*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Por culpa de un frijol

Into the woods1

La historia del ogro Shrek marcó un antes y un después en el modo de contar los clásicos infantiles y en la manera de interpretar a sus personajes -buscándoles una vuelta de tuerca más real en nuestros tiempos vigentes-.

En esta oportunidad, Dentro del bosque (Into the woods) es una comedia musical oriunda de Broadway (con libro de James Lapine y letra y música de Stephen Sondheim) que se estrenó en dicha ciudad en el año 1987. A nuestro país llegó recién hace en el 2013 y ganó varios premios y nominaciones.

Dentro del bosque es un juego alrededor de la vida de Caperucita Roja y Cenicienta, dos jóvenes que no son ingenuas ni crédulas sino que cobran vida de mujeres con deseos y sentimientos fuera del típico mundo de las hadas. Ellas no perdonan ni tienen alma de tontas, son humanas. A ellas se unen la princesa Rapunzel y Jack de las semillas mágicas.

Cabe resaltar la excelente adaptación que hizo Marcelo Kotliar y los arreglos musicales de Gonzalo Botí que, junto a la dirección general de Nicolás Roberto, permiten que esta historia parezca argentinísima sin dificultad en el doblaje como tantas veces ocurre.

El humor negro es el punto más fuerte de toda la trama que consigue que lo originalmente trágico se vuelva carcajada. Así es como un hechizo llevado a cabo por una bruja le impide a un matrimonio vecino tener un hijo, mejor dicho que la mujer quede embarazada. A raíz de dicho impedimiento, la bruja les indica cómo romper con esto, lo cual no será demasiado sencillo pero posible en el mundo ficcional que en que se adentran.

Una escenografía integrada por cajas de cartón es lo que decora al bosque, el cual no es necesario indicar con árboles ni demasiados objetos ya que los personajes se encargan de hilvanar cada acontecimiento con sus canciones y diálogos. Dos talentosos músicos acompañan la dramaturgia y hacen posible que los códigos de este universo sea mágico.

Dentro del bosque a caminar y a mi abuelita visitar – dice Caperucita. Y ya sabemos el cuento original, aunque no tiene por qué ocurrir exactamente lo mismo. En esta oportunidad la niña no sufre como la del cuento ni su temperamento es el mismo. De hecho, bastante opuesto, lo que despierta las carcajadas continuas en el público.

También Cenicienta ha tenido algunas transformaciones y ya no es la ilusa que se conforma con casarse con el Príncipe y vivir en un palacio con sirvientes por doquier. Tampoco sus hermanastras son las brujas malvadas sino que presentan algunas particularidades que las colocan en un lugar en que los espectadores las ovacionan a lo largo de toda la obra.

La música cumple un papel fundamental, luciendo y dejando lucir a los actores que van tejiendo la trama narrativa; acentuando la comicidad y las partes relevantes de cada escena al igual que los silencios.

Cada artista consigue lucirse en el escenario con su matiz de voz. Algunos resaltan más que otros o gustan más que otros como suele ocurrir y está bien que así sea. En definitiva se trata de una historia en la que están presentes muchos personajes conocidos por todos desde siempre y, ahora, escuchar sus voces, sus deseos y vidas es como revivirlos en un instante.

Quiero ir al baile del Príncipe – quiere, dice y desea Cenicienta pero nunca imaginó lo que significaría este evento ni que el príncipe azul no existe ni siquiera en esta historia, al menos no como lo conocemos.

La vaca de Jack, Aigüish (I Wish), sufre una metamorfosis hasta conseguir hablar y darse a entender, sin que sigan abusándose de su condición de animal. El panadero y su esposa estarán muy entretenidos consiguiendo todo lo que la bruja les pidió para que el conjuro se disuelva. Rapunzel irá perdiendo su larga cabellera por caprichos ajenos. Se suceden muchos acontecimientos, unos más importantes que otros, otros más llamativos que aquellos; dejando que -como siempre- el amor y la paz sea lo que prime en un cuento infantil. Esta historia absurda, en su manera de llevarla adelante, tiene un desenlace inesperado en que el Reino sigue con quienes deciden embarcarse en un camino más feliz y menos dañino para el resto. Al fin de cuentas se trata de hacer el bien sin mirar a quién.

Caperucita canta que es divertido ser mayor aunque creo que no. Y los hechos le demuestran que es preferible que siga siendo una niña y que los adultos se encarguen de reconstruir el mundo que se resquebraja a pedazos por decisiones inadecuadas. Causalmente, Jack parece tener la culpa del caos reinante por plantar semillas y que crezca la enorme planta de frijoles. Pero otros personajes también se consideran responsables y darán su sensación sobre el tema.

Ya no hay más luna, ya no hay más luz – menciona la Bruja. Aunque nada es eterno y ya el sol volverá como siempre lo hizo. Solo tendrán que encontrar el camino correcto que los conduzca hacia él.

