*** Agosto 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘canciones’

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El desafío de trazar el amor y la guerra

Las cartas sobre la mesa1

Ficha Las cartas sobre la mesaLas cartas sobre la mesa (escrita y dirigida por Héctor Presa) es la nueva propuesta, en musical, para adultos. Y, como cada verano, un nuevo desafío melódico creado por este admirable y talentoso artista, una vez más emocionó con su dramaturgia.

Con una escenografía minimalista que contiene aquellos objetos y detalles que permiten a sus actores tener la libertad de desplazarse a gusto por las tablas, utilizando solo en determinados momentos el accesorio que precisen para enaltecer cada una de esas escenas.

Porque, además de escoger a dos actores-cantantes excelentes y a un pianista (Esteban Rozenszain) para acompañar el itinerario; Presa tiene un don para escoger argumentos y saber por dónde indagar. En esta oportunidad, las cartas escritas de puño y letra son una invitación a realizar un viaje cargado de emotividad, de diferentes sensaciones, de melancolía, de dolor, de risas y de un encanto increíble.

Así es como Andrea Mango y Sebastián Holz, interpretarán a una serie de personajes y, cada una de las cartas, cobrará vida… como si estuviéramos en esa década precisa, en el lugar indicado y con la canción exacta.

Con una noche calurosa y el encanto del verano que se puede sentir en los jardines del Teatro Larreta, con su vegetación que oxigena y dota a la obra con un plus. Como un teatro de puertas abiertas que le permite al público ubicarse donde más le guste y, así, pueda disfrutar un espectáculo único.

Y, en referencia precisa a Las cartas sobre la mesa, se trata de una bienvenida a un universo casi abandonado en la actualidad y que, nos alerta, de todo lo que nos estamos perdiendo por reemplazar una pluma por la computadora, lo artesanal por la tecnología. Reemplazando la cercanía por un supuesto encuentro que será solo virtual y nada más.

Pero como mencionan los artistas, no es tarde para redactar una carta y enviarla de este modo.

Con respecto al repertorio escogido, realmente son muchísimas las temáticas que desfilan por el escenario pero me tomé el atrevimiento de elegir una variedad que data de este túnel del tiempo.

Así se podrá percibir a un Elvis Presley que no solo se cree sino que se siente un rey, el Rey. Entre vals (“Bandadas de recuerdos de un tiempo querido, lejano y florido que no olvidaré”), rock, milonga, melódico (“Lloras tú, lloro yo, y el cielo también y el cielo también”) y otros estilos de música, el autor va construyendo un territorio lejano en plato principal. Para un tipo de espectador pretencioso y también para quienes quieran disfrutar de una velada mágica, con voces supremas y melodías diversas.

Cartas que pretendían evitar guerras, conciliar. Cartas de amor y enamorados. Cartas egocéntricas. Cartas actuadas. Cartas que dicen en silencio lo que las voces no se animan. Cartas que recrean el mundo que fue, un archivo interesante que se puede revisar cuando se quiera y tenga tiempo. Cartas que permiten conocer el alma de su escritor. Cartas que pueden salvar…

Vestidos de gala, allí están, dando su amor por el arte, haciendo lo que saben hacer. Creando y recreando años que en nada se parecen a otros y, sin embargo, algún fundamento los concilia.

Tragedias y héroes, batallas perdidas y otras ganadas, documentaciones que consiguieron dejar huellas para poder jugar con ellas e inventar historias que les devuelvan la vida.

Un Da Vinci que, exageradamente, dota al pintor de su técnica o estilo, de su excentricidad, de quién era en verdad y lo que su personalidad un tanto rebuscada significaba realmente.

Estilos de redacción que develan quién es quién, que pretende volcar cada uno en una hoja en blanco para darse a conocer y conseguir lo que pretende o alejarse de su objetivo.

Porque un papel cerrado no es nada si no existe un investigador que se adentre en éste. Porque Presa sigue demostrando que su inteligencia y sensibilidad le dan la oportunidad de poner en escena todo lo que su imaginación le ordene.

Mariela Verónica Gagliardi

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Que dure lo que tenga que durar

Los últimos cinco años1

Existe una afirmación que gira en torno a que el amor dura para siempre, pero dicha frase es una de las utopías más grandes del universo. Así se trate de semanas, meses o años; nadie podría asegurar cuándo dos corazones dejarán de latir al unísono.

