*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Crónica sobre cómo romper con lo que se supone que es la danza

La wagner De Vir

Sin lugar a dudas, las obras más polémicas del 11° Festival de Teatro de Rafaela fueron: La Wagner (de Pablo Rotemberg) y De-Vir (de Fauller). Ambas obras, pertenecientes al género de la danza, expusieron diferentes temáticas pero con la coincidencia de hacer lucir al desnudo a sus artistas. Dicha elección provocó la ira de aquellos que son demasiado conservadores, hablando negativamente de las puestas en escena, y opacando dos trabajos, indiscutiblemente, novedosos y con una carga social y argumental fuertísimas.

Como sucede, actualmente, en el ámbito de la política, los comentarios verbales, escritos en diferentes medios y alcanzando las redes sociales; dejaron en evidencia que los cuerpos son capaces de convencer sobre cuestiones que la razón puede no llegar a comprender por diferentes motivos.

En definitiva, ¿qué es la danza?

Podríamos tomar una enciclopedia o diccionario y buscar las distintas acepciones al término, las cuales distan mucho unas de otras. De lo que sí podemos estar seguros es que suele ser tomado el término danza como sinónimo de baile. Se supone que para que exista la danza debería respetarse una secuencia de movimientos -bien llamada coreografía- con una música que acompañe. Ahora, ¿se puede ser tan literal como para no asumir que la danza fue evolucionando y modificándose según la sociedad, cultura y país de que se trate?

Recuerdo cuando años atrás leí un folleto que decía: clases de biodanza y fui a ver de qué se trataba. Por más que desglocé, anticipadamente, la palabra; no estaba relacionada dicha clase con lo que, tradicionalmente, se conoce como danza o baile. Un grupo de personas, con sonrisas pintadas, hablaban de cómo había sido su día, conformando una ronda en el piso; luego, todos los alumnos dejaban que la música les produzca un movimiento u otro. Pero yo seguía cuestionándome, en silencio, que eso no era baile. Transcurrida una hora de clase, opté por dejar mis prejuicios de lado y hacer que las melodías me hagan sentir algo. Lo que sea. Así fue como me convertí en una alumna más que le danzaba a la vida, que sonreía a mis compañeros, que cerraba los ojos para aflojar todo tipo de tensión… y eso era danza. No precisaba zapatillitas de baile en punta, ni elongación ni respiraciones de un tipo u otro. Cada uno tenía su propia gracia, no existía la competencia y la profesora no era más que nuestra guía en este camino.

La wagner

Al presenciar la función de La Wagner, no pude relajarme, sentí asfixia y ganas de irme. Sentí impotencia por querer abandonar mi butaca y me cuestioné durante días por qué esta obra me provocaba tantas sensaciones diferentes si no era más que una obra de danza. No me salían las palabras y la respiración entrecortada me recordaba a casi todas las secuencias de Rotemberg en que Ayelén Clavin, Carla Di Grazia, Josefina Gorostiza y Carla Rímola; interpretaban a cuatro bailarinas que sufrían incesantemente. Fue recién ahí cuando pude quitar mi nudo de la garganta y lograr que mis palabras expresaran aquella angustia y que agradecí no haberme parado.

Pársifal y Tristán e Isolda son dos de las óperas que se hacen presentes en La Wagner, para oficiar de contexto. Richard Wagner (1813-1883) fue un compositor alemán, famoso por su antisemitismo -si bien no fue contemporáneo con Hitler (1889-1945)- al igual que por su talento musical; le otorgó a la puesta una manera de narrar una época que se fusiona y entremezcla con la vigente.

Estas mujeres aparecen, muy lentamente, acompañadas por el Preludio de Pársifal que hace sentir un vacío entremezclado con una fuerte presión en el pecho. Desgarradoramente parecen ingresar a un campo de concentración, en que se abusa de ellas, en que su condición femenina se ve desplazada y en que la simbología de Pársifal (ausente físicamente en escena) hace relucir que la “pureza” era vista en éste de la misma manera que el nazismo lo hacía con la raza aria.

Lo puro en contradicción a la pureza. Lo blanco como superior y la mujer como objeto despreciable.

