*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Entrevista a Delfina Danelotti

perrota 6Actuó en Humahuaca 4080, Lúcido, La soledad y Otras mujeres. Actualmente, está protagonizando La Inapetencia de Rafael Spregelburd en el Teatro La Lunares del barrio del Abasto.

¿Cómo fue tu elaboración de este personaje tan particular?

Desde un primer momento, con la directora trabajamos el gesto sobreactuado de una sonrisa constante comunicando un estado carente de conflicto. Es decir que partimos de una forma corporal saturada para desembocar casi por desgaste físico en un estado de tensión escénica. Ese estado es lo que me sostiene actoralmente. Allí radica la emocionalidad del personaje. Un cuerpo habitado de rigidez que, escena tras escena, va adquiriendo diferentes calidades a causa de la erosión de la forma en el tiempo: la tensión deviene angustia, luego miedo, dolor, contradicción y asfixia, siempre detrás de un gesto que se proyecta hacia la perfección.

¿Tiene algo tuyo la Sra. Perrotta?

La presencia de la Sra. Perrota responde a un exceso de prolijidad que inhabilita una espontaneidad legítima. Por lo tanto, desde la forma construida no tengo nada en común. Pero desde el campo emotivo, el abordaje es tan complejo y a la vez tan reconocible como en cualquier otro personaje.

¿Considerás que aún en nuestra sociedad no hay una cultura de adopción?

Creo que hablar de sociedad y cultura para analizar la cuestión de la adopción es impulsar al pensamiento a utilizar términos generales que deberían responder a un conocimiento profundo del tema, del cual carezco. Considero que la decisión de ciertas parejas que se resignan a no ser padres o se someten a tratamientos invasivos en vez de acceder a una adopción, es una cuestión pura y exclusivamente de la intimidad de cada pareja. Y sinceramente, creo que siempre es mejor pensar desde el punto de vista de las excepciones y no desde las generalidades que suelen ser no puntos de vista.

¿Es posible conseguir un equilibrio entre deseo y amor?

Sí. En tanto que el deseo es producción, el impulso violento engloba dentro de él al amor y viceversa. Es una relación de tensión en perpetuo desplazamiento. El equilibrio es parte de esa potencia que intenta perseverar. No nos inclinamos por algo porque lo consideramos bueno, sino que, por el contrario, consideramos que es bueno porque nos inclinamos por ello.

Existe mucha bajada de línea en La inapetencia respecto a diferentes temáticas. ¿Crees que es indispensable un personaje como el que interpretás para decir las peores verdades?

Para nada. Cualquier personaje puede decir las peores verdades. Se conciben bajo distintas formas, pero son irreductiblemente impersonales. Están totalmente desfasadas de la idea de una psicología particular; sino que más bien brotan de un encuentro, de un vínculo, de una combinación.

En este caso Mambrú no se fue a la guerra pero tu hija sí. ¿Cómo construyeron ese vínculo?

Después de varios meses de ensayo, el vínculo se gestó de manera autónoma. La entrega al juego más el tiempo recorrido, hicieron por sí solos un trabajo orgánico. Los acontecimientos puntuales que la obra propone (una hija que decide ir a la guerra) fueron concebidos por la directora desde un modo etéreo, sin solemnidad ni juicio. Esa decisión hizo que tanto Dolores (la actriz que hace de mi hija) como yo, nos permitiéramos encontrar otro tipo de porosidad narrativa, no sólo la que se distingue objetivamente en el texto de Spregelburd.

¿Cómo es esa dicotomía que se produce entre comida y sexualidad?

La relación entre comida y sexualidad ha sido un tema central en buena parte de la literatura universal, ya en algún banquete de “El Satiricón” de Petronio aparecen referencias a este respecto. Asimismo, muchas metáforas sexuales que usamos habitualmente remiten a la praxis de la alimentación. En particular en la puesta de La Inapetencia, el exceso de discurso sexual y alimenticio no hace más que reponer su carencia. La relación de la Sra. Perrota y su marido está determinada por una no relación que se actualiza como un exterior simulado. Así la pluralidad de imágenes comestibles es puramente formal y responde a un solo acontecimiento que es la insatisfacción sexual. No se trata de una dicotomía, sino de una no relación, que no por eso deja de reconstruirse como vínculo.