James Robert Brown utilizó su propio divorcio para crear un musical romántico, y dramático a la vez, llamado “The last new years”. Esta puesta en escena muy sencilla, tiene su gran apoyo en una orquesta en vivo (dirigida por Hernán Matorra), mientras dos cantantes se lucen en la historia. Tanto en teatros como próximamente en el cine, el desenlace amoroso es uno de los temas más recurrentes a la hora de escribir dramaturgias.

Como si se tratara de una sola gran canción, “Los últimos cinco años” (dirigida por Juan Álvarez Prado) integra anécdotas, momentos lindos, otros tristes y todo aquello por lo que atraviesa un matrimonio a lo largo de una relación.

El Teatro Metropolitan oficia de loft para que Jamie Wellerstein (Germán Tripel), un novelista en ascenso, y Cathy Hiatt (Luna Pérez Lenning), se deshaoguen como mejor les parezca.

Formamos parte de una cultura que consume muchísimos productos norteamericanos y, si bien, tiene varios puntos a favor; las traducciones, el estilo y la fidelidad en cuanto a todo el argumento no les permite a los actores relajarse del todo para componer a estos personajes con un tinte más argentino. Y al referirme a esto no estoy haciendo hincapié en que sea un error respetar fielmente un guión, sino de utilizar ciertas palabras que lograrían un mayor acercamiento entre elenco y público.

Habiendo leído o no sobre el musical, se puede observar a Cathy y Jamie en extremos opuestos del escenario. Dicho espacio es su propia casa y, por otros momentos, se convierte en lugar de trabajo, living, oficina, carretera, entre algunos de los originados.

Si dejáramos de lado, por un instante, la trama del musical, estaríamos en presencia de dos historias paralelas que no se cruzan sino hasta avanzada la dramaturgia. Se puede comprender este romance gracias a determinada información, bien específica, sin la cual no se entendería.

Pero, más adentrado el relato puede justificarse por qué tal desconexión es así: ella narra momentos de su carrera como actriz, las frustraciones que no le permitían triunfar y, puede vislumbrarse, que dicha mala suerte por llamarla de algún modo fue uno los motivos por los cuales su relación no prosperó.

Por el lado de él, la sonrisa y felicidad lo impulsaron a la fama y a encontrar el amor en otras cosas y personas.

No es de sorprender que ante desequilibrios o problemas personales, se afecte a la persona que está a nuestro lado. Esta es mi teoría y lo que mis sentidos pudieron observar.

Las canciones van y vienen, mezclando pasado y presente constantemente. Juntos o separados, ellos resumen sus momentos más importantes (positivos y negativos), intentando continuar de la mejor manera posible.

No quieren relegar su deseo de sentir esa sensación en el organismo que solo puede producirla el hecho de que alguien les guste. Estar enamorado se vuelve el tema más trascendente de “Los últimos cinco años” y las consecuencias de no estarlo produce lo que algunos podrían interpretar como lo más relevante: la ruptura.

Reminiscencias de algo que duró lo que tuvo que durar y una mirada profunda sobre lo que significa ser feliz sin sentirse fracasado.

Los últimos cinco años ficha

Mariela Verónica Gagliardi

Los últimos cinco años
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Boris Club para los más chicos

TODOS LOS SÁBADOS DE NOVIEMBRE – 16 HS.
LORENA MAYOL – MI TÍA ROCKERA

en Boris Club (Gorriti 5568 – C.A.B.A)

Lorena Mayol presenta “MI TIA ROCKERA”. Un recital para toda la familia donde los chicos pueden acceder a un show como a los que suelen ir sólo sus papás.

 

Un espectáculo musical donde Lorena y su banda (Maxi Alincastro en guitarra, Manuela Forero en teclados y voces, Juan Paihuen en bajo, Giulliana Merello en batería) tocan en vivo sus propias canciones, sumándole elementos escénicos ligados a un universo lúdico y de fantasía, con guiños teatrales que aportan un plus de entretenimiento y diversión.

A medida que suena la música los niños y adolescentes adoptan las canciones como propias, creando un universo propio de bailes, juegos y estrellitas de colores!

Mi tía rockera cuenta con Patricia Olivera (ex Carmelas), más músicos invitados de lujo y la participación especial de Las Sobrinas Lola y Valentina para pasar unas calidas tardes musicales de invierno en Boris Club.

