*** Mayo 2018 ***

Entradas etiquetadas como ‘Galpón de Guevara’

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Cerrar los ojos e imaginar

Lo quiero ya1

Rutina:“Costumbre o hábito adquirido de hacer las cosas

por mera práctica

y de manera más o menos automática” (Real Academia Española).

Canciones que narran el día a día, la manera de sobrellevarlos y los resultados que no tardarán en aparecer. Doparse pareciera ser una manera al alcance de la mano, imaginarse que lo que se vive no es tal sino una mera ilusión óptica.

¿Alguna vez se cuestionaron si sus vidas son las que siempre soñaron?

Es realmente una problemática social el filosofar sobre nuestros deseos más profundos. Porque no se trata de tener antojo de tomar un helado y acudir a comprarlo, sino de transformar -quizás- todo. Por completo. Como si se empezara de cero.

Muchas personas trabajan en una oficina o en un banco o en otra institución desde la adolescencia hasta que se jubilan.

¿Tan interesante es lo que aprenden? ¿De verdad pueden aprehender algo nuevo cada día durante treinta años o más en un mismo lugar?

Lo quiero ya (escrita y dirigida por Marcelo Caballero) es una muestra, real, de que cuando un grupo de personas tiene una rutina durante mucho tiempo, necesita -en alguna oportunidad- romperla. Si esto no ocurre, el cuerpo lo avisa, lo manifiesta y podría ser tarde.

Lo quiero ya es una comedia musical en la que es posible transitar por diversas emociones, desde la risa a carcajadas hasta la desesperación. El drama está presente como planteamiento de conflicto. Viene a proponer destruir y tirar lo que ya no sirve para reciclar seres humanos que necesitan un cambio verdadero.

Andrés Passeri es el encargado de enlazar cada retazo presentado. Lo interesante es la dinámica que se utiliza para que lo veamos como un seudo director en escena. Bien podría serlo. Su rol es fundamental ya que se corre del de un asistente o apuntador para convertirse en actor/director al mando de un director real fuera de la representación.

Cuando éramos chicos se nos solía preguntar: ¿qué querés ser cuando seas grande?

En general uno respondía un oficio o profesión, pero quiénes se animaron a decir: ¡felices!

Una profesión no hace a un humano, solo le da herramientas para trabajar. Nada más.

La vida debería ser descubrimiento constante, ansias de transformar, de querer compartir vivencias, de sonreír y estar contento de haber escogido un empleo (no que éste nos haya escogido).

A veces, como muestra la dramaturgia presente, no se está preparado para dar vuelta la página, por más que se tenga la oportunidad de hacerlo inmediatamente.

El maldito o bendito destino con el que se especula o se reposa esperando.

Debo admitir que la puesta en escena es magnífica, a puro color y con un equipo de artistas increíbles. A su vez, la música en vivo le otorga un plus inigualable. No quisiera ser tajante pero los musicales deberían siempre tener a sus músicos tocando en escena ya que los dota de un vuelo mágico.

¿Qué nos expone esta pieza artística?

La vida de varios jóvenes, muy diferentes entre sí, con un estilo de vida determinado y un sueño a alcanzar. Pero… lo más importante y trascendente es cómo consiguen animarse a perseguirlo.

La rutina, la que los coloca en un mecanismo social en el que son “útiles” para el “correcto” funcionamiento, pero que pueden ser reemplazados sin alterar absolutamente nada del entorno.

Son humanos-robots. Nada más.

Mientras la conciencia no se de cuenta, ¿quizás no convenga avisarle? Algo así se me ocurre plantear para la fórmula perfecta del capitalismo. Aunque estos jóvenes despiertan sabiendo que ya no podrán seguir con el rumbo cotidiano sin cambiarlo. Deberán aprender a darse el gusto de vivir plenamente sin “seguridades”, corriendo “riesgos”. Viviendo, al fin de cuentas.

Competencias insanas, amarguras posibles de modificar, rabietas costumbristas, nervios y nervios y nervios. ¿Cómo ser feliz en pareja con un contexto semejante? ¿Cómo triunfar en el mundo artístico cuando no se tiene en claro quién se es?

Mente y cuerpo no pueden separarse como un pollo trozado a punto de ser horneado. En esto fallaron nuestros ancestros, en tratarnos como partes autónomas. Como si un brazo pudiera moverse sin tener la orden del cerebro.

Lo quiero ya es una bocanada de aire fresco y la oportunidad de abrir sendas coloridas, porque lo absurdo de la realidad está presente, lo irónico de frases dichas y repetidas, también. La fragancia a aire quieto y brumoso, claro que recorre los cuerpos danzantes que representan coreografías muy vistosas con sellos finales a modo selfie.

¿Para todo habrá que sonreír?

