*** Octubre 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘humor negro’

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Por culpa de un frijol

Into the woods1

La historia del ogro Shrek marcó un antes y un después en el modo de contar los clásicos infantiles y en la manera de interpretar a sus personajes -buscándoles una vuelta de tuerca más real en nuestros tiempos vigentes-.

En esta oportunidad, Dentro del bosque (Into the woods) es una comedia musical oriunda de Broadway (con libro de James Lapine y letra y música de Stephen Sondheim) que se estrenó en dicha ciudad en el año 1987. A nuestro país llegó recién hace en el 2013 y ganó varios premios y nominaciones.

Dentro del bosque es un juego alrededor de la vida de Caperucita Roja y Cenicienta, dos jóvenes que no son ingenuas ni crédulas sino que cobran vida de mujeres con deseos y sentimientos fuera del típico mundo de las hadas. Ellas no perdonan ni tienen alma de tontas, son humanas. A ellas se unen la princesa Rapunzel y Jack de las semillas mágicas.

Cabe resaltar la excelente adaptación que hizo Marcelo Kotliar y los arreglos musicales de Gonzalo Botí que, junto a la dirección general de Nicolás Roberto, permiten que esta historia parezca argentinísima sin dificultad en el doblaje como tantas veces ocurre.

El humor negro es el punto más fuerte de toda la trama que consigue que lo originalmente trágico se vuelva carcajada. Así es como un hechizo llevado a cabo por una bruja le impide a un matrimonio vecino tener un hijo, mejor dicho que la mujer quede embarazada. A raíz de dicho impedimiento, la bruja les indica cómo romper con esto, lo cual no será demasiado sencillo pero posible en el mundo ficcional que en que se adentran.

Una escenografía integrada por cajas de cartón es lo que decora al bosque, el cual no es necesario indicar con árboles ni demasiados objetos ya que los personajes se encargan de hilvanar cada acontecimiento con sus canciones y diálogos. Dos talentosos músicos acompañan la dramaturgia y hacen posible que los códigos de este universo sea mágico.

Dentro del bosque a caminar y a mi abuelita visitar – dice Caperucita. Y ya sabemos el cuento original, aunque no tiene por qué ocurrir exactamente lo mismo. En esta oportunidad la niña no sufre como la del cuento ni su temperamento es el mismo. De hecho, bastante opuesto, lo que despierta las carcajadas continuas en el público.

También Cenicienta ha tenido algunas transformaciones y ya no es la ilusa que se conforma con casarse con el Príncipe y vivir en un palacio con sirvientes por doquier. Tampoco sus hermanastras son las brujas malvadas sino que presentan algunas particularidades que las colocan en un lugar en que los espectadores las ovacionan a lo largo de toda la obra.

La música cumple un papel fundamental, luciendo y dejando lucir a los actores que van tejiendo la trama narrativa; acentuando la comicidad y las partes relevantes de cada escena al igual que los silencios.

Cada artista consigue lucirse en el escenario con su matiz de voz. Algunos resaltan más que otros o gustan más que otros como suele ocurrir y está bien que así sea. En definitiva se trata de una historia en la que están presentes muchos personajes conocidos por todos desde siempre y, ahora, escuchar sus voces, sus deseos y vidas es como revivirlos en un instante.

Quiero ir al baile del Príncipe – quiere, dice y desea Cenicienta pero nunca imaginó lo que significaría este evento ni que el príncipe azul no existe ni siquiera en esta historia, al menos no como lo conocemos.

La vaca de Jack, Aigüish (I Wish), sufre una metamorfosis hasta conseguir hablar y darse a entender, sin que sigan abusándose de su condición de animal. El panadero y su esposa estarán muy entretenidos consiguiendo todo lo que la bruja les pidió para que el conjuro se disuelva. Rapunzel irá perdiendo su larga cabellera por caprichos ajenos. Se suceden muchos acontecimientos, unos más importantes que otros, otros más llamativos que aquellos; dejando que -como siempre- el amor y la paz sea lo que prime en un cuento infantil. Esta historia absurda, en su manera de llevarla adelante, tiene un desenlace inesperado en que el Reino sigue con quienes deciden embarcarse en un camino más feliz y menos dañino para el resto. Al fin de cuentas se trata de hacer el bien sin mirar a quién.

Caperucita canta que es divertido ser mayor aunque creo que no. Y los hechos le demuestran que es preferible que siga siendo una niña y que los adultos se encarguen de reconstruir el mundo que se resquebraja a pedazos por decisiones inadecuadas. Causalmente, Jack parece tener la culpa del caos reinante por plantar semillas y que crezca la enorme planta de frijoles. Pero otros personajes también se consideran responsables y darán su sensación sobre el tema.