Entradas $40.- VIP $100.-

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Musicalmente aprenderás

NoAvestruz, nos abrió las puertas para disfrutar del espectáculo “Lalá y el toque toque”, el cual además de convocar a muchos niños, llevó de cola a los adultos. ¿Como acompañantes de los más pequeños? Dejemos abierto el interrogante porque, a decir verdad, los grandes sabían a la perfección todas las letras de las canciones, aplaudían en el momento preciso, jugaban cuando los artistas lo proponían…

Y claro, “Lalá” se recomienda a partir de los 3 años, así que función a función, debe ocurrir que los padres les propongan a sus hijos, ir a ver la obra, y no a la inversa.

Pero, comencemos el itinerario musical: Osvaldo Belmonte (Piano y Dirección Musical), Juan Martín Damiani (Percusión), Roberto Seitz (Contrabajo), María Florencia Prieto (Violín) Jorge Caruso (Banjo); hicieron sonar de a poco sus instrumentos. De repente, las partituras empezaron a volar, como por una fuerte ráfaga de “El viento” (Pepe Iglesias “El Zorro”) y allí Karina Antonelli (Voz), apareció.

El repertorio de las canciones es para infantes ya que les enseña a rimar, a deducir antónimos de determinadas palabras, mezclan música clásica, tango y rumba con ritmos más pegadizos para niños.

Mientras Osvaldo, hacía sonar el teclado, le pedía a su musa inspiradora “Esmeralda rascame la espalda”utilizando distintas frases pegadizas, entrenidas y que rimaban entre sí como para ser asimiladas al instante. También disfrutamos “Toque toque”, el tema que nos dice que si no queremos bailarlo no lo hagamos.

Uno de los momentos más lindos fue cuando Karina, invitó a los niños a hacer una ronda, mientras recitaban las melodías, como para lograr empatía con el público.

A través, entonces, de distintos matices musicales, nos fueron transmitiendo una historia de amor, en la cual ella y el pianista se enamoraron.

Con respecto a la puesta en escena, fue sencilla y delicada. Uno de los objetos a los que más se remitieró la pareja fue, en distintas ocasiones, a una antigua radio. ¿Qué sonaba? Una voz (a modo de estrategia publicitaria) para entusiasmar a los niños a que compren los discos del grupo. Fue una buena forma de hacerles conocer que a la salida de la sala podrían adquirirlo si así lo deseaban.

“Lalá” es un producto perfecto, trabajado, seleccionado en cada uno de sus temas y canciones. Eso es lo que atrae también al público. No hay dubitaciones ni improvisación. ¿Esto es positivo o negativo? Depende del gusto de cada uno, muy en particular. A decir verdad, “Lalá y el toque toque”, parece un espectáculo trasladado de la televisión a las tablas. Solamente le faltarían algunos muñecos o personas disfrazadas y estaríamos en presencia de un programa de la pantalla chica.

Cuando tocaron “La bailarina”, Karina le cantó a una marioneta blanca y a nosotros, muy dulcemente. Dicha bailarina, en manos de su ama, fue mostrando los pasos de ballet e introduciéndonos en un mundo de fantasía.

Pero, otra gran instancia de la tarde surgió cuando llegó la canción “El monito” (Pepe Iglesias “El Zorro”) ya que en diversas estrofas tuvieron que niños y grandes, hacer estatuas y movimientos, guiados por la cantante. Si te equivocabas, eras reprendido por ella, así que no fue tarea sencilla copiar paso a paso.

Uno de los chicos, casi desde el principio de la función quería la canción de la polenta, pero con el calor que hacía, la banda no tenía demasiadas ganas de interpretarla. Finalmente, le dieron el gusto y por más gotas de sudor que tuvieron, entonaron “Y la fuerza que tiene” (Pepe Iglesias “El Zorro”).

Nadie pudo quejarse de nada, ya que complacieron los caprichos de cada uno. Hasta uno de los niños, en un momento corrió a tocar el piano de Osvaldo.

Hubo entusiasmo, alegría y ganas de volver por segunda, tercera o vaya a saber uno, quizás cuarta vez.

Quedan cuatro funciones más, para que aprendas las canciones y conozcas a este gran grupo de concertistas. ¿Te lo vas a perder?

