*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Las estrellas celosas los mirarán pasar

La novia de Gardel10

(…) Me falta algo y ese algo sos vos, queridita Isabel. Pero no importa: pronto llegaré y será para no separarme más (…).

Solo un enamorado puede dar su corazón, extrañar, anhelar estar junto a ella y prometerle un futuro. Quién podría afirmar que si no hubiera existido el accidente sus vidas permanecerían juntas. Todo es tan incierto, incluso hasta su fecha de nacimiento, cada una de sus amantes y cuál era su verdad. No la que los medios transmitían sino la suya, aquella que le brotaba desde lo más profundo de su ser y que solamente él podría esclarecer.

Un corazón puede ser muy grande o muy pequeño. Puede alojar a un solo amor o a varios a la vez.

Carlos Romualdo Gardés, más conocido como Carlos Gardel y apodado el Zorzal o el morocho del Abasto; eligió la segunda opción. En realidad, los artistas, solían tener amoríos por doquier sin por ello dejar de amar a una en especial.

“La novia de Gardel” (escrita por Ana María Cores, Marisé Monteiro y Pablo Mascareño; dirigida por Valeria Ambrosio) retrata a una italiana que migró a Buenos Aires y, allí, conoció a su cantor, aquel que la embelesó por completo.

Con una escenografía muy bonita, proyecciones audiovisuales y detalles ornamentales; la historia avanza y retroce como lo precise.

Si bien el musical muestra a la joven (Ana María Cores) como una muchacha sumisa e idealista, existen rumores que cuentan otras versiones totalmente diferentes.

De cualquier modo, esta puesta en escena tiene como propósito homenajear a Gardel -quien murió hace ochenta años-, haciendo sonar aquellos tangos más conocidos, popularmente hablando, y que le valieron la fama. Algunos de ellos son: «El día que me quieras», «El corso», «Volver», «Milonga sentimental» y «La canción de Buenos Aires».

Más allá del dúo vocal, considero que es digna de destacar la elección de canciones que, en conjunto, se encargan de narrar el romanticismo de Carlos Gardel, sus viajes, cada gira, la fama, la desolación y el desarraigo constante que sufría. De esta manera existen dos posibilidades al interpretar la obra: una sonora y, la otra, dialogada. Creo que si se quitaran las conversaciones, el sentido de la historia se comprendería a la perfección; pero, de eliminarse las canciones ya la esencia de Gardel moriría junto a él.

Con respecto a la relación entre él y su amada, ella se llamaba Isabel del Valle. La diferencia de edad era notoria entre ambos ya que con tan solo catorce años se había enamorado del codiciado tanguero quien la doblaba en edad. Este aspecto no se ve reflejado en la obra ya que ocurre lo opuesto: ella es más grande que él.

Como una pieza de baile perfecta, comienza y termina con la misma escena, aquella que sacudió y sacudirá durante la función a todos -tan desgarradora como fugaz-.

La juventud lo marcó, lo proveyó de tanto entusiasmo que le permitió soñar y avanzar. Habiendo sorteado todo tipo de obstáculos, se encaminó a cuanta gira se le presentó, siéndole fiel a su corazón aunque no a su biología.

Su destino lo enfrentó, dejando atónita a su principal mujer, con quien deseaba casarse algún día.

La voz de Gardel (interpretada por Mariano Depiaggi), su voz con esa tonalidad casi imposible de imitar no puede vibrarse en escena y es que las copias no sirven de mucho. Mariano logra capturar su imagen, modismos y esa frescura que lo hizo brillar por siempre. Esto es más interesante que encontrar a un cuasi Zorzal.

Ese zorzalito a quien Isabel hablaba día y noche, a quien le cuestionaba, junto a quien lloraba y de quien aprendía a cantar los más bellos versos.

El Teatro Regio le permitió a la historia del tango, vivenciar momentos de la intimidad de esta pareja. No interesa qué fue verdad y qué mentira. No nos corresponde juzgar si se trató de amor por conveniencia, si fue una pantalla o si realmente se amaban con locura.

Mientras Isabel cose y plancha, los años 30’ parecen establecerse en escena, desde la vestimenta hasta el léxico utilizado. Desde los movimientos de sus cuerpos hasta las palabras esbozadas por sus bocas.

Volver es lo que no pudo y quizás fue lo único que salvó a su mujer del escándalo público, de las conjeturas, de las charlas sobre infidelidad. Tal vez, las palabras y los versos fueron el romance idílico entre ellos. Cada carta y documento podrán hablar a favor o en contra de ella, ensalzando siempre la figura de uno de los más grandes y venerados del reino arrabalero.

