*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Bosque, de Lisandro Penelas

BosqueUn grupo de clowns se adentra en el bosque. Pero el bosque también son ellos. Cada payaso es uno y son muchos. Una mujer que canta busca refugio, tres amigos se pierden en la noche, un niño desmemoriado trata de encontrar a su papá. Pájaros, ardillas, verdugos, duendes, mujeres con poderes sobrenaturales, monstruos y oscuridad.

Entrar al bosque es perderse. Y perderse es buscarse. Es entrar al universo mítico de cada payaso y de aquellos que lo quieran hacer con ellos en cada función.

Dramaturgia: Lisandro Penelas

Actúan: Javier Goya, Emiliano Maitía, Federico Marino, Cecilia Nuñez, Fernanda Pérez Bodria, Federico Salem

Diseño de vestuario: Eugenia Limeses

Diseño de luces: Soledad Ianni

Asistencia de vestuario: Teresita Matilla

Asistencia de dirección: Pablo Cano, Candela Perichon

Dirección: Lisandro Penelas

Web: http://www.moscuteatro.com.ar

Duración: 50 minutos

Clasificaciones: Teatro, Adultos, Clown, Artes Escénicas

MOSCÚ TEATRO

Camargo 506 – C.A.B.A.

Reservas: 2074-3718

Entrada: $ 250,00 / $ 200,00 – Domingo – 20:00 hs

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Todas las voces del corazón

La piel de Elisa1

Ficha La piel de ElisaCarole Fréchette es la autora canadiense del libro La peau d´Elisa, 1998 (La piel de Elisa), una recopilación de historias de amor que ya se ha montado como obra en diferentes países desde entonces. Sus líneas irradian luz por donde se las mire. Porque a quién no le gusta que le cuenten historias (verdaderas o ficticias).

Desde que nacemos somos oyentes y, tantas veces, al crecer vamos perdiendo la magia de sorprendernos hasta con un aroma determinado.

La piel de Elisa (protagonizada por Dana Basso y Lisandro Penelas, dirigida por Silvina Katz) me sedujo de entrada y me sentí cautivada por completo. La obra se desarrolla en el bar del Espacio Callejón y esto es un acierto. Porque qué mejor escenografía que la real y algunos detalles preciosos que acompañarán a cada una de las mesas en que reposarán los espectadores durante la tardecita. Porque este horario de las 19 hs también otorga una calidez oportuna ya que el tránsito en la calle es distinto, el transeúnte no corre sino camina, el acelere de la ciudad se modifica y es el momento de dejarnos llevar.

Elisa todo lo siente, todo lo cuestiona, todo lo abraza y escoge. Porque ella es una mujer que vive apasionadamente y que tiene algunas preocupaciones (como el paso del tiempo). Podríamos preguntarle por qué le preocupa tanto este factor si es tan hermosa. Ella ha llegado a la adultez con la sabiduría innata del sentir. Su piel es su primer sentido y por eso pretende que permanezca intacta, joven, sin arrugas, suave. Por eso cuestiona cómo está y se queda más tranquila cuando las respuestas del público son positivas. Porque Elisa vive atormentada pero también ilusionada con todo lo que puede narrar.

Un caudal enorme de historias que no parecen extinguirse jamás, que son contadas en primera persona y, con ello, se acercan aún más al espectador (el cual interviene desde la mirada hasta la escritura).

Parece, por momentos, ser un cuento ficticio hasta que la realidad real se apodera de los diálogos y la verosimilitud nos abraza.

Realmente es una puesta en escena romántica, tierna y poderosa, en la que el amor recupera su primer lugar ya sea narrando en la voz de un hombre o de una mujer. Porque a ella la acompaña un caballero muy atento y expectante, fascinado en el silencio por su manera de ser. Hasta que habla y con ello sus palabras se entrecruzan con las de Elisa, o las de Sigfried, o las de Jan, o las de Edmond, entre otras.

De repente, sentí que no estaba ni en un bar ni en un bar dentro de un teatro ni en la mismísima Capital, sino en un film de otro país. Como extra, al igual que todos los demás espectadores que -fascinados- aguardaban más información sobre cada uno de los personajes y relatos que citaban los actores encarnados en piel. Porque el principal estímulo para entrar en el código de esta obra es abrirse y no juzgar ni interpretar: escuchar con los sentidos y relajarse desde el ingreso a la sala decorada con esa luz tenue que permite inmiscuirse en los microrrelatos que se van sucediendo espontáneamente.

Es una digna puesta donde queda demostrado que la madurez no es sinónimo de vejez sino de sabiduría, de engrandecimiento, de riqueza sentimental y de un grito desesperado hacia el amor.

A la vez que un violoncello (a cargo de Miguel Gomiz) musicaliza toda la función, el romanticismo surge para quedarse y las cuerdas del instrumento se mimetizan con las vocales, con los movimientos corporales y con todos los desplazamientos, por el lugar, que plantean las mini obras.

