*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Se acabaron los cuentos de hadas

La Sirena

Unas melodías en el piano dan comienzo a esta historia del mar en que vive La Sirena (escrita y dirigida por Luis Cano), una mujer bella y sufrida que tiene que hacer cosas ingratas -para ella misma- para poder subsistir.

Sentada en un banquito bajo, sobre una escenografía que gira, esta Monina Bonelli interpretando a la joven que posee una herida en la pierna y en su corazón, con marcas imposibles de borrar. De hecho no deben ser borradas para que su pasado sirva de aprendizaje a una sociedad que aun continua un poco pasiva en cuanto a la violencia de genero y prostitución.

¿Este es el bar Jamaica? ¿El Chaplin, el Flash, el Taray? – se pregunta a sí misma.

De repente, una canción de Sara Lowlan (acompañada en el piano por Ana Foutel) afirma su sensación: Vine caminando con la garganta seca.

Así es la introducción a una noche mas en la vida de Nina, en la Nina de antes y en la adulta de ahora. Una ronda de tragos para olvidar y transitar unas horas mas relajadamente, aunque resulte imposible de concebir.

Claro que no tiene dinero para comprar alguna bebida alcohólica y la alternativa que le dan para que lo haga es que cuente historias. De esta manera ella deberá complacer a los hombres de la taberna, encontrando el tipo de narración que más les convenza.

Como si existiera una línea imaginaria que dividiera al público, se notará el tipo o clase de historia que narre, la escenografía que se utilice y la imagen visual que se vaya construyendo.

Si una mujer no fue tratada bien de pequeña, ¿qué resultado puede darse? ¿Qué carácter o confianza puede expandirse por el cuerpo de quien no tuvo protección y cuidado durante la infancia, a quien no se le enseñó a valorarse?

Su madre la trataba de borracha en vez de tratarla como hija, con dulzura, con cariño.

Con los tatuajes que pintan partes de su piel, ella va introduciendo a un nuevo relato hasta encontrar el de su propia vida -aquel que no podrá rectificarse ni desmentirse-. Es la verdad, aquella que le dejó heridas sangrantes para siempre. Aquella que nunca tuvo valor o valentía para contarla.

Un bigote de su abuelo, Un pez verde y La sirena comprenden los tres microrrelatos que envuelven a los espectadores en ultramar para traer a colación cuestiones político-sociales de nuestro país.

Monina consigue deleitar con sus dotes actorales, apoyándose en el texto que va cobrando un vuelo muy alto gracias al dramaturgo como a las técnicas clownescas de las cuales se vale para conseguir que su cuerpo pose y se detenga -como si se tratara de fotogramas-.

Y ella empezó a cantar diferente, y una burbuja le quitó la vida al marinero. Estos datos incluidos dentro de la historia convierten a la misma en poesía pura, en esos detalles tan románticos hasta para hablar de la muerte.

Así es este unipersonal que nos sumerge en lo imposible de cantarle a la vida hasta en momentos estremecedores. Nina es víctima de un sistema pero no se queda congelada en tal postura sino que arremete con ésta, la insinúa y consigue despojarse de su mayor mal.

Su lugar no es un bar sino su propio hogar, alguno que estará en algún sitio determinado. Aquel que le brinde una caricia y la posibilidad de ser feliz. Suele decirse que no está muerto quien pelea y ella es una luchadora que desconocía sus poderes. Vencido el enemigo, el futuro es todo suyo. Solo falta que lo asuma y se de una oportunidad -aquella que todas las mujeres maltratadas merecen-.

Nina es un ejemplo conmovedor y un granito de arena, una militancia activa en pos de los derechos humanos, en contra de la violencia y el maltrato en todas sus concepciones.

Ella le dedica una última canción a todos los que buscan un lugar en el cual sentirse bien. Quizás sea una proyección a sí misma y la fortaleza para que ningún hombre siga manteniendo su postura de cobarde que lo hace reaccionar con la peor arma de fuego: el golpe.

Dramaturgia: Luis Cano. Actriz: Monina Bonelli. Pianista: Ana Foutel. Dirección: Luis Cano. Funciones: lunes 20:30 hs. Teatro El Extranjero.

