*** Mayo 2020 ***

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Entrevista a Soledad Pérez Tranmar

Soledad Pérez TranmarSoledad Pérez Tranmar es bailarina de danza clásica, contemporánea, con una trayectoria para deleitarse, habiendo estudiado en Alemania y Argentina, entre otros. Es profesora de danza, coreógrafa e intérprete y formó parte de espectáculos como: Línea de tiempo, Redirigida, Esta, El Barco; por citar algunos de sus últimos trabajos.

Actualmente está a cargo de la Gestión, dirección artística y curaduría de la Casa del Bicentenario junto a Jimena García Blaya y Valeria Martínez.

Este gran trío artístico junto un equipo conformado por artistas muy talentosos, se aventuraron en lanzar el FIDE y adaptarlo al formato digital, al menos mientras dure este aislamiento social obligatorio.

Me encantan los festivales porque se respira un aire a familia, a lazos, al compartir con conocidos y desconocidos. En esta oportunidad y por ahora el Festival de Danza Emergente será de manera virtual. 

¿Cuándo comenzaste a gestar el festival y cómo tuviste que adaptarlo a la plataforma on line?

El FIDE (Festival Internacional de Danza Emergente), que se va a realizar en la Ciudad de Buenos Aires, vía internet; en un principio, este festival iba a ser de manera presencial y era el resultado de un proyecto arduo de trabajo, de gestión y (como desde marzo se determinó este aislamiento social necesario) tuvimos que tomar una determinación.

La Productora de este proyecto es Jimena García Olaya (artista y gestora) junto a Valeria Martínez (convocada por Jimena) para que trabajemos juntas las tres en esta nueva edición 2020.

Tuvimos que convocar a los artistas para preguntarles si querían participar igual y ver cómo adaptar a la plataforma on line el festival (que sigue siendo un desafío). La cuestión de presentar una obra que en realidad está hecha para ser vista en vivo eso, obviamente, no podía ser. Es decir, no íbamos a poner el registro de cámara fija que normalmente mandan los artistas a las convocatorias, no es tampoco video-danza, no es cine… entonces, lo que propusimos fue que ellos hablaran de sus propias obras -de una manera casera, de algo que es posible de hacer y que, sobre todo lo pudieran disfrutar sin ningún tipo de exigencia artística-.

Las decisiones fueron tomadas en un tiempo muy acotado, nos acompañamos todos nosotros con los invitados (un acompañamiento importante, desde todo punto de vista). Todos los festivales tienen que ver con el encuentro, con conocer gente. Es algo festivo en que se vinculan los trabajadores de la danza, de la cultura y que eso, pueda seguir sucediendo en el futuro. Crear redes, de contención, en ese sentido. Lo interesante es, también, llevar esto más allá del festival. 

El objeto virtual es un medio interesante (pero nosotros nos resistimos a que sea el único, por más que ahora sí es el único) pero lo nuestro es presencial. Hay acciones del festival que son muy interesantes como, por ejemplo, el encuentro de gestores-artistas del país y, también, del exterior; junto con los creadores para poder crear esos lazos tan importantes y ese conocimiento de lo que está sucediendo del norte del país, sur, este, oeste; y, también, afuera. Compartir eso: cómo es el trabajo, cómo es el entorno donde estás, qué proyectos tenés a futuro (con la pandemia incluida), qué imaginás, qué pensamientos hay. También, es posible, hacer conferencias, encuentros entre artistas (por Instagram, por Youtube). 

Lo que nosotros queríamos era que el festival se hiciera (a través de internet), y que, aunque sea se mostrara que ese festival era el que no pudo ser pero el que es ahora.

¿Cuáles son las áreas y formatos de la danza que podremos disfrutar del 11 al 16 de mayo? 

Va a haber una grilla con todas las actividades que se va a producir del 11 al 16 de mayo. Son muchas las performances que se van a ver. Si bien el artista habla de su obra, lo hace de una manera performática. Otros han tratado de hacer una experiencia concreta de lo que es su obra (a través de internet). Por ejemplo: un grupo utilizó el Zoom para bailar y mostrar esa coreografía escénica. 

Hay muchos artistas fantásticos, de Bahía Blanca, Mendoza, Buenos Aires, Uruguay, Brasil, España, Colombia. También va a haber un discurso que se va a llamar “Materia crítica” (conformado por investigadoras y teóricas que van a intervenir desde la palabra. Va a haber citas nocturnas, encuentros virtuales con invitados sorpresa (a través de Instagram), etc.

¿Como organizadora del FIDE qué sentís al crear arte en medio de la cuarentena? ¿Podrías decir que es como el yin y yang?

Habría que preguntarle a los artistas que han hecho sobre sus trabajos una nueva mirada, con una restricción grande que es sí o sí a través de internet. 

Te puedo decir que es para mí, en estos momentos, estar en esta situación de organizar, coordinar, acompañar (como están mis compañeras Jimena y Valeria, en distintas áreas) me obliga a pensar que tengo que hacer algo para otros y eso a mí me pone mucha pila; sobre todo para artistas que están aislados como yo y escuchando lo que les pasa (y lo que me pasa a mí) me permite estar en comunicación con otras personas, en vínculos, en saber de las otras vidas, empatizar.

