*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Don Quijote’

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San Martín y Miguel Cervantes

Pigna y Rep Quijote1

Así como Miguel de Cervantes Saavedra tuvo a su amigo imaginario en Don Quijote de Avellaneda, José de San Martín también ideaba al suyo.

El historiador Felipe Pigna brindó una charla acerca del Don Quijote, junto al dibujante Miguel Rep –quien, en tiempo real, fue graficando todos los sucesos descriptos por Pigna-.

Esta interesante mirada nos ofreció un recorrido muy interesante y digno de ser transitado, a la vez que acercó de manera más palpable, este clásico de la literatura española.

“En ese Gobierno de Cuyo, que fue un Gobierno realmente ejemplar, San Martín hace cosas extraordinarias. La preocupación, permanente, por la educación, por la salud popular, es el que organiza la primera campaña de vacunación masiva en nuestro país (…) el que establece la primera ley de protección de un producto argentino: el vino (…) Se ocupa de los niños, de las mujeres, del sistema carcelario. Es un modelo interesantísimo de un gobierno popular que usa, humildemente, el calificativo de ínsula –homenajeando a Sancho Panza-”.

Las ilustraciones de Rep acompañan el relato de Pigna y resulta posible observar cada trazo del dibujante medianta una pantalla grande a la vez que oír y mirar al historiador. Una sala completamente llena, del Teatro Español, de un público feliz de tener tanto talento junto, tantas anécdotas cervantinas con el prócer más grande de todos los tiempos, uno de los pocos que podría ser objetado ni culpado de masacres sino enaltecido por sus buenas acciones a lo largo de su vida.

“Estuvo en diferentes ejércitos, recorriendo la Península, con una situación de cierta rancia. Estuvo en la Mancha, por supuesto, por esa cuestión de andar por esos caminos, de vivirlos (…) San Martín ingresa al Ejército a los 11 años y ya a los 13 está combatiendo en el Norte de África contra los Moros –en batallas realmente complicadas donde él se ofrece como voluntario en el cuerpo de granaderos-”.

Luego continúa mencionando los paisajes descriptos por San Martín, su conocimiento real sobre el territorio, el gusto por la escritura y cómo fueron sus primeros reconocimientos. En Argel (Orán) San Martín es ascendido a su corta edad y es un hito realmente.

También se suma una anécdota muy importante e íntima relacionada con la posible madre del héroe. Resulta ser que su niñera, Rosa Gaurú, podría haber sido su progenitora ya que él hablaba guaraní como ella y su padre verdadero, el español Diego de Alvear. De hecho, la nieta de Alvear había escrito en algunas oportunidades sobre San Martín, mencionándolo como su tío. No existen demasiadas certezas pero sí algunos documentos históricos que lo justificarían.

“Volviendo al Quijote, en idioma guaraní, las lenguas originarias no son –como se dice habitualmente-dialectos sino que son idiomas y no existe ni el tuyo ni el mío, no existe el concepto de propiedad (…) En el discurso de Quijote, de añorar el pasado pero, también, hay una referencia simbólica a América donde habla de la naturaleza, donde el hombre se valía por sí mismo, donde no tenía que hacer más esfuerzo que estirar la mano para obtener un fruto (…) El idioma es lo que genera y forma una cultura y llamarlo idioma como tiene que ser (…) en nuestros manuales de texto seguimos asistiendo a una desvalorización de lo que son las culturas originarias, donde el arte es artesanía, las lenguas son dialectos, las religiones son creencias y así podríamos continuar”.

Ambos, San Martín y Cervantes, tenían una fuerte convicción respecto del sentido de la justicia y lo que debía ser, con valores muy arraigados. También se unen aquellas decisiones que tomó Cervantes como cuando menciona la quema de libros durante la Inquisición, situación a la que se suma San Martín –quien estaba totalmente en desacuerdo con ese período-. De hecho, San Martín funda tres bibliotecas en diferentes ciudades, con sus propios libros, y consideraba que las inauguraciones eran “momentos felices para quienes las fundan y tristes para los tiranos”.

Por otro lado, el papel de la mujer siempre fue valorizado por San Martín pero consideraba que no se podían sumar a las milicias ya que el cruce de los Andes sería una tarea muy ardua, pero sí creía que podían dedicarse al espionaje donde había “una gran cantidad de mujeres”.

María Remedios del Valle (de raza negra) fue considerada la madre de la Patria ya que se incorporó al “ejército, junto con sus hijos y su marido”. Ella era enfermera, espía y termina pidiendo limosna después de un tiempo. Originaria de África, fue distinguida como la Madre aunque “cuando el General Mitre comienza a escribir la historia argentina a fin del Siglo XIX pensando en la inmigración blanca, la hacen desaparecer a María Remedios del Valle. Nos quedamos sin Madre de la Patria por su condición de afro-argentina”.