La novia de Gardel ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Degustar la vida

Yo me lo guiso, yo me lo como3

Mi pelo ya no sólo es rojizo sino que tiene un aroma a ajillo. Pasaron minutos y sigue impregnado. No es como la sensación de un perfume o shampú artificial sino que te traslada, obligatoriamente, a un lugar.

Generalmente, durante la infancia nos empapamos de aromas y sonidos que, más tarde, nos retrotraerán al pasado, a un momento preciado en que fuimos muy felices, a esos años en que conocimos la libertad, a épocas donde sólo importaba ser sin siquiera simular.

La obra de teatro «Yo me lo guiso, yo me lo como» (ideada y protagonizada por Carmen Mesa, con dramaturgia de Erika Halvorsen y dirigida por Gina Piccirilli) es por su excelencia una de las mejores piezas artísticas de la actualidad. Dentro de la misma se confluyen varios géneros y estilos que logran mostrar la simpleza de una bailarina española que se atrevió a soñar despierta.

No existe una historia a contar sino fragmentos de su vida que enaltecen a la dramaturgia y la dotan de una sensibilidad que eriza la piel hasta lagrimear.

Las niñas bonitas no pagan dinero, canta sonriendo a la vez; sumergiéndose a lo largo de la función en su niñez e indispensablemente teniendo al público como partícipe de cada uno de sus logros y frustraciones.

Para completar la puesta en escena, dos músicos acompañan a la bailaora y los detalles de cada mueble, artefacto y accesorio, nos llevan de viaje a la cocina de Carmen, esa habitación tan temida por algunos y tan adorada por otros. Así es como la sala dos del Teatro La Comedia se convierte en anfitriona para recibir a cada uno de sus invitados. Eso somos todos: invitados.

Ella dora los ajos, combina fragancias y condimentos para que la receta de su madre sea conocida por nosotros. Claro que la idea de la obra no es que aprendamos a cocinar sino que entendamos lo esencial que resulta tener raíces y un pasado que nos habite.

Y en un momento de la obra se refiere a esta temática, explicando qué significa el flamenco, esta danza tan terrestre, lo cual no es mera casualidad. Los pies en contacto con la tierra, al ras de ésta, enredándose hasta sentir lo maravilloso que es bailar alrededor de una cacerola en que se cuecen alimentos. Los que serán nuestra comida, esa que nos deleitará de principio a fin.

Nutrirnos de lo que elegimos, dejando de lado aquello que no nos interesa en lo más mínimo. Amar la vida y depositar cada gramo de energía en buscar el tesoro de la felicidad, sin la cual una oruga puede ser concebida como la criatura más espantosa o, creer que puede convertirse en la mariposa que recorrerá los cielos más esperanzadores.

Carmen Mesa elige sus anécdotas como si fueran recetas perfectas y las combina con su especialidad que, metafóricamente, es su modo de narrar. La facilidad de transmitir hechos con una suspicacia tan real como encantadora, utilizando palabras sencillas y otras específicas españolas.

Una vez más, la autora se luce utilizando el recurso biográfico, aquel que permite que el público se identifique con la historia, con la protagonista, con los sabores, con una tierra tan lejana pero cercana a la vez. Los pasos de flamenco recorren la cocina mientras las papilas gustativas y todos los sentidos pretenden atravesar el escenario. Una vez que el relato produce un quiebre, el rumbo del mismo cambia y es allí cuando tenemos que reconocer los puntos más nostálgicos en nuestro ser, los que otorgarán el placer máximo de degustar nuestro propio plato principal, nuestra propia experiencia y nuestro propio camino.

Yo me lo guiso, yo me lo como ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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La corona menos deseada

La noche en que Fortimbrás se emborrachó1

Al ingresar al Teatro Sarmiento se puede notar cómo una arquitectura con profundidad de campo y perspectiva, nos permite viajar hacia varios siglos atrás. Una escenografía en tonos grises, con luces tenues que acompañan la fría noche en que transcurre la historia, una tragicomedia en que se conjugan el drama, la comicidad, el absurdo y todo el despliegue que corresponde a una verdadera puesta en escena antigua.

Agustín Alezzo es el responsable de la puesta en escena y dirección de esta obra y a él debemos agradecerle por todo lo que puede apreciarse durante la función, deleitándonos con las caracterizaciones de los personajes y riéndonos de un Rey que permanece en su trono aún muerto, despertando la intriga de su figura y de las escenas que lo incluirán como objeto que debe estar rigurosamente donde está.