Equipo

Escenografía: Valeria Abuin

Diseño sonoro: Nicolás Diab

Voz para locución de radio: Eugenia Alonso

Vestuario: Ana Algranatti

Iluminación: David Seiras

Coreografía: Ana Padilla

Dirección de títeres: Daniela Calbi

Diseño gráfico: Eduardo “Bochi” Tunni

Prensa: Luciana Zylberberg

Producción: Lalá y Gonzalo Guevara

Asistencia General: Graciela Gallelli

Dirección: Karina Antonelli y Luciana Zylberberg

Mariela Verónica Gagliardi

 

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El pueblo necesita recordar

A las 00.30 am finalizó uno de los recitales más sensibles de la historia del rock argentino. Por qué utilizo el término sensible. Porque Nito Mestre junto a Eduardo Gatti, entonaron himnos muy arraigados en nuestros pueblos (el argentino y el chileno). Dos sociedades muy maltratadas, durante varias décadas, pero que, sin embargo, pudieron mantener unidas y vivas sus raíces, gracias a las distintas estrofas que nos caracterizan.

Desde casi las 22 hs, en Boris Club (Gorriti 5568) pudieron dar comienzo a un show increíble y colmado de espectadores que sabían a la perfección cada canción. Escuchamos algunos temas de Sui Generis como “Aprendizaje”, “Rasguña las piedras” y “Quizás porque”.

También hicieron un recorrido por temas como “La forma de mi corazón” – versión en castellano de “Shape of my heart” (Sting), que proximamente saldrá en el nuevo disco de Nito; “Para qué decir”, “Flores en el mar”“Naomi” (de Eduardo Gatti). Tocaron “El fin del mundo”, titulada de esa manera ya que hace alusión, justamente, a todas las predicciones que se venían haciendo hace tiempo sobre los últimos momentos de vida en el planeta tierra.

Del disco Colores puros (1999), tocaron: “La verdad”,  “Te adoro desesperación” (Fito Páez) y “Los momentos”.

Con respecto a Gatti, se pudo lucir con varias canciones como: “Huecos del sol y de la luna”, “Francisca” y “El viaje definitivo”, entre otras. Su voz tuvo y tiene una característica especial que conmueve. Su dulzura al entonar cada palabra, acompañándola con su guitarra y cada expresión en su rostro, nos hizo viajar junto a él, descubriendo nuevos paisajes.

“Quiero paz” fue uno de los pedidos más sinceros que se le pueden escuchar a un hombre: “Quiero una pausa, quizás morir de amor en tu mirada. Sin pasado, sin presente que me juzgue”.

Es notable cómo el paso del tiempo hace que una tierra que sufrió mucho, desee calma, armonía y siempre: amor.

Y con respecto a esta temática, nos presentaron la canción “Los ojos del pueblo”, que grabaron para una película de Puerto Rico. Dicho film tratará sobre el periodo Pre-olímpico. Cabe aclarar que antes de cantarla nos dijeron que podíamos salir corriendo o quedarnos gustosos. Se imaginan que los aplausos no alcanzaron para homenajearlos.

Si bien los músicos no figuran en el afiche principal, son fundamentales sus participaciones porque, no solo le dan sostén al recital, sino que conforman a la música, al arte por interpretar los sonidos y transmitirlos a un público exigente.

Lejos de habernos producido nostalgia, nos llenaron el alma de alegría y asumiendo el pasado, supimos ser felices en nuestro presente llamado: vida.

Músicos que tocaron:

Voz, guitarra, flauta traversa: Nito Mestre.

Voz, guitarra: Eduardo Gatti.

Guitarra y coros: Ernesto Salgueiro.

Teclados y coros: Fernando Pugliese.

Guitarra, bajo y coros: Eduardo Cautiño.

Percusión: Jonatan Szer.

Mariela Verónica Gagliardi

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UN RECITAL CONTRA EL MIEDO

Cuando se hace de noche y tu hijo tiene que ir a dormir, seguramente te pide que le dejes una luz prendida o el velador. Sino, le deben dar ganas de meterse en la cama grande.

¿Es de los que miran debajo de la cama para ver si hay un monstruo o fantasma?

¿Las arañas e insectos le asustan?

No está solo y no es el único que pasa por esto. ¿Crees que no tienen solución sus miedos?

Si lo llevás a ver la obra de teatro “Canciones para no tener miedo”, se convertirá en valiente y no vas a poder creer cómo, después de una hora, es otro niño.

¿Tan fácil es? Sí. En el Taller del Ángel (Mario Bravo 1289 – C.A.B.A), los sábados a las 17.30 hs, te vas a dar cuenta que es así como te digo.

¿Le gustan las historias? ¡Buenísimo! Porque un grillo super temeroso, desea conquistar a la princesa, pero hasta no derribar sus pánicos, no podrá hacerlo.

Elisa López Oroño es la actriz que va hilando todo el relato de la obra con su excelente voz y habilidades.

