*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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¡Con los niños no!

Y como no se pudrió... Blancanieves1

Lo más importante de una obra de teatro no es lo que dure en cuanto a minutos sino lo que transmita. En esta ocasión, 40 minutos son más que suficientes para desarrollar una realidad que preocupa en el mundo y compararla con la vida de una niña que sale de su cuento de hadas para hablar y decir aquello que siente. Como Alicia en el país de las maravillas, que se adentra en un paraíso soñado y, cuando despierta, vuelve a su rutina común y corriente. De hecho, no es casual que la autora de esta dramaturgia, Angélica Gonzáles (conocida como Angélica Liddell), parta de acontecimientos del cuento de Lewis Carroll y de su propia intimidad.

Y como no se pudrió… Blancanieves (dirigida por Paula Cancela) deja en evidencia la soledad que padece toda hija única cuando es pequeña, sobre todo, la necesidad de Angélica por tener una identidad más utópica como la de la historia de 1865 y cómo transcurrían sus días al lado de su padre militar (tal como puede vislumbrarse en la presente obra de teatro).

La escritora menciona que Las guerras son como las madrastras perversas. Todas quieren ser las más bellas. Todas se miran en el espejo de otra guerra. Y si reconocen a una víctima más bella que la propia guerra se encargan de perseguirla hasta aniquilarla. Desde aquí se parte y desde aquí se empieza a sufrir, para que nos hagamos cargo todos de que matar niños jamás está bien. Con los niños no se juega a matar, ni se les enseña a tomar un arma para que lo hagan.

Sin embargo, el retrato de Blancanieves en esta oportunidad transmite sadismo, mientras se pregunta a dónde fue a parar su inocencia. Si desde los doce años tuvo que defenderse como sea para sobrevivir, si esta vez la manzana no estaba envenenada sino la gente adulta y esos siete enanos que se transforman en seres perversos capaces de cometer las peores atrocidades.

Niños palestinos y de otros lugares del mundo peleando por no morir, participando de una guerra que no inventaron pero que están dispuestos a formar parte porque eso es lo que se les transmite. Niños armados, niños que dañan, niños mutilados y, a veces, sin poder ser enterrados.

Blancanieves (Manuela Fernández Vivian) renace como una joven combatiente que está junto a un soldado (Nicolás Barsoff) -quien le narra cuentos pero bastante diferentes a lo que eran los de siglos pasados-.

Piel de gallina, angustia, dolor irremediable, incertidumbre, lágrimas; un sinfín de sensaciones que se inmiscuyen en mi organismo por completo, gracias al talento irremediable de los actores, la banda sonora tan finamente creada y las escenas que se representan como si se tratara de un tema que no tiene un final feliz nunca.

Un balde de agua fría que tantas veces es necesario de sentir en el cuerpo de los espectadores, de la gente misma, de no sentir lo ajeno como ajeno sino como propio. Las fronteras existen pero no son parte de la realidad real, son límites puestos por quienes desconocen el amor y la paz.

Hagan lo que hagan, serán fusilados y ni bien cierren los ojos podrían convertirse en muertos. Las niñas, abusadas, violadas, torturadas, deseando no haber sido mujeres.

Como bestias salvajes, sin rumbo, deambulando como sus cansados y desnutridos cuerpos se lo permitan… sintiendo odio cuando solo deberían conocer la felicidad.

Esta vez el espejo reflejará todos los olores y vacíos que deja una guerra constante que jamás finaliza, que no tiene sentido verdadero sino el poder por poder. Esta vez Blancanieves se convierte en fea para ser ignorada por sus torturadores.

Manzanas esparcidas por el suelo, formando diferentes figuras, que guiarán solo al enemigo a encontrar más presas que aniquilar.

He calentado mi cuchillo con la sangre de otros niños. Y me ha gustado, ¡cabrones! ¡Me ha gustado! ¿Qué habéis hecho con mi bondad? – termina diciendo esta Blancanieves.