Estaremos en presencia de dos textos similares y opuestos, en algunos puntos, entre sí. Como si se tratara de un ring de titanes, Shakespeare y Glowacki se disputan erigirse como mejores literatos. Un inglés y un polaco que no se conocieron por haber nacido en distintos momentos de la historia pero que, en el caso del segundo, tiene la ventaja de conocer todas las obras del primero como para hacer lo que quiera con ellas.

En esta ocasión, Glowacki, toma a la novela de Hamlet como puntapié para narrar una dramaturgia realmente diferente en que se mezclan distintos géneros y estilos artísticos.

Por un lado, Fortimbrás (sobrino del rey de Noruega e hijo del rey Fortimbrás, que murió durante una batalla contra el rey Hamlet) deberá hacerse conocer por el pueblo noruego sin que por ello sea asociado con su padre ni juzgado por acciones o pensamientos que no le corresponden. Las asociaciones o encasillamientos no tienen lugar en esta versión recreada por el polaco, donde priman las genialidades y el modo de juzgar el statu-quo y todas las herencias que giran en torno a la corona.

Justamente, la original dramaturgia titulada “La noche en que Fortimbrás se emborrachó” (originalmente “Fortinbras gets drunk”, escrita por Janusz Glowacki) enfrenta a Hamlet (Dinamarca) con Fortimbrás (Noruega), un enfrentamiento que no es casual sino que está fundamentado entre dos países limitados por una estrecha frontera.

En la historia de Hamlet, éste lucha contra Fortimbrás (ambos padres), disputándose los territorios y quedando en evidencia sus propósitos. Hamlet es quien gana y, luego, muere sin saberse el motivo de su deceso. Este misterio es el hilo conductor y lo que mueve a toda la historia épica por parte de un bando y del otro.

La ironía presente en los diálogos y las ejecuciones de aquel entonces confirman que las cabezas decapitadas están guardadas como muestras de poder, un poder sin inteligencia y del cual Fortimbrás (hijo) ni siquiera pretende formar parte. Él mismo se ríe de su vida, del descontrol y de las tradiciones monárquicas a las que no les encuentra sentido.

El fantasma del fallecido Rey Hamlet, se supone aparece y es tema de preocupación y delirios por parte de sus familiares y conocidos. De hecho, el espíritu le informa a su hijo quién y cómo lo han asesinado.

Con respecto a la versión de Fortinbras gets drunk, los noruegos envían a Dinamarca un fantasma del rey Hamlet que es en verdad un espía encubierto, es así como nadie sospecha de Fortimbrás por su gran adicción a las bebidas alcohólicas.

Si bien, es de temer una posible invasión por parte de Fortimbrás, este muchacho se sumerge en el alcohol y las mujeres, descontrolándose como un adolescente. Esto se puede observar en tan solo unos minutos en que se desploma en la cama sin fuerzas para luchar, absorbido por sus deseos involuntarios.

En esta oportunidad, la mirada es puesta del lado noruego y varias cuestiones del relato son modificadas por Glowacki. Una de ellas es la que se refiere al sucesor del trono en dicho país. En Hamlet (de Shakespeare) se puede ver casi llegando al final, que éste antes de morir pide que lo ocupe Fortimbrás; mientras que en la presente historia ocurre a la inversa.

Son muchos los interrogantes, la ausencia o falta de identidad y los propósitos personales que tanto Fortimbrás como Hamlet pretenden llevar a cabo. Esto puede relacionarse con la Noche de 400 años, que se basó en la unión, casi obligatoria, que tuvo que llevar adelante Noruega -por su debilidad como país- con Dinamarca desde fines del siglo XIV, motivo por el cual ni todas las bebidas del mundo podrían ahogar las penas sufridas por este reino, aunque no hayan tenido la figura de un Rey (al fallecer Hamlet) que tome las riendas, e intentando manejarse de manera absolutista para exterminar a cualquier costo a quienes sí se suponía eran hostiles y capaces de tener el mando.

La noche en que Fortimbrás se emborrachó fichaMariela Verónica Gagliardi

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La bondad es bella

Blancanieves5
Las historias infantiles suelen ser encantadoras y atrapantes, con una trama y personajes atractivos, con buenos y malos, con príncipes y princesas, con malvadas o villanos. Pero, lo que más éxito tiene es la identificación con la vida real.

