*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Perdón por divertirme y divertirlos

No volverá a suceder3

“No volverá a suceder” es un unipersonal circense con distintos ingredientes. Por momentos notamos la torpeza de un hombre que intenta hacer malabares pero fracasa sin lograr un número completo. En otras instancias, nos asombramos ante su templanza, su gracia y la empatía con el público heterogéneo.

Alejandro Feijoó es un payaso que cuando encuentra su disfraz, No volverá a suceder2nos sorprende hasta dejarnos boquiabiertos con cada una de las pruebas.
Existe tal variedad que nos pasea por el mundo de la alegría demostrando que se puede entretener con un plumero de colores, con una percha, con dos cepillos de dientes, entre otros objetos. La cuestión es que cada cosa toma una dimensión diferente y un sentido particular.

En cuanto a la escenografía, ésta se conforma por: una valija que contiene varias cosas, un perchero y una bolsa que incluye su vestuario. A su vez, es interesante cómo se desarrollan los diversos sketchs durante la función. Al ser un solo artista, utiliza el recurso de contar con una asistente (Itatí Zammar) -la cual se vale de empleada -de envíos a domicilio- y luego novia-.

Él es adulto pero se ríe como un niño, se sorprende como tal, no tiene conflictos y vive sorteando pruebas.

A lo largo del relato, el actor no utiliza la palabra, salvo cuando en determinados momentos suena el teléfono. Es la única instancia en que escuchamos su voz, al igual que cuando abre la puerta para ingresar la mercadería solicitada y firmar el remito.

El aparato telefónico justifica el nombre de la obra “No volverá a suceder”. Ahora, si cuestionamos por qué lleva tal título, es complicado encontrar una respuesta certera. Podríamos creer que la persona que está del otro lado del tubo lo reta pero nunca conocemos el motivo. Quizás el hecho de que escuche música, de que haga diversos sonidos o que ensucie el departamento. Por algún motivo, desconocemos qué es lo que no tiene que suceder nuevamente. No volverá a suceder1Quizás sea empleada doméstica -ya que en cierto momento se viste como tal- y su jefa sea quien lo rete constantemente.

Lo cómico del espectáculo es cómo van llegando momento a momento los diversos aparatos a su domicilio. Algunos tendrá que armar -con las instrucciones en vivo- y otros, simplemente, comenzar a usar.

Tal como dije al comienzo, visualizamos distintas pruebas de malabares. Unas son con pelotitas, otras con esferas transparentes y, el desafío, aumenta al igual que la cantidad de objetos. Cada una de las instancias es acompañada por música, la cual es sincronizada con sus movimientos. De esta manera, se obtienen distintas coreografías, muy llamativas.

No volverá a suceder

Claro que el número que se lleva todos los aplausos es uno que consiste en inflar un inmenso globo e introducirse en el mismo hasta divertirnos con saltos y diversas representaciones.

No volverá a suceder – dice en un momento por teléfono. ¿A quién le habla, a quién le da explicaciones? Evidentemente no es relevante saberlo. Solo al final del show, cuando se hace presente la empleada y se instala en su casa, ella decide responder el teléfono y dejar algunas cuestiones en claro. Su madre es la que hace sonar el aparato. De este modo, podríamos entender que el relato va de adelante hacia atrás en lo que respecta al teléfono, aunque si tomamos como eje este detalle, estaríamos en presencia de un guión alineal.

“No volverá a suceder”, parece ser una disculpa, una justificación a realizar lo que más le gusta que es entretener y demostrar sus dones en el escenario. ¿Por qué pedir perdón ante tal maravilla?

Mariela Verónica Gagliardi

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Uno, dos tres, cuatro, cinco y seis

Seis1

Su nombre es Mare (Marina Barbera). Ella es obsesiva, meticulosa, detallista y cuenta todo hasta “Seis”. Pasos, personas del público, objetos. No está muy contenta, aunque no se entiende el motivo.

Pero no solo observa sino que trabaja en su propio jardín y espera. Tiene una gran labor al aguardar, pacientemente, la llegada de un hombre. Nunca lo vemos, nunca lo conocemos pero sí podemos entender que es importante para ella.

En cierto momento dice “Es tardísimo” y sus movimientos torpes se suceden unos a otros: corre -con sus botas de plástico-, juega en una hamaca, se prepara un tecito, se acelera y nunca llega.

Al compás de una música norteña, linda y pegadiza, sus vientos le permiten conseguir movimientos corporales muy divertidos, al igual que desenvolver su actuación clownesca de manera espectacular.

“Hace tanto tiempo que hago esto que ni sé para que lo hago”. Nosotros como público tampoco podemos dilucidar el motivo de cada uno de sus comportamientos pero sí, con certeza, podemos confirmar que va hacia un camino sin salida aparente.

Mare, en un instante de la obra se pone  en el público y se replantea para que están puestos los elementos en el escenario y de esa manera. No tienen unidad, dice. Así es como logra más complicidad con los espectadores, quienes se encariñan con ella y su personaje.

Si bien el escenario es uno solo -físicamente hablando-, existen tres espacios, a partir de los cuales interactúa con los objetos que hay en cada lugar, contándonos una historia, una reflexión y un interrogante que debemos analizar con mucho detenimiento.Seis3

Pero sus sinsabores se expanden cada vez más, se exageran, se profundizan y su histeria se magnifica totalmente. Le molestan los sonidos de pájaros que -la llegan a perturbar-, cómo se viste la gente y esto se convierte en un disconformismo total.

“Seis” es una obra (dirigida por Cristina Martí) que si bien no es un musical, sí contiene varias canciones que la ayudan a delinear la historia de esta obra. En un momento entona las estrofas de un tema donde detalla que es la dueña de todo lo que vemos, que todo es de ella. Sin embargo, todo lo material que observamos es de su posesión, menos el cariño del hombre que no aparece ni da señales de vida. Evidentemente, la han dejado plantada.

No sabemos si esa persona le ha prometido algo, si ha soñado con ella, si sus vidas debían cruzarse en algún momento.

La dulzura de la puesta en escena, el estilo de la decoración y sus palabras, nos sumergen en un mundo de fantasía y por momentos de pura realidad.

Una cajita de música suena, sus pasos de baile se desplazan y asciende por una escalera. Luego baja y acomoda cada una de las ollas colgadas de una soga, observa un reloj, piensa y se mueve ansiosamente. Pero el tiempo pasa, la lluvia se avecina, sus recuerdos la perturban y su amado nunca ingresa en escena.

Sus repeticiones vuelven a apoderarse de ella. Su conteo hasta seis, vuelve… hasta que al finalizar la historia, llega al número siete. Llegó a destino, cumplió su meta. Pero, ¿cuál era ésta? ¿Romper con el esquema repetitivo que la estaba enloqueciendo o incluir en su corazón a una séptima persona? Su obsesión no nos deja definir esto. Su obsesión la ata a un universo paralelo con la vida real. ¿Es tardísimo para qué? ¿Es tardísimo para arrepentirse, para aceptarse o para tomar otro rumbo?

Seis2

“Seis” llega a su desenlace y se oye una canción que dice: “Pero no encuentro tu voz”…

¿Qué existe más allá de nuestro pensamiento, de nuestro amor hacia alguien que no está de ningún modo y de todo dolor?

Ella se anima a cruzar esa frontera. Asume, supera y vive. ¿Vos?

Mariela Verónica Gagliardi