La acompañan: Diego Mazurok que interpreta al Grillo Rey en el cuento, Rodolfo Fernández Lisi a cargo de la guitarra e interpretaciones de diversos personajes y Agustín Lumerman que, gracias a su batería, le da ritmo a la historia.

A partir de un cuento se  les enseña a los más pequeños cómo convivir con los típicos temores de la niñez y, hacerles frente, en vez de huir.

Los cuatro músicos se desenvuelven de maravillas en el escenario y su espontaneidad es captada por el público que, en todo momento quiere subir junto a ellos y sus padres tienen que ir a buscarlos, corriendo. Producen una ola de energía positiva y de festividad durante los 60 minutos. Son muy talentosos y esto se reluce en cada palabra, en cada gesto, en cada expresión. Su profesionalismo los conecta con los niños que desean, ansiosos, seguir cantando y bailando todo el tiempo.

A través de las canciones temáticas que se van sucediendo durante la narración, los chicos podrán asimilarlas, aprenderlas y reírse de todo lo malo que les pudiera ocurrir en su infancia.

También, los juegos – indispensables para las criaturas – los transportarán a un mundo lleno de alegría, en el cual deberán ayudar a los protagonistas de la historia, a superar cuatro pruebas relacionadas con los miedos. Cada prueba que se vaya conquistando, tendrá su recompensa y se deberá llenar un valientómetro. Una vez que este aparato se complete con valientines, la misión se habrá cumplido.

¿Querés saber si el grillo podrá cumplir las pruebas y conquistar a la princesa que tanto quiere? ¿Te gustaría ayudarlo? ¡Sacá tu entrada y participá!

La obra está recomendada para niños de 3 a 7 años.

Música original: Valor Vereda

Vestuario: Betanha Almendra

Escenografía: Valor Vereda

Valientómetro: Federico Klarich

Prensa: Ayni Comunicación

Producción y Dramaturgia: Valor Vereda

Dirección: Maximiliano Trento

Reservas: 4963-1571
Entradas $40

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UNA NOCHE FRÍA Y MUSICAL

El miércoles 4 de julio, estuvimos observando a un actor, cantante y cómico llamado Dan Breitman. Sí un gaucho judío que se ríe de las costumbres de la colectividad y sus comidas, así como también de sus ritmos.

La cita fue junto a “Ciclotimia musical” que se presentó en los escenarios de Velma Café (Gorriti 5520 – C.A.B.A).

Este personaje nos hizo viajar junto a él, desde su infancia hasta la actualidad, con un guión excelente en el cual la trama estaba integrada por canciones (muchas de ellas cambiadas) y algunos monólogos que sirvieron de enlace entre tema y tema.

La banda de música, que forma parte del elenco de la obra está integrada por: Daniel Pragier ( Piano y dirección musical), Rodrigo Genni (Batería), Juan Huici (Bajo y contrabajo) y Martín Rur (Saxo y clarinete). Este equipo de talentosos fue el responsable de transitar junto al cómico, todos sus pormenores, sensibilidades, alegrías y enojos.

Dan, es ciclotímico, ansioso, pasional y muy querendón. Busca explayar todo su arte y simpatía a través de su actuación, sacándose las ganas de interactuar con la gente, creando complicidad. Dice que le gusta el fútbol, pero solamente se viste como jugador y es el encargado de llevar los sandwichitos y ropa para sus compañeros del plantel.

¿Pero cómo es la ciclotimia de nuestro actor? Más que ciclotimia se la podría llamar bipolaridad pero a un nivel gracioso, ya que sus cambios de temperamento se notan minuto a minuto. ¿Cómo lo notamos? Justamente a través de las canciones: pasa de una cumbia a un bolero, luego de un tema infantil a uno de Bárbara Streisand, para luego interpretar a Charly García.

Sus cambios bruscos de ánimo, les aclaramos que los está tratando con su psicólogo hace 25 años. O sea, desde una edad muy temprana, – ya que tiene 29 – su madre se encargó de llevarlo a un profesional que lo “ayudara”…

Pudimos conocer uno de los sueños de Dan, desde pequeño, que era disfrazarse de la famosa negra que vende mazamorra en la época colonial. Y esta vez, adelante de todos nosotros, consiguió la vestimenta adecuada. Feliz, radiante y lleno de luz bailó incesantemente.

Las risas, carcajadas y aplausos, cada vez que terminaba un sketch, nos hicieron entrar en calor.

Producción general: Dan Breitman y Daniel Pragier.

Vestuario y utilería: Paula Kipen y Paz Poulastrou.