Cada relato está basado u originado en algo ya existente, adornado de cierta manera que los niños crean que se trata de un cuento fantástico del que quieren, sí o sí, formar parte.

En esta ocasión, el clásico Blancanieves y los siete enanitos (Schneewittchen), de los hermanos Grimm; tiene la particularidad de sumar un integrante más. Es así como ocho pequeñas personitas reciben en su casa del bosque a la princesa, intentando cuidar de ella en todo momento.

La historia, recreada por Héctor Presa, tiene tan solo cuatro personajes humanos en escena que se valen de sus habilidades narrativas y actorales para interpretar a la nueva reina (Brenda Alem), a Blancanieves (Luli Romano Lastra), a Pepus, el mayordomo de la reina (Guillermina Calicchio) y al príncipe (Augusto Chiappe) de una manera excepcional.

Blancanieves y los ocho enanitos es una suspicaz obra de teatro infantil, dentro del género de la comedia musical, que cumple con toda expectativa posible; dibujando la felicidad en cada rostro presente y dejando moralejas dignas de guardar en el corazón.

Existen varios aspectos a resaltar durante la obra: la originalidad en cuanto a la versión, la utilización de un lenguaje para niños que no los subestiva pero no contiene vocabulario violento, las canciones pegadizas que acompañan al hilo conductor de la historia, la presencia de un orador que a la vez interviene en la trama y la posibilidad de tomar los rasgos más interesante de la pieza artística original para representarlos en escena.

En cuanto al vestuario que se luce, pueden notarse detalles épicos y otros más contemporáneos.

Guillermina Calicchio lleva a cabo el rol de Pepe o Pepus (según como quieran mencionarlo) que vendría a ser una suerte de narrador y sirviente de la reina malvada. La fabulosa actriz, quien ya nos tiene acostumbrados a su ductilidad escénica; canta baila y se expresa llamativamente, cautivando a grandes y chicos. De hecho, considero que siempre los adultos usan de excusa a los niños para acercarse a propuestas de esta índole. La gradas del Teatro Larreta fueron el reflejo de este pensamiento, permitiendo que el calor se atenúe gracias a los jardines del lugar.

El resto del elenco también consigue un gran desempeño de principio a fin, entreteniendo demostrando cómo es posible llevarse bien sin que la envidia extermine a los terrestres.

Blancanieves no tiene la piel blanca como la nieve ni es morocha. Estos detalles estéticos no son relevantes a la hora de narrar la esencia de la historia, el enfrentamiento entre una madrastra y la hija de la reina, una rivalidad sin sentido, una disputa por la belleza que la convierte en la bruja más espantosa que pueda existir.

Envenenar a una niña, querer matarla a cualquier costo. Preguntarle a un espejo quién es la más bella y supone que un objeto le responde lo que sus oídos quieren escuchar, intentar imaginar que su hijastra desaparece de esta tierra para siempre.

La inconciencia de la nueva reina está presente a lo largo del cuento, dejándola en evidencia en todo momento; no pudiendo salirse con la suya y haciendo que el amor sane cualquier vestigio de perversidad.

Siempre, en un momento de desesperación y vulnerabilidad, va a existir una mano amiga que extienda para ayudar.

Puede notarse en esta historia y en la vida misma que no hace más que enfrentarnos con lo que más tememos para, luego, recompensarnos.

La ternura doblega a todo tipo de dolor y de odio, utilizando la sonrisa como principal medio eficaz para hacerse ver. A la vez que las caricias, ese contacto con la piel que calma a todo rufián presente, dándole la oportunidad a la historia de brillar cuando se cree todo perdido.

Blancanieves fichaMariela Verónica Gagliardi

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El juego de los roles

Absolutamente comprometidos4

En los años 90’ la actividad de call center -también llamada contact center- comenzó a aumentar en Estados Unidos y el resto del mundo. A través de operadores telefónicos se delegó una infinidad de tareas a resolver, inmediatamente, sin que los capitalistas asumieran y se hicieran cargo del rol que iba a tener que cumplir un simple operario telefónico.

La precarización de esta actividad laboral, inclusive hoy en día sigue siendo cuestionada por los grupos de mayor poder político y económico, queriendo hacer la vista gorda y evadiendo las consecuencias y el estado en que quedan los empleados después de una jornada de trabajo.

“Absolutamente comprometidos” (Fully Committed originalmente) es una comedia que utiliza la ironía para narrar la vida de un operario telefónico que tiene a su cargo el deber de atender varias líneas a la vez, debatiéndose entre su deseo de desempeñarse como actor y la obligación de tener que ganar un sueldo.

