*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Don Quijote de la Mancha’

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Unidos, jamás serán vencidos

Los tres mosqueteros1

Miguel Cervantes con su Don Quijote de la Mancha impulsó a varios escritores y ensayistas a relatar diversas aventuras entre caballeros, atravesando lugares hostiles y teniendo que combatir para avanzar. En 1615 se publica el primer tomo y esta otra historia toma su esencia, humor y valentía para que triunfe la ideología y, por supuesto, el amor.

Francia es el lugar en que se desarrolla Los tres mosqueteros, una novela que se escribe dos siglos después que la anterior y dentro de la que se pueden analizar los lazos entre instituciones, entre el pueblo y entre ambos.

En 1617, Luis XIII logra acceder al poder ordenando que maten a Concino Concini y, luego, le pide a su madre que se exilie del país para poder poner en el trono a uno de su agrado: el duque de Luynes.

Unos años son atravesados por continuos enfrentamientos entre madre e hijo, enfrentamientos con ejércitos de por medio e inclusive una guerra civil. Cuando la paz, por fin, llega el rey hace lo posible para que se permita profesar la religión católica que había sido prohibida por los protestantes. Su apodo de El justo, se le otorga gracias al equilibrio que consigue establecer entre ricos y pobres.

Eran momentos en que la Iglesia y la Monarquía retenían el poder absoluto de la población, de las decisiones y del porvenir de un Estado. Así fue como la figura del cardenal Richelieu se torna relevante en la historia y esta dramaturgia de Los tres mosqueteros, una dramaturgia en que tres hombres luchan por sus ideales, arriesgan sus vidas y se unen para derribar el mal.

Esta puesta en escena (con libro y letras y dirección de Hernán Espinosa) está basada en la novela original de Los tres mosqueteros (Les trois mousquetaires) de Alexandre Dumas pero con varios tintes diferentes que la vuelven más dinámica y entretenida.

Hace dos días murió el padre de D’Artagnan (Patricio Arellano), quien será el héroe y protagonista de la historia. Este adolescente desea formar parte de la Compañía de Mosqueteros del Rey (integrada por Athos, Porthos y Aramis) y, justamente, lleva consigo una carta de recomendación redactada por su progenitor que debe hacérsela llegar a Tréville para tal efecto.

A partir de esta noticia, son varias las luchas, enfrentamientos y muertes que ocurren, haciendo prevalecer antes que nada a la fidelidad. Estamos ante una historia que ocurrió hace cientos de años atrás y, sin embargo, existen varias cuestiones que ni siquiera en nuestros tiempos logran resolverse. Se trate de Francia, de un país europeo o de nuestra querida patria argentina.

El enfrentamiento entre personas y el egoísmo quizás nunca se extingan, aunque queda en cada uno unirse a sus semejantes o quedar marginado o puesto en la misma bolsa que quien “domina”.

¿Por qué es importantístimo este drama?

Entre algunos de los puntos más destacables está la amistad, ese vínculo que solo existe por amor y que es muchísimo más trascendente que el amor en una pareja. La amistad es la única relación que tiene su fundamento en la elección personal. No hay condicionamientos, posesiones ni ataduras. Esto es lo que les permite a los cuatro mosqueteros el recorrer Francia e Inglaterra, defender el trono de la Reina Ana, cuidarla ante todo tipo de adversidades, demostrar que la religión es una cosa y la institución otra muy diferente.

Mientras que el Cardenal Richelieu confirma que es el propio diablo, logramos observar las atrocidades que giran en torno a Dios y a la muerte. Este carismático mensajero del Señor está unido a Milady de Winter y el Conde de Rochefort, ambos detestables y detestados por el pueblo entero.

Más allá de la mágica puesta en escena, de los glamorosos vestuarios de época y de las canciones que abrazan a cada intérprete y a la historia misma; lo que reluce es el romanticismo. Encuentros y desencuentros nos llevan de la mano hacia un sendero plagado de sentimientos profundos, de pasados sepultados y de un presente prometedor para algunos.

Con respecto al contexto político real de Francia, dista en cuanto a la cronología pero lo impresindible está narrado tanto en la novela de Dumas como en esta versión adaptada por Espinosa. Por el lado de los protagonistas, también se respetan los del libro aunque no los vinculos establecidos entre ciertos personajes ni los modos en que mueren algunos de ellos.

Este musical acierta en modificar el libreto y adaptarlo a su favor, consiguiendo que el público este espectante y llorando hacia el final. Así, el factor sorpresa logra su cometido sin estar pendientes de la parte que vendrá.

Uno para todos y todos para uno es el emblema de estos mosqueteros tan humanos que no temen en sacar sus espadas y derribar a todo aquel que intente perturbar la paz y serenidad.

Mientras la música de Damián Mahler, ambiente cada escena y canción, la historia nos deja varios interrogantes, una puerta abierta y la certeza de que siempre que unamos fuerzas podremos conseguir aquello tan soñado. Podrá ser una sutileza o el mayor placer, aquel que nos hace pasar noches de insomnio, aquel que no nos permita cerrar los ojos porque, tal vez, ya lo hayamos conseguido.