Dramaturgia: Angélica Liddell. Elenco: Manuela Fernández Vivian y Nicolás Barsoff. Música original: Tomás Gallego. Dirección general: Paula Cancela. Funciones: viernes 23 hs. Teatro El Camarín de las Musas.

Mariela Verónica Gagliardi

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«Y como no se pudrió… Blancanieves», dirigida por Paula Cancela

y como blancanieves

¡Primera puesta en escena con aval de la autora en Buenos Aires!

SINOPSIS

Angélica Liddell utiliza al personaje de los hermanos Grimm, Blancanieves, para concentrar sobre ella el horror de la guerra, la muerte, el castigo, la violación y el hambre. Pero no solo es la historia de la víctima, sino también del torturador, un príncipe-soldado cuya conciencia debe convivir con el trauma, pero también con la sensación de placer. Al final, «Y como no se pudrió» termina siendo una historia de amor imposible, dado que los atroces acontecimientos superan  la voluntad del hombre. TRAILER

FICHA TÉCNICA

Actúan: Manuela Fernández Vivian y Nicolás Barsoff Composición sonoro-musical: Tomás Gallego Voz en off: Emiliano Carrazzone Diseño de iluminación: Facundo David Diseño y realización de escenografía: Bruno Petecca, Miranda Pauls y Sofía Sofovich Diseño y realización de vestuario: Teresa Mir Diseño gráfico e ilustraciones: Sonia Basch Colaboración audiovisual: Francisco Chiapparo y Leonardo Funes Asistente de dirección: Ailin Bosco Dramaturgia: Angélica Liddell Producción: PRIMO Productora de Artes Escénicas Productora asociada: PADAM Teatro (España) Dirección general: Paula Cancela

VIERNES 23 HS | EL CAMARÍN DE LAS MUSAS
MARIO BRAVO 960 | $130 entrada general.

¿QUIÉN ES ANGÉLICA LIDDELL?

Angélica Liddell nace en Figueres, en 1966. Es licenciada en Psicología y Arte Dramático. En 1993 funda la compañía Atra Bilis Teatro. Además de textos teatrales, también escribe poesía, narrativa y realiza performances. Muchas de sus obras se han estrenado en España y en otros países como Alemania, Brasil, Francia o Chile. También han sido traducidas al portugués, alemán y francés. La crítica ha calificado su teatro de “vanguardista y político, lleno de sentido”. Sus producciones se caracterizan por la crítica social, un expresionismo desgarrador, la pureza y la búsqueda del significado a través del dolor y la subversión. Ha ganado numerosos premios, entre ellos, el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2012 por la obra “La casa de la fuerza”.

SOBRE PAULA CANCELA

Paula Cancela es actriz, directora y docente. Comienza su formación artística en el año 2000 y la continúa en el presente formándose como Licenciada en Dirección de Artes Escénicas en la UNA, participó de varios congresos y seminarios vinculados con el territorio teatral, actualmente recibió la beca de producción artística para estudiantes de la UNA (Universidad Nacional de las Artes). Además de tener experiencia como actriz en teatro, cine y publicidad, hace 5 años trabaja como productora free lance en diversas radios, agencias de publicidad y castineras de Buenos Aires. Su ópera prima como directora fue «Eso que falta» que estuvo en cartel por dos temporadas en El Camarín de las Musas. Actualmente participa como columnista teatral en varios programas radiales y dirige, » Ensayo sobre el temor que me da ser una princesa».

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Es posible ser un ninfómano creativo

Semen en los ojitos“Semen en los ojitos” (escrita y dirigida por Gonzalo Senestrari) es una obra de teatro dramática que muestra a dos realidades: la ficcionada y la real. En la primera podemos notar cómo Chester desarrolla su devoción por la escritura, narrando -en vivo- una historia intrincada, apasionante y en la que muchas personas podrán sentirse reflejadas. Y, en la segunda, nos sumergimos, directamente, en un grupo de autoayuda para adictos al sexo.