La Wagner tiene nombre de mujer no por haber sido la intención de su compositor, sino porque Rotemberg pretende imprimir y luchar por los derechos nuestros, por reflejar el dolor que provoca una violación física y mental, llevando al extremo todo tipo de movimiento corporal para producir un efecto de violencia que desde ya no existiría al utilizar metáforas o versos bonitos.

A veces es necesario mostrar la violencia como tal, el maltrato como tal y el abuso como tal; así no quedan dudas de que existe y desea ser soslayado por ciertos sectores sociales, por intereses y por diferentes motivos imposibles de aceptar.

También aparecen otros fragmentos musicales tanto de Wagner (Tristán e Isolda) como de otros músicos que permiten que las bailarinas sean vistas como parte de una lucha eterna en que sus cuerpos sufren secuelas y sus corazones continúan para no perecer en el intento.

Cada una de las secuencias coreográficas es muy fuerte, colmada de ideología y con una pequeña-gran historia por transmitir, un fiel retrato de lo que ocurre y no siempre tiene solución inmediata.

Seguramente lo que más duela sea la espalda, la cual jamás es mostrada por parte de ellas.

De-Vir

Con respecto a De-Vir, si bien es otra puesta en escena de danza, no transmite ni provoca lo mismo.

Son cuerpos humanos que por momentos adquieren formas de objetos y de animales. Por más descripción que pueda leerse sobre la misma, cada quien entenderá y resignificará la pieza artística a su modo.

En mi caso, pude observar que desde la manera de apoyar las manos y hasta su caminar, se trataba de una especie animal esbelta, fina, delicada y precisa. Cuatro artistas-bailarines (Wilemara Barros, Henrique Castro, Marcelo Hortêncio y Fauller) conformaron diferentes cuadros, con una iluminación tenue y, separados, por la oscuridad absoluta.

Quizás, a ciertos espectadores les pueda chocar un desnudo o puedan no estar acostumbrados a verlo, pero debo admitir que en ambas obras está muy justificada la elección de que no utilicen un vestuario.

En esta segunda, si los personajes adoptaran un atuendo, quedarían disfrazados de algo determinado y, posiblemente, ridiculizarían sus interpretaciones. De este modo, sus pieles simulan ser pieles de otra especie, desnudos de pies a cabeza, valiéndose de una escenografía inexistente al igual que en la primera.

De-Vir es oriunda de Brasil, motivo por el cual mi mente imaginó la selva amazónica como uno de los escenarios posibles en que estas especies animales caminaban, se juntaban, separaban y fusionaban.

La imaginación deberá utilizarse en ambas obras, aunque más en esta segunda ya que el silencio musical se apodera de la historia para que el público escuche los sonidos naturales de la respiración.

Las dos propuestas son muy interesantes y con temáticas diferentes, intentando romper con estructuras tradicionales. La danza contemporánea contiene un sinfín de movimientos y expresiones que la danza clásica no. Una no es mejor que la otra ya que, una se nutre de la otra para crear lo propio. De lo que sí podemos estar seguros es que cada espectador podrá digerir lo que pueda y como pueda, podrá sentir incomodidad o placer pero, jamás, indiferencia.

Cada movimiento, por más pequeño que sea, es un modo de expresión y cuanto más grande se hace, más visible se vuelve. Como si se tratara de una caminata normal en que comenzamos a sentir cada extremidad como propia y otorgándole un movimiento diferente en que la música nos permite soltar sin ataduras. El cuerpo como instrumento que ejecuta un baile, una danza, como si se tratara de un desplazamiento sobre la partitura -una partitura que adopta la forma deseada, que sorprende y deja de lado todas las convenciones-.

Danzar la vida, desnudarse ante la vida, contando sin textos y hablando sin palabras.

Mariela Verónica Gagliardi

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«El loco y la camisa», en Escenarios de Verano – Mar del Sud

El loco y la camisa2

Dentro de una humilde casa, las paredes serán testigos de gritos, explicaciones y golpes. Mientras un matrimonio sigue su rutina -por inercia-, dos hermanos intentan darse a entender.

Desde la óptica de un “insano”, se pueden proyectar las peores miserias y fracasos, que intentarán desequilibrarlo, hasta desaparecerlo en su propia casa.

Una persona es tomada como responsable del qué dirán, de lo que no debe ser y de lo terrible que es ser él.