Los tres mosqueteros ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Protagonista de su vida

El hombre de la mancha24

Cuando un clásico tiene tantos años se corre el riesgo de hacer una copia o adaptación más, sin sobresalir ni distinguirse. Pero, cuando se tiene pasión por el teatro y una larga trayectoria, pasa a ser un desafío.

Así fue como la sala del Maipo explotó de público, haciendo que una noche de verano porteña se convierta en pura fiesta, en ansiedad y adrenalina.

“El hombre de la mancha” (adaptada y protagonizada por Pepe Cibrián) nos trae una versión del Don Quijote muy particular. Se trata de una comedia musical que rescata la esencia del libro de Cervantes, permitiendo que estén presentes todos aquellos ingredientes necesarios para que la obra se disfrute de principio a fin.

Pepe Cibrián encarna a tres personajes (Don Quijote, Miguel de Cervantes Saavedra y Alonso Quijano) con una diferenciación tan sutil y definida como para que quien no haya leído la historia de Don Quijote de la Mancha no se sienta desplazado.

Este es uno de los puntos esenciales de la dramaturgia: el tener en cuenta aquellos fragmentos que son fundamentales para los que no han tenido oportunidad o interés en las páginas escritas en aquel 1604.

Lejos de las travesías, aventuras y odiseas sufridas y disfrutadas por Don Quijote y su fiel compañero Sancho Panza, esta historia ilustra los momentos más románticos, tristes y melancólicos. Centra sus propósitos en el sueño de trasladar todo lo que leyó en algún momento de su vida, en la ironía de convertirse de hombre común en caballero. Y hace hincapié en esto, una y otra vez. Necesita que alguien, sin importar quien, le de este honor para combatir, luchar y salir victorioso aún en enfrentamientos ridículos o poco inteligentes.

Una historia que se va relatando en vivo, eligiendo a los actores principales de la misma, decidiendo la escena que vendrá, narrando, hablando en prosa y cantando aquellos versos que ilustran la vida de una persona. En este caso de Alonso Quijano, aunque podría tratarse de otro soñador, de otro hombre que desea conocer a su Dulcinea y que tiene el don de ver lo más relegado y criticado como oro puro.

No interesa quien sea quien, sino lo que él quiera y pretenda.

Otro rasgo fundamental es la impronta moderna que se le otorga a la puesta en escena. Sabemos que el contexto no es actual, sin embargo, la frescura de sus personajes y las voces en cada canto y pesar, invaden a El hombre de la Mancha de sabiduría poética, de esplendor, de magia y de verdades tan recurrentes ahora como antes.

Y es posible, inclusive, identificarse con esa necesidad de copiar de alguien, de “ser alguien”, de distinguirse por sobre los demás y de trasladar la etapa barroca a los lugares más discriminados, al deseo de hacerle ver al mundo la ridiculez de ponerse un uniforme y portar un arma.

Junto a él, aparece la gran figura de Raúl Lavié interpretando a Sancho Panza, un amigo que lo venera, alaba y respeta más que a un Dios. Y, como si fuera poco, Cecilia Milone deleita con su Dulcinea, atrapando a cuanto hombre se cruce en su camino.

No solo estas tres figuras principales cautivan con sus actuaciones y cantos, sino el resto del elenco que es tan importante en cada una de las escenas, transformando este clásico en pura comicidad, en códigos nuestros y, apropiándonos, de alguna manera de Don Quijote, un Don Quijote que no se traslada en caballo, que sufre como cualquier mortal, que delira y ve lo que quiere ver.

Si bien la exageración de esta novela permite disfrutar cada una de las hazañas representadas, celebro el modo que eligió Cibrián para demostrar, con humildad, un mensaje de paz.

Claro que se trata de una gran puesta en escena, con una orquesta excelente (dirigida por Ángel Mahler), pero el mensaje de paz está presente, atraviesa cada uno de los textos y permite que nos demos cuenta que somos diferentes aunque semejantes, diferentes aunque similares, opuestos pero humanos.

Dulcinea es la pieza fundamental en esta dramaturgia, aquella que permite aunar fuerzas para derrotar el mal, para ser sinceros, para dar y seguir soñando.

Don Quijote tendrá visiones ingeniosas pero no está loco. Desea armar su propia historia, como todos de alguna manera; demostrando que para ello es necesario desplegar la imaginación y no juzgarse. ¿Qué importa si un gigante es confundido con el viento? ¿Acaso los humanos no rotulamos constantemente todo lo que vemos, todo lo que nos cuentan, todo lo que pensamos? Las asociaciones libres no llenan el alma de respuestas.

El hombre de la Mancha es un hombre más, como quiso, como pudo. Murió como cualquier otro pero tuvo la oportunidad de ser el protagonista de su vida.

El hombre de la mancha ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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