Vestuarios que resignifican aún más el significante de la dramaturgia, de sus escenas ágiles y una iluminación que persigue los diálogos y monólogos a describir lo que se siente desde el alma. Breves historias que se unen para conmover al espectador y para pellizcarlo de una vez. Porque la vida es hoy. Ya. Y hay que hacer algo para que no se escape de nuestras manos.

Dramaturgia: Marcelo CaballeroMartín Goldber. Actúan: Sacha BercovichVictoria CaceresVictoria Condomí AlcortaMacarena ForresterCandela García RedínLucien GilabertAndrés PasseriNahuel Quimey VillarealJulieta RapettaCandela RedínSalvador RomanoLala RossiJuan Pablo SchapiraSofia Val. Vestuario: Marcelo CaballeroMarina Paiz. Escenografía: Vanessa GiraldoDiseño de escenografía: Vanessa GiraldoDiseño de luces: Marcelo Caballero. Música, letras de canciones y dirección musical: Juan Pablo Schapira. Coreografía: Marina Paiz. Dirección de actores: Martín Goldber. Dirección general: Marcelo Caballero.

Funciones: Sábados 20 hs

El Galpón de Guevara (Guevara 326 – C.A.B.A.)

Mariela Verónica Gagliardi

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Mujeres esclavas de antes y de ahora

Rufianes1

Ficha RufianesCon un título fuerte e impactante, esta nueva comedia musical nos introduce en los años 30´, en una Argentina que recibía, constantemente, una inmigración desesperada que huía de su tierra natal. Buscando entonces en Sudamérica un refugio, una actividad laboral en la cual desempeñarse, aparece como centro, un cabaret. Un espacio tan común para esos tiempos en que el tango rasgaba notas para ilustrar la tristeza de aquellas muchachas desesperanzadas y desarraigadas de sus familias o, quizás, ya sin ellas.

Rufianes (dirigida por Marcos Rauch), es una historia del Siglo pasado, de este y posiblemente de los que vendrán; (protagonizada por Talo Silveyra, Flor Benítez y Juan José Marco). Porque intentando dejar de lado el pesimismo, hasta que no se tome consciencia a nivel social y cada humano sienta por su cuerpo escalofríos y angustia, hasta que el nudo en la garganta los ahorque y motive a hacer algo por las víctimas, la trata de blanca seguirá en pie arruinando a mujeres que desean ser mujeres y no objetos sexuales.

Entonces estos hombres poderosos económica y políticamente se desempeñan como los “ases” de uno de los negocios más prehistóricos del mundo. Unos rufianes que con trajes impecables pretenden pasar por astutos, danzando milongas y obnubilando a los más indefensos o soñadores.

¿Cómo podría sino una mujer sentir que puede ser liberada cuando no se le demuestra en absoluto algún indicio?

Con un elenco gigante en todo sentido, Rufianes se plasma en la cartelera porteña con toda la ferocidad de triunfar, con esa sed de gloria y el trabajo de dos años que dio sus grandes frutos. Porque una cooperativa de esta dimensión tendrá la ganancia máxima que no se mide solo con dinero sino con el amor al arte, al compromiso que se observa en cada escena, en cada canción y en cada melodía que representa la cadencia necesaria para que un cuerpo frágil aún siga fortalecido a simple vista, para que le “sirva” al que apueste la mayor suma y se pueda “jugar” a la compra-venta como mercancías tangibles.

En lo que respecta a los artistas, realmente fue grandioso ver tanto talento, nivel y expresividad. Porque el género musical muchas veces es desvalorizado y, sin embargo, es el que presenta mayores desafíos, conjugando las tres disciplinas. En esta ocasión puede disfrutarse plenamente de cada una de estas y prestar atención a la historia que va hilvanando una situación con otra. Porque es posible sentir cada vibración y un espacio escénico por el que desfilan diálogos, coreografías arrabaleras y provocadoras, como debe ser; para comprender de una vez por todas que los cuerpos son cuerpos y que lo que importa es el alma: aquella que transmitirá una infinidad de sensaciones. Como ocurre con Flor Benítez, con sus ojos cargados de emotividad, de desilusión, de enamoramiento y de una angustia que le hace explotar en ira.

De hecho son los tres protagonistas quienes le dan un ritmo vertiginoso a la trama, permitiendo que el espectador recorra esta casa en la que ocurre tanto.

Rufianes da la posibilidad de contemplar cada detalle, haciendo sentir que la magia existe, que no es una mera ilusión. Entonces desde la escenografía -muy bien ambientada en la época que transcurre la acción- las diferentes tonalidades que componen la iluminación, los vestuarios tan llamativos y bien confeccionados que ilustran dicha década plagada de crisis y de desesperación.

