*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La muerte en serio es el olvido

Honorio1

Cuando una persona muere, por lo general, se la llora incansablemente, se la recuerda, se la piensa, se tienen sueños, se pide verla, tocarla… que todo vuelva a ser como antes del fallecimiento. Eso en nuestra cultura occidental, claro está.

Considero que a pocos se les ocurriría festejarle el cumpleaños, llevarle una torta y soplar las velitas junto a su tumba. Dicen que una persona muerta ya no cumple más. Pero, ¿quién lo dice? ¡Qué acostumbrados estamos a obedecer y seguir tradiciones que, tantas veces, no nos satisfacen en lo más mínimo sino todo lo contrario!

Una escenografía excelente y descriptiva consigue ubicarnos -aún antes de comenzada la historia-, en el universo que se desea detallar a continuación.

Honorio (obra de teatro escrita por Carolina André y Mario Sala) es interpretado por Mario Sala, murió hace veinte años y hoy cumpliría 60. Sus hijos, sobre todo su hija Julia (Victoria Raposo), organizan celebrárselo a la noche, en el cementerio. Una sola linterna llevaron y lo que podría ser un juego de niños se convierte en la búsqueda de sus rumbos.

¿Hay que respetar al muerto en el sentido de honrarlo sin tener en cuenta el tipo de persona que fue?

Julia lo recuerda como un padre ejemplar mientras sus hermanos no dicen lo mismo. Uno no lo conoció prácticamente -Manuel (Jonás Elfen)- y el más grande, Aldo (Carlos Cerletti) considera que está mejor bajo tierra.

Veinte años no es mucho como para que te hayan olvidado – menciona en el mundo del más allá un amigo de Honorio (Bruno Campos).

Porque la obra dramática tiene una puesta realmente notable y específica en la que es posible observar un espacio donde conviven los vivos, otro espacio en que los muertos también tienen voz y un tercer lugar en que se unen ambos mundos para dar cuenta de desenlaces impensados.

Aldo dice que lo lindo no te lo muestran y eso es injusto. Lo tétrico que puede resultar un cementerio, sus tumbas y la energía que se genera en torno a esto no trae lo bello de una persona. Eso hay que indagarlo. Eso es lo que él no consigue encontrar en su interior.

No quiero vivir más sola – afirma Julia y sus hermanos creen que se refiere a la soledad en cuanto física. Ella se pausó hace dos décadas y se olvidó de vivir, de salir adelante. Creyó que rendirle homenaje a su padre era lo que la iba a salvar pero lo único que consiguió fue mentirse a sí misma, decorando cada día con flores de colores bellísimos.

El humor y la nostalgia son los dos aspectos que más veces aparecen en la dramaturgia, los cuales conviven perfectamente para que la tensión esté presente sin esfumarse pero, también, la comicidad de ciertas cuestiones importantes de la historia y de estos familiares.

Se producen dos encuentros emotivos que marcarán un quiebre fundamental en la historia. A partir de aquí las cenizas absorberán al más vulnerable y dejará en evidencia quiénes siguen en pie para darse la oportunidad de vivir.

Reproches y más reproches vuelan por los aires: sos lo mismo pero muerto – le dice Julia a su padre muerto. Y sí, él es lo que ella recuerda solo que para no sufrir más lo ocultaba en un sitio recóndito que pensaba no abrir jamás.

Dios no fue justo con nosotros. Nos quedamos solos – menciona uno de los hermanos y ella agrega: estoy cansada, ya nada me alcanza.

Una obra realmente exquisita para concebir la muerte desde otro ángulo, para cuestionar el duelo, la forma de llevarlo adelante y todo ese universo negro que puede volverse de colores si lo deseamos.

¿Por qué deben recordarlo como una buena persona cuando ni siquiera los tenía en cuenta? ¿Por qué seguir mintiéndose cuando tienen la posibilidad de transitar los días sin esa bruma innecesaria?

Él ya no está y se preguntan por qué se fue tan joven. Si quizás la cobardía que lo caracterizaba le ocasionó una enfermedad irreversible como para no enfrentarse con la realidad que se le venía encima.

Honorio no tiene por qué hacerle honor a su nombre ni convertirse en el héroe que ni siquiera pudo ser en vida. ¿Por qué defender su persona cuando él no supo hacerlo?

Dramaturgia y dirección: Carolina André y Mario Sala. Elenco: Mario Sala, Carlos Cerletti, Victoria Raposo, Jonás Elfen, Bruno Campos. Funciones: lunes 21 hs. Teatro El Método Kairós.

