*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Chango Monti’

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Vuelve «Gigoló», de Enrique García Velloso

gigoló

Un espectáculo sobre la mujer como precursora de un nuevo momento histórico, en el contexto de la burguesía argentina de los años ’20.

El viernes 12 de febrero a las 20.30 horas se repondrá, en el Teatro Regio (Avenida Córdoba 6056), Gigoló de Enrique García Velloso, con versión y dirección de Susana Toscano. El elenco cuenta con nuevas incorporaciones; estará integrado por Andrea Bonelli, Michel Noher, Víctor Hugo Vieyra, Mario Alarcón, María Ibarreta, Fabio Aste, César Bordón, Florencia Torrente, Susana Varela, Matías Poloni y Lisandro Zárate Giménez. La musicalización es de José Páez, la iluminación de «Chango» Monti, el vestuario de Pepe Uría y la escenografía de Gabriel Caputo.

Las funciones se realizarán de jueves a sábados a las 20.30 horas y los domingos a las 19.30 horas.
Platea: $ 130.-
Pullman y Palcos altos: $70.-
Día popular: jueves. Entrada general: $ 70.-

 

La obra

«Gigoló pinta de manera magistral a la alta burguesía porteña de los años 20.
Hacia el final de la Primera Guerra Mundial, la Argentina deviene en el ‘Granero del Mundo’, lo que trae aparejado el enriquecimiento de terratenientes y productores de materias primas. Éstos son los personajes masculinos que conforman la trama de esta obra.
En este contexto, el rol de la mujer estaba limitado a convertirse en una buena esposa y madre, en síntesis una ama de casa. Las mujeres no se formaban profesionalmente, las niñas ‘bien’ estudiaban piano, bordado y francés. Pocas entraban en el mercado laboral y las que lo hacían obtenían puestos de baja calificación; eran básicamente mantenidas por sus padres primero, y luego por sus maridos. Las familias adineradas acordaban quién representaba un buen futuro para sus hijas; y las mujeres que pertenecían a una clase social inferior y no se resignaban a una vida modesta, en ocasiones hacían uso de su belleza para seducir a los señores de la burguesía.
Éste es el caso de la protagonista, Clara, que establece un vínculo clandestino con un hombre mayor, casado y con mucho dinero, logrando un alto estándar de vida. Esta práctica era común en la época y, por cierto, tolerada por una sociedad hipócrita que pregonaba una moral victoriana. Sin embargo, la imprevista irrupción del amor hace tambalear esta artificial estructura de conveniencia. Clara pone toda su energía en esta nueva relación, pero el hombre en quien ella deposita su confianza resulta ser un gigoló que la traiciona.
Enrique García Velloso convirtió a Clara en la precursora de un nuevo momento histórico, donde quedará atrás el sometimiento, y la mujer irá construyendo un nuevo camino que le permitirá acceder a sus derechos: trabajar, estudiar, amar, votar…».

Susana Toscano

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La corona menos deseada

La noche en que Fortimbrás se emborrachó1

Al ingresar al Teatro Sarmiento se puede notar cómo una arquitectura con profundidad de campo y perspectiva, nos permite viajar hacia varios siglos atrás. Una escenografía en tonos grises, con luces tenues que acompañan la fría noche en que transcurre la historia, una tragicomedia en que se conjugan el drama, la comicidad, el absurdo y todo el despliegue que corresponde a una verdadera puesta en escena antigua.

Agustín Alezzo es el responsable de la puesta en escena y dirección de esta obra y a él debemos agradecerle por todo lo que puede apreciarse durante la función, deleitándonos con las caracterizaciones de los personajes y riéndonos de un Rey que permanece en su trono aún muerto, despertando la intriga de su figura y de las escenas que lo incluirán como objeto que debe estar rigurosamente donde está.

Estaremos en presencia de dos textos similares y opuestos, en algunos puntos, entre sí. Como si se tratara de un ring de titanes, Shakespeare y Glowacki se disputan erigirse como mejores literatos. Un inglés y un polaco que no se conocieron por haber nacido en distintos momentos de la historia pero que, en el caso del segundo, tiene la ventaja de conocer todas las obras del primero como para hacer lo que quiera con ellas.