En lo que respecta al ritmo de la historia, es posible inmiscuirse desde el inicio y no dejar de prestar atención en ningún momento. Como una catarata artística, esta propuesta nos refresca y devuelve la pasión que debe tener todo drama, pudiendo dar un respiro de humor en diversas situaciones.

Siempre un ensamble de músicos en vivo aporta muchísimo y esto también es un plus para Rufianes. Disparos, peleas, sangre y golpes que son representados física y musicalmente, otorgando siempre más de lo que se espera. Nada de efectos especiales sino lo concreto, lo simple y aquello que tantas veces se va disolviendo sin más.

El color sepia se mimetiza con los maquillajes llamativos, que resaltan a las singulares trabajadoras de la noche. Pero, cuando el cansancio las venza un sofá las cobijará para devolverles el aliento necesario para continuar y hacerles sentir que para eso existen, que para eso nacieron. Que su misión en la vida es satisfacer otras penosas vidas. Cumplidoras de deseos ajenos a cambio de billetes que se extinguen en manos disfrazadas con guantes blancos. La pureza, abolida. Los sueños, privados. La libertad, confundida.

Rufianes es un musical fantástico, con un recorrido interesante, muchísima acción y la sensibilidad de la juventud que desea por más dolor que reine por doquier.

Glamour, estirpe, belleza, tragos, una barra que apoya la rendición y mesas de despachos que esperan oportunidades. Esto existió y existe, pero no hay por qué conformarse ni naturalizarlo.

En definitiva, el amor es la pulsión necesaria para animarse a cambiar el “orden” establecido.

Mariela Verónica Gagliardi

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Rufianes, desde hoy en el Galpón de Guevara

Rufianes

Flor Benítez, Talo Silveyra y Juan José Marco subirán a escena desde hoy, en el Galpón de Guevara. El espectáculo cuenta con destacados nombres dentro del equipo creativo: libro de Marcelo Camaño, letras de Luis Longhi, composición musical de Juan Ignacio López, coreografía de Juan José Marco y dirección general de Marcos Rauch.

 “Rufianes” es una historia de amor en el contexto de la mafia de los años 30. Juan y Rosa se enamoran pero viven un amor imposible. Rosa es una esclava de la prostitución manejada por la mafia siciliana en Rosario. Juan viene de Italia a seguir los pasos de su hermano Romano, creyéndolo un trabajador honrado, pero descubre que es uno de los líderes de esa mafia. Entonces su amor por Rosa provoca que Juan se enfrente a su hermano, trepando a los distintos escalafones de la mafia para destruirla desde sus entrañas y luchando por la liberación y el amor de Rosa.

El espectáculo se presentará todos los lunes a las 21.00 horas en el Galpón de Guevara, ubicado en la calle Guevara 326.

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“Vigilias de un desarraigo”, de Germán Cabanas

Vigilias de un desarraigo

Dirección: Germán Cabanas, Santiago Castello y Mariano Pujal Laplagne

Funciones: jueves, 21:30 hs. y sábados, 20:00 hs.

Lugar: El Galpón de Guevara (Guevara 326)
Entrada general:  $100-.
Reservas: info@elgalpondeguevara.com
Venta en Ticketek

PRIX D’AMI presenta “Vigilias de un desarraigo”, ideada y protagonizada por Germán Cabanas con dirección general de Mariano Pujal y dirección técnica de Santiago Castello. Con dirección técnica de Santiago Castello y dirección general y actoral de Mariano Pujal Laplagne.

Este espectáculo combina técnicas de teatro físico, acrobacia, danza y vuelos escénicos utilizadas a favor del conflicto dramático. Un hombre sufre una pena de amor. La vigilia lo desvela. Su percepción muta ante el aislamiento y pronto el sueño y la realidad se confunden.

En el 2013, “Vigilias de un desarraigo” fue el espectáculo elegido para abrir el Festival Internacional de Teatro de Nuevo León, Monterrey (México).

Cabanas es un eximio acróbata y director artístico de PRIX D’AMI Producciones, en el área que ha coordinado y supervisado, las puestas teatrales de Casi Ángeles, Spiderman, Super Torpe, entre otros.

Te invitamos a ver el Trailerhttps://www.youtube.com/watch?v=5evHCuRr0H0

Sinopsis:

¿Quién pone los límites entre realidad y ficción? ¿Quién dice que el tiempo se puede medir en minutos, horas, días? Un hombre se encuentra encerrado en un departamento. ¿Por qué no puede salir? Lo real se mezcla con lo onírico y el espectáculo nos invita a ver lo que el intérprete ve. Tras las noches de vigilia, su percepcion cambia. Cuando perdemos a alguien todo deja de tener sentido, o cobra otro sentido.

Prensa: Octavia Comunicación.

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