¿Por qué el ser humano tiende a desvalorizar al “diferente”?

¿Es más valioso ser igual que distinguirse de algún modo?

“El loco y la camisa” (escrita y dirigida por Nelson Valente) se posiciona en la mente de un joven con inconvenientes psiquiátricos y, a partir de allí, es que podemos inmiscuirnos en su manera de sentir y ver la vida.

Beto (Julián Paz Figueira) es la oveja negra, el que no debería integrar a esta familia tan disfuncional. Sin embargo, simbólicamente, es el único que logra desenmascarar la violencia e hipocresía llevada a cabo por sus padres y hermana.

En un mundo invadido por agresiones físicas y mentales es una obra necesaria, como para demostrarle al espectador dónde están los límites verbales y corporales como para no matar lo que -aún- vive.

Otro aspecto a tener en cuenta es el de la razón. El loco y la camisa1¿Por qué está explícita la necesidad de hacer válida una visión propia?

Los personajes, muy bien caracterizados, logran transmitir su forma de ser y arraigarse -en todo momento- a los parámetros sociales. Bajo esta estructura, un hijo y hermano loco debe ser encerrado literal y emocionalmente hablando.

Un joven que sufre de obsesión y delirio no es apto para interactuar en grupo… Y su entorno, acaso, ¿sí lo es?

¿Desde que lugar se forja una verdad absoluta sino desde la insistencia de un pensamiento?

Si Beto decide revelar la realidad real, ¿por qué habría que silenciarlo? ¿Por qué “arruinarle” la vida a su familia cuando, callándose, todo sigue igual?

Este joven será la pieza fundamental para mantener unido a su clan, el cual no le pertenece en absoluto y, ni siquiera, mantiene los mismos valores. Pero, cuando decide -en el peor momento- dar a conocer todos los secretos de cada integrante, todo se disgrega, todo termina y en vez de convertirse en un calvario, su madre lo acaricia dándole la razón.

También existe otro asunto delicado que es el de la discriminación y de la auto-discriminación.

María Pía (Soledad Bautista), es cómplice de maltratos, hasta el punto tal de sentir que el propio hermano no merece de su compañía mientras esté su novio. Estas relaciones de dependencia, conseguidas gracias al temor de perder a la otra persona, no permiten ver correctamente. El único que logra descifrar, la personalidad y misterios ocultos, es el tildado de loco.

El loco y la camisa3

Este loco que tiene como padres a dos personas tradicionales y conservadoras (Lide Uranga y Ricardo Larrama). Entre ellos existirá la violencia y desvalorización al punto de enceguecerse -creyendo justificaciones que, ni siquiera Beto, podrá considerar como ciertas-.

¿A qué lugar interior conduce una mentira o el mismo silencio? ¿Tan perversa puede ser la incertidumbre como para no arriesgar y, tal vez, lograr una mejor calidad de vida?

Por suerte, el delirio es el juicio más sano y toda conducta considerada normal es rebajada a los sinsabores más hirientes.

Pero Mariano -el novio de María Pía (José Pablo Suárez)- nos demuestra cómo, un extraño, es capaz de romper el statu-quo de un hogar, al cual esta palabra le queda demasiado grande. Cómo intenta desarraigar a quien tendría que amar noblemente y cómo, ante el primer obstáculo, pide huir.

Zona norte y zona sur son representadas por las dos partes: la familia versus Mariano. Las diferencias entre ambas zonas son mostradas, estereotipadamente, y los diálogos irán recorriendo diversos temas delicados durante esta pieza teatral dramática, con un tinte de humor.

En cuanto a cuestiones de guión, me parece muy coherente con el tema central a tratar que es la locura. Desde allí se nutre y retroalimenta cada personaje-eslabón con un “otro” y, también, con el conflicto que vendrá.

Las lágrimas en el rostro de Beto no tardarán en llegar e irán apareciendo al igual que su furia y sus ganas de gritar, a vivas voces, lo equivocados que todos están. Él es como un niño sin tabúes ni tapujos, que solo desea ser feliz.

¿Tanto pide? ¿Tan poco merece?

Ficha artístico-técnica El loco y la camisa

Mariela Verónica Gagliardi