*** Agosto 2019 ***

Entradas etiquetadas como ‘danza contemporánea’

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Urban Splendor, de Débora Levit

Urban

Urban Splendor es un espectáculo de danza contemporánea multimedia, que fusiona cuadros de acro-dance, neo clásico con puntas, jazz lírico y danza urbana. Una propuesta de danza, arte visual, música y tecnología.

En las grandes ciudades, Buenos Aires, Nueva York, Tokyo se vive el mismo vértigo, aceleración, velocidad. Todos corremos.¿Dónde queremos llegar? El camino se confunde. El principio, el final. Pese a todo, la vida, nos da encuentros y desencuentros, amor y desamor, el universo íntimo que nos regresa al presente y a quienes somos. Son esos momentos, de esplendor, los que nos salvan de la locura.Y eso, es “Urban Splendor”.

Bailarines: Soledad Bayona, Florencia Liserre, Soledad Mangia, Tomas Martínez, Daniel Sciarrone

Vestuario: Brenda Opoka

Escenografía: Kevin Bukovac

Iluminación: Carolina Rabenstein

Multimedia: Euge Choque

Teaser: @soldadosrock

Música original: Esteban Machado

Fotografía: @alesso.ph, Antonio Fresco

Comunicación: Paula Telechea

Diseño gráfico: Euge Choque

Asistencia de escenario: Gustavo Almirón, Martín Tejada, Guido Zanuttini

Asistencia de dirección: Florencia Liserre

Utilería: Victoriano Pololla

Asistencia de puesta: Solange Báez

Producción ejecutiva: Antonella Schiavoni

Coreografía: Débora Levit

Dirección: Débora Levit

Duración: 50 minutos

Clasificaciones: Danza, Adultos

EL GALPÓN DE GUEVARA

Guevara 326 (CABA)

Teléfonos: 11-3908-9888

Entrada: $ 400,00 – Sábado – 23:00 hs

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¿Amar a pesar de todo? O la corrupción de los medios

Sombras de libertad1.jpg

Este año, causalmente, se están presentando muchos musicales con tinte político. No es casualidad sino una necesidad, imperiosa, por demostrar que no todo está perdido. La juventud es la encargada de impulsar cambios, de dar esperanza. Somos responsables todos, igualmente.

“Sombras de libertad” (con libro de Pablo E. Silva, música de Inbal Comedi y dirección de Wilfredo Parra) es una propuesta excelente, cautivante, apasionada, en la que las texturas musicales de pop, rock, murga y folclore se entremezclan conformando un mosaico cultural. No existe un argumento novedoso, no hace falta. Ya no hay inventos sino distintas maneras de mostrar, de convencer y de tener la motivación necesaria para no caer en la mediocridad ni brutalidad.

Adoré la función de esta obra. La volvería a ver una y mil veces más. Desde que empezó hasta que terminó estuve fascinada. Hablé toda la semana de ella. La recomendé, recordé detalles, impresiones, ideas, formatos, coreografías, voces, vestuarios y luces.

Es imposible no quedar absorto y feliz, sintiendo que estando del lado correcto, el universo conspirará a nuestro favor.

En este caso una campaña electoral podría llevar al Senador Antonio Robles como candidato a la presidencia. De hecho, es al único que conoceremos a lo largo de la historia. Porque no se trata de una trama donde exista una rivalidad entre políticos sino entre el cuarto poder y la política. Esto ya es materia conocida por todos, desde hace mucho tiempo. Sin embargo, no es poco meritorio refrescar memorias.

Por ello es que Sombras de libertad es una conjunción de sentimientos a flor de piel que desbordan de un momento a otro. Porque la pasión es así. Porque el amor es así. Porque el poder obnubila y hace perder de foco a lo verdaderamente necesario para ser feliz.

Quizás un sillón presidencial sea el deseo de este candidato pero, el amor, no debería ser dejado a un lado. Pueden subsistir ambas cosas, al menos podrían. Pero Robles no consigue equilibrar ambas cosas y, de ahí en más, una sucesión de acontecimientos ingratos surgirán para quedarse.

La traición aparecerá de la mano de la persona menos pensada y su venganza será “entendida” aunque no aceptada por este devastado ser humano que tenía la fórmula perfecta para sacar a su país adelante.

Este musical es el claro ejemplo de que todos las personas necesitamos ser y no agachar la cabeza en pos del ideal ajeno. Se puede ser solidario pero no presidiario. Esta es justamente la confrontación que se puede vislumbrar desde el comienzo y por no ser oída, todo el panorama político prometedor se verá en picada.

