*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Esclavas blancas

La Varsovia1

A fines de 1930, la capital de Polonia se constituía como la ciudad más grande del país. Su grandeza abarcaba a 350.000 judíos que se caracterizaban por su despliegue cultural e inteligencia. Después de Nueva York, venía Varsovia, ocupando el segundo puesto en cuanto a demografía de dicha religión. Lamentablemente, tres años después la población se redujo a un tercio.

Llegando a la siguiente década, los nazis comenzarían una de las masacres más tenebrosas de la historia mundial: el ghetto. Cuando las tropas alemanas ingresaron a Varsovia, no solo terminó la cultura sino gran parte de esta sociedad judía que el único pecado que cometió fue ser judía según los ojos nazis.

Esta es una historia, de género dramático, que une a dos mujeres muy diferentes entre sí, que están viajando de Varsovia (Polonia) a Buenos Aires (Argentina). Durante el viaje surgirán demasiados conflictos que la serenidad de las aguas no podrán menguar.

La Varsovia” (escrita por Patricia Suárez y dirigida por Liliana Adi) une dos épocas tan distintas como similares.

Ambientada en los años 30’, todo lo que sucede no pierde vigencia.

Como tema más a flor de piel y polémico, se ubica el de la prostitución. Pero, en un comienzo parece tratarse de una simple rivalidad femenina, en que un hombre es el centro de disputa. Aunque en cuanto la obra sigue su curso y la música decora las escenas, Mignón (Silvana Rosón) y Hanna (Lena Simón) se cuentan las costillas. Una adulta y, la otra, muy joven, hablan de dicho hombre que no es ni más ni menos que un cliente.

¿Puede existir amor en una relación en que el cuerpo es tomado como objeto y por el cual se paga para obtener placer?

Esta es la historia que, de manera bidimensional, muestra a una Mignón rígida, fría y dura; que, simplemente, traslada a Hanna hacia los brazos de ese hombre.

Todos, desde el público, maldecimos las conductas y dichos de la primera que se regodea de la fragilidad de la segunda.

Y, por qué hablo de bidimensionalidad. Justamente, porque la dramaturgia no transcurre solo en la proa del barco sino que vivenciamos –gracias a la iluminación y melodías- momentos en que las damas bailan, en que se conocen con otras personas y en que las figuras se fusionan con sus sombras para justificar que, ambas, son seres tan oscuros y tenebrosos como manipulables.

Una excelente escenografía, súper artesanal –constituida por maderas superpuestas-, un vestuario blanco y delicado, un texto deleitoso y atrapante, al que se le une la dirección precisa y fina de su directora; permiten que “La Varsovia” sea una propuesta justiciera y artística de alto vuelo.

Varsovia, la ciudad más grande de Polonia, que comenzó con la trata de blanca (denominadas en Europa como esclavas blancas) incluso antes del Siglo XX y, antes de recibir esta denominación moderna. Es durante la primera oleada inmigratoria de Europa a Argentina que se encontrarían los primeros movimientos que involucrarían a tantas víctimas engañadas y cegadas, llevadas a América para un mejor porvenir.

Mignón, del mismo modo, seduce con palabras a Hanna –creyendo en su ingenuidad-; hasta que el discurso de Hanna deja en evidencia el poder con que se hilvanaban las peores desventuras.

Raquel Liberman, fue una valiente mujer que tuvo las agallas para denunciar en 1926 a la Sociedad de Socorros Mutuos (bajo la que se escondía la organización Zwi Migdal), insistiendo varias veces con información precisa como la que se refiere a dicha agrupación con el nombre de Varsovia.

Nuestra querida Ciudad Porteña, 5 de enero de 1875, sanciona la primera ley referida al ejercicio legal de la prostitución, bajo la que solo se controlaría médicamente la salud de estas mujeres.

Recién adentrada la década del 30´, década en que se desarrolla la presente obra, se decreta la ley 12.331, gracias a la cual se cerrarían los prostíbulos existentes en capital federal y prohibiría la actividad en todo el país.

