*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La fusión energética

Mi vida con Lucía20

Ficha Mi vida con LucíaA veces no es relevante si tiene estudios, con quién se formó, por qué alguien con trayectoria no puede tiene la posibilidad de estar en su lugar: lo más importante es saber aprovechar la oportunidad que se presenta. Así es Andrea Rincón, una mujer que se hizo conocida gracias al programa de televisión Gran Hermano y que, de ahí en más, tuvo su propio nombre. Para gustos o disgustos, ella ocupa el lugar que se merece y realmente me sorprendió, gratamente, al ver su desenvolvimiento junto al talentoso Alejo Ortiz. Porque no hace falta recalcar demasiado que Alejo es un actor con todas las letras y su compañera de tablas no. Lo que sí me atrevo a confirmar es que Mi vida con Lucía (escrita por Ray Cooney y Gene Stone, titulada originalmente como Why don´t stay for breakfast) es una comedia romántica que se disfruta plenamente, que el personaje de Lucía exaspera y el de Alejo enternece. Que para conseguir una buena dupla, como la que se ve en escena, tiene que haber disfrute y condiciones actorales.

Dicha dramaturgia fue adaptada por Rodolfo Cabrera y cuenta con la dirección de Adrián Venagli. En este trabajo puede notarse cómo una joven embarazada, perdida, sin saber bien qué rumbo seguir, va rebotando de una casa a otra. Ella está esperando un bebé y, sin embargo, no parece sensibilizarla el acontecimiento. Lo que más la conmueve es la diversión, el poder pasar agradables momentos y no aburrirse nunca. Súper caprichosa, algo bruta y demasiado frontal; se cruza con su vecino a quien critica, constantemente, por ser tan opuesto a ella.

Así será como ambas personalidades rozarán a cada momento y los conflictos de pareja aflorarán aún sin existir ésta. Porque igualmente se trata de señalar con el dedo lo que jamás harían. ¿Jamás?

Las travesuras, como en la infancia, se apoderarán de esta historia encantadora. Respetar las diferencias no parece ser un requisito primordial, así como tampoco el poner nervioso a quien se altere por un simple movimiento de la decoración de su casa, o el arrojar regalos por una ventana como acto de rebeldía.

A través de escenas que transcurren lentamente y cargadas de emotividad, se suceden acciones y reacciones al instante. Solo se descansa la vista mientras duermen ya que al abrir los ojos, los problemas no tardarán en aparecer y las soluciones a demorarse más de la cuenta.

Con una escenografía moderna, atractiva y en la que sobresale una cocina con todos sus detalles culinarios es como puede disfrutarse de la vida de Tomás hasta que su hermana se siga entrometiendo en cada uno de sus espacios que no son tales.

Quizás podría unirse el título original de esta obra junto al argumento reinante ya que Lucía se aparece en el horario de la comida, pidiendo -o, mejor dicho, exigiendo- dinero para rehacer su vida. Como si tuviera el derecho de importunar a quien se le ocurra por el solo hecho de estar embarazada.

Varios clichés pueden notarse a lo largo de la historia y, tal vez, sean esos ingredientes los necesarios para preparar el plato principal y el postre que tanto ansían.

Mi vida con Lucía es un retrato a tantas parejas que no saben el camino a seguir, que no se animen o le temen a todo. Lucía, sin embargo, está desprovista de fobias o miedos comunes y se aventura a ser madre cuando ni siquiera sabe por dónde comenzar.

Por suerte, su compañero de ruta la irá dotando de algunos consejos para tranquilizarse y sentir que cada día es un desafío que debe asumirse con alegría pero, también, con responsabilidad.

Mariela Verónica Gagliardi

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En busca de la felicidad

Dos hombres sin destino18

Esta dramaturgia estrenada en España en el año 2004, tuvo un éxito rotundo y acá en Buenos Aires ya va por su segunda temporada.

El humor en tono absurdo es muy difícil de lograr en un escenario y en vivo, donde los tiempos tienen que ser precisos, justos –permitiendo dar lugar a los chistes que serán uno de los efectos deseados de la historia-.

Dos hombres sin destino son dos ejemplos de vidas que no logran encauzar sus metas, que ni siquiera se las plantean y que lo que hacen, a diario y por inercia, es mirar la televisión cual familia Simpsons.

Un sillón desgastado y cansado tanto como ellos, de sobrevivir sin incentivos.

Pero, un día, la suerte de Juan Ignacio cambia fortuitamente, consiguiendo la envidia de José Ángel -quien ya ni siquiera tiene un motivo para respirar-.

Juan Ignacio, tocado por la varita mágica, absurdamente puede conseguir hasta ponerse de novio con una actriz internacional, dar discursos ante un público masivo y ser solicitado como un referente a seguir.

Claro que el contraste que pretende acentuar el autor es el de dos personas que no hacen nada por sí mismas, esperando que algo los modifique en alguna dirección.

Entre risas, surgirán llantos por la propia indignación a no apostar nada (y no por miedo, sino por vagancia). Una casa que nos muestra un living, un escritorio y el decorado que quedó de antaño, congelando sus vidas como si se tratara de una simple fotografía sin movimiento ni respiración.

Qué fácil puede resultar burlarse de otro y qué tétrico puede ser asumir quien se es. La quietud, ese lugar cómodo que ya se torna incómodo en cuanto se puede ver el progreso ajeno, esa envidia venenosa que desea que al otro le vaya mal para no moverse del sitio en que se está.

Ordinarios, vulgares y conformistas; como tantos otros. Intentando sobrepasarse de desorden y consiguiéndolo a la perfección. Estrellándose contra un espejo de sí mismos y viéndose reflejados en el otro, constantemente.

Dos hombres sin destino es una mirada sobre aquellas personas que no aspiran a nada, simplemente que ven los días correr desde la ventana de su casa, sintiendo que la vida es eterna.

La simpleza de la historia permite hacer reír y reflexionar a un público heterogéneo. Una obra que es, indudablemente, para pasar un buen rato, encontrándose consigo mismo, quizás en algún momento de la dramaturgia.

El destino de ellos será incierto pero destino al final. Como el de cualquiera, como el de cada uno de nosotros. Como quien no tiene esperanzas sino la paciencia de no mejorar.

¿Cómo parodiar la propia desgracia?

Esta seguramente sea la clave de esta comedia que no tiene pudor ni vergüenza. Con dos actuaciones antagónicas, que se fusionan bien y en la que uno consigue lucirse como los personajes que le caen del cielo; mientras el otro viste y deambula siempre igual.

Dramaturgia: Pepón Montero y Juan Maidagán. Elenco: Iván Esquerré y Gonzalo Suárez. Dirección: Néstor Montalbano. Teatro CPM Multiescena. Funciones: viernes y sábados 21 hs. Domingos 20 hs.

Mariela Verónica Gagliardi