Cada quien en su lugar, juzgando a los demás, hechándose la culpa, y sintiendo desidia al ver cómo quedó todo después de tanto egoísmo. Reconstruir el Reino entre todos… entre todos los que queden demostrando que siempre alguien te acompaña. Solos no estarán. Nadie lo estará.

Elenco: Lucila Gandolfo, Mariano Muente, Florencia Róvere, Walter Canella, María Hernandez, Federico Coates, Patricio Witis, Silvana Tomé, Romina Casella, Hugo Queija, Clara Daray, Mario Angelomé.

Funciones: martes 20:30 hs. Paseo La Plaza (Sala Pablo Picasso).

Mariela Verónica Gagliardi

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El amor encerrado en un potrero

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Un caballo humanizado (Patricio Witis), el cual vive encerrado en un potrero, sin relacionarse demasiado con sus amos.

En medio de los típicos roces familiares -entre una hija (Celeste Sanazi) y su padre (Mariano Muente)-, surge una historia de amor que no llega a desarrollarse.

Los artistas tienen la convicción de cantar y trasladan la trama a las voces campestres y autóctonas.

Las guitarras suenan -marcando el ritmo, compás y sensaciones- desde la escena y desde fuera de ella.

No existen demasiados contratiempos, prevaleciendo el amor que no pudo ser y Una zambita cruel3el encierro emocional de los
personajes como barrera al despertar de sus emociones.

En cuanto al título de la obra, considero que no es necesario justificar, constantemente, el mismo a través de la palabra. Sus cuerpos expresan y la música confirma a éstas.

Tal vez, sea una cuestión estética el modo de narrar y el recurso poético utilizado.

La sala del Teatro Garganta estaba colmada, todas las mesas de madera tenían un aroma especial rural. Ese perfume a antaño que suele ser difícil recrear y transmitir.

De repente, uno de los actores llamado Lucas (Julián Rubino), esboza en su canción: «Voy sin saber a dónde voy, voy despidiendo lo que soy» y, luego, se incorpora a la obra para seguir sorprendiendo con su estilo moderno y popular, al son de la zamba.

Al principio no se sabe quién es quién, pero el relato principal no apunta a descubrirlo, sino a convencerse de cuáles son las cuestiones trascendentes en la vida de un ser vivo y a luchar por los valores que considere importantes.

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La música ambienta, entretiene… los diálogos conforman cada escena pero, si imaginaramos, una zamba bailada de principio a fin; sería el resumen de esta obra.

Por otro lado, el personaje de Soledad (Celeste Sanazi), la prima de Lucas, pretende ser el hilo conductor de las tragedias que se van sucediendo, pero podemos -de algún modo- tomar al caballo como personaje principal o, inclusive, al propio guión.

Eso es lo más interesante en «Desde mis ojos»: la posibilidad de elegir el camino a seguir y el sentirse libre, sin tener que esforzarse por entender. El entendimiento es visible, con diálogos no rebuscados, gracias a lo cual el espectador puede Una zambita cruel15disfrutar y dejarse llevar por los estímulos de la pieza teatral.

Una estancia, un caballo, una familia y una serie de letras musicales que conforman esta propuesta.

Otro punto a resaltar es que cada intérprete puede lucirse, siendo todos protagonistas. También, la manera en que van alternándose los pensamientos del caballo con las escenas familiares, para lograr un par impacto distinto en una historia de amor.

«En la quietud del monte una brisa cambia todo» – dice el animal en cierto momento. El tenia sus pesares y dolor muy ocultos, tan ocultos que cuando quiso expresarlos no supo medir la fuerza. No era un animal salvaje pero sí en cautiverio, totalmente abandonado y despreciado.

La poesía está presente en todo momento, intentando desmarañar los problemas. A su vez, un guitarrista fuera de las tablas, ameniza a lo largo de la narración, otorgándole mayor vida al relato campestre.

Al finalizar la obra, me puse a pensar sobre el maltrato animal. Sobre la eutanasia, sacrificios, veganismo. Y es que, como les decía anteriormente, cada persona establecerá un lazo con aquel aspecto que le signifique más.

Si un caballo pudiese hablar con palabras, ¿qué esbozaría?

Una zambita cruel6

La violencia es violencia. Hacia una persona o animal. Entonces, por qué justificar uno más que el otro? Hasta donde llega el ego del hombre como para considerarse superior a otro ser vivo?

«La muerte es puramente animal», afirma el caballo. Quizás ese sea su argumento para no sentir culpable.

La historia avanza y cada conflicto se resuelve. Mientras tanto la música cobra protagonismo:

«Nunca supe cómo cantar esta zambita cruel».

¿Puede considerarse cruel un animal? Este actúa por instinto. Pero su instinto no siempre le marca lo correcto, solo lo que sus sentidos irracionales le confirman que debe hacer.

ficha artístico-técnica Desde mis ojos

 Mariela Verónica Gagliardi

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