Colaboración en guión: Alejandra Bavera.

Asistencia general: Javier Schvindlerman.

Quieren disfrutar, dejarse llevar por un mundo fantástico y alegre? Entonces, pueden ir a ver este show los miércoles a las 21.30 hs.

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CASI NORMALES

El domingo 1° de julio estuvimos en el Teatro Apolo (Av. Corrientes 1372 – C.A.B.A), con “Casi Normales”.

¿Como se logra ser casi normal? ¿Alguien es normal?

Una familia compuesta por un matrimonio joven y dos hijos adolescentes (uno de ellos fallecido desde pequeño), llevan adelante sus vidas llenas de trabas, alegrías, mal humor, ambición y la idea de parecerse un poco a cualquier otro clan.

Diana (Laura Conforte), es ama de casa, sufre de bipolaridad, diganosticada hace como 20 años como consecuencia de un shock emocional, y por momentos sus días son comunes… pero por otros, el terror se apodera de ella y cree ver y escuchar a su hijo fallecido Gabriel (Matías Mayer). No puede desligarse de esa relación tan fuerte que tiene con él y es esto lo que le impide de ser feliz con el resto de su familia. Sus horas transcurren junto con la toma de diversas pastillas, que no le sirven para solución alguna.

Su marido, Dan, (Alejandro Paker), intenta obviar el problema psiquiátrico de su mujer, no haciéndole ningún favor a ella, y tiene una excelente relación con su hija pianista, Natalie, (Manuela del Campo).

Esta pequeña sueña, como toda joven, con ganar un concurso de música pero tiene ciertos altibajos por convivir con su progenitora tan desequilibrada. Algo que la “salva” es conocer a un chico que la adora y admira. Juntos, de novios, van colmándose de alegrías y se apoyan mutuamente.

Pero, ¿se imaginan todos estos conflictos, sinsabores, desequilibros, amores y desencuentros, contados con canciones? El hecho de ser una comedia musical es lo que hace que los dramas que se avecinan, no sean tan trágicos.

Al mejor estilo Broadway, un escenario iluminado en tonos azules y que cambian según la historia, nos invitan a conocer una estructura de dos pisos en la cual cada ambiente es un escenario diferente donde transcurre la obra. No hay que imaginarse, como suele ocurrir, dónde están los actores, sino que cada espacio está perfectamente decorado, iluminado y caracterizado.

Volviendo al tema central de Casi normales, la inexperiencia del hombre de la casa y su caracter débil, provocan una situación no grata: el médico de ella (Mariano Chiesa), aconseja hacerle un tratamiento por poco tiempo, basado en electro shock. Su pareja, acepta, sin reparar en los daños que le podría causar la misma.

Una vez que es internada en la clínica, se sumerge en un túnel lleno frialdad y, después del cual, nunca volverá a ser la misma.

Su salud pasa a estar más equilibrada pero sus recuerdos son olvidados casi por completo, pasando a tener una vida en la cual no sufre pero tampoco vive plenamente.  Su mente está en blanco y su fiel esposo, hasta ese momento, abandona la casa.

A mi parecer, esta puesta en escena no es recomendable para niños. Los repertorios, si bien son compañados por una banda excelente y cantados por estos actores super acostumbrados al terreno musical, contienen información que no debería volcarse a los menores por ser muy fuerte.

Esta obra, es un fiel reflejo de lo que ocurren en muchas sociedades cosmopolitas en las cuales se decide “ayudar” al “enfermo”, como aconsejan los médicos, en vez de fijarse qué es lo que necesita de verdad la persona.

Es muy conmovedora la trama, el guión y cada una de las canciones que nos pasean por un mundo conocido y palpable en estos tiempos contemporáneos.

Música: Tom Kitt.

Libro y letras: Brian Yorkey.

Dirección general: Luis Romero.

Dirección musical: Gaby Goldman.

Director asociado/creativo: Diego Jaraz.

Director creativo: Marcelo Kotliar.

Dirección vocal: Ana Carfi.

Escenografía: Marcelo Valiente.

Dieseño de iluminación: Marco Pastorino.

Diseño de sonido: Rodrigo Lavecchia.

Vestuario: Pablo Bataglia.

Asistente de dirección: Cristian Aguilera.

Prensa: Furgang Comunicaciones.

Producción ejecutiva: Pablo Tubío y Nazarena Bredeston.

Producción general: Javier Faroni.

Duración: 2 hs 40′.

Mariela Verónica Gagliardi

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