*** Octubre 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘Mariano Mazzei’

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Con su alma desnuda, sola como vino al mundo

Ph: Christian Inglize

Ph: Christian Inglize

Ficha Sola no eres nadieCuando se la ve en escena, es ella sola con su alma, luciendo un hermoso vestido -súper femenino- que le otorga más emotividad a todo su monólogo. Con sus ademanes de mujer, sentadita o acostada, recuerda varios momentos de su pasado, su historia y cada detalle que la vuelven única e irrepetible.

Porque Sola no eres nadie es un retrato íntimo, muy bien dramatizado por Mariano Mazzei, con la dirección impecable de Ana Alvarado y la pluma de Natalia Villamil. Un retrato que se vuelve acción, emoción y pura vida en una vida que no siente demasiado aire puro.

Con respecto al argumento, es simple pero verdaderamente preciso y con la grandeza que trae toda historia que pretende hacer sobresalir a quien la narra, sorprender a quien la observa y conseguir realzar cuestiones de antes y de ahora que tanto duelen. Sí, porque el juzgar de la clase alta respecto de la clase baja es intolerable. Porque una empleada doméstica no tiene por que ser estigmatizada y toda elección sexual debe ser respetada. Entonces, estos tres puntos son los encargados de hacer brillar a Mazzei en escena, sin necesitar más que un objeto en el cual sentarse o recostarse a dormir por un ratito. El teatro de principio a fin puede sentirse y vibrarse en este unipersonal, en el cual cada personaje citado es imaginado en nuestras mentes y corazones. Amamos y odiamos a lo largo de la dramaturgia. Una narración que desearíamos se extienda para saber más de ella y sus peripecias, de sus aciertos y desaciertos, de su vida inmiscuida en otros hogares que tanto les faltaba para ser considerados como tales.

Ella es simplemente una princesa sin su castillo, una mujer sin su príncipe, una persona increíble que dotó de alegría la existencia de otros y que desearía haber sido el centro de alguien.

Sedienta de amor, cuenta cada detalle para compartir sus penas con nosotros -como si estuviera en un cuarto abierto-, sus confidentes sin voz. Porque ella no precisa comentarios sino un hombre en el que llorar, unos brazos que la abracen y una caricia que la disipe de tanto dolor.

¿Cómo soportó tanto, durante tanto tiempo?

Como el pesar que se lleva cual mochila al hombro, o cartera amplia, deseando encontrar el próximo paraje en el que descansar por un largo rato. Deambulando, haciendo que los días transcurran y permitiéndose sentir al lado de quien se lo permita.

Mientras sus ojos espejados lagrimean y se llenan de melancolía, ella sueña despierta y es puro corazón lo que revive.

Con un título realmente fuerte, conciso y atrevido, Natalia Villamil demuestra cómo se construye un drama, cómo se lleva adelante y cómo se transita junto al acontecer evocado por su protagonista.

Mariela Verónica Gagliardi

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El arte en las venas

La comedia de los herrores

Nosotros queríamos hacer un espectáculo que pudiesen disfrutar todos, que no sea un espectáculo para chicos que tenga guiños para adultos, sino que la pasen bien todos juntos.

Estaría bueno generar siempre situaciones en que pueda compartir: a veces en el arte, en el cine, en el teatro. Son pocas las oportunidades que uno tiene de compartir con el chico la experiencia y disfrutarlo por igual.

Soy fanático del cine mudo, entonces quería buscar algo que tenga que ver con coquetear con el teatro clásico de Shakespeare, con el cine clásico de Chaplín y Buster Keaton y Harold Lloyd; y de una mezcla así como de una batidora salió la propuesta”.

Estas palabras fueron dichas por Emiliano Dionisi durante el Festival de la Palabra el 22 de marzo, el cual tuvo lugar en Tecnópolis.

Emiliano Dionisi es un talentoso director que no deja de sorprender con su amplia creatividad y puestas en escena.

Desde el año pasado está llevando a cabo “La comedia de los herrores” (basada en la Comedia de las equivocaciones de William Shakespeare) -habiendo recibido muchos premios y ganado el concurso propuesto por La Comedia de Buenos Aires- una de las obras más entretenidas del autor inglés, con más intrigas, ironías y en tono burlesco de principio a fin. Estas características la convierten en una pieza artística maravillosa que es para disfrutar en familia, orientada a todas las edades.

En marzo asistí por primera vez a una función y quise aguardar a una segunda para realizar algunas comparaciones. La primera fue en Tecnópolis, con entrada gratuita y a sala llena. De hecho, hubo gente que se tuvo que quedar afuera porque no cabía ni un alfiler más en la sala, que de por sí era grande.