Casi un siglo después, no se consigue, realmente terminar con este negocio tan macabro que día tras día sigue cobrándose las vidas de mujeres que, en su mayoría, son engañadas con palabras prometedoras. Estas mujeres de antes y de ahora, son mujeres y merecen ser consideradas como tales.

ficha La Varsovia

Mariela Verónica Gagliardi

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Cuando muera del todo, moriré con ella

La deriva1

Un hostel en la Isla de Tigre será el lugar predilecto y escogido por una pareja, en crisis, para despejarse y pasar tiempo al aire libre. Claro que ese aire no será muy puro ni tan libre ya que conocerán a los dueños del sitio -una joven y su padrastro-, los cuales tendrán que ocultar, cada vez más, un secreto que los compromete absolutamente.

Al avecinarse un fuerte temporal, los planes de acampar al aire libre serán dejados de lado y solo podrán hospedarse en dicho lugar inóspito, que los atormentará mucho.

«La deriva» (Andrea Marrazzi) es un thriller psicológico que indaga en dos temas fuertes como lo son: el amor y la muerte. Quizás suene más bonita la primera palabra que la segunda, aunque sabemos que el desamor es un veneno que va matando de a poco.

¿Qué es estar a la deriva?

Una tormenta que, simbólicamente, desata discusiones entre estas personas, que les permiten conocerse, interactuar y debatir -sin siquiera proponérselo- sobre el fin de las cosas, sobre los recuerdos y esa melancolía que los está extinguiendo.

Como si matar ratas fuera la única actividad para una mujer en la isla y como si este animal provocara no solo asco sino repelencia del resto de los humanos.

Inmersos en el suspenso, desde que comienza la obra de teatro y hasta que finaliza, se puede disfrutar de una excelente propuesta, la cual es posible gracias a la dramaturgia, a las interpretaciones y a la impecable dirección. Todos los detalles decorativos, de iluminación y vestuarios existen aquí, al igual que los aromas -gracias a los cuales podemos, como público, recrear imaginariamente cada escena-.

Como un barco que está a punto de naufragar y, sin embargo, no tiene demasiadas esperanzas. Como la vida de cuatro personas que son muy diferentes entre sí y que anhelan aferrarse a algo o a alguien para sobrevivir.

Presos de sus propias rutinas, las cuales no se animan a modificar por miedo, presos tras sus propias rejas y tras ese olvido que nunca llegará.

Los temas de conversación, derivan unos en otros. Sus análisis derivan unos en otros. El hilo conductor nos lleva hacia un lugar, para luego confundirnos y que no prejuzguemos ni a estos seres ni a sus conductas.

Somos animales racionales que acusamos antes de tiempo, con o sin pruebas. Que por temor, corremos desesperados sin rumbo fijo. Esto mismo se ve reflejado en la puesta en escena, en las tonalidades de sus colores, en las luces que se encienden o apagan para mantenernos en vilo.

Y, la muerte, no tiene un abordaje simplista ni obvio, sino una vuelta de tuerca tan profunda que emociona hasta las lágrimas. Violencia y muerte vemos y presenciamos diariamente. Por eso son temas que forman parte de la sociedad y, justamente, nos tocan de cerca ya que reviven a partir de la palabra, de un hecho, de un gesto y de la memoria selectiva.

«La deriva», el terror de dejarse llevar sin evaluar las consecuencias -en contraposición a la deriva inevitable.

Son muchas las lecturas que se pueden hacer de esta pieza teatral que te hace pasar por diferentes situaciones, en tan solo una hora, y utilizando los cinco sentidos para oler la desgracia o intuir que algo malo se está por avecinar.

Colores y texturas transformando un espacio empobrecido en calidez, hasta que las tenues luces marquen lo contrario. El espacio del Teatro El Extranjero que oficia de oyente y testigo de las teorías que se empobrecen con dosis de realidades.

Una isla que absorbe a aquellas criaturas estancadas y sin motivación para construir hacia adelante, permitiéndoles conocer el mundo en lugar de encerrarse en un pequeño segmento en que prima la soledad real y la personal.

Donde apenas puede llegar alguna señal de radio, donde de casualidad los huéspedes ingresan buscando amparo, donde el día y la noche pasan a ser un conjunto de horas intransitables y desgraciadas… allí están ellos, terminando con sus vidas sin, quizás, darse cuenta.

«La deriva» sonoriza y ambienta las desgracias, atenúa los momentos de reflexión e invade de deseos íntimos que incomodan al espectador. Removiendo y escarbando en esos rincones en que solemos acumular sin sentido, solo para no desprendernos de esa suciedad que asquea hasta al menos consciente.

La deriva ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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