En esta ocasión, Glowacki, toma a la novela de Hamlet como puntapié para narrar una dramaturgia realmente diferente en que se mezclan distintos géneros y estilos artísticos.

Por un lado, Fortimbrás (sobrino del rey de Noruega e hijo del rey Fortimbrás, que murió durante una batalla contra el rey Hamlet) deberá hacerse conocer por el pueblo noruego sin que por ello sea asociado con su padre ni juzgado por acciones o pensamientos que no le corresponden. Las asociaciones o encasillamientos no tienen lugar en esta versión recreada por el polaco, donde priman las genialidades y el modo de juzgar el statu-quo y todas las herencias que giran en torno a la corona.

Justamente, la original dramaturgia titulada “La noche en que Fortimbrás se emborrachó” (originalmente “Fortinbras gets drunk”, escrita por Janusz Glowacki) enfrenta a Hamlet (Dinamarca) con Fortimbrás (Noruega), un enfrentamiento que no es casual sino que está fundamentado entre dos países limitados por una estrecha frontera.

En la historia de Hamlet, éste lucha contra Fortimbrás (ambos padres), disputándose los territorios y quedando en evidencia sus propósitos. Hamlet es quien gana y, luego, muere sin saberse el motivo de su deceso. Este misterio es el hilo conductor y lo que mueve a toda la historia épica por parte de un bando y del otro.

La ironía presente en los diálogos y las ejecuciones de aquel entonces confirman que las cabezas decapitadas están guardadas como muestras de poder, un poder sin inteligencia y del cual Fortimbrás (hijo) ni siquiera pretende formar parte. Él mismo se ríe de su vida, del descontrol y de las tradiciones monárquicas a las que no les encuentra sentido.

El fantasma del fallecido Rey Hamlet, se supone aparece y es tema de preocupación y delirios por parte de sus familiares y conocidos. De hecho, el espíritu le informa a su hijo quién y cómo lo han asesinado.

Con respecto a la versión de Fortinbras gets drunk, los noruegos envían a Dinamarca un fantasma del rey Hamlet que es en verdad un espía encubierto, es así como nadie sospecha de Fortimbrás por su gran adicción a las bebidas alcohólicas.

Si bien, es de temer una posible invasión por parte de Fortimbrás, este muchacho se sumerge en el alcohol y las mujeres, descontrolándose como un adolescente. Esto se puede observar en tan solo unos minutos en que se desploma en la cama sin fuerzas para luchar, absorbido por sus deseos involuntarios.

En esta oportunidad, la mirada es puesta del lado noruego y varias cuestiones del relato son modificadas por Glowacki. Una de ellas es la que se refiere al sucesor del trono en dicho país. En Hamlet (de Shakespeare) se puede ver casi llegando al final, que éste antes de morir pide que lo ocupe Fortimbrás; mientras que en la presente historia ocurre a la inversa.

Son muchos los interrogantes, la ausencia o falta de identidad y los propósitos personales que tanto Fortimbrás como Hamlet pretenden llevar a cabo. Esto puede relacionarse con la Noche de 400 años, que se basó en la unión, casi obligatoria, que tuvo que llevar adelante Noruega -por su debilidad como país- con Dinamarca desde fines del siglo XIV, motivo por el cual ni todas las bebidas del mundo podrían ahogar las penas sufridas por este reino, aunque no hayan tenido la figura de un Rey (al fallecer Hamlet) que tome las riendas, e intentando manejarse de manera absolutista para exterminar a cualquier costo a quienes sí se suponía eran hostiles y capaces de tener el mando.

La noche en que Fortimbrás se emborrachó fichaMariela Verónica Gagliardi

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La humanización romana

El luto le sienta a Electra10

Siempre hemos escuchado hablar sobre el complejo de Edipo y, en menor medida, del de Electra. Llegada cierta edad o, prolongada la misma, un hombre se enamora de su madre y una mujer de su padre. Tan enfermizamente como puedas imaginarte.

