*** Marzo 2019 ***

Entradas etiquetadas como ‘Abian Vainstein’

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“La fiesta del viejo”, en el Metropolitan

La fiesta del viejoMENCIÓN ESPECIAL INT POR LA DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN.

PREMIOS TEATRO DEL MUNDO POR ADAPTACIÓN TEATRAL.

“Seleccionado para participar del Festival Internacional Shakespeare 2017”.

“Seleccionada para el XXVI Congreso Internacional de Teatro Iberoamericano y Argentino GETEA / FILO: UBA / PACE UNIVERSITY NYC USA”.

(A partir de Rey Lear de William Shakespeare).

El Viejo cumple años y decidió festejarlo con todo. ¿Qué mejor que hacerlo en su club del barrio, con los amigos y el amor de toda la familia?

En el brindis va a hacer grandes anuncios que tienen que ver con el adelanto de la herencia a sus hijas, está ansioso por sorprenderlas, por demostrarles su cariño y por ver como reaccionan ante tanto amor.

El Viejo cumple años y están todos invitados a festejarlo con Él.

Actuaciones: Moyra Agrelo, Agustina Benedettelli, Julieta Cayetina, Stine Helkjær Engen, Demián Gallitelli, Ezequiel Gelbaum, Clarisa Hernandez, Gonzalo Ruiz, Julian Smud, Ezequiel Tronconi, Abian Vainstein

Autoría: Fernando Ferrer

Dramaturgia: Fernando Ferrer

Actúan: Moyra Agrelo, Agustina Benedettelli, Julieta Cayetina, Helkjær Engen, Demián Gallitelli, Ezequiel Gelbaum, Clarisa Hernandez, Gonzalo Ruiz, Julian Smud, Ezequiel Tronconi, Abian Vainstein

Vestuario: Marina Claypole, Peta Moreno

Representante: Débora Staiff

Espacio escénico: Romina Giorno

Efectos especiales: Guillermo Toledo

Fotografía: Romina Giorno

Arte: Romina Giorno

Diseño gráfico: Juan Francisco Reato

Asistencia de dirección: Marisol Scagni

Producción ejecutiva: Laura Quevedo

Producción: Fernando Ferrer, Ezequiel Gelbaum, Clarisa Hernandez, Julian Smud

Dirección: Fernando Ferrer

Este espectáculo formó parte del evento: Semana del teatro independiente 2017

Este espectáculo formó parte del evento: 12 Festival Internacional de Buenos Aires – FIBA 2019

Duración: 90 minutos

Clasificaciones: Teatro, Adultos

TEATRO METROPOLITAN SURA

Av. Corrientes 1343 – C.A.B.A. (mapa)

Teléfonos: 52363000

Web: http://www.metropolitansura.com.ar/

Entrada: $ 600,00 – Martes – 20:30 hs – Desde el 19/02/2019

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Recordar con el corazón

El Sr. Kaplan

El noveno Festival Cervantino de la Ciudad de Azul (Buenos Aires) es uno de los certámenes de arte más importantes del país y con más variedad en sus disciplinas. Este año, una vez más, con el apoyo de cada uno de sus organizadores y voluntarios pudo llevarse a cabo. La fuerza de esta movida cultural es contagiosa y se vuelve adictiva, con ganas de que no termine ninguna jornada, ansiando que cada espectáculo se convierta en una huella inolvidable para Azul y para cada uno de los que acudimos como espectadores.

La Criba ofrece una velada única con un unipersonal de Buenos Aires que no es una mera obra con un protagonista sino una clase magistral sobre narrativa, estilos literarios, discursivos, una fusión muy interesante con soportes tecnológicos (grabados y en vivo) y la actuación de un artista talentosísimo, dirigido por un talentoso.

En un mundo en el que solo él y sus recuerdos forman parte, convive su pasado con su triste realidad. O, al menos, la realidad que de alguna manera fue eligiendo a lo largo de la vida.

Sentado en una silla, en penumbras, con una bata y los pelos revueltos, como si ya nada le importara. Rodeado de equipos de música, televisores y una colección de videos que él mismo grabó en su hogar para que su memoria no le juegue una mala señal. Todo ordenado por fecha y número como para que cualquiera que deseara hacerse del material no tuviera inconveniente de encontrarlo.

