*** Septiembre 2019 ***

Entradas etiquetadas como ‘Matías Puricelli’

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El espejo, de Matías Puricelli y Francisco Ruiz Barlett

El espejoEn la noche previa a su cumpleaños número dieciocho, una gran crisis lo habita. Ella, su voz interior, se encuentra dispuesta a salir. Él tiene sus dudas, sus temores. Nunca abandonó su habitación, sus padres no se lo permiten por ser feo. Sólo se relaciona con los personajes de los cuentos que ha leído. Peter Pan, El Sastre, Cenicienta y El Sombrerero serán quienes lo ayuden a enfrentarse a sus miedos, y finalmente poder salir.

Autoría: Matías Puricelli, Francisco Ruiz Barlett

Actúan: Adrián Altamirano, Paula Dopico Díaz, Lucas Gentili, Nahuel Iervasi, Thomas Valentín Lepera, Mariano Magnífico, Joaquín Reficco, Maia Reficco, Diego Rodríguez, Camila Taleisnik

Músicos: Nahuel Iervasi

Vestuario: Fernando Crisci Munz

Diseño de escenografía: Lula Rojo

Diseño de luces: Caio Senicato

Diseño De Sonido: Lautaro Layño

Realización de escenografia: Samir Carrillo, Lula Rojo

Redes Sociales: María Belén Matoso

Video: Funboy Productions, Nahuel Lozano

Fotografía: Funboy Productions, Nahuel Lozano

Diseño gráfico: Barbara Villoslada

Asistencia de dirección: Camila Taleisnik

Producción ejecutiva: Janina Levin, Maxi Lopez

Puesta en escena: Gonzalo Cabalcabue

Dirección musical: Nahuel Iervasi

Dirección general: Gonzalo Cabalcabue

Clasificaciones: Teatro, Adultos

EL MÉTODO KAIRÓS TEATRO

El Salvador 4530 – CABA

Teléfonos: 4831-9663

Web: http://www.elmetodokairos.com.ar

Entrada: $ 400,00 – Lunes – 21:00 hs – Del 09/09/2019 al 25/11/2019

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La naranja mecánica en El Método Kairós

la naranja mecánica

La historia se centra en Alex, quien junto a su banda Los Drugos, se dedican a practicar la ultraviolencia por las calles de Inglaterra. Amante de la música clásica y lleno de maldad, se propone entrar a la casa de una señora a la que mata por accidente, y su banda le tiende una trampa que lo deja en la cárcel.

Allí comienza el nuevo camino de Alex, quien después de ganarse un lugar a base de buen comportamiento logra acceder a “El Método Ludovico”, una técnica novedosa que promete terminar con la maldad en los seres humanos. Las consecuencias aún nadie les conoce y Alex será el conejillo de indias de un procedimiento brutal que pondrá en jaque el bien, el mal, y el lugar que deben ocupar el estado, la iglesia y la ciencia.

Ficha artístico-técnica

Autoría: Anthony Burgess

Versión: Manuel González Gil

Traducción: Pablo Rey

Actúan: Lionel Arostegui, Enrique Dumont, Stella Maris Faggiano, Francisco González Gil, Toto Kirzner, Franco Masini, Francisco Ruiz Barlett, Tomy Wicz

Músicos: Bruno Caro Langwagen, Rodrigo Caro Langwagen

Diseño de vestuario: Pablo Battaglia

Diseño de escenografía: Lula Rojo

Diseño de luces: Manuel González Gil, Caio Senicato

Realización de vestuario: Ignacio Estigarribia, Irma Melo, Daniele Szczepanik

Música: Martín Bianchedi

Fotografía: Nacho Lunadei

Comunicación: Varas & Otero

Diseño gráfico: Jardinba

Asistencia de vestuario: Luciano Huentecura, Victoria Wallace

Prensa: Varas & Otero

Arreglos Vocales: Eugenio Perpetua

Producción ejecutiva: Valeria De Luque

Diseño de movimientos: Agustina Seku Faillace

Puesta en escena: Manuel González Gil

Dirección musical: Martín Bianchedi

Director asistente: Matías Puricelli

Dirección general: Manuel González Gil

Clasificaciones: Teatro, Adultos

EL MÉTODO KAIRÓS TEATRO

El Salvador 4530 (mapa) – C.A.B.A. – Argentina

Teléfonos: 4831-9663

Web: http://www.elmetodokairos.com.ar

Entrada: $ 350,00 – Domingo, Viernes y Sábado – 21:00 hs – Del 18/01/2019 al 03/03/2019

Entrada: $ 350,00 – Sábado – 23:00 hs – Del 18/01/2019 al 03/03/2019

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¿Pellizcando a los conservadores?

sade-una-velada-incomoda1

ficha-sadeSade, una velada incómoda (escrita por Nicolás Pérez Costa y Matías Puricelli, dirigida por éste último) es una invitación a lo más carnal del ser humano -representado en este caso por el conocido Marqués de Sade-.