Una dramaturgia dentro de la otra. Una más conmovedora que la otra y con tantos detalles para destacar que sería imposible adjetivar en pocas páginas.

A pesar de las diferentes sensaciones que podemos llegar a tener los espectadores, puedo esbozar una inmensa alegría y tristeza a la vez. Una nostalgia innegable por la que se disfruta al recorrer el camino de cada uno de estos padecientes.

Sin tener conocimiento del argumento, se podría disfrutar de un grupo, dirigido por Waldo, que intenta volcar todo su pasado y camino recorrido en la dirección del mismo. Un cartel, a su vez, invita a conocerlo, teniendo toda la soltura posible como para reconocer sus trabas y manera de curar, en cierta manera, la desesperación por concebir un mundo solo con ojos sexuales.

Ningún extremismo, se suele decir, es sano; así como tampoco no elegir un camino a seguir.

“Semen en los ojitos”, es una síntesis por el universo de la libido en que un escritor detiene el tiempo para narrar y construir la atmósfera de cada escena a gusto y piacere.

Nicolás Albamonte, Demián Bello, Martín Crespo, Manuela Fernández Vivian y Claudio Garófalo; componen esta obra que oscila entre montaje y realidad. Cabe resaltar la música que no solo decora la pieza artística sino que se eleva como una historia sonora paralela en la que se puede sentir cada nota como una vibración diferente.

Y, qué oportuno e inteligente es dicho aspecto ya que suele tomarse -en el teatro- a la música como algo ornamental por más que sea compuesta especialmente para la ocasión o se trate del género comedia musical.

En la ronda, pueden mirarse a la cara, a los ojos y discutir el propio o antagónico parecer. En dicho círculo tenemos que, nosotros como espectadores, mover nuestro cuerpo para descubrir lo que hacen y esta manera de presentar la historia demuestra la convicción de Senestrari por mostrarle al mundo su óptica sin que la puesta en escena sea perfecta y ordenada.

El desorden en que se encuentra un escritor a la hora de crear en su cabeza segmentos, como piezas de rompecabezas que luego irá uniendo de alguna manera sorprendente. Sorprender para sorprenderse y sorprender para erigirse como un sello distinto a una narración anterior o a un autor del mismo género.

A la vez que se escucha el compás de la música, el intelectual con gafas, toca -con precisión- la máquina de escribir, conjugando su devoción por las letras y el arte de contar.

Más allá del proceso de dicho escritor, es notoria la profundidad del grupo sobre adicciones y la gran investigación que habrán tenido que llevar a cabo para la composición de sus personajes.

Manuela Fernández Vivian es quien, como siempre, se destaca ya que logra interpretar a una joven, dulce y sensible, que ameniza con breves relatos amorosos -los cuales nada tienen que ver con lo sexual-. De hecho, ella tapa sus oídos cada vez que escucha el nombre de un miembro vinculado con la temática. Y, podrán cuestionar, cómo está tan atemorizada si su adicción es la misma que el resto de sus compañeros.

Sinceramente, develar todos los interrogantes de esta dramaturgia le quitaría completamente la gracia desmedida a “Semen en los ojitos”.

En un país como Argentina, en que algunos hombres siguen sintiéndose más machos por el tamaño de su miembro o las groserías dichas a las mujeres; es difícil poder decir qué porcentaje es realmente adicto al sexo y cuál lo simula para no quedarse afuera de la comparativa.

“Semen en los ojitos”, es todo lo opuesto que se pueda deducir sobre su título. Es una obra en que el arte se destaca y la pluma sigue, espontáneamente, el recorrido del corazón e intelecto.

ficha Semen en los ojitos

Mariela Verónica Gagliardi

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Cuando muera del todo, moriré con ella

La deriva1

Un hostel en la Isla de Tigre será el lugar predilecto y escogido por una pareja, en crisis, para despejarse y pasar tiempo al aire libre. Claro que ese aire no será muy puro ni tan libre ya que conocerán a los dueños del sitio -una joven y su padrastro-, los cuales tendrán que ocultar, cada vez más, un secreto que los compromete absolutamente.