Ya no hay más luna, ya no hay más luz – menciona la Bruja. Aunque nada es eterno y ya el sol volverá como siempre lo hizo. Solo tendrán que encontrar el camino correcto que los conduzca hacia él.

Cada quien en su lugar, juzgando a los demás, hechándose la culpa, y sintiendo desidia al ver cómo quedó todo después de tanto egoísmo. Reconstruir el Reino entre todos… entre todos los que queden demostrando que siempre alguien te acompaña. Solos no estarán. Nadie lo estará.

Elenco: Lucila Gandolfo, Mariano Muente, Florencia Róvere, Walter Canella, María Hernandez, Federico Coates, Patricio Witis, Silvana Tomé, Romina Casella, Hugo Queija, Clara Daray, Mario Angelomé.

Funciones: martes 20:30 hs. Paseo La Plaza (Sala Pablo Picasso).

Mariela Verónica Gagliardi

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Cuando se pierde la esperanza

Despojos3

En el Teatro Español de Azul, dentro del marco del Festival Cervantino, se presentó una obra de creación colectiva llamada Despojos (dirigida por Juan Etcheverry). La misma cuenta varios temas interesantes, ubicados en cierta época que nos marcó a todos los argentinos: la pos dictadura militar y principios de la democracia.

Si bien no es la intención del argumento, hablar de los gobiernos de facto, resulta imposible no citar algunos de sus aspectos como ser el contexto, que permita entender y reflexionar sobre la historia que se plantea en el escenario.

Según el diccionario de la RAE (Real Academia Española), despojar significa: Privar a alguien de lo que goza y tiene, desposeerle de ello con violencia.

Puede afirmarse que a lo largo de la obra que tiene dos horas de duración, aproximadamente, se confirma que la violencia (psicológica sobre todo) es utilizada como herramienta para quitarle a unos pobres seres humanos, lo poco que tienen, haciéndolos sentir menos que la miseria. Algo tan desolador como el sentirse nada y que, encima, los que manejan el poder, les saquen el alma.

Todas las escenas tienen lugar en un pisquiátrico, dentro del cual conviven personas de diferentes sexos, edades y estratos sociales. Entre ellos, cabe resaltar, que no existen inconvenientes sino que prevalece la solidaridad. Aunque, la dueña del lugar y el médico, son quienes manejan toda la medicación de los internos y sus tratamientos. Como si fuera poco, utilizan la esperanza de estos enfermos para aprovecharse y robarles. Claro que estos robos no se manejan como hurtos sino quitándoles, previamente, la vida.

Nada más tenebroso que recordar la masacre provocada por la dictadura de Videla y verla plasmada en el aire de la dramaturgia, en ciertos diálogos y en la manipulación que hacen los que tienen el poder. Éstos no debieran considerarse poseedores de tal, sin embargo, en vez de cuidar a los enfermos, los van empeorando día a día.

Un lugar donde la calidez humana se esfumó para hacer prevalecer la rigidez, el formar fila, el obedecer y no tener derecho a que opinen nada. Absolutamente nada. Por suerte, entre los propios internos, sí van conversando sobre sus preocupaciones y uno se convierte en sostén del otro.

Al ser una creación colectiva, existen muchas escenas donde todos los actores logran lucirse y demostrar su amor por el teatro, un arte que permite expresar hasta lo más “prohibido”, usando diferentes lenguajes para transmitir.

Despojados de su fe, caminan como zombies, hablando pero sin saber qué decir. No tienen escapatoria ya que sueñan con que algún familiar los venga a buscar, cosa que nunca ocurrirá. Es totalmente triste el panorama y la relación con un centro clandestino se pone de manifiesto sin siquiera mencionarlo. Ellos, ahí presos, involucionando, quedándose despojados de todo y sintiendo que sus vidas no valen nada.

En cuanto a la historia, puntualmente, se puede conocer una antigua historia de amor, una actual historia de amor, lucha de intereses constantes, egoísmo, manipulación y la vida que transita entre todos muy rutinariamente. Resulta ser que el más subestimado y considerado un objeto sexual, termina siendo el portavoz de la verdad y, el único, que se anima a revelarle a la policía sobre el último asesinato llevado a cabo en la institución.

¿Por qué estas personas deben ser vigiladas y castigadas?

¿Qué hicieron como para que sus vidas tomen ese rumbo?