Pensamos en la situación de urgencia en el colectivo de la danza, de la cultura, de los que viven (sobre todo) de dar clases. Vemos acciones muy concretas como, por ejemplo, que están juntando comida para colegas. Y, en general, lo que se visibiliza (porque esta es una situación impensada) es lo frágil que es vivir del arte y de la danza. No tenemos sindicato que nos proteja, también el tema de la jubilación… Son muchas cosas que faltan y está bueno ir trabajando todos juntos con los gobiernos para proyectar esto también. Y, ahora, en la urgencia, es comida ahora, es ahora.

¿Qué podrías transmitirle a la gente sobre esta gran oportunidad de ser parte del Festival desde su casa?

Invito al público a ver otra cosa en internet (si bien está sobresaturado de información, de materiales, de contenidos); a una posibilidad de estar, de ver primero trabajos preciosos, a artistas increíbles. Ver el deseo, ver las ganas, estar con otros que puedan también sensibilizarnos (desde los sentidos), a pesar de la pantalla (cómo se puede materializar algo de esa pantalla). Y, desde el festival, tenemos unos contenidos y propuestas desde lo personal (porque lo que queremos es que se vean personas). No artificio en sí, más que la computadora, el celular. Es un festival personal, de las personas. 

¿Es posible crear un sub-mundo que nos rescate del caos reinante?

Sí. Podría ser sub-mundo, podría ser en realidad visualizar más este mundo. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué estamos en esta situación? ¿Por qué hay tanta desigualdad? O sea, que estas situaciones límites donde la restricción es evidente, obliga (de alguna manera) a mirar otras cosas. Entonces, si esos pueden ser sub-mundos: son sub-mundos. Cómo ampliar esa mirada. Yo creo que es un trabajo, desde muchas áreas, de lo que es el Estado, el Gobierno, los artistas, las personas. Nosotros laburamos muchos y nos hacemos pelota el cuerpo. Es mucho laburo no reconocido. La danza es como la relegada de las artes. Bailás. “¿Y de qué trabajás?”. Todavía esa frase existe. Por eso se dice: “Yo bailo, yo trabajo”. Son frases muy importantes.

Mariela Verónica Gagliardi

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Esclavas blancas

La Varsovia1

A fines de 1930, la capital de Polonia se constituía como la ciudad más grande del país. Su grandeza abarcaba a 350.000 judíos que se caracterizaban por su despliegue cultural e inteligencia. Después de Nueva York, venía Varsovia, ocupando el segundo puesto en cuanto a demografía de dicha religión. Lamentablemente, tres años después la población se redujo a un tercio.

Llegando a la siguiente década, los nazis comenzarían una de las masacres más tenebrosas de la historia mundial: el ghetto. Cuando las tropas alemanas ingresaron a Varsovia, no solo terminó la cultura sino gran parte de esta sociedad judía que el único pecado que cometió fue ser judía según los ojos nazis.

Esta es una historia, de género dramático, que une a dos mujeres muy diferentes entre sí, que están viajando de Varsovia (Polonia) a Buenos Aires (Argentina). Durante el viaje surgirán demasiados conflictos que la serenidad de las aguas no podrán menguar.

La Varsovia” (escrita por Patricia Suárez y dirigida por Liliana Adi) une dos épocas tan distintas como similares.

Ambientada en los años 30’, todo lo que sucede no pierde vigencia.

Como tema más a flor de piel y polémico, se ubica el de la prostitución. Pero, en un comienzo parece tratarse de una simple rivalidad femenina, en que un hombre es el centro de disputa. Aunque en cuanto la obra sigue su curso y la música decora las escenas, Mignón (Silvana Rosón) y Hanna (Lena Simón) se cuentan las costillas. Una adulta y, la otra, muy joven, hablan de dicho hombre que no es ni más ni menos que un cliente.

¿Puede existir amor en una relación en que el cuerpo es tomado como objeto y por el cual se paga para obtener placer?

Esta es la historia que, de manera bidimensional, muestra a una Mignón rígida, fría y dura; que, simplemente, traslada a Hanna hacia los brazos de ese hombre.

Todos, desde el público, maldecimos las conductas y dichos de la primera que se regodea de la fragilidad de la segunda.

Y, por qué hablo de bidimensionalidad. Justamente, porque la dramaturgia no transcurre solo en la proa del barco sino que vivenciamos –gracias a la iluminación y melodías- momentos en que las damas bailan, en que se conocen con otras personas y en que las figuras se fusionan con sus sombras para justificar que, ambas, son seres tan oscuros y tenebrosos como manipulables.

Una excelente escenografía, súper artesanal –constituida por maderas superpuestas-, un vestuario blanco y delicado, un texto deleitoso y atrapante, al que se le une la dirección precisa y fina de su directora; permiten que “La Varsovia” sea una propuesta justiciera y artística de alto vuelo.

