*** Junio 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘Claudio Pazos’

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Un virtuoso de la actuación

Jorobado7

Ficha JorobadoJorobado, el encierro de un cornudo (versión libre del cuento El Jorobadito, de Roberto Arlt) es un unipersonal (creado e interpretado por Claudio Pazos) que toma el argumento del texto original pero desde una arista diferente. En esta ocasión, el hombre desdichado -y no me refiero a Rigoletto- se encuentra encerrado, sin poder huir de donde está y con varios interrogantes por resolver. Su ira es uno de ellos y es que aún siente la imperiosa necesidad de mostrarse resentido, dolido y un tanto precipitado.

La proyección que realiza el hombre en el jorobado es de tal dimensión que no consigue terminar con el asunto que lo está afligiendo: el amor o desamor hacia su novia.

Es tal la locura que se apodera de estos seres que pueden sentir la agarofobia desde lo más profundo.

Todos deben recordar el primer y casual acercamiento entre el jorobadito y este hombre, en un bar. De ahí en adelante, el favor tan extraño y tenaz que éste último le pide al primero y que no se cansa de reiterarla.

El genio y talentoso Claudio Pazos consigue acercarnos a cada uno de los personajes del libro de Arlt, pero algo cambiados. Su imaginación ha tomado lo más relevante y les ha otorgado la gracia necesaria para que nosostros como espectadores podamos ingresar en el universo del autor desde un comienzo. Es tan así el efecto que produce Pazos que la sala más preciosa y original del Teatro La Comedia, se convierte en un lugar distinto, con una atmósfera increíble y muy bien lograda.

Es posible que odiemos al jorobado o no, de acuerdo a los atributos que se detallan sobre su persona, pero lo que resulta ineludible es el carácter violento de su nuevo “amigo”, quien se cree con total impunidad de maltratar a otra persona por el simple antojo de considerarlo indigno de respeto.

Entonces es posible sentir la asfixia -conseguida por diferentes objetos de la puesta en escena-, verlo suplicar, notar la aparición del corcovado, sus dolencias y aflicciones, la sorna con que ambos personajes se manifiestan, unos tacones rojos para vestirse de pura y la ilusión de una boda que no es posible que ocurra.

Una marcha, no nupcial, que permite oír las voces de estos hombres, sus justificaciones y el placer de terminar con otra vida cuando no se puede con la propia.

Este cornudo sabemos que no es tan y que manipula la realidad a su gusto para esconder su cobardía. Quizás su mayor disgusto sea toparse con un extraño y saber que sus intereses no son los suyos y que su imperfección física no lo tortura como al otro.

Mariela Verónica Gagliardi

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Otra manera de amar

Oxímoron1

Los musicales de Héctor Presa tienen esa suspicacia y garantía que nos permiten disfrutar del género sin suponerlo. Estos días de verano, podemos asistir a las funciones al aire libre en el Teatro Larreta, en que la naturaleza cumple nos deleita con su aire y fragancias silvestres.

En esta ocasión, una nueva obra llamada Oxímoron, con el mismo elenco de “Amor sin barreras, lo conocí en el Roca” (2014), expone temas no solo románticos sino emblemáticos como la homosexualidad. Y por qué utilizo esta palabra? Justamente, porque, aún, nuestra sociedad evita abrirse un poco más y dejar de juzgar las elecciones de otras personas.

Por suerte, en los últimos años, los gays y lesbianas han conseguido su lugar sin sufrir demasiado la discriminación e ignorancia de quienes todavía no son capaces de amar sin condicionamientos o pruritos.

El teatro, como expresión artística y social, los albergó (desde hace muchsísimo tiempo) y dio la oportunidad de que encarnen a diferentes personajes así como que toquen temáticas recurrentemente “incómodas” para ciertos sectores.

Oxímoron es una figura lógica en que se usan dos conceptos de significado opuesto y en una misma expresión. Sobre esta terminología gira la dramaturgia de Presa, la cual divierte pero ahonda profundamente en situaciones conflictivas, tan habituales como difíciles de asumir.

Entre coreografías y canciones, la historia consigue un punto sumamente importante: lograr que los espectadores se identifiquen con al menos alguno de sus personajes. Esto lo consiguen gracias a los estereotipos de cada uno de ellos en que se esbozan las características más firmes y contundentes como para percibir a una familia tradicional en que ocurren quiebres como en cualquier otra.

