*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Bohemios de todos los tiempos

La Bohème

Una ópera es un universo musical y actoral con un gran despliegue -tanto a nivel artístico como instrumental y vocal-. Cuando no se cuenta con esto, en su conjunto, es practicamente imposible de imaginar.

Sin embargo, el joven director musical, Patricio Màtteri; consigue montar “La Bohème” (de Giacomo Puccini) con las herramientas que tiene a su alcance. No hace una puesta en escena ostentosa ni pretensiosa, sino independiente, soñadora y contando solo con un piano vertical.

Así, se puede disfrutar de una historia, mejor dicho de la historia de Puccini mientras estudiaba en París en 1830 y, también, del romance entre Mimí y el poeta Rodolfo.

Puccini se basó en la novela “Scènes de la vie de bohème” (Escenas de la vida bohemia, de Henry Murger) para componer su famosa ópera. Los libretistas fueron: Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, con quienes ya había estado anteriormente en Manon Lescaut.

Como suele ocurrir cuando algo tiene éxito, el compositor Ruggero Leoncavallo pretendía hacerle competencia con I Pagliacci (ópera basada en el mismo argumento que Giacomo). Si bien hubieron asperezas entre ambos, La Bohème logró un status mucho mayor que la otra, además que consiguió estrenarse primero que la de Leoncavallo.

De esta manera, el drama se hace presente, en todo momento, y se disfruta de cuatro escenas muy bien logradas -en que los protagonistas demuestran los matices de sus voces, guiados por el director musical-.

Un detalle que debo mencionar (y que solo se ve muy de cerca) es la dependencia de miradas y aprobación que existen entre algunos artistas y Patricio. Esto, a lo lejos, pasa totalmente desapercibido.

El amor, el remordimiento, la culpa, el arte y la pasión; logran estallar en esta ópera fundamental del género lírico.

Los bohemios se juntan, toman alguna bebida alcohólica, se ríen y descubren el amor y la preocupación, de a poco.

Conforman el núcleo bohemio: la costurera Mimí (Victoria Roldán), el poeta Rodolfo (Cristian Carrero), el pintor Marcello (Esteban Miotto), la amante de Marcello, Musetta, (Constanza Díaz Falú), el filósofo Colline (Gustavo Vita) y el músico Schaunard (Miguel Ángel Pérez). Estos siete artistas, sin desmerecer a los personajes secundarios: se lucen, desfilan sus grandes vestuarios de época totalmente bellos, caminan y se desplazan con soltura, interpretan a sus seres y desenvuelven con mucha pasión en escena.

Se destaca, por sobre todos notablemente, Musetta. Engalana la historia, le da su toque femenino, distinguido y su voz de soprano cautiva, como sin pedir permiso.

Dos romances diferentes, cuatro vidas distintas y que, sin embargo, se unen para compartir.

Aunque el desenlace de esta historia no es el más feliz, el humor y comicidad se encargan de componer un excelente melodrama -permitiendo no desatar demasiados sollozos por parte del público-.

Este clásico, adaptado, permite que imaginemos estar en cualquier lugar del mundo, que sintamos un amor incondicional por el autor y que las melodías -de por sí solas- ambienten cada escena.

Por más entendimiento que se tenga de una lengua, no es muy común que se pueda comprender una pieza artística completa, sin leer en algún momento.

Sin proponérmelo, hice el ejercicio de escuchar y observar, sin intentar comprender. Fue increíble la cantidad de sensaciones que impregnaron mi ser y lo mucho que comprendí sin esfuerzo. Solo así tuve la certeza de cuan profesionales son estos artistas.

Para más adelante, leí, y la experiencia fue completamente diferente, ya que la mirada hacia arriba no permitía que siguiera el desarrollo en escena.

Perderse un texto, unas palabras y algún diálogo, permiten que el gozo sea distinto.

Habrá quien elija uno u otro mecanismo para disfrutar de la ópera.

Las melodías originadas por la percusión del piano, continúan, se despiden y la enfermedad hace desatar una verdadera tragedia en el corazón de Rodolfo -un hombre que había conocido el amor en Mimí, a quien cuidó y no pudo salvar-.

ficha La Bohème

Mariela Verónica Gagliardi

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Un milagro para Navidad

Amahl1

Un gran abanico de propuestas, nuevamente, surge en vacaciones de invierno en Buenos Aires y, evidentemente, son pocos los adultos que emprenden el desafío de llevar a sus niños a ver y escuchar ópera.

“La noche mágica de Amahl” (de Gian-Carlo Menotti) fue la primera en su género que se solicitó para televisión en la Navidad de 1951. En ella, una niña y su madre, viven en una casa muy humilde y -la pobreza- les impide ser felices.

Amahl (nombre árabe que significa esperanza) pasa sus días utilizando una colorida muleta y jamás imaginaría que su pierna tendría posibilidad de ser curada.

Las voces -en esta función- de Luciana Larocca (Amahl) y Elisa Calvo (Madre), conmueven enormemente a los presentes. Después de haberlas visto en Hansel y Gretel, mi emoción y agradecimientos continúan.

Ópera en castellano, sin necesidad de leer subtítulos ni de esforzarse por comprender una lengua diferente a la nuestra, sumado a la escenografía que ejemplifica, perfectamente, toda la historia.

No hace falta ser creyente para disfrutar aunque, si lo sos, seguro se te derrama una lágrima.

Ella, como toda niña, tiene la fantasía y sensibilidad de pintar un mundo ideal. Amahl4Ni la falta de alimentos consigue
deprimirla. Amahl juega con su amigo imaginario, ya que no tiene otros reales. No es feliz, pero en cuanto ve la estrella de Belén, su suerte o destino cambia. De ahí en más, intentará hacer pasar a los Reyes Magos pero, la madre, cree que su hija está delirando.

Melchor, Gaspar y Baltasar; consiguen ingresar a la cabaña para bendecir a la pequeña. Aquí, una breve historia religiosa se narra pero, reitero, que no incomoda al no creyente sino que maravilla.

Los niños presentes no quitaron sus miradas de la escena. Ni parpadearon siquiera. Estaban presenciando una obra musical, compuesta por la Orquesta de Cuerdas de Monte Grande (la cual también incluye vientos y percusión) y, estas oportunidades, no se dan a diario.

Con la idea, producción y dirección de la talentosa Silvana D´Onofrio, se logra una unión interesantísima entre el elenco y los músicos -permitiendo disfrutar ambas disciplinas-.

Un punto a destacar es la claridad en las voces de los intérpretes lo cual no siempre existe en la ópera. Las inflexiones y movimientos que van desarrollando les permiten hacerse entender. Tanto las protagonistas como los Reyes, el Paje, los Pastores y hasta los niños; le dan un brillo a la dramaturgia que permite que el Amahl7sol reinante en el exterior continúe a nuestra salida.

Muchas veces se escucha decir que la ópera y la música clásica son para una élite pero considero que es en gran parte un mito caduco. Existen propuestas, inclusive gratuitas, por si ese es el condicionamiento. No lo creo.

Las personas se exluyen cuando no entienden y prefieren apartarse del camino.

El arte lírico se siente en el cuerpo. Cada vibración recorre las venas y los ojos, de a poco, consiguen el placer. Ese placer tan preciado que pinta una gran sonrisa melancólica.

La tragedia, siempre presente, nos recuerda que, en algún momento, el desenlace se avecina.

Amahl convierte sus sueños en la realidad más preciosa, aprendiendo a dar aquello que aún no sabe que dejará de necesitar.

ficha artístico-técnica Amahl

Mariela Verónica Gagliardi

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