Esta segunda vez, en un teatro como La Comedia, que oscila entre independiente y comercial, no tuvo el mismo resultado. Con entrada a un precio normal, no colmó la platea. Aquí está el primer rasgo: esta obra quiere ser vista por toda persona que se entere ya que cuenta con una propuesta innovadora que mezcla teatro con cine mudo, con un vestuario en blanco, gris y negro que guarda dicha coherencia con la época y un elenco de actores muy carismáticos, profesionales y que interpretan sus personajes deleitosamente.

Y, no es cierto que una función gratuita sea sinónimo de sala llena, ya que eso sería subestimar al espectador, que de por sí demuestra que tiene criterio para elegir qué ver.

La trama gira en torno a una familia que se separa por un naufragio. Dicha familia estaba compuesta por un matrimonio (Emilia y Egeón) y dos gemelos (llamados ambos Antífolo), a la vez que dos sirvientes también gemelos (y llamados Dromio). Al ocurrir este accidente, Egeón junto a uno de sus hijos y sirvientes, quedan juntos y, su mujer, unida a su otro hijo y sirviente.

Al ser los niños iguales a sus hermanos, este es uno de los factores que provoca a lo largo de toda la dramaturgia, muchísimas confusiones que despiertan el humor infrenable.

Valiendo de y apoyándose en la música, se disfruta de un espectáculo que entrelaza proyecciones visuales (con estilo de film) en que están los mismos personajes que en vivo, ingresando y saliendo de escena como si fuera un efecto en que la fusión del séptimo arte se fusiona con el arte dramático.

Es llamativamente interesante observar este paralelismo ya que tienen que realizarlo sincronizadamente, tanto a nivel de diálogos como de movimientos. Y, de hecho, los compases musicales, los pasos de baile y cada palabra tienen su firmeza y suspicacia para demostrar la excelencia de todo el grupo.

Las equivocaciones entonces, generan conflictos momentáneos, enamoramientos que parecen de antemano frustrados, regalos que no llegan a manos de la persona deseada e inclusive la prisión del erróneo.

Shakespeare delineó esta entramada historia a fines del Siglo XVI pero se publicó recién en 1623. Él se basó en relatos de diversos autores como Plauto, Geoffrey Chaucer y Philip Sidney, entre algunos de los más citados según fuentes históricas. De hecho, Plauto menciona a una pareja de gemelos y Shakespeare doblega la apuesta.

Siracusa estaba condenando a muerte a mercaderes de Éfeso que no contaban con dinero para pagar la fianza. Así es como Éfeso adopta una medida similar en cuanto a los mercaderes de Siracusa. La tirantez de la medida es otro de los motivos por los cuales se origina un conflicto ya que Egeón (antiguo mercader de Siracusa) se encuentra en esas tierras para hallar a su esposa y a su otro hijo.

De ahí en más, la serie de escenas, escándalos y situaciones graciosas consiguen una impronta súper agradable que serán aplaudidos por todos los presentes.

“La comedia de los herrores” es un reflejo sobre cómo de una palabra se puede conformar un universo tremendamente delirante, justificado en todos sus aspectos y utilizando el drama, la comedia, la farsa y todos los recursos necesarios para demostrar que, de un momento a otro, se puede esbozar una idea u otra, un reflejo de la sociedad o una contraposición a la misma. Para reír a carcajadas, que los niños aprendan, disfrutan y todos los adultos tengamos la excusa para revivir momentos únicos.

ficha La comedia de los herrores

Mariela Verónica Gagliardi

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Corazones que no sienten

Ojos que no ven1

Una abuela ciega, literalmente hablando, es la encargada de unir a su familia en la tradicional cena de Noche Buena. Una noche en que sucederán varios encuentros y desencuentros, varias situaciones conflictivas en que el dolor será el ingrediente principal de la comida.

“Ojos que no ven” (basada en el cortometraje homónimo de Natalia Mateo), es una obra de teatro que pertenece al género dramático exclusivamente. Si bien existen varios momentos graciosos, éstos prevalecen sobre las desgracias que acontecen sobre cada uno de los personajes. No se salva ninguno de ellos, estando unidos -de algún modo- por los pasados y presentes no asumidos.

Toda familia encierra misterios para el afuera, secretos no develados a ciertas personas, aunque -en este caso- pretenden silenciar lo que ocurre para “cuidar” a sus seres queridos; sin darse cuenta que dichos cuidados no siempre terminan siendo saludables. Más bien, todo lo contrario.