Varsovia, la ciudad más grande de Polonia, que comenzó con la trata de blanca (denominadas en Europa como esclavas blancas) incluso antes del Siglo XX y, antes de recibir esta denominación moderna. Es durante la primera oleada inmigratoria de Europa a Argentina que se encontrarían los primeros movimientos que involucrarían a tantas víctimas engañadas y cegadas, llevadas a América para un mejor porvenir.

Mignón, del mismo modo, seduce con palabras a Hanna –creyendo en su ingenuidad-; hasta que el discurso de Hanna deja en evidencia el poder con que se hilvanaban las peores desventuras.

Raquel Liberman, fue una valiente mujer que tuvo las agallas para denunciar en 1926 a la Sociedad de Socorros Mutuos (bajo la que se escondía la organización Zwi Migdal), insistiendo varias veces con información precisa como la que se refiere a dicha agrupación con el nombre de Varsovia.

Nuestra querida Ciudad Porteña, 5 de enero de 1875, sanciona la primera ley referida al ejercicio legal de la prostitución, bajo la que solo se controlaría médicamente la salud de estas mujeres.

Recién adentrada la década del 30´, década en que se desarrolla la presente obra, se decreta la ley 12.331, gracias a la cual se cerrarían los prostíbulos existentes en capital federal y prohibiría la actividad en todo el país.

Casi un siglo después, no se consigue, realmente terminar con este negocio tan macabro que día tras día sigue cobrándose las vidas de mujeres que, en su mayoría, son engañadas con palabras prometedoras. Estas mujeres de antes y de ahora, son mujeres y merecen ser consideradas como tales.

ficha La Varsovia

Mariela Verónica Gagliardi

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Una fiera escondida

La piel de manzana

Como fruto prohibido, como fruta bella y embalsamada, allí está cada una de ellas. Con diferentes tamaños, sabores y formas no exactamente idénticas. Como fruta utilizada en cuentos como Blancanieves en que se mordía y envenenaba la princesa, como origen de muchas ideas no desarrolladas completamente y como, también participada en cuadros de naturaleza muerta.

Flora (Cecilia Cósero) y Bruno (Federico Marrale) son las protagonistas de una obra de teatro en que se puede vivenciar todo lo natural e inminente de la conducta humana: “La piel de manzana” (escrita y dirigida por Gustavo Lista).

Son muchas las escenas que se suceden a lo largo de esta historia y es que, a lo largo de la misma, se verá a una Flora totalmente voraz, salvaje y sin miedo a nada. Así como a un Bruno amenazante, temeroso e inmaduro.

Existen varias lecturas para realizar sobre la puesta en escena y narrativa. Por un lado, se ve a flor de piel el feminismo encarnado por Flora que, a cualquier precio, muestra y demuestra su condición de hembra y mujer en su casa y en la sociedad. Ella vendría a ser como una heroína de los derechos de todas, flameando una bandera imaginaria que estaría simbolizada por los cajones de manzanas.

Por más desconectado que pueda sonar esta comparación, son estas frutas las que significan cuerpos de mujeres, con una piel suave, fina, brillante y que, sin embargo; se puede raspar, herir y romper en cuestión de segundos.

Una tras otra, son tiradas por Bruno al piso, como descartándolas, como quitándoselas de encima y sacándose del pensamiento todo lo que a ella le pueda dar felicidad absoluta.

Por otro lado, está presente la obsesión -más por parte de él que de ella- por amenazar a su ser querido y, desde ese lugar, conformarse con la piedad o lástima. Las acciones desarrolladas por Bruno no son sanas para ninguno de los dos y, viéndolas desde otro ángulo, son violentas.

Hay varios simbolismos incluidos en la dramaturgia. Uno de ellos es la función que cumple un aparador de madera, que va acumulando a los hombres que no actuaron correctamente. Uno tras otro, se ponen allí y, ella, solo le da la posibilidad a Bruno de ser diferente al resto de una manera bastante singular. Quien salga victorioso de tal acuerdo, podrá elegir lo que más quiera.

Flora es una muestra de lucha eterna, exagerada también, que no baja jamás los brazos y que defiende sus ideales. A su vez, lo corporal cumple una función primordial en ella y en su compañero, quienes recorren el escenario hasta encontrar el lugar ideal para disparar su voz. Mientras se observan y analizan, el realismo mágico consigue apoderarse de sus monólogos, de sus diálogos y de sus preocupaciones.

Como realizando un recorrido por un mundo irreal, crean una especie de fábula dentro de la que también son los protagonistas y consiguen jugar como niños. Así y solo así, Bruno puede manipular del todo a esta loba que lo cuida y acompaña cuando todo parece acabarse.

La canción de Joan Manuel Serrat, titulada Piel de manzana (1975), sintetiza parte del argumento de la obra diciendo: a esa muchacha que fue Piel de manzana se le quebró el corazón de porcelana, se le bebieron de un trago la sonrisa. La primavera con ella tuvo prisa.

ficha La piel de manzana

Mariela Verónica Gagliardi

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