“El luto le sienta a Electra” (escrita por Eugene O´ Neill y dirigida por Robert Sturua) junta ambos complejos -traumas-, los naturaliza y explota al máximo produciendo una tragicomedia con tintes de ironía y extravagancia.

Paola Krum es aquella muchacha que siente tanto amor por su padre, defendiéndolo hasta de lo indefendible. Ella es dulce, tierna pero con un alma un tanto venenosa. No solo es afín a su progenitor, sino que odia a su madre Clitemnestra (Leonor Manso). La detesta y todo lo que ella piensa, sienta o haga será condenado por su hija.

El personaje de Paola es, realmente, atípico y forma parte de una historia contemporánea, saliendo un poco del El luto le sienta a Electra13clasicismo -el cual tantas veces resulta monótono-.

Pero, ¿de qué se trata esta dramaturgia?

Justamente de muertes, venganzas, odios, problemas sin resolver y conflictos que quedarán como tales hasta que la parca se haga presente.

Electra no es una mujer ingenua sino todo lo contrario. Está ciega por el amor incondicional que siente y éste le hará cometer un crimen que si tuviera conciencia, no se lo perdonaría a ella misma.

Toda la historia gira entorno a esta situación, a su nulidad como persona y al bloqueo que tiene su mente para avanzar y procurar ser feliz o salir, al menos, al exterior.

A su vez, amenizan la narrativa unos coros personificados que -de a poco- se inmiscuyen en la obra de teatro, interviniendo de modo espontáneo.

Los diálogos mezclan un lenguaje épico y a la vez vulgar, mostrando un paralelismo entre dos épocas tan diferentes
como similares.

Por un lado los tabúes al estilo FreudEl luto le sienta a Electra7, siguen hasta la actualidad y la implantación de verdades absolutas que en cierto momento se afirmaron y de allí en más se repiten como intocables.

Con respecto a otro punto importante, en cualquier familia, las traiciones no suelen ser perdonadas y las venganzas llevadas a la práctica. Ambas cosas, antes y ahora operan de la misma forma y podrá cambiar alguna sutileza pero no su esencia.

Electra es la heroína, la que defenderá los valores de su destruido clan y su sonrisa resplandecerá -malvadamente- dándonos el mensaje de que es feliz así. Ella eliminará lo que no sea de su agrado y tomará lo poco que le quede como éxtasis para seguir viviendo.

Su hermano Orestes (Diego Velázquez), quien interpretará a un devastado Edipo, tendrá un retorno atroz de la guerra junto al padre (Héctor Bidonde). Esta unión como soldados despertará los celos de la hermana y la libertad de su madre -quien aprovechará para divertirse junto a otro hombre-.

Es una buena elección la de modificar y adaptar la Guerra de Troya a un formato más cotidiano, fresco y de telenovela.

El luto le sienta a Electra12

La guerra no tiene demasiada repercusión, solo la de traer al padre como triunfador, sano y salvo, demostrando cuán ridícula pueda ser la vida y en qué poco tiempo se puede ser velado.

También, esta adaptación le dará más humanidad y sentimientos a los personajes quienes no tendrán vergüenza de ser cobardes, de mostrarse como tales y de que lo que se supone de una forma termine llevándose a la práctica de otra.

Toda la trama es muy llevadera y un presentador -que interviene también en la historia- tiene un rol realmente para destacar ya que da el pié para cada fragmento como para que nadie se pierda ningún detalle importante.

El elenco es fantástico porque existe mucha heterogeneidad de edades, estilos y formaciones, lo cual hace que esta pieza teatral sea una puesta diferente y atractiva, combinando una escenografía lúgubre y conservando objetos que serán utilizados para hacer entretenida la obra.

De esta manera, la sala Casacuberta del Teatro San Martín, estrenó un clásico totalmente renovado y apostando a captar gustosamente a quien desee abrir su mente y corazón.

¿Te animás a viajar sin juzgar, solo observando y conociendo una nueva óptica?

ficha artístico-técnica El luto le sienta a Electra

Mariela Verónica Gagliardi

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