*** Diciembre 2018 ***

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Bajo las aguas se esconde un misterio

Los nadadores

Todo parece estático, inmutable, increíblemente quieto. Pero como aquella quietud de la que ni siquiera puede acapararla el polvo. Todo parece querer cobrar vida nuevamente pero las palabras y dichos rancios opacan a quienes intentan dar una brazada de esperanza.

“Los nadadores” (escrita y dirigida por Laura Santos) es una maravilla poética que conjuga varios estilos artísticos: proyecciones audiovisuales, música e interpretaciones. No podría hablar de actuación ya que los actores consiguen plasmar en palabras y actos cada texto escrito por la autora de la obra.

Así, se puede apreciar una pieza artística única, que llega a lo más profundo del corazón, que hace pensar al espectador y meditar un rato sobre el lugar que ocupa en su propia vida y en el espacio que interviene.

Podría preguntarles a estos habitantes por qué siguen eligiendo permanecer y durar en el tiempo en vez de probar otras alternativas de vida. Podría, quizás, obtener silencios o divagues porque quienes están en este pueblo perdido en el mapa no tienen demasiada conexión con el afuera, con los avances, con el qué dirán y con el qué vendrá. Ellos están como piezas de un juego que aún no ha comenzado. Envían cartas que no siempre llegan a destino, piden permiso para realizar determinadas cosas y, sin embargo, toleran una y otra vez el mañana. Un mañana que nada tiene de incierto (y probablemente sea lo que más los entusiasme), hasta que una de las personas que vive en esta peculiar comunidad decide cambiar el rumbo de la situación.

De ahí en más, las sensaciones serán otras, las aperturas más significativas, el amor una unión y el abrazo un lazo fortuito.

Debo resaltar la excelente fusión entre los fragmentos de video en que se cuenta la historia y la continuidad en escena (en vivo y en directo). Un estilo que le da frescura, nostalgia y total movimiento a lo largo de la dramaturgia; la cual cobraría un vuelo menos ágil si solo se comunicara desde la parte teatral.

Los nadadores parte de un hecho trágico para cautivar, para explicarnos que ciertas situaciones son inevitables, que los accidentes existen y que por más explicaciones o justificaciones que se busquen; hay que salir adelante. Caminar, andar en bicicleta por los mismos senderos, tocar temas tabúes y perdonar-se.

Laura Santos es una magnífica narradora, una increíble escritora que -artesanalmente- une un retazo con otro, una anécdota con otra historia y que consigue emocionar.
Me sentí, en todo momento, en ese pueblito. Conseguí tocar su aspereza, oler su fragancia fresca y las aguas calmas y turbias. Vi la tristeza, la absorbí y sufrí al leer tanto desamor en los rostros jóvenes.

Cuando una máquina de escribir retoma su velocidad significa que el futuro será algo más prometedor, que nada hay que temer ya que el fantasma más grande pudo disolverse para siempre. Y es que entre tanto silencio no caben más que suposiciones, melancolías, miedo por lo desconocido, hacia lo que no se puede manipular.

Miedo y más miedo que consiguen aniquilar grupalmente.

Con respecto a la parte técnica, tanto lo lumínico como lo sonoro se sincronizan muy bien, permitiendo guiarnos hacia el lugar en que se desea poner el foco. A la vez que, como dije anteriormente, lo fílmico le da un vuelo diferente al espectáculo. Estamos en una función de cine y teatro al mismo tiempo. No se descuida ninguna de las dos y el peso de ambas le otorgan mayor vigor a Los nadadores.

A su vez, se logra más y es que el teatro Zelaya tiene un espacio que encaja justo para la puesta en escena. Como si hubiera sido fabricado especialmente. Esto no es un detalle sino algo mágico ya que desde el momento en que se ingresa a la sala podemos sentirnos parte de lo que vendrá, estar allí y no acá.

¿Cuántas veces se logra algo así?

Dramaturgia y dirección: Laura Santos

Elenco: Julieta Caputo, Juan Castiglione, Eduardo Ferrer, Antonella Saldicco, Paula Staffolani, Gianluca Zonzini, y María Villar

Funciones: miércoles 21 hs

En diciembre: miércoles 5 y 12, 21 hs; y, sábados 1 y 8, 21 hs.

Teatro Zelaya

Mariela Verónica Gagliardi

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Sensaciones inolvidables

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En la ciudad de Bolívar se esconde una historia real que María Laura Santos (la directora), se encargó de ficcionar, así como de guionar. Esta narración tiene ese aroma y gusto al interior, a que realmente ocurrió y que sus personajes son netamente intérpretes.

“Haya” es el título de la obra, así como de su protagonista (Paula Baldini), la cual tendrá la valentía de enfrentar momentos angustiantes pero que, sobre todo, aprenderá a acomodarse a diversas situaciones totalmente inesperadas en ese pueblo.