Al escuchar o leer el nombre de fantasía que utilizaba Donatien Alphonse Francois, resulta imposible no asociarlo con el sexo salvaje, erótico y en el que el placer por el placer mismo llega a, tal vez, flagelar un cuerpo más de la cuenta. El sadomasoquismo pareciera seguir siendo, en algunas ocasiones, un tema tabú, mientras el ser humano continúa reprimiendo, tantas veces, su instinto animal.

¿Por qué ver esta versión de Sade?

Justamente porque está interpretada por un actor que brilla en todo lo que hace, desde danza, hasta acrobacia, hasta personajes tan intrincados como este. Porque verlo correr, desesperadamente, en su celda provoca nervios y sucede algo poco común: que el espectador se sienta completamente incómodo ya que en la sala más pequeña del Teatro Kairós no hay escenario, motivo por el cual está este penoso hombre rodando por doquier, encima del público, con sus ataques de ira, desesperado por recuperar esos instantes en que era feliz a su manera. Porque de eso se trata la felicidad y, sinceramente, resulta imposible juzgar aquello que a otro lo puede complacer.

Con un vestuario bien conservador y típico de su clase social (nobleza) sus pelos revueltos, sus gritos desesperados y su vida escandalosa es que él, en la función, pretenderá mostrarnos que no fue solo eso sino un hombre con deseos carnales que escribió muchísimas verdades que fueron volcadas en aquellos libros que saldrán volando en algún momento de la historia.

Lo acompaña Juan Pablo Guazzardi con una eximia interpretación que se complementa muy bien con la de Nicolás Pérez Costa. Así, ambos, componen la atmósfera necesaria para demostrarnos que ellos son el reflejo de muchos que aún no se animan a salir a la superficie.

Claro que la vida del Marqués no fue común, pero ¿por qué debería haberla sido?
Su extremismo lo llevó a la cárcel en varias oportunidades y falleció en el manicomio de Charenton en 1814. Preso de sus propias palabras, de sus poemas que lo apasionaban a cada rato y de su mujer que lo había abandonado al parecer.

Quizás muchos no recuerden que tuvo un papel muy importante durante la Revolución Francesa y que fue en esos momentos cuando se opuso a la pena de muerte, habiendo -de ese modo- interesado como sujeto de estudio a Simone de Beauvoir y Sartre.

Las escenas se repiten una y otra vez para quedarse fijadas, tenzmente en nuestras mentes y corazones. Sus obras relucen como arte puro y es que así se llega a tener muchísima pena por el desenlace de este hombre que fue lo que quiso y, tal vez, lo que pudo. Tal vez su valentía no le permitió tener su mente un poco más ordenada y, así, desafiar al cruel mundo que se le venía encima como un huracán de venganza.
En la actualidad, seguramente, Sade sería juzgado como violento y puesto en el banquito de los acusados. Pero, en la intimidad, ¿quién tiene derecho a definir lo que está bien o mal? ¿quién pone las reglas del “juego”?

Mientras los cuerpos femeninos son envueltos por la alfombra y arrojados quién sabe dónde, el relato desesperado continúa y los rostros de horror son vistos de un lado y otro. Puricelli lo ha conseguido: el aire apesadumbrado está presente, el maltrato está más vivo que nunca y el diablo en esta ocasión no habrá cumplido del todo con su poder.

Pero, ¿cuál fue el peor defecto de este francés?

Haber desafiado al poder de la nobleza, haber sido ateo y no haberse puesto el traje de hipócrita. Estos condimentos nunca tuvieron éxito y, menos aún, todos juntos.
Su estilo voraz, inteligente y pasional lo convirtieron en uno de los escritores más famosos del mundo y a partir del Siglo XX (en que sus textos pudieron, por fin, ser publicados) todos pudieron empezar a saber quién era en verdad hombre que desafió todo el statu quo para salirse con la suya. Si la palabra nobleza pudiera ser partida, diría que Sade tuvo más de noble que cualquier hombre distinguido de la alta sociedad.