Este unipersonal, protagonizado por Julián Kartún (y dirigido por Miguel Pittier), se está llevando a cabo en el Teatro Payró, y nos hace notar el stress por el que pasa, constantemente, sin animarse a renunciar a semejante locura. Claro que está tan encapsulado en un sótano que solo es capaz de continuar hablando con uno y otro cliente sin respiro alguno, resolviendo cada interrogante a la brevedad y descubriendo -de a poco- la miseria de la clase alta que se encapricha por reservar la mejor mesa en el restaurante distinguido de la zona.

Si bien la historia real se desarrolla en Nueva York y los gags, chistes y ocurrencias son muy yankis; Esther Feldman y Alejandro Maci lograron hacer una adaptación bastante Argentina.

Estéticamente hablando, se ha mantenido la utilización de los aparatos telefónicos con discado, un mobiliario sencillo como en la puesta original y el detalle del árbol navideño para ubicarnos en la época que transcurre la escena.

El espectáculo que dura alrededor de una hora de reloj, se hace eterno porque este día de trabajo está interpretado en tiempo real, motivo por el cual escuchamos conversaciones de muchísimos clientes que pretenden ser exclusivos a cualquier precio.

Como dice la frase: río para no llorar; no puedo dejar de lado la notoriedad del estado del cuerpo de este trabajador. Su cuerpo, abatido, desea ir un instante al baño, comer algo y, por qué no, respirar. Nada de esto se le brinda. Nada de esto le ofrece su jefe: un cocinero que lo humilla con tareas que no le corresponden.

“Absolutamente comprometidos” parece una ironía también. Aunque el título real se refiere a las mesas reservadas en su totalidad, la traducción es un juego de palabras tan irrisorio como triste a la vez. Un empleado que compromete cada minuto de su vida en un puesto que no lo reditúa en ningún aspecto. Por otro lado, la situación en norteamérica respecto de Argentina es algo diferente.

Quizás allí puedan reírse de llamados recibidos y de las ocurrencias de las personas que están del otro lado del tubo. De la misma manera que Becky Mode no toma la decisión de colocar a un solo artista en escena porque sí. Pensándolo durante horas llegué a la conclusión de que podría tratarse de una elección suspicaz e inteligente: varias voces llevadas a cabo por este empleado que está saturado. Dichas voces en línea pueden ser, literalmente hablando, una suerte de sketchs con cada cliente ausente físicamente, o, la locura que lo invade por completo.

Quien haya tenido o tenga un empleo de atención al cliente vía teléfono, seguramente, habrá tenido o tendrá pesadillas, sueños en que conversa o discute con cada uno, entre otras cosas.

El punto cúlmine se alcanza en cuanto su jefe lo denigra por completo, como les mencionaba anteriormente, pretendiendo hacer de su vida una tortura psicológica.

Quien tiene el poder, manipula, controla y exige; muchas veces sin mirar a los ojos al otro. El otro no es otro, es una persona con necesidades de todo tipo.

Detrás de las risas se esconde el peor dolor, ese llanto desgarrador que no tiene espacio en esta obra ya que se posiciona del lado más cómico, mostrando a la rutina como un modelo a seguir, abriendo otra pequeña arista donde se encuentran los afectos y los objetivos personales.

Las voces continúan y cada una lo irrita, divierte y marea, hasta perder noción espacial y temporal. Esos sonidos que aparecen y se esfuman cuando el cliente quiere; operando también como pieza fundamental en la paraoia de este joven y cumplidor trabajador.

Absolutamente comprometidos ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Unidos, jamás serán vencidos

Los tres mosqueteros1

Miguel Cervantes con su Don Quijote de la Mancha impulsó a varios escritores y ensayistas a relatar diversas aventuras entre caballeros, atravesando lugares hostiles y teniendo que combatir para avanzar. En 1615 se publica el primer tomo y esta otra historia toma su esencia, humor y valentía para que triunfe la ideología y, por supuesto, el amor.

Francia es el lugar en que se desarrolla Los tres mosqueteros, una novela que se escribe dos siglos después que la anterior y dentro de la que se pueden analizar los lazos entre instituciones, entre el pueblo y entre ambos.

En 1617, Luis XIII logra acceder al poder ordenando que maten a Concino Concini y, luego, le pide a su madre que se exilie del país para poder poner en el trono a uno de su agrado: el duque de Luynes.

