*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Guido Gastaldi’

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No perecer en la quietud

Plantas de interior

PH: Manuel Archain

Ficha Plantas de interiorPlantas de interior (escrita por Sol Rodríguez Seoane y dirigida por Miguel Israilevich) es un bello e interesante recorrido por una familia diferente, que se compone por lazos sanguíneos, vecinales y desconocidos.

En el Teatro Porteño tuve la oportunidad de presenciar esta historia en que existe más de un camino a seguir. Por un lado, nos encontramos con el amor de una pareja joven que no tiene muy definido lo que siente e indaga por norte y sur, también la vida de una madre que busca su propia sexualidad, la de un vecino con un problema grave de salud y un intruso que aparece y reaparece, constantemente, de la casa y de las vidas de estas personas. Como si fuera poco, una mujer totalmente extrovertida y súper inteligente será que quiebre el relato en todo momento.

Plantas de interior es un rayito de sol dentro de la completa oscuridad, el deseo de cada uno de los personajes por descubrirse y la certeza de que solo se puede ser cuando se empieza a no pretender de los demás.

Seguramente que quienes vean esta puesta en escena saldrán transformados. Habrá al menos un factor o circunstancia que los deje pensando en su presente, pasado o futuro. O tal vez, en los tres tiempos juntos.

Se pueden apreciar muchas cuestiones de la obra como: el texto, las interpretaciones y por sobre todo la audacia de Guido Gastaldi por llevar adelante una performance tan difícil pero bien lograda (tanto corporal como vocalmente). Sus ojos nos llenan de esperanza, de placer, de ganas, de sentir que nada está perdido mientras existan seres tan brillantes.

Ni su padecimiento ni su corta vida podrán darlo por vencido. Y esto es lo que más se valora. Es un grito de fe, una enseñanza a quienes tienen la oportunidad de tener salud, a todo aquel que utilice la queja como camino en vez de la sabiduría como evolución.

Miguel Israilevich junta y une a estos talentosos del teatro en una casa que está rodeada por vegetación, por un piano y un par de muebles perdidos por doquier. El resto será pura imaginación y un viaje hacia el más allá. Un piano que espera ser tocado, un girasol que aguarda su plenitud, una canción que sintetiza los mejores momentos transcurridos, la oportunidad de aprender de quien menos se lo espera, la paciencia por empezar en el preciso instante en que todo esté en condiciones y las malas actitudes que siempre existirán de parte de aquellos seres que aún no son felices como quisieran.

Personas que se asemejan tanto a las plantas por su quietud temporal y por la respiración constante.

Verdes, de colores, y con pocas exigencias. Macetas que podrían colocarse sobre sus rostros para ocultar tanto dolor o la audacia de regar el jardín interno para construir un nuevo panorama.

Lo curioso en cuanto a los lazos entre estos personajes es que ninguno se fomenta asfixiantemente. Son vínculos tan suaves como una hoja pero, tan exasperantes, como una espina de rosa. De hecho las rosas pertenecen al mundo exterior, aquel mundo que no es demasiado visitado por algunos y luego fomentado por otros.

Todo lo que parezca ser y seguir de una manera, cambiará por completo de un momento a otro. Mientras tanto, el futuro será del más valiente y el pasado de todos aquellos que se detengan en el camino a lamentarse por lo no obtenido en un principio.

Todos los estereotipos más comunes aparecerán en escena, para luego ser cortados con la misma tijera que podría emparejarse un arbusto.

Mariela Verónica Gagliardi

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Exceso de amor

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Como si se tratara de la filmación de una película, Tomás Romero (Diego Beares), recrea la supuesta historia de su vida de una manera muy interesante. Nosotros, como público, estamos ahí presentes, viendo desde la selección de los actores en un castigo hasta el desarrollo del film.

Los días más importantes de esta figura son narrados y puestos en conocimiento de los espectadores para disfrutar de una historia llena de momentos graciosos y, también, conmovedores. Las representaciones corporales se hacen presentes para poner en ridículo a diferentes canciones que han liderado rankings musicales y, exprimen, al máximo, sus potenciales. De esta forma logran montar una obra dentro de otra.