Mariela Verónica Gagliardi

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El pecado de amar

El corazon del incauto2

En una zona rural, un matrimonio disfuncional, vive o intenta -al menos- hacerlo. Por el modo en que se tratan, se puede suponer que se trata de un hombre terrateniente y su criada. Corre el año 1900, sin certeza de si comienzos o fines, y la igualdad social no existía, por lo que esta apreciación era una triste realidad.

De repente, el frío comenzó a surgir en la sala como una ráfaga, constante y precisa, de viento. Fue en ese instante que me trasladé a la casa de esta familia. Allí, una mesita con una virgen a la que María (Georgina Rey) le reza a diario para quedar embarazada. Y, en sus cajoncitos, pequeños retazos de telas y puntillas. Este último detalle será el hilo conductor a lo largo de la dramaturgia “El corazón del incauto” (escrita por Sandra Franzen y Patricia Suárez, dirigida por Alejandro Ullúa).

Un melodrama que es drama de por sí, no pudiendo encontrar solución real al conflicto central más que sangre derramada, con tres artistas en escena que podrían prescindir de escenografía por sus convincentes interpretaciones.

Si nos basamos en el amor, explícitamente, podemos decir que no todas las parejas son felices pero que, al menos, lo intentan cuando se acuerdan. Nadie puede, durante mucho tiempo, sostener una mentira o farsa, para sobrevivir y no sufrir.

Como si se tuviera que elegir entre ambas cosas, sin piedad. Pero, ¿qué regla se debe seguir o cuál es la correcta?

Se supone que, en aquella época, había que casarse y la función de la mujer era servir de aparato reproductor lo desee o no. Creo que no se detenían a pensar si la llegada de un hijo se iba a dar en las condiciones adecuadas o si, por el contrario, ese nuevo ser iba a desequilibrar, aún más, el caos familiar.

De a poco, esta desolada mujer que actúa por inercia y fidelidad, se va dando cuenta de quién es su marido Honorio (Mariano Mazzei). Entre ellos solo hay afecto como podría existir entre dos conocidos o personas cercanas. Es increíble el desenvolvimiento de Mazzei, quien oscila entre dos personajes tan opuestos entre sí pero, conectados a la vez. Sin verlo se podría creer que se trata de seres de diferentes mundos.

Hasta la mínima acción de nerviosismo está presente en María, sacudiendo unas mantas, doblándolas, yéndose de la casa, volviendo; desesperándose por lo que no puede modificar en los demás y no pudiendo entender que es ella quien debe cambiar.

Con respecto al vestuario, éste caracteriza a una época rígida, incómoda, asfixiante, sin poder de decisión individual. Cada una de las telas que María cose y cada uno de los vestidos confeccionados para su marido, la entretienen y ponen un velo total en sus ojos. Ella está convencida de que tener un bebé les va a cambiar la vida, pero no le importa su Honorio la ama o le tiene lástima.

Sigo viendo a un amo con su sirvienta, no logro ver a dos amantes anhelando tener un hijo. Sí observo, la desesperación de él por sentir algo, aunque sea parecido a la pasión, ya que su mujer no parece tener ganas de cambiar las cosas entre ellos.

Honorio vive preso de una mujer sin alma. Tan dura como el tronco de un árbol y tan poco conformista como puede serlo un animal.

En este contexto, aparece José (Martín Urbaneja) -uno de los peones del campo- y el único que se mostrará como humano, con debilidades y fortalezas. Él le hará notar a su patrón que el amor es necesario sin importar la condición sexual. Me sigue sorprendiendo su modo de interpretar, cargado de la emoción que va a transitar, sin exagerar, naturalmente, con sus ojos a puntos de explotar por la ira y dolor. Aquí surge la polémica entre lo que se es y lo que se debería ser, como si el sentir algo tuviera forma de cambiarse tan fácilmente.

Asumir sería un camino aunque no está previsto que María lo tome en cuenta. Le interesa más conservar su egoísmo que la felicidad de su compañero, quien ni siquiera cree que tener un hijo sea la salvación de algo.

Un juego incoherente entre este matrimonio será lo único que los mantenga unidos. Esa unión forzosa, incapaz de dar algo bueno y capaz de destruir lo poco que hay.

¿Cuál es el corazón del incauto, o el corazón de por sí es incauto?

Ninguno de los tres personajes usa la razón en su vida y la única mujer presente es cauta por conveniencia y no por convicción.

Tres almas desoladas en medio de La Pampa, queriendo encontrar algo que los motive.

Honorio no tiene relación alguna con el honor así como María con la Virgen. Ninguno de los dos podría encontrar salvación en un Dios ya que su peor pecado es el engaño -a sí mismos y a los demás-.

Mariela Verónica Gagliardi

El corazon incauto ficha