Así es el Sr. Kaplan (Abian Vainstein y dirigida por Agustín León Pruzzo), un hombre mayor, de origen judío que desea compartir algunos momentos con nosotros muy peculiarmente.

No tiene familiares vivos ni amigos que vea, ni mujeres con quien desee pasar el rato. Sus recuerdos lo sumergieron en una soledad absoluta, angustiante, trágica pero, gracias a sus olvidos, con ciertos ingredientes de humor que le hacen sobrellevar tantas penas.

Existen varios aspectos a resaltar, sobre los que se apoya el relato de Kaplan: el recurso de la anécdota, del soporte fílmico y del monólogo que no se expone como tal ya que no se comunica de manera directa con el público sino que se combinan sus diálogos con Kaplan del pasado. De este modo, por momentos, parecieran ser dos hombres completamente diferentes (opuestos inclusive), aunque conservando todas las mañas y obsesiones que lo pintan como individuo.

La historia de Kaplan atrapa de principio a fin, emociona, recorre cualquier cuerpo humano con escalofríos por la pasión con que interpreta a sus personajes y el modo de transmitir su vida tan desgarradoramente, tan real y tan precisa.

Una vez finalizada la función, Gabriela Izcovich (curadora de artes escénicas en el Festival) tuvo la interesante idea de abrir los micrófonos para que sepamos detalles de la construcción de El Sr. Kaplan y todo su proceso de creación a lo largo de los meses.

Agustín León Pruzzo se refirió, en primera instancia, a los desafíos de esta dramaturgia diciendo que: El primer desafío, a nivel montaje, era que el mismo actor iba a tener que hacer dos personajes, con treinta años de diferencia y también estaba el desafío para trabajar para dos soportes distintos (…). Fue un proceso como de ida y vuelta en el trabajo audiovisual y debajo del escenario.

Hasta que tuvieron el video definitivo, fuimos haciendo nuestros propios videos, caseros (…) para fusionarlos con el personaje en vivo.

Otro punto a favor en el que observa una real solidez de la pieza artística, es la referida al modo que tuvieron actor y director en realizarla: la escribimos juntos (…) Nos fuimos convirtiendo en un motor de búsqueda con distintos referentes literarios que nos interesaban, agarramos por ejemplo la Carta al padre (de Kafka), como para alguien que recupera eso y, de ahí, evolucionó el vínculo de este personaje con su padre, aparecieron también referencias a una obra de Samuel Beckett con La última cinta de Krapp -un hombre que escucha su voz muchos años atrás-. En la obra no se metió tanto con lo anecdótico pero sí con el organismo de uno y cómo se escucha en la voz. También trabajamos con Paul Auster (que gracias a Gabriela yo pude hablar con él), que su invención de la soledad es como su versión de la Carta al Padre; y también poniéndonos con nuestras propias impresiones y algunas referencias autobiográficas (…).

Y, luego, Abian Vainstein, se explaya sobre otros detalles de la construcción de sus memorias (las cuales no imprescindiblemente fueron reales sino prestadas) y un sinfín de ideas creativas que le permitieron hacer de la soledad un ámbito realmente desolador en el cual ni siquiera es acompañado por un perro o gato sino por un simple pececito rojo. Claro que no es una elección azaharosa sino inteligente: un pez recuerda con la memoria del corazón – menciona Kaplan en cierto momento de la obra. En cambio, una persona lo hace con el cerebro. ¡Qué disputa ambivalente puede surgir de un debate semejante!

Un padre que murió hace décadas, del que se recuerdan cosas que posiblemente nunca ocurrieron pero que por necesidad se desea que así permanezcan en su interior; otorgándole esa caricia a su alma que solo él puede darse actualmente.

Aparte de crearse a partir de literatura universal, se empezó a entremezclar con situaciones personales, modificadas, para que sirvieran a la causa de armar (Abian).

Mariela Verónica Gagliardi

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Jaque mate

Isla Mauricio

No puedo evitar relacionar, al instante, el título de la obra con un político amarillista que días atrás clausuró Hasta Trilce, haciendo que concluya en que su ideología es aniquilar la cultura y hundir a los jóvenes -sobre todo- en un precipicio irrecuperable como comenzó el innombrable.