Las escenas se suceden unas a otras, y podemos ver un living de los años setenta, decorado muy finamente, teniendo en cuenta todos los detalles como para situarnos en aquella época.

Si bien, este tipo de familias existieron siempre y existirán siempre.

La Abuela (Chela Cardalda) es, entonces, quien une para azotar, quien habla para lastimar, quien teme solo por ella misma al igual que casi todos los miembros.

Carmen (Eugenia Alonso) y Esther (Julia Gárriz), que interpretan a una madre e hija, respectivamente; llevan a cabo dos personajes verdaderamente impecables que las convierten en actrices dúctiles, espontáneas y que alcanzan esa libertad que solo consiguen las talentosas.

El resto del elenco, también, desarrolla sus roles de forma excelente, haciendo que esta dramaturgia reluzca en todo momento y que el público quede atónito en muchos momentos álgidos de la historia.

En cuanto al ritmo, puede notarse cómo en algunos instantes sucede rápidamente y, en otros, se apacigua para darle lugar a lo infantil de la mano de Mumu (Tamara Drumond) -quien interpreta a una niña adoptada, de raza negra y que, de verla su abuela, no la aceptaría.

Este es uno de los misterios más grandes e irrisorios de “Ojos que no ven”. El que une a una abuela con su nieta, desde el cariño inmediato, desde la música, desde una canción inesperada; conectándolas amorosamente. Si esta abuela tuviera vista, claro que no la querría, pero su velo le permite darle una oportunidad en silencio.

Por otro lado, se observa a Raúl (Mariano Mazzei) que no cumple con los parámetros sociales como para ser considerado un hombre responsable, sino un hippie que lucha por sus sueños musicales.

Los demás actores cumplen roles importantes pero los que más se destacan por cuestiones de textos son los mencionados específicamente.

Ausencias justificadas por quienes las practican, un abuelo enfermo desechado como basura y como un tumor difícil de extirpar; se conjugan para estallar en llantos.

Los que se hacen cargo están de un lado del camino y quienes no, del otro. Aquí, otra vez, entra en el segundo grupo la abuela, quien ha dejado que su marido vaya a un geriátrico por no poder soporar la realidad actual.

Son muchas las comparaciones que se pueden realizar y, seguramente, muchas las identificaciones que pueden hacer los espectadores con algunos personajes y/o situaciones reinantes.

Mumu, un perro enfermo, el abuelo padeciente y, otras crisis menores, integran la mesa de Noche Buena. El silencio solo surgirá cuando queden impresionados por alguna noticia inesperada o, también, esperada pero no deseada.

Emiliano Dionisi, quien ha sido premiado como actor y director, vuelve a sorprendernos con esta obra que oscila entre el drama y el melodrama.

Los comentarios del público se hacen notar al finalizar la historia, a la cual subrayan como excelente y no dejan de decir que es sencilla, como una familia cualquiera. Esto último es lo que produce el enaltecimiento de “Ojos que no ven”, el que se trate de algo conocido por todos.

¿Quién no ha tenido un familiar enfermo, quién no ha tenido que atravesar una separación y quién no ha tenido que simular para no hacer sufrir a quien ama?

Todas las respuestas dependerán de cada humano, de cada momento, de cada personalidad y, jamás se podrá negar que tal vez padeciendo ceguera la realidad no sea tan drástica como pudiendo observar con las pupilas cada movimiento.

Es ciega, no tarada – repite, una y otra vez, Esther.

Chela Cardalda interpreta a esta mujer discapacitada visualmente, pero capacitada para provocar dolor en todo lo que toca. No es malvada en su totalidad. Es humana, como todos.

ficha Ojos que no ven

Mariela Verónica Gagliardi

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El pecado de amar

El corazon del incauto2

En una zona rural, un matrimonio disfuncional, vive o intenta -al menos- hacerlo. Por el modo en que se tratan, se puede suponer que se trata de un hombre terrateniente y su criada. Corre el año 1900, sin certeza de si comienzos o fines, y la igualdad social no existía, por lo que esta apreciación era una triste realidad.

De repente, el frío comenzó a surgir en la sala como una ráfaga, constante y precisa, de viento. Fue en ese instante que me trasladé a la casa de esta familia. Allí, una mesita con una virgen a la que María (Georgina Rey) le reza a diario para quedar embarazada. Y, en sus cajoncitos, pequeños retazos de telas y puntillas. Este último detalle será el hilo conductor a lo largo de la dramaturgia “El corazón del incauto” (escrita por Sandra Franzen y Patricia Suárez, dirigida por Alejandro Ullúa).