La oscuridad los transforma, los deshinibe; los toca con una especie de varita mágica para que se digan todo lo que jamás se animaron. Pero, en cuanto la luminosidad los invade, la vergüenza los invade por completo sin poder remediar las palabras ya esbozadas.

Un juego de contraste en que el blanco y negro cobra su mayor protagonismo, en que los colores desaparecen y la desesperación los limita.

El statu-quo existe como regla fundamental en este clan que parece ser ejemplo de un país que intenta romper con éste no caprichosamente.

La rutina les recuerda que ninguno tiene que hacer lo mismo cotidianamente sino que es posible transformarse y continuar por otro camino. El amor, es el que triunfa, en cualquiera de sus vertientes.

Oxímoron es una obra de teatro para homofóbicos y no homofóbicos. Para quienes cuestionan, repiten modelos establecidos y consideran qué es lo que corresponde. Oxímoron confirma que nada es lo que parece, que dentro de la luz hay oscuridad y dentro de la oscuridad existe luz.

Esa claridad y penumbra que convive en toda persona terrestre, que la conflictúa, que la hace dudar sin encontrar un camino.

El miedo se demuestra, se siente, vibra en el aire, los intimida y muestra el costado más frágil de cada uno -aquel que no quiere ser mostrado-. Mientras la familia continúa con el proceso de liberación en que expresa todo sin filtro alguno, los minutos pasan y el propósito por el cual se juntaron se diluye para ser dejado en segundo plano.

Lo único que importa es la honestidad brutal y la posibilidad de decirse todo.

Oxímoron es todo lo que nos pasa a todos. Esas contradicciones que forman parte del ser humano por el simple hecho de existir.

Incoherencias obnubilantes que intentan cegar al más estructurado y darle liviandad a quien siente más de lo que piensa. Todo ocurre en esta historia que por momento te hace emocionar, reír, llorar e identificarte con situaciones cotidianas.

¿Quién no ha tenido que pasar por un momento de tensión al conocer una noticia que jamás habría querido escuchar?

Cuanto más se intente tapar la realidad, más saldrá a la luz y, las contradicciones, se harán notar. Las verdades podrán ser dichas sin tener que atravesar las miradas ultrajantes. Aunque los silencios notarán el descontento y solamente la ironía los salvará de lo ya dicho.

El aire de un abanico intentará tapar la sinceridad de una madre que lucha contra todo lo que se le oponga. Pero, su discurso se agotará, demostrando que todos tienen la posibilidad de ser quienes deseen, a pesar de las dificultades que se presenten y de cualquier tormenta que se avecine.

Oxímoron ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Los suburbios tienen aroma a Cachafaz

Cachafaz1

“Cachafaz, adiós milonga querida. Cachafaz, al compás del bandoneón”. Esta estrofa sonaba y resonaba en mi cabeza, una y otra vez, buscándole el sentido a la obra, a los relatos, a la intencionalidad de la pieza artística.

El personaje picaresco, chanta y adorable que encarna Emilio Bardi en los suburbios de un conventillo, donde vive con La Raulito (Claudio Pazos), su compañera, es una de las cuestiones más sobresalientes de la pieza teatral de Copi -dirigida por Tatiana Santana-.

Ellos hablan en forma de payada, ambientados como en la década del 40´, sintiendo el tango, la milonga, hablando en lunfardo y actuando instintivamente en un mundo donde el que no garronea algo está perdido.

Cuando empezamos a introducirnos en la historia, notamos como él es un borracho y “ella” trabaja de mucama pero la echaron por la barba crecida. Esta pareja no tiene demasiado tiempo para deprimirse ni llorar por los rincones. El dinero no les alcanza, no hay trabajo que dure y el Cachafaz chamuya con que tiene que inspirarse para escribir, narraciones que nunca llegará a publicar porque las ideas no le surgen demasiado.

Una de las cuestiones que me asombró fue la gran cantidad de personas grandes y que en ningún momento se horrorizaron ante las palabrotas esbozadas por los protagonistas. CachafazEs que en los burdeles, en los conventillos y en esa clase social, era moneda corriente escuchar ciertas expresiones.

En cierto momento escuchamos una canción sobre la pija que ella le canta a él, con ritmo de milonga. Los dos, felizmente, se tocan, danzan y expresan su sentimiento -tan profundamente- que logramos entender el amor que siente uno por el otro.