Después de esta ráfaga, como un pestañeo, logro hacer la fila para ingresar y disfrutar de la primera función de “Isla Mauricio” (escrita por Theresa Rebeck bajo el título Mauritius, adaptada por Carolina Darman y dirigida por Alejandro Casavalle) la cual es una historia que atraviesa varios matices interesantes y a destacar: los valores, la moral y el egoísmo. Los cinco personajes en escena se ven impregnados de estos sentimientos que los trauman, los tocan muy de cerca y los hacen reflexionar de algún modo.

Todo surge a partir de una herencia, poco convencional, que una madre le deja a una de sus hijas. Dos medio hermanas que no crecieron juntas y que no se parecen -a simple vista- y que, sin embargo, son exactamente iguales.

El mundo de la filatelía aparece para ser descubierto y, le interese o no al espectador el tema a tratar, se vuelve atrapante. Nombres de estampillas, de esos pedacitos de papel en miniatura que significan mucho para la hermana más grande (Antonella Scattolini) -la verdadera conocedora junto a su fallecido abuelo, quien no lo era de su hermana- y nada para la más chica. Cómo la palabra valor puede tomar sentido si se la relaciona con lo afectivo o con lo económico. Y cómo ambas mujeres se disputan un álbum, una colección de estampillas mejor dicho, que termina siendo el tesoro salvador.

La República de Mauricio es el nombre original de la isla, que está situada en el Océano Índico y se erige como un verdadero paraíso, con aguas turquesas que bañan la costa y un destino turístico desde hace varias décadas. Por el año 1847, Gran Bretaña emitió dos series de estampillas (de uno y de dos centavos) bajo el nombre: Post office Mauricio y, jamás, se podría haber imaginado que podían valer millones de dólares.

Un comerciante (Abian Vainstein) pasa sus días, comprando objetos que sabe no lo harán rico ni mucho menos y, un joven (Juan Luppi), a diario aparece en su local para encontrar a la persona que traiga aquella estampilla millonaria. A su vez, un comprador intermediario (Ramiro Vayo) va plagando de oscuridad y violencia el panorama, hasta que todo encuentra su cauce.

Quien parece más vulnerable termina convirtiéndose en una fiera para sobrevivir y, tal vez, porque siempre lo fue y disimuló.

Y quien parecía más temerario no sorprende ni atemoriza más de la cuenta.

“Isla Mauricio” es un thriller psicológico que transita por el género policial, abriendo un enorme panorama en que se tendrá que prestar atención a cada detalle, a cada frase y a cada ornamentación que no es meramente un objeto.

Buscar con la lupa aquella que se desea, encontrar una con errores que le puede dar el valor no imaginado, continuar en el campo de batalla para sentirse alguien.

Eso es lo que tienen, también, en común estos personajes. No son felices y creen que el dinero los puede posicionar en un lugar privilegiado, dotándolos de aquellas falencias que no se consiguen con billetes verdes.

Juan Luppi, interpretando a un misterioso joven, lee el diario mientras elucubra sus objetivos, simulando ser genial y para nada interesado y consiguiendo unos remates geniales en muchos momentos de la obra. Es él quien maneja los hilos, conociendo los códigos del negocio, sin tener conciencia y siguiendo adelante, como si el tiempo se terminara y su tiranía lo hiciera decidir perfectamente y sin titubeos.

Carolina Darman, le otorga creatividad suprema a la pieza teatral, convirtiendo la novela dramática de Rebeck en acción, en una historia que mantiene la tensión en todo momento e interpretando a Jackie -quien intimida, propone y dispone de todo lo que se le presenta, manipulando la realidad a su antojo-.

“Isla Mauricio” es como un tablero de ajedrez sobre el que se juegan muchas piezas (estampillas). Cada movimiento no podrá deshacerse como en la era digital. Todo pensamiento plasmado tendrá repercusión y la frialdad, absoluta, de sus tripulantes que ni siquiera precisan embarcarse para navegar en territorio desconocido. ¿O conocido?

Una puesta en escena, sencilla y eficaz, en que los artistas darán lo mejor para contar este interesante recorrido, lleno de diálogos atrapantes y una dirección impecable, dentro de la que nos sentiremos espectadores activos y jugando el juego de la vida. De nuestra propia vida.

