*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Natalia Villamil’

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Con su alma desnuda, sola como vino al mundo

Ph: Christian Inglize

Ph: Christian Inglize

Ficha Sola no eres nadieCuando se la ve en escena, es ella sola con su alma, luciendo un hermoso vestido -súper femenino- que le otorga más emotividad a todo su monólogo. Con sus ademanes de mujer, sentadita o acostada, recuerda varios momentos de su pasado, su historia y cada detalle que la vuelven única e irrepetible.

Porque Sola no eres nadie es un retrato íntimo, muy bien dramatizado por Mariano Mazzei, con la dirección impecable de Ana Alvarado y la pluma de Natalia Villamil. Un retrato que se vuelve acción, emoción y pura vida en una vida que no siente demasiado aire puro.

Con respecto al argumento, es simple pero verdaderamente preciso y con la grandeza que trae toda historia que pretende hacer sobresalir a quien la narra, sorprender a quien la observa y conseguir realzar cuestiones de antes y de ahora que tanto duelen. Sí, porque el juzgar de la clase alta respecto de la clase baja es intolerable. Porque una empleada doméstica no tiene por que ser estigmatizada y toda elección sexual debe ser respetada. Entonces, estos tres puntos son los encargados de hacer brillar a Mazzei en escena, sin necesitar más que un objeto en el cual sentarse o recostarse a dormir por un ratito. El teatro de principio a fin puede sentirse y vibrarse en este unipersonal, en el cual cada personaje citado es imaginado en nuestras mentes y corazones. Amamos y odiamos a lo largo de la dramaturgia. Una narración que desearíamos se extienda para saber más de ella y sus peripecias, de sus aciertos y desaciertos, de su vida inmiscuida en otros hogares que tanto les faltaba para ser considerados como tales.

Ella es simplemente una princesa sin su castillo, una mujer sin su príncipe, una persona increíble que dotó de alegría la existencia de otros y que desearía haber sido el centro de alguien.

Sedienta de amor, cuenta cada detalle para compartir sus penas con nosotros -como si estuviera en un cuarto abierto-, sus confidentes sin voz. Porque ella no precisa comentarios sino un hombre en el que llorar, unos brazos que la abracen y una caricia que la disipe de tanto dolor.

¿Cómo soportó tanto, durante tanto tiempo?

Como el pesar que se lleva cual mochila al hombro, o cartera amplia, deseando encontrar el próximo paraje en el que descansar por un largo rato. Deambulando, haciendo que los días transcurran y permitiéndose sentir al lado de quien se lo permita.

Mientras sus ojos espejados lagrimean y se llenan de melancolía, ella sueña despierta y es puro corazón lo que revive.

Con un título realmente fuerte, conciso y atrevido, Natalia Villamil demuestra cómo se construye un drama, cómo se lleva adelante y cómo se transita junto al acontecer evocado por su protagonista.

Mariela Verónica Gagliardi

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Distintas maneras de soltar

Bordes

Ficha BordesSin lugar a dudas que ver una obra con un texto semejante nos hace replantear, como público, muchísimas cosas. En primer lugar por la temática que hace referencia al duelo y, en segundo, lugar por necesitar decir de diferentes formas que ellas no están solas.

Bordes (escrita por Natalia Villamil y Cintia Miraglia, dirigida por ésta última) tuve la oportunidad de verla por primera vez el año pasado, dentro del marco del 2° Festival contra la violencia de género y, luego, en este teatro tan emblemático como lo es El Extranjero. Ambas experiencias fueron realmente únicas y diferentes, porque la dramaturgia tuvo una maduración, porque las actrices se sintieron más cómodas aún con sus monólogos y porque todo tuvo una convergencia grandiosa que las hizo explotar de ira, resentimiento y melancolía.

Porque el amor, en todas sus vertientes, es amor y nadie puede juzgar lo que una mujer siente al lado de un hombre cuando la relación no se da de la manera pretendida.

Porque los humanos somos caprichosos y estas talentosas actrices saben de ello, pueden explicar con palabras y gestos lo que sintieron, lo que padecieron y lo que jamás volverán a atravesar.

Es así como puede notarse un espacio escénico en el que hay tres actrices y algunos objetos con los que se relacionan. Pero, lo más sorprendente, es que esa tridimensión espacial no es fija sino que va adoptando las características necesarias para que sintamos la fusión de los tres jugosos relatos. Y sí, porque son tres mujeres bien pasionales que fueron abandonadas o abandonaron de distinto modo. Mujeres que no desean seguir sufriendo y que se animan a decirle ¡basta! al pasado.

Finalmente, todo duelo lleva un tiempo determinado, ¿no?

Porque un vaso de whisky no puede quitar del vacío existencial a nadie, sino sumergirla más. Porque los constantes reproches a alguien que no está, ni volverá, es angustia en estado puro; y porque nadie merece estar en segundo lugar jamás. Entonces ellas se encargarán de hacerse notar, de definirse con palabras y delinearse -no los ojos- sino las miradas, proyectadas hacia un horizonte que solo ellas saben trazar a la perfección. Que nosotros como espectadores no vemos pero sí sentimos y podemos vibrar con cada representación e interacción a lo largo de la triple historia.

Desde la primera vez que vi esta obra la amé en completamente y resulta imposible no hacerlo, ya que son tres voces que crearán diversas sensaciones en quien las escuche y observe. Imposible no sentirse proyectada y defendida. Antes, en un universo en el que se defiende a las víctimas de violencia y ahora, rasguñando sus derechos para no caer en la trampa de nadie. Pero, quizás, lo que deban asumir es que ellas se auto engañaron para no asumir la culpa de algo en el asunto.

Las tres actrices brillan en las tinieblas, en la luz tenue y en el olvido de sus seres queridos. Esos por los que sintieron tantas cosas bonitas y ahora se vuelven pantanosas. Tres personajes que son completamente diferentes, excelentemente bien interpretados y que consiguen hacer reír y llorar de un instante a otro.

Se puede sentir cómo el espacio se traslada suavemente para recrear lo que vendrá, es posible lagrimear cuando el luto llega a su fin y ellas salen airosas del mismo. En definitiva, el enojo solo es un sentimiento vacío

Con un vestuario a tono con la personalidad de cada una, es que Bordes será esa línea finita que divido el bien del mal, la felicidad del precipicio y ese juego súper interesante que proponen las autoras con el fin de que el letargo se convierta en vértigo y después en la posibilidad de cambio. ¿Quién dijo que todo debe permanecer quieto por siempre?

Las tres nos darán una lección de cómo tomas las riendas sin que éstas las vuelvan a tomar por sorpresa, acompañadas por las cuerdas de un violinista que será el único hombre presente físicamente.

Mariela Verónica Gagliardi