Como una ilustración fotográfica perfecta, esta familia se hará ecos por distintos lugares públicos y privados, hasta que los bandos confronten y el más “vivo” se salga con la suya. Siempre existirá aquel que se lleve su tajada sin tener valores ni culpa. Lavándose las manos y formando parte de algo que ni siquiera podría comprender de verdad.

Mientras una familia se desmorona, una campaña en puja tendrá demasiados vaivenes y solamente subsistirá el más fuerte.

Cabe preguntar cómo un político podría sacar un país adelante durante años si no es capaz de escuchar siquiera a su esposa e hijo. Suena muy conocido este cuestionamiento. Es conocido, famoso diría. No solo se ve en la realidad real sino en miles de series y películas de todo el mundo.

Un sillón que queda holgado, que no es capaz de sostener a un idealista ni a un tirano.

El enemigo está más cerca de lo que se pueda creer, solo es cuestión de esperar y la catástrofe irrumpirá desde los noticieros hasta el programa más cholulo de la televisión.

“Justicia para todos, paz se respirará, hambre nunca más”… son algunas de las promesas del futuro presidente. ¿Quién no quisiera a un líder así? Que además es carismático, seguro y sonriente.

Mientras sus discursos y canciones nos van convenciendo para votarlo, la danza contemporánea arrastra sus pasos terrenalmente, por los aires, con convicción y fugacidad. Realmente, un ensamble muy comprometido con la temática, que se fusiona con el canto y la palabra. Que es parte de los discursos y narra sobre el escenario y a lo largo de la sala. Que se estira y encoge, que se despliega como arte hasta estallar en ira.

“No me ves”, le dicen acongojados y tristes su esposa e hijo al candidato, mientras éste continúa sumergido en las hojas que determinarán su futuro…

Los tres protagonistas (Pablo E. Silva, Inbal Comedi y Lautaro Aguilar) son un destello de luz, con voces distintas y que se proyectan al más allá, que se encarnan en los personajes que interpretan y no sobreactúan absolutamente nada. A este elenco se suma la secretaria de campaña del presidente (Lucía Krusemann) que deleita cada vez que entona sus melodías con una voz sensible y potente.

Amores y desamores, logros y fracasos, violencia y tensiones que cegan la verdadera esencia del ser humano.

“Nublado es el camino si en él no estás”, se escucha por ahí y lo oculto sale a la luz junto a la confianza eterna.

Ficha Sombras de libertad

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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Despedirse para siempre

Nunca más adiós1

Ficha Nunca más adiósHay veces en que no es necesario decir adiós y otras en que resulta, incluso, hasta sanador decir hasta nunca. En la nueva propuesta de danza escrita y dirigida por Tatiana Cittadini, es posible ver y sentir cómo existen encuentros y desencuentros a cada momento. Por eso, cada vez que se escuche el sonido de un tren, todo podrá tomar otra forma a la planteada en un comienzo.

Como si se tratara de espejismos que se fusionan hasta lo más profundo, que añoran lo vivido y desean construir exactamente lo mismo del pasando sabiendo que será imposible de conseguir. Porque la vida cambia, porque es constante movimiento como el de cada uno de los cuerpos que consiguen adoctrinarse según la forma deseada; elevándose en el aire, realizando performances increíbles y mostrando cómo resurgir desde la oscuridad o el silencio.

Porque si la danza tiene algo a favor es el silencio de las voces, dejando a flor de piel que cada sonido de cada órgano se pronuncie por sí solo. Porque es posible expresarse sin hablar, sin justificar cada palabra y dando el primer paso para que ello ocurra.

Con un nivel excelente en cada una de las posturas, pasos de danza y figuras de baile, este elenco de bailarines recorre el escenario de punta a punta demostrando cómo pintar cada esquina con un paisaje único, personal, diferente al de otro, encantador, lleno de suspicacia, juegos, escondidas, tristezas y reencuentros.

Lo que más se subraya a lo largo de la función es la necesidad, imperiosa, por justificar una despedida y por plantearse el por qué de la misma.

Si existe el amor, ¿para qué despedirse, para qué sufrir y para que llevar, tan arraigado, ese sentimiento penoso que otorga un adiós?

Como cicatrices que intentan recuperarse, hasta la llegada de un próximo tren, momento esencial para buscar al ser querido, para demostrarle todo el sentir y la falta imposible de subsanar inmediatamente.

“Nunca más adiós” es la fórmula para pensar muy bien cada paso importante y la voluntad, esencial, para afrontar el deseo de querer a alguien desde bien adentro. Porque no tiene por qué decirse chau cuando se puede continuar diciendo hola y porque si se sabe lo que se quiere, todo resulta más fácil y placentero.