Al avecinarse un fuerte temporal, los planes de acampar al aire libre serán dejados de lado y solo podrán hospedarse en dicho lugar inóspito, que los atormentará mucho.

«La deriva» (Andrea Marrazzi) es un thriller psicológico que indaga en dos temas fuertes como lo son: el amor y la muerte. Quizás suene más bonita la primera palabra que la segunda, aunque sabemos que el desamor es un veneno que va matando de a poco.

¿Qué es estar a la deriva?

Una tormenta que, simbólicamente, desata discusiones entre estas personas, que les permiten conocerse, interactuar y debatir -sin siquiera proponérselo- sobre el fin de las cosas, sobre los recuerdos y esa melancolía que los está extinguiendo.

Como si matar ratas fuera la única actividad para una mujer en la isla y como si este animal provocara no solo asco sino repelencia del resto de los humanos.

Inmersos en el suspenso, desde que comienza la obra de teatro y hasta que finaliza, se puede disfrutar de una excelente propuesta, la cual es posible gracias a la dramaturgia, a las interpretaciones y a la impecable dirección. Todos los detalles decorativos, de iluminación y vestuarios existen aquí, al igual que los aromas -gracias a los cuales podemos, como público, recrear imaginariamente cada escena-.

Como un barco que está a punto de naufragar y, sin embargo, no tiene demasiadas esperanzas. Como la vida de cuatro personas que son muy diferentes entre sí y que anhelan aferrarse a algo o a alguien para sobrevivir.

Presos de sus propias rutinas, las cuales no se animan a modificar por miedo, presos tras sus propias rejas y tras ese olvido que nunca llegará.

Los temas de conversación, derivan unos en otros. Sus análisis derivan unos en otros. El hilo conductor nos lleva hacia un lugar, para luego confundirnos y que no prejuzguemos ni a estos seres ni a sus conductas.

Somos animales racionales que acusamos antes de tiempo, con o sin pruebas. Que por temor, corremos desesperados sin rumbo fijo. Esto mismo se ve reflejado en la puesta en escena, en las tonalidades de sus colores, en las luces que se encienden o apagan para mantenernos en vilo.

Y, la muerte, no tiene un abordaje simplista ni obvio, sino una vuelta de tuerca tan profunda que emociona hasta las lágrimas. Violencia y muerte vemos y presenciamos diariamente. Por eso son temas que forman parte de la sociedad y, justamente, nos tocan de cerca ya que reviven a partir de la palabra, de un hecho, de un gesto y de la memoria selectiva.

«La deriva», el terror de dejarse llevar sin evaluar las consecuencias -en contraposición a la deriva inevitable.

Son muchas las lecturas que se pueden hacer de esta pieza teatral que te hace pasar por diferentes situaciones, en tan solo una hora, y utilizando los cinco sentidos para oler la desgracia o intuir que algo malo se está por avecinar.

Colores y texturas transformando un espacio empobrecido en calidez, hasta que las tenues luces marquen lo contrario. El espacio del Teatro El Extranjero que oficia de oyente y testigo de las teorías que se empobrecen con dosis de realidades.

Una isla que absorbe a aquellas criaturas estancadas y sin motivación para construir hacia adelante, permitiéndoles conocer el mundo en lugar de encerrarse en un pequeño segmento en que prima la soledad real y la personal.

Donde apenas puede llegar alguna señal de radio, donde de casualidad los huéspedes ingresan buscando amparo, donde el día y la noche pasan a ser un conjunto de horas intransitables y desgraciadas… allí están ellos, terminando con sus vidas sin, quizás, darse cuenta.

«La deriva» sonoriza y ambienta las desgracias, atenúa los momentos de reflexión e invade de deseos íntimos que incomodan al espectador. Removiendo y escarbando en esos rincones en que solemos acumular sin sentido, solo para no desprendernos de esa suciedad que asquea hasta al menos consciente.

La deriva ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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