Quien no se sienta identificado, que tire la primera piedra.

ficha Isla Mauricio

Mariela Verónica Gagliardi

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La humanización romana

El luto le sienta a Electra10

Siempre hemos escuchado hablar sobre el complejo de Edipo y, en menor medida, del de Electra. Llegada cierta edad o, prolongada la misma, un hombre se enamora de su madre y una mujer de su padre. Tan enfermizamente como puedas imaginarte.

“El luto le sienta a Electra” (escrita por Eugene O´ Neill y dirigida por Robert Sturua) junta ambos complejos -traumas-, los naturaliza y explota al máximo produciendo una tragicomedia con tintes de ironía y extravagancia.

Paola Krum es aquella muchacha que siente tanto amor por su padre, defendiéndolo hasta de lo indefendible. Ella es dulce, tierna pero con un alma un tanto venenosa. No solo es afín a su progenitor, sino que odia a su madre Clitemnestra (Leonor Manso). La detesta y todo lo que ella piensa, sienta o haga será condenado por su hija.

El personaje de Paola es, realmente, atípico y forma parte de una historia contemporánea, saliendo un poco del El luto le sienta a Electra13clasicismo -el cual tantas veces resulta monótono-.

Pero, ¿de qué se trata esta dramaturgia?

Justamente de muertes, venganzas, odios, problemas sin resolver y conflictos que quedarán como tales hasta que la parca se haga presente.

Electra no es una mujer ingenua sino todo lo contrario. Está ciega por el amor incondicional que siente y éste le hará cometer un crimen que si tuviera conciencia, no se lo perdonaría a ella misma.

Toda la historia gira entorno a esta situación, a su nulidad como persona y al bloqueo que tiene su mente para avanzar y procurar ser feliz o salir, al menos, al exterior.

A su vez, amenizan la narrativa unos coros personificados que -de a poco- se inmiscuyen en la obra de teatro, interviniendo de modo espontáneo.

Los diálogos mezclan un lenguaje épico y a la vez vulgar, mostrando un paralelismo entre dos épocas tan diferentes
como similares.

Por un lado los tabúes al estilo FreudEl luto le sienta a Electra7, siguen hasta la actualidad y la implantación de verdades absolutas que en cierto momento se afirmaron y de allí en más se repiten como intocables.

Con respecto a otro punto importante, en cualquier familia, las traiciones no suelen ser perdonadas y las venganzas llevadas a la práctica. Ambas cosas, antes y ahora operan de la misma forma y podrá cambiar alguna sutileza pero no su esencia.

Electra es la heroína, la que defenderá los valores de su destruido clan y su sonrisa resplandecerá -malvadamente- dándonos el mensaje de que es feliz así. Ella eliminará lo que no sea de su agrado y tomará lo poco que le quede como éxtasis para seguir viviendo.

Su hermano Orestes (Diego Velázquez), quien interpretará a un devastado Edipo, tendrá un retorno atroz de la guerra junto al padre (Héctor Bidonde). Esta unión como soldados despertará los celos de la hermana y la libertad de su madre -quien aprovechará para divertirse junto a otro hombre-.

Es una buena elección la de modificar y adaptar la Guerra de Troya a un formato más cotidiano, fresco y de telenovela.

El luto le sienta a Electra12

La guerra no tiene demasiada repercusión, solo la de traer al padre como triunfador, sano y salvo, demostrando cuán ridícula pueda ser la vida y en qué poco tiempo se puede ser velado.

También, esta adaptación le dará más humanidad y sentimientos a los personajes quienes no tendrán vergüenza de ser cobardes, de mostrarse como tales y de que lo que se supone de una forma termine llevándose a la práctica de otra.

Toda la trama es muy llevadera y un presentador -que interviene también en la historia- tiene un rol realmente para destacar ya que da el pié para cada fragmento como para que nadie se pierda ningún detalle importante.

El elenco es fantástico porque existe mucha heterogeneidad de edades, estilos y formaciones, lo cual hace que esta pieza teatral sea una puesta diferente y atractiva, combinando una escenografía lúgubre y conservando objetos que serán utilizados para hacer entretenida la obra.

De esta manera, la sala Casacuberta del Teatro San Martín, estrenó un clásico totalmente renovado y apostando a captar gustosamente a quien desee abrir su mente y corazón.

¿Te animás a viajar sin juzgar, solo observando y conociendo una nueva óptica?

ficha artístico-técnica El luto le sienta a Electra

Mariela Verónica Gagliardi

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