Las escenas logran su esplendor gracias a una narradora que podemos ver si tan sólo miramos para el primer piso. Su voz y gracia dotan a Ego de una magia increíble.

Aquellos aspectos más cómicos son justamente los relacionados con el mundo gay. En este caso, burlarse de las situaciones más estereotipadas por la gente son tomadas y apropiadas para «Ego, mi verdadera historia». Y el ego como egocentrismo, como forma de vida y de ser; ingresa en varios de los intérpretes para quedarse.

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Imposible pasar por alto la participación de Jimena Piccolo quien ha estado durante varias temporadas en Chiquititas y desde el principio de la tira de Telefé. Igualmente, no tiene un rol protagónico sino meramente secundario aunque relevante a nivel argumental.

Un actor principal -quien además oficia de propio director- en su película autobiográfica y en la pieza teatral, es cuestión de ego. Quien no puede o sabe dividir responsabilidades es egocéntrico. En eso se centra Ego y en torno a eso giran los diálogos: personajes perdidos y en busca de identidad, una identidad que Beares se encarga de tallar a su propio antojo y placer. Es la segunda temporada de esta obra y, la sala llena, demuestra sus aciertos.

Ego5Me sentí como en un set de filmación de Hollywood observando y aprendiendo sobre la elaboración de una película importante que marcaría un antes y un después. Otro aspecto fundamental que afirmo como el éxito de la historia es la exageración en cada personaje que llega a concebirse como grotesco sino natural a lo largo de la dramaturgia.

Un adulto simulando ser un niño caprichoso es uno de los que más llamaron mi atención. Vestido con jardinero y sin poder despegarse de su oso de peluche, ganará con ternura su lugar. También sobresaldrán, pero de otro modo, los cuerpos tallados y tanto los ojos femeninos como los masculinos no podrán despegarse de éstos. Y no es un detalle menor la producción del público masculino.

A menudo somos las mujeres quienes intentamos destacados por la ropa, maquillaje y peinados. Olvidense, porque la platea gay nos supera ampliamente. Es una de mis debilidades estar entre ellos. Son más afectuosos, demostrativos y sensibles. Sin lugar a dudas, los elijo. Su pasión se pone en juego desde el comienzo y si existe alguna equivocación u olvido, pasa desapercibido.

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Me interesa mucho la puesta en escena ya que son solo unas sillas las encargadas de adornar el espacio y alojar a Beares, quien da la espalda a su platea hasta el final de la historia. Así como suele escucharse que un actor jamás debe dar su espalda al público, creo que habría que hacer una corrección: el elige hacerlo, no se confunde con la teoría.

Sus palabras y oratoria no necesitan mostrar el rostro para convencernos. Pero, cuando llega el desenlace de Ego, lo contemplamos y sus ojos justifican todo. En un ambiente hostil como el de un prostíbulo es posible sufrir con un asunto muy delicado como lo es la maternidad y Clara (Denise Bellatti) refleja a cada joven irresponsable o ignorante que asume su error dando a luz. Ella es la contracara del narcisismo y de la posibilidad de amar a otro.

Entre las risas se oculta el llanto pero cada rol se encarga de personificarlo desde su lugar y a su manera.

ficha artístico-técnica Ego

Mariela Verónica Gagliardi

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Tenis, una comedia de Diego Beares

 

Con: Julián Bass, Rodrigo Barrios, Guido Gastaldi, Leo Lugón, Facundo López, Nahuel Ortiz y Sofia Romano.

Arte y Escenografia: Arq Roberto Mendez Valladares
Iluminación: Gonzalo Calcagno
Vestuario: Diego Beares para Kinkimit Studio
Musicalización: Ivan Ferrigno
Fotografia: Kinkimit Studio Photo
Pelo: Ariel Cuellar
Maquillaje: Lourdes Monroy
Asistente de producción: Fiorella Branda
Asistente de escenografía: Florencia Sachero
Producción: Kinkimit Studio
Prensa: Nara Ferragut
Autor y Director: Diego Beares

Localidades: $60.