*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Carolina Bejar’

Minientrada

Elijo cantar como un pájaro

El ave1

Según el diccionario, la definición de ave es: Animal vertebrado, ovíparo, de respiración pulmonar y sangre de temperatura constante, pico córneo, cuerpo cubierto de plumas, con dos patas y dos alas aptas por lo común para el vuelo. Mientras que humano significa: Ser animado racional, varón o mujer.

¡Qué estructurados que somos los terrestres! Un animal con alas siente cosas y un humano es un ser racional. Piensa nada más. Pensar sin que el corazón medie. Acá está el verdadero problema del hombre.

Linda Peretz es la creadora de «El ave», un espectáculo musical protagonizado por Joaquín Soffredini, donde puede también dirigir al artista.

El ave no es una obra de teatro, a pesar de que se erige como tal. Joaquín despliega sus alas, transitando por muchísimas sensaciones y situaciones, a través de distintos géneros musicales. Como valor agregado, sonorizan el show una flauta traversa (Julián Vat), un piano (Demián Sielecki) y un cello (María Eugenia Castro); los cuales logran representar a los grandes clásicos como: Handel, Bizet, Mozart, Verdi, entre otros.

Acostumbrada a las propuestas del Maipo Kabaret, me sorprendió esta puesta en escena, totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados como espectadores. Con vestuarios confeccionados por Verónica De Lacanal, que le otorgan al cantante un esplendor divino. Él es un ángel que nace, transita la vida y celebra cada momento. No precisa de texto ni guiones ya que las propias canciones se encargan de narrar una historia mágica, donde prevalece el amor y el romanticismo.

Todas las melodías son famosas, lo cual permite que relajemos nuestra mente sin precisar comprender o traducir sus poesías. Podría existir un subtitulado para todo el espectáculo –como ocurre en una ópera- pero nos estaríamos perdiendo de la esencia de “El ave”, de sus movimientos de manos, de sus dedos que se conforman como alas, combinando el color blanco de la vestimenta con la pureza de su alma.

Este joven nos invita a un espacio tranquilo, lleno de paz, donde reina la alegría y donde existe solución para todo. No es habitual sentirse inmerso de tranquilidad durante un espectáculo, pero Linda Peretz encontró la fórmula precisa como para que sintamos. Es como un placer de los Dioses no tener que prestar atención a un guión, no escuchar micrófonos desafinados ni intentos de lograr algo que no se puede. Un lunes, un comienzo de semana y un hombre versátil, que sabe cantar, interpretar y colocar su voz más aguda o grave, según lo requiera la canción y elección escogida.

De repente, empecé a observar al público presente. Un público mayor, que disfrutaba de la música clásica y cerraba sus ojos. Ninguno de nosotros estaba sentado en una silla, sino que logramos viajar al paraíso, abrazados por él. Su pelo, su rostro, su modo de caminar y de moverse transmiten calma, serenidad y amor.

En cuanto al repertorio, interpretó: Nacimiento (Julián Vat), Il dolce suono (Gaetano Donizzetti), Una furtiva lágrima (Gaetano Donizzetti), Lascia ch’io pianga (Georg Friedrich Handel), Entreacte (Georges Bizet), Pur ti miro (Claudio Monteverdi), La reina de la noche (Wolfgang Amadeus Mozart), Renacimiento (Julián Vat), Alabama song (Kurt Weill / Bertolt Bretch), Habanera (Georges Bizet), Duo lakme (Leo Delibes), Voi che sapete (Wolfgang Amadeus Mozart), Concierto nº 3 en re menor (Wolfgang Amadeus Mozart), Mon coeur s’ouvre a ta voix (Camille Saint Saens), El oboe de Gabriel (Ennio Morricone), Va pensiero (Giuseppe Verdi) y Brindis de la alegría (Giuseppe Verdi). Durante, aproximadamente, una hora, los músicos recorrieron estilos y autores diversos, siendo dirigidos por el flautista Julián Vat -quien estaba en trance durante la función, vibrando cada palpitar-.

Carolina Bejar, como invitada, interpretó algunas de las canciones junto al artista y, también, se lució como solista.

El renacimiento abrió sus puertas para impresionarnos como una película de época.