Unos años son atravesados por continuos enfrentamientos entre madre e hijo, enfrentamientos con ejércitos de por medio e inclusive una guerra civil. Cuando la paz, por fin, llega el rey hace lo posible para que se permita profesar la religión católica que había sido prohibida por los protestantes. Su apodo de El justo, se le otorga gracias al equilibrio que consigue establecer entre ricos y pobres.

Eran momentos en que la Iglesia y la Monarquía retenían el poder absoluto de la población, de las decisiones y del porvenir de un Estado. Así fue como la figura del cardenal Richelieu se torna relevante en la historia y esta dramaturgia de Los tres mosqueteros, una dramaturgia en que tres hombres luchan por sus ideales, arriesgan sus vidas y se unen para derribar el mal.

Esta puesta en escena (con libro y letras y dirección de Hernán Espinosa) está basada en la novela original de Los tres mosqueteros (Les trois mousquetaires) de Alexandre Dumas pero con varios tintes diferentes que la vuelven más dinámica y entretenida.

Hace dos días murió el padre de D’Artagnan (Patricio Arellano), quien será el héroe y protagonista de la historia. Este adolescente desea formar parte de la Compañía de Mosqueteros del Rey (integrada por Athos, Porthos y Aramis) y, justamente, lleva consigo una carta de recomendación redactada por su progenitor que debe hacérsela llegar a Tréville para tal efecto.

A partir de esta noticia, son varias las luchas, enfrentamientos y muertes que ocurren, haciendo prevalecer antes que nada a la fidelidad. Estamos ante una historia que ocurrió hace cientos de años atrás y, sin embargo, existen varias cuestiones que ni siquiera en nuestros tiempos logran resolverse. Se trate de Francia, de un país europeo o de nuestra querida patria argentina.

El enfrentamiento entre personas y el egoísmo quizás nunca se extingan, aunque queda en cada uno unirse a sus semejantes o quedar marginado o puesto en la misma bolsa que quien “domina”.

¿Por qué es importantístimo este drama?

Entre algunos de los puntos más destacables está la amistad, ese vínculo que solo existe por amor y que es muchísimo más trascendente que el amor en una pareja. La amistad es la única relación que tiene su fundamento en la elección personal. No hay condicionamientos, posesiones ni ataduras. Esto es lo que les permite a los cuatro mosqueteros el recorrer Francia e Inglaterra, defender el trono de la Reina Ana, cuidarla ante todo tipo de adversidades, demostrar que la religión es una cosa y la institución otra muy diferente.

Mientras que el Cardenal Richelieu confirma que es el propio diablo, logramos observar las atrocidades que giran en torno a Dios y a la muerte. Este carismático mensajero del Señor está unido a Milady de Winter y el Conde de Rochefort, ambos detestables y detestados por el pueblo entero.

Más allá de la mágica puesta en escena, de los glamorosos vestuarios de época y de las canciones que abrazan a cada intérprete y a la historia misma; lo que reluce es el romanticismo. Encuentros y desencuentros nos llevan de la mano hacia un sendero plagado de sentimientos profundos, de pasados sepultados y de un presente prometedor para algunos.

Con respecto al contexto político real de Francia, dista en cuanto a la cronología pero lo impresindible está narrado tanto en la novela de Dumas como en esta versión adaptada por Espinosa. Por el lado de los protagonistas, también se respetan los del libro aunque no los vinculos establecidos entre ciertos personajes ni los modos en que mueren algunos de ellos.

Este musical acierta en modificar el libreto y adaptarlo a su favor, consiguiendo que el público este espectante y llorando hacia el final. Así, el factor sorpresa logra su cometido sin estar pendientes de la parte que vendrá.

Uno para todos y todos para uno es el emblema de estos mosqueteros tan humanos que no temen en sacar sus espadas y derribar a todo aquel que intente perturbar la paz y serenidad.

Mientras la música de Damián Mahler, ambiente cada escena y canción, la historia nos deja varios interrogantes, una puerta abierta y la certeza de que siempre que unamos fuerzas podremos conseguir aquello tan soñado. Podrá ser una sutileza o el mayor placer, aquel que nos hace pasar noches de insomnio, aquel que no nos permita cerrar los ojos porque, tal vez, ya lo hayamos conseguido.

Los tres mosqueteros ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Mujer loba

El viento en un violín1

Diferentes estilos de familias son propuestas y establecidas, por diferentes circunstancias, a la vez que historias sencillas con un trasfondo social movilizante.