Estos personajes tan especiales, se enfrentan a la autoridad policial ante cualquier adversidad. Un día, el uniformado toca a la puerta y quiere arrestarlo. Explica el motivo y dice que están culpando al Cachafaz de haber robado cosas, lo cual es cierto. Y es que él tiene que hacerlo para sobrevivir monetariamente.

Mientras la comedia musical prosigue su eje emblemático y cada una de las trabas surgidas, las vecinas dentro del conventillo, le cantan a La Raulito sobre las cosas que les robaron.

Aunque no tienen solo un modo de proceder negativo. También se dedican a abastecer a la ciudad Pardo con carne, aquella carne surgida de los cuerpos matados. De esa manera, tienen otro ingreso para intentar mantener su humilde vivienda.

Pero la desfachatez hace que el delinquir sea un detalle y que todos sus actos sean justificados -de alguna manera- por su amada. El Cachafaz canta sobre su inspiración y dice versos como: “El hombre es un enemigo negro, blanco, pobre o rico; pero ninguno es pavo real”.

En cuanto regresa la policía, intenta arrestarlo pero él lo termina matando. No es un asesino a sangre fría, simplemente un hombre práctico. Claro que no sabe que acaba de asesinar a un familiar muy cercano, pero éste no es motivo suficiente para que se entristezca ni tenga cargo de conciencia. Un hombre raudo como él está para otras cosas.

Otra de las situaciones más relevantes de la historia es la referida a la noche en que van a comprometerse. Dicha unión surge a partir del asesinato del último vigilante y al robarle su anillo, se da cuenta de que puede dárselo a ella. La Raulito va a estallar de felicidad, aunque Cachafaz2más tarde una desgracia se avecinará, la cual romperá con toda la dicha.

La puesta en escena es oscura, arrabalera, con un cuerpo de baile que expresa los sentires de cada situación, sumado al agregado de sus voces -las cuales no podrán ser silenciadas-, y el lujo de contar con tres músicos que interpretan con sus instrumentos las melodías de las canciones en vivo.

“Pedile perdón al cielo por haber comido humanos”, dice uno de los vecinos. A lo cual podemos agregar que cuando la desesperación es tan grande no hay moral que prevalezca. ¿Está bien consumir animales y no humanos? El especismo presente nuevamente. En otra época, en otro contexto sociocultural. La quietud predispone al hombre a aceptar que es ético asesinar a los inferiores y, sin embargo, es incorrecto comerse entre pares.

Cuando el corazón deja de latir, cuando éste es lastimado, herido, imposibilitado de seguir con su sonido interno, recién ahí los valores más profundos salen a la luz. La humanización del humano.

Ficha artístico-técnica Cachafaz

 Mariela Verónica Gagliardi

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Cachafaz: últimas 4 funcionesc

Jueves 15, 22 y 29 de noviembre y 6 de diciembre 

GANADORA DE 4 PREMIOS HUGO AL TEATRO MUSICAL

De Copi Con Emilio Bardi y Claudio Pazos. Dirección: Tatiana Santana. Coro de vecinas: Rosario Albornoz, Catalina Lescano, Patricia Martínez, Pilar Rodríguez Rey. Coro de vecinos: Andrés Granier, Marcelo Lirio. Músicos en escena: Joel Maiante (guitarra), Pablo Martínez (percusión) y Eugenio Sánchez (clarinete). Coreografía: Mecha Fernández. Composición musical: Rony Keselman.
“¡Robarle el fuego al infierno es mucho más que capricho, robarle nieve al invierno no se atrevería ni un bicho!” Copi, con su mirada descarada, irónica y arriesgada, nos enfrenta a esta historia de guapos de conventillo. Cachafaz y La Raulito, entre el hambre y la indecencia, entre policías y vecinos, son los héroes desvergonzados de ésta, su última payada mistonga morocoté. Cachafaz nos toma, nos mezcla, nos deglute y nos vomita. Nos hace ver lo que no podemos, o no queremos ver al transitar la experiencia de este conventillo en ruinas.

Funciones: Jueves a las 21 / Localidades: $ 70.- Estudiantes y jubilados: $ 40.-
Teatro Del Pueblo – Av. Roque Sáenz Peña 943 – C.A.B.A

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