Es bonito, a veces, estar en un show distinguido, donde prevalece la perfección, la sutileza, el esplendor, la educación, los buenos modales y saber que todos disfrutamos de eso.

Reiteradamente se escuchan comentarios de lo segmentaria que es la música clásica y la ópera. No creo que el estilo segmente o discrimine sino que salvo determinados medios, estamos invadidos por combinaciones de melodías groseras, chabacanas y que repiten lo ya descubierto miles de años atrás.

Quien no disfrute de lo clásico está en todo su derecho pero adoro poder estar, compartir, vivenciar un momento tan único e íntimo.

El Ave ficha

Mariela Verónica Gagliardi

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Minientrada

Un milagro para Navidad

Amahl1

Un gran abanico de propuestas, nuevamente, surge en vacaciones de invierno en Buenos Aires y, evidentemente, son pocos los adultos que emprenden el desafío de llevar a sus niños a ver y escuchar ópera.

“La noche mágica de Amahl” (de Gian-Carlo Menotti) fue la primera en su género que se solicitó para televisión en la Navidad de 1951. En ella, una niña y su madre, viven en una casa muy humilde y -la pobreza- les impide ser felices.

Amahl (nombre árabe que significa esperanza) pasa sus días utilizando una colorida muleta y jamás imaginaría que su pierna tendría posibilidad de ser curada.

Las voces -en esta función- de Luciana Larocca (Amahl) y Elisa Calvo (Madre), conmueven enormemente a los presentes. Después de haberlas visto en Hansel y Gretel, mi emoción y agradecimientos continúan.

Ópera en castellano, sin necesidad de leer subtítulos ni de esforzarse por comprender una lengua diferente a la nuestra, sumado a la escenografía que ejemplifica, perfectamente, toda la historia.

No hace falta ser creyente para disfrutar aunque, si lo sos, seguro se te derrama una lágrima.

Ella, como toda niña, tiene la fantasía y sensibilidad de pintar un mundo ideal. Amahl4Ni la falta de alimentos consigue
deprimirla. Amahl juega con su amigo imaginario, ya que no tiene otros reales. No es feliz, pero en cuanto ve la estrella de Belén, su suerte o destino cambia. De ahí en más, intentará hacer pasar a los Reyes Magos pero, la madre, cree que su hija está delirando.

Melchor, Gaspar y Baltasar; consiguen ingresar a la cabaña para bendecir a la pequeña. Aquí, una breve historia religiosa se narra pero, reitero, que no incomoda al no creyente sino que maravilla.

Los niños presentes no quitaron sus miradas de la escena. Ni parpadearon siquiera. Estaban presenciando una obra musical, compuesta por la Orquesta de Cuerdas de Monte Grande (la cual también incluye vientos y percusión) y, estas oportunidades, no se dan a diario.

Con la idea, producción y dirección de la talentosa Silvana D´Onofrio, se logra una unión interesantísima entre el elenco y los músicos -permitiendo disfrutar ambas disciplinas-.

Un punto a destacar es la claridad en las voces de los intérpretes lo cual no siempre existe en la ópera. Las inflexiones y movimientos que van desarrollando les permiten hacerse entender. Tanto las protagonistas como los Reyes, el Paje, los Pastores y hasta los niños; le dan un brillo a la dramaturgia que permite que el Amahl7sol reinante en el exterior continúe a nuestra salida.

Muchas veces se escucha decir que la ópera y la música clásica son para una élite pero considero que es en gran parte un mito caduco. Existen propuestas, inclusive gratuitas, por si ese es el condicionamiento. No lo creo.

Las personas se exluyen cuando no entienden y prefieren apartarse del camino.

El arte lírico se siente en el cuerpo. Cada vibración recorre las venas y los ojos, de a poco, consiguen el placer. Ese placer tan preciado que pinta una gran sonrisa melancólica.

La tragedia, siempre presente, nos recuerda que, en algún momento, el desenlace se avecina.

Amahl convierte sus sueños en la realidad más preciosa, aprendiendo a dar aquello que aún no sabe que dejará de necesitar.

ficha artístico-técnica Amahl

Mariela Verónica Gagliardi

El pase de diapositivas requiere JavaScript.