Para poder seguir viajando junto a ellos, descubriendo paisajes, hombres, mujeres, soledades, vacíos y la eficaz herramienta de poder crecer bebiendo nuevas anécdotas para no quedarse sediento de un mañana anti rutinario. Para vivir otras vidas a pesar de contar solo con una.

Porque la Piel de Elisa es una cita obligada para los amantes del arte de narrar y porque cuando se encuentra un elenco tan comprometido y talentoso no queda más alternativa que recomendarlo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Retratos imposibles de borrar

El-amante-de-los-caballos-2

Un galpón con sus recuerdos de antaño es el escenario que se exhibirá para ser contemplado con cada uno de sus detalles que conforman a esta sensible y profunda historia. Como si todo hubiera quedado quieto e inmutable, allí permanece. Para ser contemplado, utilizado y rememorado. Como una puerta que, una vez que se abre, es imposible volver a entornar.

En su vida tuvo alrededor de cincuenta caballos, detalle no menor para empezar el recorrido por esta familia irlandesa que dejó su gran huella en el pueblo.

Lisandro Penelas toma diversos textos de Tess Gallagher y los adapta, muy emotivamente, a esta puesta en escena. Si bien casi todo el argumento original se respeta fielmente, existen algunos detalles que son modificados para que, seguramente, la actriz consiga una cercanía más próxima con los miembros familiares que debe mencionar.

Es así como la figura central de El amante de los caballos que se refiere a su bisabuelo, en esta oportunidad se relaciona estrictamente con su abuelo. Éste tomaba mucho alcohol, era jugador de cartas y su enfermedad le ocasionó que sintiera aún menos culpa a la hora de apostar todo lo que tenía con tal de pasarla bien un rato, un día o varios días.

Mientras ella habla en voz alta y recuerda a su abuelo, sus sonidos vocales van disminuyendo hasta fusionarse con el silencio mismo. Resulta ser que este gran hombre pertenecía a una casta de gitanos de Irlanda a los que se denominaba susurradores. Esos susurros tenían un peso tal por sobre los caballos que éstos obedecían a la perfección.

Tanto el abuelo como su propio padre, tenían firmes convicciones y ni siquiera cuando éste conoció a su mujer ella se pudo resistir a sus encantos. Todos se quejaban de los aspectos negativos del bisabuelo y, sin embargo mi madre le preguntó cómo se ganaba la vida. Mi padre señaló la baraja que llevaba en el bolsillo de la camisa y dijo: –Juego a las cartas. Pero el amor es como es y aunque mi madre era una mujer totalmente práctica, por lo visto no pudo enamorarse de ningún otro hombre.

El amante de los caballos (basada en textos de Tess Gallagher y dirigida por Lisandro Penelas) es un unipersonal excelente (protagonizado por Ana Scannapieco) que rescata aquellos valores esenciales de un hombre que amó a sus animales y que vivió la vida como quiso sin sentir la necesidad de fingir una postura ante alguien o de dar explicaciones sobre su accionar. Una verdadera joyita del teatro que indaga sobre lo moralmente correcto o incorrecto, sobre la etapa de duelo de esta hija que no logra entender a su progenitor pero que lo intenta por todos los medios posibles.

Su papá era un hombre original que si bien estaba absorbido por el juego, nunca pasó hambre. Desde el día que se le ocurrió apostar -no con dinero- sino con vales, siempre llevó adelante su estrategia. Cuando su hija recuerda esto, se emociona y sonríe, como cada frase que esboza.

Su cuerpo consigue formas delicadas para moverse, para convertirse en esa niña que con tan solo cinco años había mostrado un entusiasmo sospechoso por un poni. Y es cierto que sentí que había perdido un amigo muy querido cuando mi madre consiguió que los propietarios del poni lo llevaran a pastar a otra parte.

Ella es pequeña y grande a la vez. Hija y nieta. Feliz y sufrida. Libre como el pelo de un caballo que recorre el aire al trotar por campo abierto. No existe un caballo en escena pero sí nos podemos hacer la idea de su tamaño y ternura con tan solo observar el recorrido que hace su brazo y mano al acariciarlo, al cepillarlo, al admirarlo.

Sus susurros de niña la acompañaron durante muchos años, hasta que -nos cuenta- su madre terminó con ellos abruptamente.

Entre relatos encantadores, una espléndida actuación y una dirección precisa e inteligente, esta pieza teatral nos recuerda que la recompensa más grande que podemos tener cuando un ser querido ya no está es ese cúmulo de vivencias que nos hicieron reír, llorar y copiar a diario.

Una musiquita bien tradicional la hace desplazar, ir de un extremo al otro, mover sus manos y convertir su cuerpo en alegría. Ella baila una versión de mazurca (danza polaca) que nos encandila de a poco hasta provocarnos el llanto. Esas lágrimas cargadas de nostalgia por un pasado que solo volverá a través de una mente que decida invocarlo.

Dramaturgia: basada en el libro El amante de los caballos de Tess Gallagher. Actriz: Ana Scannapieco. Dirigida por: Lisandro Penelas. Funciones: sábados 20:30 hs. Moscú Teatro.

Mariela Verónica Gagliardi