El amor y la homosexualidad se unen pero para dar pie a la vida. Mujeres que se aman y buscan ser madres, indagando cómo lograrlo, soñando despiertas con ese momento, animándose a llevar adelante un plan del que no podrán arrepentirse jamás -por más que lo piensen-, intentando derribar esas barreras que no conducen a bellos lugares sino todo lo contrario.

Como si se tratara de un capricho, sus corazones se adueñarán de la doble maternidad, sorteando obstáculos y consiguiendo derribar hasta al peor diagnóstico.

Fuera de esto, las historias que se desarrollan paralelamente pasan a ocupar lugares muy secundarios. Todos los actores están en escena pero las secuencias se desarrollan según el desenvolvimiento del eje principal.

La iluminación enfoca a quienes deban continuar el relato, consiguiendo que la comedia oscile entre risas y desgracias.

«El viento en un violín» nos lleva por esas melodías románticas implantando doctrinas violentas y justificando lo más temido.

El violín como instrumento de cuerdas y de viento, como objeto sorpresivo. Paradójicamente, solo se escuchan notas graves al principio y fin de la dramaturgia, logrando plasmar lo más feroz a partir de otras acciones notables y concisas, fuertes y dramáticas.

Lo absurdo se apodera de todo con tal de evitar sufrimientos, dejando en evidencia la sobreprotección -rasgo que predomina en todos los personajes menos en el portavoz del raciocinio-.

El psicológico, a la espera de un paciente imposible de ayudar, la corrupción esbozada dentro de los lazos más íntimos; la verdad tapada, reinventada y gritada a los cuatro vientos-.

Aire en movimiento en busca de renovación, vientos de cambios, camas deshechas, desorden visible y modos de vida un tanto escalofriantes.

Análisis desafortunados, intereses desmedidos, dolores irremediables y un sinfín de situaciones que se reiteran durante la obra como foco social ya que son ejemplos reales y tangibles. Una sociedad que juzga y evita al diferente, sometiéndolo a torturas psicológicas desmedidas.

La maternidad sin necesidad de un padre pero considerándolo. La muerte ignorada. El amor que arrasa con todas las estructuras, inoportunando al ser más egoísta y manipulador. La psicología ansiosa de implantar sabidurías de libros en que se considera la igualdad como parámetro básico para encasillar y orientar.

¿Qué lugar ocupa el diferente?

La democracia como un tipo de gobierno ineficaz en que la mayoría puede avanzar en sus intereses mientras la minoría queda mirando sin saber qué hacer. La libertad de quienes aman demasiado ante cualquier adversidad, conociendo sus limitaciones pero evadiéndolas por completo.

Y con respecto a figuras maternas se logran conocer varios estilos, dejando en evidencia cuál es el mejor modelo -al menos para esta historia-.

Madres que acompañan, madres que agobian, madres que eligen por sus hijos imponiéndose y simulando ocupar un lugar que no les corresponde.

Claudio Tolcachir consigue aunar risas y llantos, otorgándole a la mujer un poder merecido, un respeto pretendido y la luz para alumbrar nuevas vidas.

Quien sea judío seguramente reirá a carcajadas por los estereotipos creados en escena. Las raíces originarán diferentes sonidos que vociferarán crueldades, necesidades y modos de ver la vida.

Con silueta femenina, sonando en su nota más grave, las adversidades se harán notar, la oscuridad aparecer y los pasatiempos distraer a quienes más desean algo con la fuerza del corazón. Y eso significa «El viento en un violín»: que las mujeres tengamos la posibilidad de gritarle al universo lo que queremos y lograrlo en algún momento. Que la ferocidad, esa loba que todas tenemos dentro, pueda imponerse ante cualquier obstáculo sin perder de vista el objetivo.

El amor, finalmente, triunfa, enseñándonos que la violencia no es el único camino posible y que, de hecho, su utilización puede traer consigo consecuencias no esperadas.

Después de reír -como si se tratara de una comedia divertida-, la trama cambia su expresión para dar lugar al fundamento de la obra: esa lucha íntima, minoritaria y aún no atendida por quienes aman de una manera no convencional.

El viento en un violín ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Otra manera de amar

Oxímoron1

Los musicales de Héctor Presa tienen esa suspicacia y garantía que nos permiten disfrutar del género sin suponerlo. Estos días de verano, podemos asistir a las funciones al aire libre en el Teatro Larreta, en que la naturaleza cumple nos deleita con su aire y fragancias silvestres.

