*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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¿Ponerse en los zapatos del otro?

Lo lindo de calzarse es pisar en cualquier lado (escrita y dirigida por Julián Rodríguez Rona) es una canción a la vida. Pero a la vida del planeta de los vivos, que estamos con los ojos abiertos deseosos de palpar con las manos la naturaleza, de respirar fragancias y de descansar sin justificaciones. De indagar por doquier y abrazar lo que sintamos como propio e imprescindible.

Esta dramaturgia es pura melodía a pesar de no convertirse en musical. Porque las palabras son dichas pero los cuerpos generan movimientos, como las notas y su ritmo. Porque pareciera ser un long play con varios tracks que se continúan, teniendo reminiscencias del amor, pero también del abuso, del trauma, de la soledad, de la angustia, del deseo y de tantas cuestiones que se nos pegan a los mortales sin saber cómo quitarlas de encima.

Esta obra de teatro es un placer. Como esas pociones mágicas que pretendemos beber para convertirnos en otros capaces de afrontar lo que no nos animamos.

Lo lindo de calzarse… brinda códigos para que los espectadores juguemos a ser parte de los diferentes microrrelatos. Porque esa es una de las principales aventuras en la que se embarcan los tres actores: en la de ser ellos mismos pero, también, otros. Al ponerse en los pies de “otro”, pueden intentar sentir como tal o distanciarse finalmente. El juego de roles que uno investiga (inconscientemente) cuando es chico y que, se “olvida”, en la valija de la niñez creyendo que es lo que corresponde hacer.

Cuando el río sube, la pasión los enamora pero, cuando baja, todo parece convertirse en un paisaje turbio y lleno de sensaciones tensas e imposibles de digerir.

La escenografía de cartones corrugados es un acierto gigante, que acompaña cada uno de los diálogos, el avance y retroceso, la posibilidad de ubicarnos en tiempo y espacio, de derribar obstáculos o de, simplemente, colocarlos en el lugar que correspondan.

Adoré la puesta en escena por ser tan sencilla y eficaz. Por permitirle a los artistas desplazarse libremente y sin tener que trasladar mobiliarios. La liviandad de los cartones les permite seguir danzando por donde sus cuerpos les pidan, por correr o avanzar en la dirección y a la velocidad que se sientan impulsados a hacerlo.

En cuanto a las interpretaciones, no puedo más que felicitar a todo el elenco, junto su autor/director que supieron otorgarle brillo a esta aventura por el Delta. Una aventura que comienza desde el principio de un viaje que no tiene fin, que se basa en contemplar el afuera y el adentro, en disfrutar de unos versos y del silencio mismo.

La cadencia de cada escena demuestra que cuando se tiene talento se pueden convertir las palabras en actos, las miradas en caricias y la música en poema.

Esta obra es gigante porque invita a la reflexión y al autoconocimiento (sin el cual es imposible de hallar la identificación). Los paisajes se construyen sonoramente y todo lo visual correrá por cuenta de cada imaginación. De hecho, me sorprendí gratamente. Por momentos observaba el agua moverse y unas olas que rompían contra el muelle.

Como pequeños cuentos que se entrelazan entre sí, en un punto de encuentro real o soñado. Como cuando uno cierra los ojos para recostarse sobre su pareja e imaginar el mundo o transformar la realidad.

Disfrutable de principio a fin, para sentir, relajarse, tensionarse y angustiarse. Porque estos sentires y otros estarán presentes como un abanico que se abre -a cada momento- para compartir una bocanada de aire fresco o brumoso.

Lo lindo de calzarse es estar dispuesto a atravesar diversos tipos de terrenos y quedar en pie, sin hundirse por completo. Nadando, reflotando y encontrar la manera de llegar a la superficie. Porque el amor es el único capaz de transformar una realidad en otra por más temporal que pueda desatarse.

Mariela Verónica Gagliardi

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ES POSIBLE CONSEGUIR LO QUE BUSCAMOS

A partir de una idea, que surge en sus cabecitas, dos grupos de amigos desean recorrer un mundo de fantasía y habitarlo.

Lili (Mercedes Torre) es una joven que, dulcemente, intenta lograr su sueño junto a su amiga, Marinette (Victoria Baldomir).

Ellas, con una valija enorme le preguntan a un joven llamado Moc (Andrés Caminos), cómo llegar a la Calle 16. Él les da unas indicaciones totalmente rebuscadas para encontrar el lugar y, su amigo, Poc (Gadiel Sztryk) es el que le informa que también soñaron con dicho espacio, y se encaminan para el maravilloso sitio. Ellos, tienen exactamente la misma valija que sus contrincantes (hasta ese momento) pero de otro color.

¿Quieren saber que hay dentro de ambas valijas? Simplemente dos objetos iguales que les servirán para comunicarse entre sí.

¿A dónde los conducirán tantas coincidencias?

El conflicto aparece cuando ambos pares empiezan a hacer un reconocimiento de su mundo ideal y se dan cuenta que, por egoísmo, no pueden estar todos allí. ¿Cuál es la solución que encuentran? Justamente hacerle una trampa al bando contrario y lograr que se vaya. Primero se intentan asustar con máscaras que simulan ser monstruos, pero la cuestión es que se les ocurren las mismas ideas.

¿Ficción o realidad?

Hasta que a una de las chicas se le prende la lamparita y decide contratar a un vendedor para que ponga a su nombre el terreno. El tema es que como es un lugar imaginario es imposible lograr el cometido y la escritura.

¿Cómo conseguirán «adueñarse» de lo que quieren?

Los actores van acompañando toda la trama de esta historia con repertorios musicales especialmente dedicados a los caprichos, al egoísmo y, finalmente, al amor.

La inocencia del relato, la magia en la música y las actuaciones – al estilo teatro 100% – nos llevan de la mano por este paraíso, llamado «El mundo es mío».

¿Será posible adueñarse de un lugar imaginario? ¿Cómo conseguirán disfrutar los cuatro protagonistas, sin pelearse?

El mensaje que nos da esta obra de teatro es que, ser solidario con los demás nos aporta cosas positivas y, aprender a compartir, es lo más lindo que hay. Sobre todo cuando surge el enamoramiento.

Los textos son de Luis María Pescetti.

Se recomienda asistir a partir de los 4 años de edad.

Podés ver la obra los domingos a las 16 hs.

Teatro El Tinglado – Mario Bravo 948.

Duración: una hora.

Precio de las localidades: $50.