Una vez que el abrazo unió ya no puede existir separación espontánea, salvo el masoquismo que suele invadir a ciertos mortales. Y, entonces, cuando los brazos rodean a otro ser, cuando las piernas giran, saltan y vuelan, el trazado del mapa se impregna en el suelo para transitar de a dos.

En definitiva, cuando el arte cobra vuelo, el amor también lo consigue. Porque las distancias pueden acortarse con una mirada, un beso, una caricia y el roce pieles.

“Nunca más adiós” es una pieza artística que marca un antes y un después, que se abre como un pimpollo y luego cada uno de sus pétalos se converge en el centro. Como un renacer simplista y complejo, con pruebas llevadas a cabo por parte del ballet que hace lucir a cada artista individualmente, en duplas y en conjunto.

Mariela Verónica Gagliardi

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Todo el universo empieza a ver

La torre32

“La torre” (de y dirigida por Lucho Cejas) es una obra de danza contemporánea muy bien construida , en la que se conjugan música, drama , acrobacias y, por supuesto, baile en su máxima expresión.

Este director ya nos tiene acostumbrados a su gran estilo artístico que funciona como canal para comunicar mensajes importantes para todos. No existe posibilidad de sentirse excluido de sus propuestas, las cuales, con el correr del tiempo se perfeccionan, al igual que su elenco.

Una torre que divide a la sociedad entre ricos y pobres, entre los
La torre14que sufren por desamor y los que lloran por la falta de comida. Los intereses son los que dividen, fragmentan y quiebran a quienes sienten diferente, a quienes sufren por cosas tan opuestas. Para unirlos, el amor será el único camino posible, desprovisto de maldad e intereses particulares.

Al comenzar la función en el Teatro El Cubo, me llamó la atención una escena que se repetía, que sumaba a más artistas, volvía a separarlos y -a modo de secuencia- utilizaban la simbología de ovejas para empezar a narrar la dramaturgia. Unas simpáticas ovejas que, encuadradas, intentaban representar algo. Pero, recién al llegar el desenlace podemos comprender la unidad íntegra de esta pieza artística: actuar según nuestra voluntad, según nuestra razón y no obedecer como imposición a un superior.

Que no se entienda como acto de rebeldía el no obedecer. Sabemos que existen reglas y normas para la buena convivencia, aunque también sabemos que la censura se esconde tras discursos -con palabras y tonos que pretenden convencer a los más débiles, los mismos que son cooptados y favorecidos-.

Un rebaño como fiel reflejo de una sociedad dormida, que pretende despertar, amar, no discriminarse más, y luchar para que ganen los buenos sentimientos.

Mientras en una torre, segmentada, sus miembros se conocen, rechazan y atraen; en las afueras se encuentran los más desposeídos -aquellos que toman agua de precarios recipientes-, con sus ropas harapientas y, ansiando, que esa realidad cambie.

La torre35

Sus cuerpos son cuerpos en movimiento, mostrándose como humanos, pero podrían ser otras especies. Lo atractiva de esta propuesta es que no recurren siempre a la palabra sino que se valen y apoyan en canciones como, por ejemplo, las de Bersuit Verbarabat. La selección de cada tema van conformando la historia, dentro de la que ocurren diferentes situaciones. También, los artistas tienen la oportunidad de tener sus momentos protagónicos en que dicen lo que están transitando, a la vez que nos dan la posibilidad de estar presentes para vivenciarlo.

Los movimientos constantes dan placer, agobio, asfixia y felicidad. Esos aires de libertad para los que tantas veces es “conveniente” callarlos (callarnos).

La danza está para ser vista y admirada, como forma de expresión y La torre29de talento. Como un modo de unirnos para ser parte, desde donde queramos y podamos, de la conformación del universo. Un cuerpo esbelto, otro no tanto, diferentes estilos y modos de conmover desde lo más profundo. Es impensada la repercusión que pueda tener esta obra porque es tanta la división ideológica en esta sociedad que habrá quienes estén de acuerdo con su mensaje y quiénes sientan cierta molestia -similar a la bronca-. Ojalá exista más de lo primero aunque también es importante lo segundo como contrapropuesta a lo forjado por quienes tienen el poder y todas las herramientas girando en torno de sus caprichos más audaces.

Por suerte, cada vez son más las exposiciones artísticas que hacen frente, justificando cada pensar y cada sentir; demostrando que la violencia se combate con amor y unión.

