*** Junio 2019 ***

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¿Psicodrama o realidad?

Anita o la tragedia de las partes7

Cuando la existencia sofoca, aburre, distrae y no hace más que evitar el disfrute y la vida misma; surgen las transgresiones como opción.

Anita o la tragedia de las partes (escrita y dirigida por Luis Longhi) es una fiel visión de esto. Una búsqueda hacia los límites no establecidos más que por la moral o alguna astucia pasajera.

Anita (protagonizada por la talentosa Maia Francia) es, posiblemente, la mujer que muchas veces quisiéramos ser -al menos por un instante de lucidez-. Probablemente quienes vean la obra puedan cuestionar mi perspectiva y estaría bien (o mal) de acuerdo a lo que cada una quiera y/o sienta.

¿No perciben acaso días en que la rutina asfixia demasiado hasta no permitirle al aire salir de la garganta?

Quizás la existencia no sea una fiesta constante pero sí debería ser una oportunidad de enfrentarnos con algo o alguien que nos haga sentir que “vale la pena” respirar.

La presente historia plantea varias aristas y esto resulta sumamente interesante para ver, sentir y, sobre todo, analizar. Tanto en el momento como después. Y no solo después de la función sino días después. Hasta que caigan las fichas suficientes que nos permitan saber si Anita es una desquiciada o si, tal vez, tiene la fórmula ideal para sentir lo que su cuerpo le pide.

Hay quienes juegan a la ruleta rusa considerando la gravedad o la adrenalina del acto del revólver. De la acción de arrebatarle la vida a un otro por x causa o motivo. A veces, simple diversión. Aquí ocurre algo similar, salvo que es una experiencia única y atractiva para el espectador; donde (por suerte) no vuelan cabezas.

Anita tiene un plan, aquél que no conoceremos hasta el final de la dramaturgia y que por cuestiones obvias no podría develar. Lo que sí les aseguro es que si se permiten no juzgar, van a encontrarse con un universo platónico, artístico, musical y con segundos movimientos que mantienen la astucia de todo rebelde.

El mundo de esta mujer se divide entre lo intelectual, lo pasional y lo banal. Dentro de este último, ella no está incluida. Por eso, a mi parecer, le cuesta tanto transitar los días de su existencia. No logra pertenecer y no quiere pertenecer. Sí, en cambio, romper las estructuras establecidas e imponer su personalidad única e irreversible.

Cabe resaltar la dupla lograda junto a María Viau, con quien emprenden la aventura más peligrosa de sus no vidas. A ellas se suman dos actores (Pablo Sórensen y Sebastián Politino) que irán y vendrán de acuerdo a las necesidad del texto y los caprichos de Anita.

La protagonista es curioso cómo se busca profundamente. Mirada desde afuera pareciera tratarse de una persona rígida, bien plantada y con objetivos claros. Nada de eso es real. Ella, justamente, está perdida entre cuatro paredes. Se mueve, constantemente, danza, gira, se desplaza por el suelo. Se compone y vuelve a caer. Como sus sentires. No es bipolar sino una mujer desbordada e incluso acompañada por sus amigos no muy coherentes entre sí. De esto resultan varias situaciones dignas de ser observadas una y otra vez; ya que las mismas se reiteran en formatos aunque no en formas.

¿Por qué psicodrama?

Es lo más novedoso de la puesta en escena. Una historia ficcionada dentro de la propia ficción. Una verdad mentirosa y una interpretación que fuerza a aquella realidad que nunca llegaría espontáneamente.

Un cuarteto de cuerdas acompaña cada escena de la tragedia que resulta ser la propia existencia y la propia muerte o alguna muerte.

Por momentos se ve a Anita acercarse a los músicos cual directora y su posiblemente (desquiciada mente) le permite manipular todo y a todos para montar aquella vida que siempre hubiera querido tener: la arriesgada, la de equilibrista sobre una cuerda floja.

Todo pareciera tenerlo bajo “control”, pero ¿quién la controla a ella? Por momentos su amiga y por otros el azar.

¿Cómo saben los mortales que están vivos si nunca transgreden los límites?

¿Cómo podrían estar seguros de que esta vida es vida y no un sueño que en algún momento se termine?

Luis Longhi dirige esta magnífica pieza artística dentro de la que cada uno se luce, se expresa y demuestra dónde está el precipicio o la luz misma. Aquella que, tal vez, exista cuando otra se apague.