Mariela Verónica Gagliardi

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Es posible morir de amor

Un charco inútil1

Ficha Un charco inútilA veces pienso acerca del mundo de la subjetividad y me encuentro en la gran disyuntiva de si es posible separar un sentimiento de una valoración, o si está bien juzgar sin determinarlo.

Cuando se ve por primera vez un trabajo a cargo de un director, esta tarea se vuelve -a mi entender- más objetiva porque no existen demasiados parámetros para criticar su arte. En cambio, cuando un director está comprometido con el teatro hace mucho tiempo, tiene pasión por lo que hace, tiene una calidad humana increíble e incluso consigue volcar todo eso en una puesta en escena; todo se torna fascinante.

Matías Puricelli estrenó hace pocas semanas Un charco inútil (de David Desola) una historia realmente conmovedora que está atravesada por varios conflictos, siendo el existencial el más importante. Es así como tres personajes, venidos de mundos distintos, por momentos opuestos y por instantes, verdaderamente, idénticos; pretenden vivir a su manera sin ser juzgados.

La locura es entonces la principal herramienta que se erige dentro de la problemática acerca de la existencia humana. Y no significa que estos tres seres debatan o filosofen sobre toda la especie sino que, egoístamente, están ubicados en un lugar desde el que les es imposible correrse sin tener que hacer un giro casi rotundo con el que se verían afectados.

Si tuviésemos la oportunidad de juntar a estos tres personajes y preguntarles varias cosas, posiblemente se nos venga al instante cuestionarles si no prefieren atravesar la angustia que los tiene capturados hace tiempo en vez de padecer tristemente sus días.

Con una esceonografía muy minuciosa, útil y precisa; es como desde el comienzo de la dramaturgia se puede comenzar este oscuro viaje. Y me refiero a oscuro no como algo negativo sino necesario de hacer para conocer la luz o, al menos, unos rayitos de sol.

Mediante dos espacios escénicos que por momentos dividen las situaciones, para luego aunarlas, es como un profesor se reúne con alguien muy importante para él, quien le otorgará una información reveladora. Dicha información será acerca de un nuevo alumno y todo cambiará para siempre. En cuanto corra el tiempo, los días parecerán transcurrir como meses, incluso años, y lo oculto saldrá de la peor forma, tomará sentido desde un lugar e irá reacomodando cada percepción futura.

Uno de los aspectos más notorios de la dramaturgia es el timing utilizado en los diálogos, en cada pausa, en cada instante en que es posible observar un universo plagado de nostalgia, un rostro estupefacto, y la metáfora del charco inútil que será simplemente la piedra angular para continuar transitando la vida de otro modo.

Como escribir en la arena los nombres con un corazón, será posible que esperen la llegada de los patos que alguna vez estuvieron en su hábitat, sabiendo que jamás ocurrirá tal hecho. Sin embargo, la esperanza o, mejor dicho, la ilusión es lo que hará que la depresión encuentro un recoveco no total en un cuerpo.

Existen otros aspectos interesantes de la historia como el suspenso, la duda que queda al final de la historia y un triángulo que podría conformar otra figura geométrica sin necesidad de explicarse en el tiempo.

La imperiosa necesidad de creer en algo, sea un dios o un milagro le permitirán a Irene (Marisa Provenzano) atravesar su soledad, su penosa vida, su largo e infinito luto y la captura de aquello que nunca muere.

Diversos simbolismos surgen y ya nada podrá volver a ser como antes sin angustiar demasiado. En definitiva, podría volverse al planteamiento inicial sobre la locura y el existencialismo. ¿Qué humano en este mundo no llegó a desesperarse por lo desconocido, lo que viene después de la vida propia y aquello que convierte (en algo) a los seres queridos cuando fallecen orgánicamente?

Un muelle será testigo de las largas charlas entre estos dos hombres y un trencito detenido denotará y fragmentará el mundo real del ficcionado.

Resulta imposible no salir emocionado luego de presenciar esta obra en que Marisa Provenzano, Manuel Feito y Gustavo Bonfigli brillan, consiguiendo posicionarse en escena, exprimiendo sus potenciales, para más tarde, delinear sus propios valores.

La inutilidad en esta oportunidad se vuelve pieza intrínseca para resolver los problemas más profundos y pasados en su interior, un interior que no podrá vislumbrarse tan fácilmente sino que precisará del compromiso de cada espectador para inmiscuirse, de verdad, de principio a fin.

Mariela Verónica Gagliardi

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