Como si estuvieran presos de su libertad y de todo lo demás, cada uno respirará porque es algo inconciente de hacer. El resto lo harán para no ser castigados. Lo más humillante de todo es que se trata de un lugar privado por el que pagan mucho dinero para estar allí. Pagan para ser sancionados o alguien lo hace por ellos. No tienen ya la certeza de por qué están en este lugar. Solo desfilan por las diferentes habitaciones, consumen lo que les dan e inclusive sienten que los tratan bien.

El dinero no es lo único que buscan estos manipuladores del poder, sino, justamente, la sensación de hacer con los demás lo que quieren. Ellos deberían estar en tratamiento pisquiátrico o presos. Tanta maldad junta resulta angustiante, pero, los tintes de humor están presentes en Despojos, lo cual pone la historia en un lugar un poco más relajado. Las situaciones graciosas se vinculan a un humor ácido que intenta rozar el humor negro.

Solo la risa surge y se torna agradable cuando la tensión está a punto de llegar a su máxima expresión. De esta manera, Despojos se convierte en una tragicomedia que se puede disfrutar en familia, aunque no la considero apta para niños.

Mariela Verónica Gagliardi

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La muerte le sienta bien

Delicioso paraíso1

De repente ingresamos a una casa, inmersa en un pueblo alejado de la Capital Federal. En ella podemos ver sogas y más sogas con ropa colgando sobre ellas. La luz bastante tenue sobre la cocina -el ambiente donde se desarrolla toda la obra-; nos presenta de antemano una historia de humor negro: Delicioso paraíso.

Esta puesta en escena, dirigida por Alejandra Rubio, tiene varios condimentos: una historia familiar simple, distintos diálogos gracioso, una dosis de cruda verdad hacia la muerte y la ridiculización de los vaivenes entorno a un fallecido.

El Difunto Padre (Alejandro Álvarez), con su camisa tropical, sus tragos al tono y la cumbia bien fuerte, nos pinta de entrada una obra muy peculiar. Este viejito que nada tiene anciano, salvo los años, es el típico degeneradito (y lo digo en diminutivo porque no se ven demasiadas situaciones en las que se propase con alguna de sus hijas), que desea vivir la vida al máximo sin privarse de ningún placer.

Este padre tiene cuatro hijas: Ana (Meme Mateo), Mirna (Victoria Carambat), Marta (Paula Lemme) y Magdalena (Goly Turilli). Ellas coinciden en algo -además de en su vínculo familiar- y deciden tomar cartas en el asunto.Delicioso paraíso3

Un día como cualquier otro, sucede la tragedia o el nuevo aire de libertad: muere. Esta situación, lejos de provocarles dolor, las hace unir más fraternalmente. Pero primero tendrán que sacar varios trapitos al sol. Una vez que lo logren, recién ahí, sanarán heridas de antaño y se concederán una nueva oportunidad.

Pero, ¿cómo es el desarrollo de esta tragicomedia?

Podemos disfrutar de las conversaciones cotidianas entre Mirta y Marta, mientras Ana con cara de susto –durante toda la obra-, no hace más que escaparse físicamente, como para tapar tanto dolor ante la muerte de su papá. Pero se ha quedado sin habla, probablemente por el shock del difunto o por sentir libertad en su alma y aún no poder creerlo.

¿Y de qué charlan tanto?

Mirna de su dieta, que aún no puede cumplir por la supuesta angustia que le provocó la muerte de su progenitor. La famosa dieta de la manzana, que se basa en comer solamente esa fruta. Pero ella, consume esa fruta, pan con dulce y mate; provocando la risa de los espectadores -al ver cómo lleva a su boca cada bocado-.

Marta, por otro lado, vestida como Doña Florinda (Chavo del 8), representa a una mujer avejentada, maestra de colegio sin paciencia y que pretende que los alumnos sepan por arte de magia.

Las conversaciones desatadas entre ellas dos, nos irán sumergiendo en la historia negra para que conozcamos los pormenores de la misma. Marta intenta encaminar a su hermana Mirna, sin darse cuenta de que ella tampoco tiene los pies sobre la tierra.

Pero, cuando llega Magdalena de la ciudad, todo parece cambiar el rumbo. Delicioso paraíso2Ella, vestida con un rojo descampanante, feliz de ser
diseñadora y de viajar a distintos países; termina siendo una farsante. Aunque, de a poco, se le irá cayendo la máscara.

Y Magdalena, será la que también destape una verdad mucho más importante que la oculta en su ser: la muerte de su padre, tan repentina.

La historia recreada que le contarán sus hermanas, no es la que ella esperaba pero no hay culpa que valga ni rencor que sobreviva en Delicioso paraíso.

Una bebida con granadina y vodka es la encargada de endulzar y tranquilizar -por momentos- a estas mujeres tan alteradas. La misma bebida que tomaba su padre y que lo elevaba a un mundo ideal.