Dramaturgia y dirección: Luis Longhi
Actúan: Maia Francia, María Viau, Pablo Sórensen y Sebastián Politino
Funciones: Sábados, 18 hs
Teatro El Tinglado

Mariela Verónica Gagliardi

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“El manto de hiel”, una película de Gustavo Corrado

el manto de hielCuando todos los hombres dejen de necesitar, constantemente, objetos para vivir, cuando asuman que tan sólo respirar es ya de por sí un tesoro; podrán comprender el argumento de esta película. Una película que se desarrolla de forma lenta, como el caminar apaciguado, sin sorpresas al principio más que la soledad de un hombre de ciudad que debe permanecer en un lugar desértico durante un tiempo.

El manto de hiel (un film de Gustavo Corrado) no genera expectativas al principio. Centrándose en los planos detalles, toma una figura y, luego, pasa a un plano panorámico como es el paisaje alucinante de San Juan. La naturaleza invade, atrapa y la pequeña comunidad que habita la zona en una misma locación, tiene su rutina diaria sin sobresaltos.

Pero, qué puede ofrecer un sitio rodeado de bellos colores con personas estancadas, sin ganas de “progresar”?

Reflexionar. Hacer reflexionar al público-espectador, inmiscuyéndose en su inconsciente sin pedir permiso.

Existe la posibilidad de aburrirse, esperando ver acción como en una película yanqui o, participar activamente de esta propuesta, cosa poco habitual en el cine argentino. Corrado se centró en un lugar paradisíaco, sin precisar demasiados actores -ni de extras- para contar una historia, optando por lo pequeño y precioso de la vida.

A unos kilómetros se encuentra el Valle de la Luna, un mágico espacio, que vibra por sí solo y que el recorrerlo debe causar increíbles sensaciones, físicas y mentales. Saber que se puede ser testigo de la historia desde la era en que los dinosaurios luchaban por no extinguirse, que allí, sepultados, están sus restos óseos.

Después de millones de años, la humanidad se conformó como tal para no respetar el pasado, sino para “superarlo”, sintiéndose más que cualquier otro ser viviente, sin importarle los medios para conseguir su fin.

Teniendo en cuenta esto, El manto de hiel, existe para recordarnos quiénes somos, dónde está nuestro origen y cable a tierra. Actualmente, la invasión y saturación de información, la tecnología, la poca conexión con uno mismo produce enfermedades. El odio por el prójimo es una de ellas, la bronca otra y la intolerancia verbal la más preocupante. Como resultado, los organismos de salud deben curar con medicinas aquello que en realidad se debe sanar con el propio perdón.

En medio de animales embalsamados, de la extirpación de bilis a éstos y a humanos, consiguen un pigmento tan rojo que les permite pintar cuadros precisos.

Estar en medio de la nada y sentirse alguien es una tarea muy difícil. Es lo que cada persona debería proponerse como meta para su vida. Puedo imaginar, por un instante, trasladar a uno de sus habitantes a la ciudad porteña y verlo sumergido en la tragedia del olvido.

Quisiera saber dónde se encuentra la felicidad para el común de la gente intentando separarla de lo material. Sería posible?

Por otro lado, cómo conseguir el desarraigo de un sitio tan inhóspito cuando lo real se conectó con el ser para siempre?

Mientras los temblores de la tierra aparecen y desaparecen, en breves segundos, un beso puede curar heridas y las alucinaciones fallecer en el intento.

Como un embudo, San Juan los capturó, los envolvió y nunca volverán a sus raíces. No sabemos si nacieron ahí o si tuvieron un accidente que los condujo. Lo único importante es que cada paso será una huella e indicio para otra generación que, seguramente, tendrá intenciones de investigar todo como lo hizo Iván (William Prosiuk).

Así será como individuos tan diferentes entre sí se complementarán y sentirán una familia, comportándose como tal y haciendo primar el egoísmo de uno por sobre el de los demás, celebrando, brindando, comiendo y tratando de exterminar al diferente para conservar el orden.

Las actuaciones están muy bien personificadas y es impecable el desarrollo de cada uno durante el film. Es como si hubieran sido escogidos con un telescopio, buscando hasta el detalle más ínfimo. Solo así puede lograrse un producto tan homogéneo y eficaz.

Todos los secretos no saldrán a la luz y el maletín negro albergará el misterio más grande. Algo que deberá imaginarse o interpretarse según el hilo de la historia. El pasado permanecerá oculto, querrá ser profanado y un aire diferente evadir la intriga.

Un temblor hará desaparecer y, al mismo tiempo, cuidar lo más noble. Solo la naturaleza combatirá sin que un arma deba intervenir.

El manto empieza y termina de la misma manera, cambiando su destino en los brazos del amor. Un amor que puede ser el que se ve o uno anterior. De lo que se puede estar seguro es que ignorando no se olvida ni progresa.

el manto de hiel ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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