplemente, la idea como disparador para traer la monarquía a la actualidad. A una actualidad en que se prescinde de ésta al igual que de ciertos códigos antiguos, los cuales son reemplazados por otros que están íntimamente relacionados con problemáticas sociales vigentes.

Nada de luchas ni batallas físicas ya que la palabra y el cuerpo hablan, hasta convencer de sus propósitos.

El teatro físico es la pieza fundamental y sobre la que camina esta versión titulada “Ley Lear” (escrita y dirigida por Santiago Alegría). No hace falta aclarar que Lear fue el rey de Bretaña aunque resulta imprescindible saber sobre su poder, la tortura que ejercía sobre sus tres hijas y el poco consentimiento que afloraba por sus venas.

Un padre rey, pero un padre al fin. Cruel, desequilibrado, egoísta e injusto; que pretendió hacer su camino y cada uno de sus caprichos sin tener en cuenta a quiénes heriría.

En esta adaptación solo aparecen en escena dos de sus hijas (Milagros Coll y Paz Imán) y,  Cordelia, es la única que mantiene un nombre original del texto de Shakespeare. De este modo, los sonidos y expresiones corporales se encarga de, salvajemente, transmitir lo que sufrieron durante diez años de sus vidas.

Por momentos las voces se fusionan o desaparecen, como efecto sonoro que pretende resaltar, constantemente, el movimiento.

Les decía que son tres hermanas aunque una de ellas tuvo un accidente y la dramaturgia tuvo que adaptarse, a último momento, para dos. Esto realmente fue y es un desafío tanto para las actrices como para su director.

Evidentemente se ha resuelto bien, a pesar de que existen momentos en que quedan huecos que no se llegan a comprender correctamente. Más allá de esas situaciones puntuales, el mensaje de Ley Lear logra su cometido: demostrar cómo dos cuerpos consiguen romper límites normales, transgredirlos, sentir cansancio, agotarse, sufrir y amar apasionadamente.

Son dos hermanas que se tienen la una a la otra y sueñan con conocer a su madre, la misma que las abandonó y jamás llegaron a ver. Parece haber llegado ese gran día en sus vidas y parece haber estallado un terremoto que las modificó para siempre.

Son ellas mismas pero crecidas, cambiadas, añorando regresar a esas épocas en que cuidaban el vivero de su padre y el barro recorría sus pieles hasta componer una coreografía especialmente para la ocasión.

La violencia de género existió y existe. Actualmente lleva nombre y, cada vez más, puede verse cómo se defiende a las víctimas.

Estas hermanas son carne y uña, y más que eso. Sus soledades se cruzan hasta unirse como dos almas abandonadas. Así parecen sentirse y verse. Las luces se atenúan durante casi toda la obra y esto nos permite empaparnos del dolor en que crecieron.

Salvajes, solas, en un pueblo del interior, sin visitas y sin demasiados motivos para vivir. Hasta que una de ellas logra cambiar su rumbo y la tragedia invade por completo la escena. Shakespeare debía hacer su aparición, algo conmovedor tenía que pasar. El desenlace no es el del libro sino uno totalmente diferente.

Ley Lear ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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