Puntualmente, en referencia al Quijote, Cervantes realiza una segunda parte del mismo totalmente apócrifa llamada Quijote de Avellaneda; y, San Martín también tuvo su versión falsa titulada Carlos María de Alvear (el cual era como su amigo imaginario).

Una charla interesantísima, dinámica y en la que se logró tener más detalles de estos dos íconos de la historia.

Mariela Verónica Gagliardi

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Protagonista de su vida

El hombre de la mancha24

Cuando un clásico tiene tantos años se corre el riesgo de hacer una copia o adaptación más, sin sobresalir ni distinguirse. Pero, cuando se tiene pasión por el teatro y una larga trayectoria, pasa a ser un desafío.

Así fue como la sala del Maipo explotó de público, haciendo que una noche de verano porteña se convierta en pura fiesta, en ansiedad y adrenalina.

“El hombre de la mancha” (adaptada y protagonizada por Pepe Cibrián) nos trae una versión del Don Quijote muy particular. Se trata de una comedia musical que rescata la esencia del libro de Cervantes, permitiendo que estén presentes todos aquellos ingredientes necesarios para que la obra se disfrute de principio a fin.

Pepe Cibrián encarna a tres personajes (Don Quijote, Miguel de Cervantes Saavedra y Alonso Quijano) con una diferenciación tan sutil y definida como para que quien no haya leído la historia de Don Quijote de la Mancha no se sienta desplazado.

Este es uno de los puntos esenciales de la dramaturgia: el tener en cuenta aquellos fragmentos que son fundamentales para los que no han tenido oportunidad o interés en las páginas escritas en aquel 1604.

Lejos de las travesías, aventuras y odiseas sufridas y disfrutadas por Don Quijote y su fiel compañero Sancho Panza, esta historia ilustra los momentos más románticos, tristes y melancólicos. Centra sus propósitos en el sueño de trasladar todo lo que leyó en algún momento de su vida, en la ironía de convertirse de hombre común en caballero. Y hace hincapié en esto, una y otra vez. Necesita que alguien, sin importar quien, le de este honor para combatir, luchar y salir victorioso aún en enfrentamientos ridículos o poco inteligentes.

Una historia que se va relatando en vivo, eligiendo a los actores principales de la misma, decidiendo la escena que vendrá, narrando, hablando en prosa y cantando aquellos versos que ilustran la vida de una persona. En este caso de Alonso Quijano, aunque podría tratarse de otro soñador, de otro hombre que desea conocer a su Dulcinea y que tiene el don de ver lo más relegado y criticado como oro puro.

No interesa quien sea quien, sino lo que él quiera y pretenda.

Otro rasgo fundamental es la impronta moderna que se le otorga a la puesta en escena. Sabemos que el contexto no es actual, sin embargo, la frescura de sus personajes y las voces en cada canto y pesar, invaden a El hombre de la Mancha de sabiduría poética, de esplendor, de magia y de verdades tan recurrentes ahora como antes.

Y es posible, inclusive, identificarse con esa necesidad de copiar de alguien, de “ser alguien”, de distinguirse por sobre los demás y de trasladar la etapa barroca a los lugares más discriminados, al deseo de hacerle ver al mundo la ridiculez de ponerse un uniforme y portar un arma.

Junto a él, aparece la gran figura de Raúl Lavié interpretando a Sancho Panza, un amigo que lo venera, alaba y respeta más que a un Dios. Y, como si fuera poco, Cecilia Milone deleita con su Dulcinea, atrapando a cuanto hombre se cruce en su camino.

No solo estas tres figuras principales cautivan con sus actuaciones y cantos, sino el resto del elenco que es tan importante en cada una de las escenas, transformando este clásico en pura comicidad, en códigos nuestros y, apropiándonos, de alguna manera de Don Quijote, un Don Quijote que no se traslada en caballo, que sufre como cualquier mortal, que delira y ve lo que quiere ver.

Si bien la exageración de esta novela permite disfrutar cada una de las hazañas representadas, celebro el modo que eligió Cibrián para demostrar, con humildad, un mensaje de paz.

Claro que se trata de una gran puesta en escena, con una orquesta excelente (dirigida por Ángel Mahler), pero el mensaje de paz está presente, atraviesa cada uno de los textos y permite que nos demos cuenta que somos diferentes aunque semejantes, diferentes aunque similares, opuestos pero humanos.

Dulcinea es la pieza fundamental en esta dramaturgia, aquella que permite aunar fuerzas para derrotar el mal, para ser sinceros, para dar y seguir soñando.