Mariela Verónica Gagliardi


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La dulzura del reconocimiento

Crol4

Fusión de ritmos e instrumentos (guitarras, batería, bajo, piano y voz), suenan en el Teatro Estepario, ingresando en nuestros oídos y atravesando todos los sentidos.

Se dice que es el deporte más completo, aquel que los médicos indican para curar todo tipo de contracturas y para los enfermos del corazón. Dicho esto último, es necesario decir que si reanima el músculo más importante del cuerpo, indefectiblemente, sane todo tipo de penas, angustias y provoque tanta adrenalina como sea posible para sentir que los imposibles no existen.

La Sirena (Teresa Plans) y el Tiburón (Pedro Candioti) son los más nadadores de aguas abiertas homenajeados, principalmente, en esta ocasión. Una ocasión para la cual, los artistas, utilizan poemas, información de la realidad, canciones inventadas para este fin y una puesta en escena que se vale de una historia construida sobre la base acuática en que estos héroes son destacados.

“Crol” (escrita y dirigida por Verónica Schnek) indaga sobre la invención y origen del término, sobre un estilo de vida, sobre los esfuerzos físicos y mentales para alcanzar la meta de llegada sin rendirse ni que lo rindan, sobre esas patadas en al agua que hay dar para continuar la marcha -permitiendo que el cuerpo acarice las aguas dulces como el romance más grande que pueda existir entre dos seres-.

Fue la década del 50’ aquella que marcaría un antes y después para Teresa. Con tan solo diecinueve años, logró un raid diferente al primero, que le costaría su obligado abandono del deporte. Ella recorrió el trayecto desde Paraná hasta Coronda y, lo más triste fue que estuvo un día perdida, con tormenta y fuertes vientos, hasta que consiguió llegar a la orilla. Cabe aclarar que quien la impulsó a este hermosa aventura del nado fue Pedro Candioti -el otro gran ícono de la natación-. Nadador, de nadadores, vencedor de vencedores, el tiburón del Quillá.

Justamente, fue él quien en 1939, permaneció cien horas en el río y consiguien su mejor marca a lo largo de su carrera. A él también tuvieron que sacarlo del agua, en este casos sus amigos, temerosos de perder a este gran deportista.

En cuanto al crol, tiene su origen en los aborígenes, quienes idearon un estilo similar al ya conocido por todos y, luego, los ingleses se lo apropiaron denominándolo crawl (reptar). Siendo uno de los estilos más conocidos y simples a la hora de avanzar, les permite a los deportistas conseguir equilibrar velocidad y resistencia. Nada como los indios que han decidido crol, esboza y resume, en un momento, el estribillo de una canción.

“Crol” es un conjunto de hazañas, anécdotas y recortes escogidos -muy selectivamente- para empapelar la obra de estos personajes. De ellos y del resto de los nadadores que no alcanzaron la fama pero que amaron y aman el río -arriesgando sus vidas por esta gran pasión-.

Una voz femenina como motor de búsqueda y coros masculinos, acompañan las diapositivas, en blanco y negro, buscan cuerpos para proyectarse, para imprimirse y allí quedarse quietos; para que las voces relaten con melodías.

Por momentos pareciera ser un recital con temática de nado y, por otros, una obra de teatro busca narrar desde otro lugar -construyendo con diferentes matices y herramientas la heroicidad de los más humildes personajes-.

Contando con objetos bien específicos como un locker gris, un megáfono, una pecera que se vale de contexto acuático, gorros y mallas de natación; la dramaturgia se desarrolla espontáneamente, con goce por parte de los protagonistas y variados géneros musicales que van in crescendo con la historia.

“Crol” es folklore de nuestra patria, una base del pasado para construcción del presente, un homenaje a la trayectoria y a todo aquel que se anime a sumergirse sin tener certeza de llegar, la valentía de unos pocos por demostrarse a sí mismos un sueño hecho realidad.

La tibieza y la desolación, tantos sentimientos contrapuestos que intentan confundir o hacer tropezar, para luego conservar a quien, de verdad, lo desea.

Una pieza de teatro musical con estilo propio que, seguramente, trascenderá como La Sirena y El Tiburón.

Crol ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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