¿Es mucho gasto de energía fingir ser alguien que no se es?

El gasto de energía forma parte de la exposición del cuerpo en escena. Se convive con ese desgate porque forma parte del trance lúdico que es la actuación. Uno es mirado, por lo tanto lo exterior afecta al interior. Pero así se construye la verdad en la ficción. No hay otra forma de hacerla vibrar: tanto el afuera como el adentro producen colectivamente el efecto inefable de la vitalidad en escena.

¿Como es el universo de La inapetencia?

La inapetencia es una comedia en código absurdo. El tinte onírico que la compone, expone situaciones que escapan de la lógica lineal a la que estamos acostumbrados, generando cierta molestia para el entendimiento. Sucede que la puesta es una metáfora de lo que la Sra. Perrota imagina y/o percibe de su realidad teñida de negación, insatisfacción y represión. Por lo tanto la apertura narrativa es infinita, dejando al espectador la posibilidad de contarse su propia versión de la obra.

¿Existe la fórmula perfecta para ser feliz?

Más que fórmula, existe una filosofía. Aquel que decide hacer lo que le gusta, lo que aumenta su potencia, su fuerza de existir, aquel quien ha conquistado la vida tan plenamente, la muerte siempre exterior y extensiva, no es cosa de interés. Se trata más bien de una conquista de beatitud intelectual. Elegir aquello que nos compone sólo depende de nosotros mismos.

Mariela Verónica Gagliardi

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Llenarse con otros placeres

la inapetencia

La inapetencia (escrita por Rafael Spregelburd y dirigida por Luciana Martínez Bayón) es una obra de teatro que utiliza al género de comedia para transitar por dos caminos casi diríase opuestos: la búsqueda de la familia perfecta y la imposibilidad de satisfacer los deseos sexuales dentro de la misma.

Durante cinco escenas -inspiradas en los años cincuenta pero con temáticas de los noventa-, muy diferentes entre sí, se podrá conocer a la Sra. Perrotta (Delfina Danelotti) y a su marido (Gustavo Pelato), dos seres agotados, que con voz impostada y sonrisa pintada pretenderán ser una familia de película. Como aquellas que se pueden ver en las fotos, esas fotos retocadas con pincel para que queden aún más ficticias.

Así son los Klein. Así son estos actores de los que se destacan sus protagonistas, consiguiendo una vocalización irritante para la audición y una prolijidad corporal que los va sumergiendo en lo que va aconteciendo.

En el año 1995, Bosnia y Herzegovina firman un Acuerdo para promover la paz y lograr la estabilidad entre ambos territorios, dentro de Yugoslavia. Al año siguiente, Spregelburd, escribe la presente dramaturgia y, si bien, el argumento no es histórico, me parece que es correcto destacar la presencia de varios aspectos y detalles que hacen mención a Bosnia y a la Ex Yugoslavia. La disolución de este país tuvo lugar entre 1991 y 2006, y como resultado (además de los conflictos armados, enfrentamientos culturales y religiosos a nivel local e internacional) se obtuvieron seis nuevas repúblicas: Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Macedonia y Serbia.

Quien haya visto la obra podrá creer que brindo más detalles de los que da el propio texto y es que una posible lectura se orienta, perfectamente, a una guerra real en Europa como simbolismo a la guerra desatada en esta familia que intenta, por todos los medios, ser perfecta y dar el ejemplo cuando ni siquiera es feliz.

Cuántas cosas se suponen son normales cuando en verdad no son meras estructuras arraigadas en una sociedad.