Don Quijote tendrá visiones ingeniosas pero no está loco. Desea armar su propia historia, como todos de alguna manera; demostrando que para ello es necesario desplegar la imaginación y no juzgarse. ¿Qué importa si un gigante es confundido con el viento? ¿Acaso los humanos no rotulamos constantemente todo lo que vemos, todo lo que nos cuentan, todo lo que pensamos? Las asociaciones libres no llenan el alma de respuestas.

El hombre de la Mancha es un hombre más, como quiso, como pudo. Murió como cualquier otro pero tuvo la oportunidad de ser el protagonista de su vida.

El hombre de la mancha ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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El pez por la boca muere

Sancho en la ínsula19

La adaptación de Alejandro Casona sobre el Don Quijote (escrito por Miguel de Cervantes Saavedra) resulta exquisita. Su título es Sancho Panza en la ínsula.
Dentro del marco del Festival Cervantino de Azul, tuvo lugar esta versión (del Grupo de Teatro Boliburg) nombrada como Sancho en la ínsula.

Don Quijote le había prometido a su escudero, Sancho Panza, el puesto de Gobernador. El primero sentía que su gran amigo, merecía al igual que él, tener el poder.

Durante la dramaturgia se pueden concebir diferentes situaciones en las que la manipulación está presente, pretendiendo burlarse de la ingenuidad de Sancho. De esto, el humilde hombre jamás se da cuenta, haciendo primar en todo momento el bien, despojado de todo sentimiento relacionado al rencor u odio.

De hecho, este nuevo «gobernador» le dice a su pueblo de la ínsula Barataria: «mientras dormimos, todos somos iguales: los ricos y los pobres, los mayores y los menores. Y después de muertos, el labrador y el obispo caben en un palmo de tierra».

La sensibilidad de Sancho, idealmente, hace cambiar de opinión a varios de los que quisieron tenderle la trampa para sentirse más poderosos. Y es que todo girará en torno a lo que uno puede lograr con ayuda de su séquito. Milagrosamente, el Gobernador, no precisa de coartadas para combatir el mal, ya que sus principios inculcados por su familia, le permiten mostrarse como es -utilizando un refrán diferente para cada ocasión-, sin tener que fingir ser alguien que no es para aparentar más sabiduría o liderazgo.

Son reiterados los momentos de risas que provocan los actores ante el carismático Sancho Panza con cada una de sus ocurrencias benévolas, como la de querer comer abundante.

Todo se va desarrollando según el plan establecido, hasta que un cronista dice: «Por burla se le ha nombrado; pero bien pudiera ser que, si sigue como hasta aquí, las bromas se vuelvan veras y salgan burlados los burladores».

Así es como dentro de las escenas más graciosas se encuentran las establecidas entre Sancho y el Mayordomo.

Una obra interpretada muy deleitosamente por sus actores, a sala llena, y permitiendo que el gran Cervantes se luzca, una vez más.

La iluminación blanca y el vestuario bien épico, permiten que esta pieza teatral se destaque de principio a fin.

Qué más quisiera un hombre como él que haber ocupado un trono que anheló, asumiendo que lejos está de sus valores como persona. Que prefiere hacer el bien sin tener que ser culpado por cosas que no cometió o, privado, inclusive, del derecho de comer cuando sus tripas no dan más.

No quiso sentenciar a ningún hombre cuando así no lo consideraba y esta confabulación preparada por este grupo de sirvientes, termina a favor de Sancho Panza, quien no devela el misterio por no saber que se trata del mismo, pero sí regresa a su lugar, con su gente y cada convicción reinante en su corazón.

Cuando llega al Mayordomo la carta en la que se lo amenaza a Sancho para que abandone su puesto, él afirma: «Digo, señores, que si así es el oficio de gobernar, no es el hijo de mi madre el que nació para esto. (Comienza a despojarse de sus insignias.) Si he de mandar ejércitos y velar sobre las armas, y sentenciar pleitos a todas horas para que la una parte se vaya contenta y la otra me saque el pellejo, y vivir con el temor de que me maten enemigos a los que nunca ofendí, y no comer ni beber vino como manda ese médico verdugo…. si todo eso es gobernar, quédense aquí mis llaves y mis galas, y tómelas el que quiera. A mi trabajo y a mi tierra me vuelvo; que más quiero vivir entre mantas que no morir entre holandas. Devuélvanme mi pollino, mi único amigo fiel,  del que no pienso volver a separarme más. Y si algo merezco por lo que hice, sólo pido a vuestras mercedes que me den medio pan y medio queso, que yo comeré de camino a la sombra de una encina mejor que comí en palacio entre manteles brocados. (Al público.) Y a vosotros, ciudadanos de esta ínsula Barataria, adiós. Si no os hice mucho bien, tampoco quise haceros mal. Nadie murmure de mí, que fui gobernador y salgo con las manos limpias. Desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano. Adiós, señores».

Mariela Verónica Gagliardi

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