Como una pequeña pero gran historia, el eje central girará entorno a lo emotivo. Las sensaciones serán unas y al
cabo de un rato, otras. Las personas que irá conociendo Haya no serán convencionales sino todo lo contrario. Ni Haya7siquiera tendrán nombres que coincidan con sus géneros y este punto hará reflexionar sobre el sexismo.

Esta pieza teatral nos remite a aquello tan puro como el amor, en todas sus vertientes.

Un espacio recreado con objetos que nos ubican en tiempo y espacio, al mismo tiempo que la iluminación y música, serán los encargados de permitirnos lagrimear, buscar en nuestro interior, en ese rinconcito colmado de recuerdos inolvidables.

“Haya” pertenece al género testimonial y de eso no hay dudas. Pero, Haya no es solamente una mujer en un pueblo. Haya es una mujer en busca de su identidad, de sus ancestros, de la soledad y de la compañía que surge de modo espontáneo.

Es imposible no emocionarse. Todos hemos tenido pérdidas de seres queridos y la muerte en nuestra sociedad continúa siendo una energía tan oscura como la bruma, de lo que no se puede hablar demasiado sin estallar en llanto.

¿Qué significa el término haya?

Puede ser un verbo o sustantivo, según como se utilice. La palabra hace referencia a una acción o árbol. Dos cosas tan diferentes una de otra.
Aunque no es el fin de la obra ninguna de estas dos en particular, sí me atrevo a involucrarlas como parte del relato.

La Paloma es el sitio en el que se desarrolla casi toda la historia, en paralelismo a un hotel llamado Goitías -muy cerca de allí- atendido por un hombre demasiado particular, con un costado melancólico-romántico.

Haya5

Cada momento que transcurra será inolvidable para la protagonista y para nosotros como público. Ella podría ser cualquiera de los espectadores que se sumerge en una aventura impensada, pero que le resultará placentera.

Desde que se ingresa a la sala del teatro, se ve un letrero luminoso, ubicándonos en un lugar determinado. Ese será el punto de partida y, gracias a éste, se desarrollará lo siguiente.

Haya nos cuenta un mito sobre las hermanas caballo. Estas hermanas son de pocas palabras, parecen niñas aunque ya no lo son, parecen haber vivido demasiado tiempo alejadas de la gente y cada palabra escuchada les producirá un estímulo diferente, permitiéndoles bailar, cantar y ser felices nuevamente.

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¿Qué puede sentir una persona ante una gran pérdida?

Silencio, no saber qué decir, no poder hablar.

Como si la voz fuese la encargada de reproducir tristeza y dolor. Qué acostumbrados estamos a tener que emitir sonido con la boca, dejando de lado al resto del cuerpo que muchas veces se expresa más nitidamente.

Qué sucede con las personas que deciden formar su propia vida lejos de la ciudad, de un mundo simultáneo pero en muchos casos demasiado dañino para ser recorrido?

Ser “anti-social”, ¿está mal? No querer seguir al rebaño de ovejas y tener otros valores, ¿es incorrecto? ¿Por qué la única verdad es la escogida por la mayoría, en varias ocasiones porque ya es lo más cómodo y ya transitado por otros?

La música de los Guns and Roses surge en cierto momento de la dramaturgia con la canción Paradise City y el factor Haya6sorpresa vuelve a apoderarse de nosotros.

¿Quién podría imaginar que un grupo de música internacional formaría parte de tan profunda obra?

Una ciudad paradisíaca con movimientos de caballos, danzando el rock and roll tan mágica como poderosamente podría verse en escena.

Probablemente los actores intenten buscar aquellos niños que fueron, los aromas de la casa de sus abuelos, el olor a pasto recién cortado y cada comida servida en las mesas de los domingos.

Seguramente si pudieron llegar a esa columna vertebral seguirán llenando las butacas como hasta ahora, enterneciendo, provocándo risas y dándonos la oportunidad de volver por un rato a la infancia, esa etapa en que solo existían los juegos.

Ficha técnica Haya

 Mariela Verónica Gagliardi

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Comedor en planta

Elenco: Lizzi Argüelles, Florencia Hiquis, Angie Hoyos, Ezequiel Cameron.

Equipo técnico:

Vestuario: Laura Staffolani / Musicalización, Diseño Sonoro y Operación: Guillermo Barbuto / Realización escenográfica: Laura Staffolani; Colaboración: Elizabeth Gora, Natalia González / Maquillaje: Elizabeth Gora / Video: Ezequiel Cameron, Manuel Mazzaro / Diseño de movimiento: Rocío Sanz / Diseño Gráfico: Lina Carando, Guillermo Barbuto / Fotografía: Manuel Mazzaro / Asistencia de producción: Mariana Gavicagoxeascoa / Asistencia de dirección: Milena Benedetti / Dramaturgia y Dirección: Paula Staffolani

Teatro El Piccolino (Fitz Roy 2056).

Las funciones son los sábados a las 23.30 hs y las localidades cuestan $50.

 

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