*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Buscando saber quién soy

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Lina y Lana son dos hermanas mellizas que tienen de apellido Orguyo (originalmente Orgullo), un apellido que nos las identifica en absoluto porque no sienten orgullo por nada.

Dos mujeres interpretadas por hombres que le dan un tinte diferente, más gracioso y que llena de magia toda la historia.

Leticia Bredice escribió esta dramaturgia, la primera en toda su carrera como actriz y son varios los puntos a destacar. Por un lado, se distingue un coro, a lo largo de la obra, que se encarga de resaltar los momentos más importantes y cruciales de Orguyo (adaptada y dirigida por Cristian Morales). Por otro lado, es notoria la íntima relación que guarda dicha dramaturgia con una telenovela. Los códigos establecidos por ese género, acompañan a Orguyo de principio a fin, permitiendo que nos sumerjamos en una pantalla compuesta por: exageración, entretenimiento, un argumento sólido y personajes muy atractivos.

Inclusive la música en vivo junto a ciertos cantos invaden las escenas, permitiendo que la búsqueda de identidad sea el tema prioritario a desarrollarse. La mirada del público podrá, de repente, posicionarse en el centro del espacio escénico, los laterales, el fondo e inclusive en el cielo raso -en que transcurrirán unas proyecciones audiovisuales-.

Dos hermanas que intentarán descubrirse internamente y que caminarán por conflictos hasta encontrar la verdadera causa a sus lamentos. Mientras venden paraguas, la lluvia recién llegará en el desenlace, sosteniendo una escena muy fuerte, comprometida y detallista en la que lo visual junto a efectos sostendrán el mensaje final.

Y, justamente, es lo visual lo atrapante, que permite lucir a todo el elenco actoral diferentes vestuarios, accesorios y peinados que recrearán una ficción real.

Sin lugar a dudas, cada parte del guión esta justificado y si bien hay lugar para la risa, es porque en una novela siempre hay momento para descontracturar así como la vida misma es un reflejo de cosas buenas y malas.

No es habitual ver en teatro una pieza artística de esta índole y ojalá Leticia continúe escribiendo diálogos tan exquisitos e inteligentes.

La competencia, la deslealtad, el amor y la traición son ingredientes que transitan por Orguyo. Y, ¿por qué el cambio de la ll por y? A grandes rasgos, el yoismo, el egocentrismo y el narcisismo invaden la historia de Lina y Lana no dejándoles ver con claridad que, a pesar de ser familia, no se parecen demasiado.

El juego de luces también se destaca, al igual que la simultaneidad de escenas, permitiendo que distingamos entre principales y secundarias, entre lo que acontece y la repercusión que tiene. Como si se tratara de una gran película, también, el coro será ese eco inolvidable que hará resonar cada frase, palabra o acontecer. Así, presente, pasado y futuro se unirán como equipo que tratará de derrotar esos obstáculos insuperables, tan difíciles de enfrentar.

El desenvolvimiento de cada artista se puede disfrutar por el enorme despliegue de cuadros existentes -los que se unen entre sí hasta completar esta delirante, innovadora y suspicaz obra-.

No existe detalle que se vuelva ornamental ya que cada punta de ovillo comprende una prenda artesanal.

Orguyo u orgullo es lo que cada persona debe sentir por el simple hecho de existir, siempre asumiendo que puede convertirse en quien quiera.

Orguyo fichaMariela Verónica Gagliardi

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Exceso de amor

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Como si se tratara de la filmación de una película, Tomás Romero (Diego Beares), recrea la supuesta historia de su vida de una manera muy interesante. Nosotros, como público, estamos ahí presentes, viendo desde la selección de los actores en un castigo hasta el desarrollo del film.

Los días más importantes de esta figura son narrados y puestos en conocimiento de los espectadores para disfrutar de una historia llena de momentos graciosos y, también, conmovedores. Las representaciones corporales se hacen presentes para poner en ridículo a diferentes canciones que han liderado rankings musicales y, exprimen, al máximo, sus potenciales. De esta forma logran montar una obra dentro de otra.

Las escenas logran su esplendor gracias a una narradora que podemos ver si tan sólo miramos para el primer piso. Su voz y gracia dotan a Ego de una magia increíble.

Aquellos aspectos más cómicos son justamente los relacionados con el mundo gay. En este caso, burlarse de las situaciones más estereotipadas por la gente son tomadas y apropiadas para «Ego, mi verdadera historia». Y el ego como egocentrismo, como forma de vida y de ser; ingresa en varios de los intérpretes para quedarse.

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Imposible pasar por alto la participación de Jimena Piccolo quien ha estado durante varias temporadas en Chiquititas y desde el principio de la tira de Telefé. Igualmente, no tiene un rol protagónico sino meramente secundario aunque relevante a nivel argumental.

Un actor principal -quien además oficia de propio director- en su película autobiográfica y en la pieza teatral, es cuestión de ego. Quien no puede o sabe dividir responsabilidades es egocéntrico. En eso se centra Ego y en torno a eso giran los diálogos: personajes perdidos y en busca de identidad, una identidad que Beares se encarga de tallar a su propio antojo y placer. Es la segunda temporada de esta obra y, la sala llena, demuestra sus aciertos.

Ego5Me sentí como en un set de filmación de Hollywood observando y aprendiendo sobre la elaboración de una película importante que marcaría un antes y un después. Otro aspecto fundamental que afirmo como el éxito de la historia es la exageración en cada personaje que llega a concebirse como grotesco sino natural a lo largo de la dramaturgia.

Un adulto simulando ser un niño caprichoso es uno de los que más llamaron mi atención. Vestido con jardinero y sin poder despegarse de su oso de peluche, ganará con ternura su lugar. También sobresaldrán, pero de otro modo, los cuerpos tallados y tanto los ojos femeninos como los masculinos no podrán despegarse de éstos. Y no es un detalle menor la producción del público masculino.

A menudo somos las mujeres quienes intentamos destacados por la ropa, maquillaje y peinados. Olvidense, porque la platea gay nos supera ampliamente. Es una de mis debilidades estar entre ellos. Son más afectuosos, demostrativos y sensibles. Sin lugar a dudas, los elijo. Su pasión se pone en juego desde el comienzo y si existe alguna equivocación u olvido, pasa desapercibido.

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Me interesa mucho la puesta en escena ya que son solo unas sillas las encargadas de adornar el espacio y alojar a Beares, quien da la espalda a su platea hasta el final de la historia. Así como suele escucharse que un actor jamás debe dar su espalda al público, creo que habría que hacer una corrección: el elige hacerlo, no se confunde con la teoría.

Sus palabras y oratoria no necesitan mostrar el rostro para convencernos. Pero, cuando llega el desenlace de Ego, lo contemplamos y sus ojos justifican todo. En un ambiente hostil como el de un prostíbulo es posible sufrir con un asunto muy delicado como lo es la maternidad y Clara (Denise Bellatti) refleja a cada joven irresponsable o ignorante que asume su error dando a luz. Ella es la contracara del narcisismo y de la posibilidad de amar a otro.

Entre las risas se oculta el llanto pero cada rol se encarga de personificarlo desde su lugar y a su manera.

ficha artístico-técnica Ego

Mariela Verónica Gagliardi

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