La torre47

La torre ficha

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Viviendo a través de la danza

Danza UNSAM60

El Grupo de Danza UNSAM, presentó varias puestas escénicas, durante las cuales fuimos espectadores de cuatro coregrafías con una impronta y estilo increíbles, dentro del marco del Festival Cervantino de Azul.

Pudimos ver: Pulsos (Música: John Adams, Coreografía: los intérpretes con la coordinación de Oscar Araiz), Tango (Coreografía: Ana Itelman, Música: ástor Piazzolla), Adagietto (Música: Gustav Mahler, Coreografía: Oscar Araiz) y Noche de ronda (Música: boleros tradicionales interpretados por Elvira Ríos, Coreografía: Oscar Araiz).

Cabe resaltar el alto nivel profesional y artístico por parte de los bailarines, quienes no solo danzaron sino que actuaron cada situación y escena, planteada por los coreógrafos del ballet, quienes propusieron una fusión entre el baile, el teatro y el cine; pocas veces visto.

No alcanzan las palabras para definir la enorme cantidad de sensaciones que produce vivenciar estos cuadros artísticos ni la increíble emoción que da saber que son argentinos.

Sentada en el primer palco, tuve la oportunidad de observar cada movimiento, cada desplazamiento, secuencia coreográfica, los códigos establecidos por los bailarines, el modo en que se unían y separaban y, la manera en que se coordinaban para reproducir cuatro historias diferentes.

Sabemos, con certeza, que el ballet clásico tiene a un público erudito -por lo general- como seguidor fiel. En cambio, Oscar Araiz, plantea una fusión de ritmos, estilos y artes; que permiten la inclusión, inclusive, hasta de los no amantes del ballet.

Ser espectador de tremenda exposición, ya de por sí da satisfacción.

Durante la primera puesta, se pudo observar a la danza contemporánea en todo su esplendor, mezclada con folklore, donde los pasos criollos se esbozaban y entrelazaban con movimientos corporales tan naturales como reales. Esos cuerpos de plastilina, despertaron la aprobación de toda la sala del Teatro Español.

Luego, un bailarín, representó un tango, tambíen, fusionando esta danza de la ribera con la contemporánea. Su sombrero le tapaba el rostro, a la vez que sus pies se movían, marcando ochos y mostrando una verdadera danza tradicional.

Tuvimos un pequeño intervalo, hasta que continuaron las otras dos coreografías, las cuales marcaron un antes y un después en la propuesta.

Una pareja, vestida en tonos celestes, enamorada, buscaba un camino a seguir. Estos intérpretes románticos, dejaron una huella de amor que fue muy aplaudida por el público. Y es que, evidentemente, el ballet brinda esa sonrisa cálida. Un bailarín, se lucía, mientras le daba la posibilidad a su compañera de lucirse también. Realizaron diferentes figuras en el aire, en el piso y uniéndose hasta conformar un solo cuerpo.

Por último, Noche de ronda, demostró la grandeza de Araiz para montar una escenografía súper original -sin desmerecer a las anteriores- sintiéndonos inmersos en una película en blanco y negro, antigua, de los años 30’, y con un aire de glamour. Durante las escenas, pudimos ver distintos tipos de rondas, incluyendo a la ironía como un condimento esencial para demostrar cómo sufrir por amor es bastante masoquista. Utilizando ciertos movimientos para hacer notar este mensaje, uno podrá reír y emocionarse según su conexión establecida con el argumento.

Todas las coreografías son tienen este tinte que las distingue de otras propuestas coreográficas. Sin tratarse de un teatro musical, estrictamente hablando, mantienen sus danzas con grandes interpretaciones.

Es imposible escapar de esta vorágine artística en que podemos, como espectadores, viajar por diferentes aromas, culturas étnicas, perfiles artísticos y un compromiso abrasador del grupo.

Ellos ahí, parados, acostados, haciendo movimientos precisos, iguales al resto, diferentes al resto, destacándose, amalgamándose, siendo un equipo y también bailarines individuales.

Protagonistas o grupo de baile. Ellos son lo que el coreógrafo establece, determina y define. Cuerpos esbeltos que, con sutileza, narran historias cotidianas, dentro de las que podemos sentirnos identificados.

Hay dos posibilidades de vivenciar a estos artistas: contemplándolos y admirándolos, o, permitiéndonos ser libres, recorriendo -junto a ellos- cada paisaje y universo descripto y desarrollado, a lo largo del baile, por estos danzadores de realidades ficcionadas.

Sin lugar a dudas, este espectáculo, fue uno de los más homenajeados durante el Festival y, seguramente, será recordado por todos cada vez que surja el tema danza o veamos otra puesta en escena relacionada con el baile.

Mariela Verónica Gagliardi

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