El más débil es devorado por el más fuerte y esto puede notarse a nivel territorial. ¿Qué límite existe entre la Señora y el Señor Klein? ¿Mientras él hace “su vida” ella tiene que hacer la vista gorda? ¿Qué lugar ocupa la sexualidad en sus vidas y por qué la práctica sadomasoquista es vista como algo feroz?

Quizás ellos pretendan convertirse en animales que hacen lo que sienten sin tener que fingir adoptar determinadas posturas ante los demás. Como si esos demás les pidieran explicaciones.

Imagino a estos individuos en Inglaterra, un país súper prolijo y del que sus ciudadanos no son más que modelos de un país frío y rígido.

Durante seis escenas se podrá disfrutar de una comedia en la que irán apareciendo más personajes y quedará en evidencia cómo es necesario tener valores para poder representarlos.

Así, puede notarse cómo en un comiendo se ve una mesa tradicional en la que el matrimonio está cenando y surgen algunos temas controversiales como por ejemplo la adopción de un hijo. La liviandad con que se menciona el procedimiento legal y afectivo es sorprendente.

En una segunda escena, la Sra. se acerca a una emrpesa para reclamar por una factura y aparece, como de la nada, la temática del sadomasoquismo. Es aquí cuando puede vislumbrarse lo que siente esta mujer que vive prisionera de sus propios tabúes.

Al llegar a la mitad de la obra, se produce una situación vinculada con la primera escena que tiene lugar en una plaza. En este lugar, un gitano desnuda su desconocimiento sobre la lectura de cartas y el absurdo estalla por completo. Como recompensa por la mentira, él recibe un regalo que no es un simple objeto.

Mientras ella intenta seguir los pasos de su marido para conocer un nuevo mundo lleno de placer, va tropezando y describiendo todo lo que ve y anhela. Sus amigas no son muy diferentes y así se entienden y pasan momentos juntas. El apetito no parece hallar un sitio correcto y el desfile de comidas de principio a fin, evidentemente, no tendrá lugar en esta historia.

Como un nudo en la garganta, ellos se llenan de otras cosas y rebalsan de incoherencias. Como si se tratara de un empacho que debe ser sanado con prácticas sexuales, con decisiones impensadas y dolores paralizantes.

A la vez que uno de los personajes (que se contrapone a los del matrimonio en todo sentido), Leila, termina mencionando cuál será su próximo destino, todo parece desvanecerse adentro y afuera: si la damos por acabada, es la ex. Si en cambio unimos las fuerzas de miles de jóvenes y salimos a sembrar esas rosas que aplastan los tanques, es la gran Yugoslavia, la patria, el jardín donde quiero que retocen mis hijos.

La Inapetencia tiene múltiples lecturas y es un desafío para quien la observe, el poder descubrirlas. Cada quien con su experiencia, sabiduría, intriga, conocimiento o simple curiosidad podrá ir juntando los retazos de este tapiz que se expande por el suelo como tierras desmembradas que buscan nuevos desafíos.

Dramaturgía: Rafael Spregelburd. Elenco: Delfina Danelotti, Gustavo Pelato, Micaela Pino, Luciana Martínez Bayón, Lucas Amarilla, Dolores Cano. Dirección y puesta en escena: Luciana Martínez Bayón. Miércoles 21 hs. Teatro La Lunares.

Mariela Verónica Gagliardi

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Lúcido de Rafael Spregelburd

Elenco:

Armenia Martinez, Delfina Danelotti, Gustavo Pelato y Natan Skigin

Ficha Técnica:

Escenografía: Rafael Perczyk y Ayelén Gravina
Vestuario: Paz Perczyk y Rafael Perczyk
Música original: Tomás Lidejover
Diseño gráfico: Paz Perczyk
Dramaturgia: Rafael Spregelburd
Asistencia de dirección: Luciana Martinez Bayón
Dirección y puesta en escena: Aldana Contrera
Prensa y difusión: Maya Kerschen

Localidades: $60.