Un melodrama que es drama de por sí, no pudiendo encontrar solución real al conflicto central más que sangre derramada, con tres artistas en escena que podrían prescindir de escenografía por sus convincentes interpretaciones.

Si nos basamos en el amor, explícitamente, podemos decir que no todas las parejas son felices pero que, al menos, lo intentan cuando se acuerdan. Nadie puede, durante mucho tiempo, sostener una mentira o farsa, para sobrevivir y no sufrir.

Como si se tuviera que elegir entre ambas cosas, sin piedad. Pero, ¿qué regla se debe seguir o cuál es la correcta?

Se supone que, en aquella época, había que casarse y la función de la mujer era servir de aparato reproductor lo desee o no. Creo que no se detenían a pensar si la llegada de un hijo se iba a dar en las condiciones adecuadas o si, por el contrario, ese nuevo ser iba a desequilibrar, aún más, el caos familiar.

De a poco, esta desolada mujer que actúa por inercia y fidelidad, se va dando cuenta de quién es su marido Honorio (Mariano Mazzei). Entre ellos solo hay afecto como podría existir entre dos conocidos o personas cercanas. Es increíble el desenvolvimiento de Mazzei, quien oscila entre dos personajes tan opuestos entre sí pero, conectados a la vez. Sin verlo se podría creer que se trata de seres de diferentes mundos.

Hasta la mínima acción de nerviosismo está presente en María, sacudiendo unas mantas, doblándolas, yéndose de la casa, volviendo; desesperándose por lo que no puede modificar en los demás y no pudiendo entender que es ella quien debe cambiar.

Con respecto al vestuario, éste caracteriza a una época rígida, incómoda, asfixiante, sin poder de decisión individual. Cada una de las telas que María cose y cada uno de los vestidos confeccionados para su marido, la entretienen y ponen un velo total en sus ojos. Ella está convencida de que tener un bebé les va a cambiar la vida, pero no le importa su Honorio la ama o le tiene lástima.

Sigo viendo a un amo con su sirvienta, no logro ver a dos amantes anhelando tener un hijo. Sí observo, la desesperación de él por sentir algo, aunque sea parecido a la pasión, ya que su mujer no parece tener ganas de cambiar las cosas entre ellos.

Honorio vive preso de una mujer sin alma. Tan dura como el tronco de un árbol y tan poco conformista como puede serlo un animal.

En este contexto, aparece José (Martín Urbaneja) -uno de los peones del campo- y el único que se mostrará como humano, con debilidades y fortalezas. Él le hará notar a su patrón que el amor es necesario sin importar la condición sexual. Me sigue sorprendiendo su modo de interpretar, cargado de la emoción que va a transitar, sin exagerar, naturalmente, con sus ojos a puntos de explotar por la ira y dolor. Aquí surge la polémica entre lo que se es y lo que se debería ser, como si el sentir algo tuviera forma de cambiarse tan fácilmente.

Asumir sería un camino aunque no está previsto que María lo tome en cuenta. Le interesa más conservar su egoísmo que la felicidad de su compañero, quien ni siquiera cree que tener un hijo sea la salvación de algo.

Un juego incoherente entre este matrimonio será lo único que los mantenga unidos. Esa unión forzosa, incapaz de dar algo bueno y capaz de destruir lo poco que hay.

¿Cuál es el corazón del incauto, o el corazón de por sí es incauto?

Ninguno de los tres personajes usa la razón en su vida y la única mujer presente es cauta por conveniencia y no por convicción.

Tres almas desoladas en medio de La Pampa, queriendo encontrar algo que los motive.

Honorio no tiene relación alguna con el honor así como María con la Virgen. Ninguno de los dos podría encontrar salvación en un Dios ya que su peor pecado es el engaño -a sí mismos y a los demás-.

Mariela Verónica Gagliardi

El corazon incauto ficha

 

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Jesucristo

Última función: sábado 10 de noviembre

NOMINADA A LOS PREMIOS ACE

De Mariano Moro. Con Mariano Mazzei. Dirección: Mariano Moro.

Haciendo pie en el Génesis y otras muchas escrituras del Viejo Testamento, y algunas del Nuevo, emerge la figura de Jesús, encarnando su posible historia y un recorrido, desde el mítico nacimiento hasta el aprendizaje y el sacrificio, desde la extrema humanidad hasta su ubicación en el trono de la divinidad. La más conmovedora historia que podemos contarnos, de luz y de sombra, de palabra y de sangre.

Funciones: Sábados a las 20 horas. Localidades: $ 70.-

La Comedia – Rodríguez Peña 1062 – 4815-5665

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