Y un último personaje que se suma es el de la Tía Dina (Maitina De Marco), con unas características extravegantes -tanto en su forma de vestir como de desenvolverse ante los demás-. La mayor parte del tiempo la tienen encerrada en la habitación, no incluyéndola en lo cotidiano. Pero ella, además de ser mayor, está un poco ida. Cada intervención que realice en la obra, hará que el público estalle en carcajadas.

Vale destacar que cada actor tiene su momento de lucirse en el escenario, permitiendo esto un equilibrio. Dicho equilibrio solo pasará por este punto ya que esta familia dará mucho que hablar.Delicioso paraíso

Pero, ¿qué pasó con el Difunto?

“Murió en su salsa” – acota Magdalena al conocer que su padre falleció mientras comía los ravioles de todos los domingos.

¿La muerte provocada, sería deliciosa?

¿El paraíso o edén, lo amparará al Ñato -tal como lo llamaban cariñosamente-, a pesar de no haber sido una buena persona?

Claro que esta obra no es para planteos profundos ni sentimentales, sino para entender que cuando llega la parca lo único que hay que hacer no es llorar sino actuar, decidir, innovar, no lamentarse.

Para eso tendrán que conseguir un cajón, para poder darle una digna sepultura. Aunque se trata de un pueblo pequeño en el que han muerto muchas personas últimamente. Entonces los cajones de frutas serán la salvación para poder improvisar un reposo al Ñato.

Pero cuando la muerte es provocada, ¿qué camino hay que tomar?

Ficha técnica Delicioso paraíso

Mariela Verónica Gagliardi

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Naturalizar lo que se repite no siempre hace bien

La sala baja sus luces hasta que se ilumina la cara de un personaje llamado Andrés. Él es abogado, fanático de la música que hace el tenista Guillermo Vilas y sin un rumbo fijo.

Este hombre de unos 40 años, nos narra su vida pero desde un plano muy específico: el sufrimiento, la desdicha y el poco valor que tiene para ser “alguien”.

Como su autoestima es inexistente, toda persona con la que se cruza, lo maltrata física y verbalmente. Andrés, no se da cuenta, que todos los acontecimientos que se van presentando día tras día, se vuelven en su contra y, repetidamente, siempre le ocurre lo mismo. Lo único que cambia es el escenario y la gente que conoce o frecuenta.

Loop, es una clara imagen de la realidad cotidiana de todo ser humano. Es un principio y un final, al igual que una vuelta de página para volver a empezar, cuando se pueda.

Loop, es un camino a veces elegido por comodidad y, otras tantas, por no tener energía para emprender algo nuevo. Es como la tan famosa frase: “mejor malo conocido que bueno por conocer”.

El protagonista nos pasea por distintas etapas de su vida, al parecer muy significativas, y que fueron dejando huellas en su corazón, difíciles de borrar.

Lo primero acontecido es el regreso a su casa de la infancia, que logra habitar después de mucho tiempo. Nunca imaginó volver al barrio de su niñez y verse metido en un conflicto con una muerte de por medio. Él nunca es culpable de nada, pero todo lo negativo se le pega como un imán, sin dejarle una salida placentera.

Su relación con las mujeres a nivel sentimental, son totalmente enfermizas y se enamora de un perfil igual, siempre. Al igual que el vínculo distante que tiene con su padre, quien pretende moldearlo a su gusto y preferencia, sin asumir que su hijo es diferente a él.

Esta tragicomedia, de un humor negro, por momentos, nos presenta a cuatro actores (Andrés Rossi —Andrés—, María Laura Santos —Alice—, Eduardo Peralta el papá de Andrés, Juan Manuel Castiglione el portero del edificio y Lizzi Argüelles Isabel, la vendedora de parcelas); que logran lucirse y transmitir: comicidad, odio, bronca, rencor, resentimiento, amor, pasión y dolor.

Loop es como un perfume concentrado que con más de una gotita, nos provoca un efecto, en la vida del protagonista, desagradable.

Andrés y su novia Alice – una policía super original e histérica -, Andrés y su nueva relación con una vendedora de parcelas en el cementerio, Andrés y sus diálogos con el portero del edificio donde vive, Andrés y su padre. Andrés vs Andrés podría resumirse. Él contra él mismo, aniquilándose de a poco, lamentándose por no encontrar ese cable a tierra. Intentando sobrevivir después de tanto dolor.

¿Lo conseguirá? ¿Logrará aceptarse y quererse? ¿Intentará vencer esas fronteras que lo separan de la alegría y felicidad?

Mariela Verónica Gagliardi

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