En esta ocasión, una nueva obra llamada Oxímoron, con el mismo elenco de “Amor sin barreras, lo conocí en el Roca” (2014), expone temas no solo románticos sino emblemáticos como la homosexualidad. Y por qué utilizo esta palabra? Justamente, porque, aún, nuestra sociedad evita abrirse un poco más y dejar de juzgar las elecciones de otras personas.

Por suerte, en los últimos años, los gays y lesbianas han conseguido su lugar sin sufrir demasiado la discriminación e ignorancia de quienes todavía no son capaces de amar sin condicionamientos o pruritos.

El teatro, como expresión artística y social, los albergó (desde hace muchsísimo tiempo) y dio la oportunidad de que encarnen a diferentes personajes así como que toquen temáticas recurrentemente “incómodas” para ciertos sectores.

Oxímoron es una figura lógica en que se usan dos conceptos de significado opuesto y en una misma expresión. Sobre esta terminología gira la dramaturgia de Presa, la cual divierte pero ahonda profundamente en situaciones conflictivas, tan habituales como difíciles de asumir.

Entre coreografías y canciones, la historia consigue un punto sumamente importante: lograr que los espectadores se identifiquen con al menos alguno de sus personajes. Esto lo consiguen gracias a los estereotipos de cada uno de ellos en que se esbozan las características más firmes y contundentes como para percibir a una familia tradicional en que ocurren quiebres como en cualquier otra.

La oscuridad los transforma, los deshinibe; los toca con una especie de varita mágica para que se digan todo lo que jamás se animaron. Pero, en cuanto la luminosidad los invade, la vergüenza los invade por completo sin poder remediar las palabras ya esbozadas.

Un juego de contraste en que el blanco y negro cobra su mayor protagonismo, en que los colores desaparecen y la desesperación los limita.

El statu-quo existe como regla fundamental en este clan que parece ser ejemplo de un país que intenta romper con éste no caprichosamente.

La rutina les recuerda que ninguno tiene que hacer lo mismo cotidianamente sino que es posible transformarse y continuar por otro camino. El amor, es el que triunfa, en cualquiera de sus vertientes.

Oxímoron es una obra de teatro para homofóbicos y no homofóbicos. Para quienes cuestionan, repiten modelos establecidos y consideran qué es lo que corresponde. Oxímoron confirma que nada es lo que parece, que dentro de la luz hay oscuridad y dentro de la oscuridad existe luz.

Esa claridad y penumbra que convive en toda persona terrestre, que la conflictúa, que la hace dudar sin encontrar un camino.

El miedo se demuestra, se siente, vibra en el aire, los intimida y muestra el costado más frágil de cada uno -aquel que no quiere ser mostrado-. Mientras la familia continúa con el proceso de liberación en que expresa todo sin filtro alguno, los minutos pasan y el propósito por el cual se juntaron se diluye para ser dejado en segundo plano.

Lo único que importa es la honestidad brutal y la posibilidad de decirse todo.

Oxímoron es todo lo que nos pasa a todos. Esas contradicciones que forman parte del ser humano por el simple hecho de existir.

Incoherencias obnubilantes que intentan cegar al más estructurado y darle liviandad a quien siente más de lo que piensa. Todo ocurre en esta historia que por momento te hace emocionar, reír, llorar e identificarte con situaciones cotidianas.

¿Quién no ha tenido que pasar por un momento de tensión al conocer una noticia que jamás habría querido escuchar?

Cuanto más se intente tapar la realidad, más saldrá a la luz y, las contradicciones, se harán notar. Las verdades podrán ser dichas sin tener que atravesar las miradas ultrajantes. Aunque los silencios notarán el descontento y solamente la ironía los salvará de lo ya dicho.

El aire de un abanico intentará tapar la sinceridad de una madre que lucha contra todo lo que se le oponga. Pero, su discurso se agotará, demostrando que todos tienen la posibilidad de ser quienes deseen, a pesar de las dificultades que se presenten y de cualquier tormenta que se avecine.

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Mariela Verónica Gagliardi

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La fuerza del corazón

Otro estilo de vida1

El año 1929 marca un antes y un después a nivel mundial por el gran quiebre económico producido en Estados Unidos. Casualmente, la época de mayor esplendor artístico, para Noël Peirce Coward (actor y dramaturgo inglés), comienza entre 1920 y 1930, al igual que un aumento de su trabajo que coincide con la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué es lo interesante de «Otro estilo de vida» (Design for living)?

No hay un solo aspecto positivo sino varios. En primer lugar, una autobiografía de Coward que tenemos la posibilidad de conocer, profundizar en inclusive sorprendernos por los temas que abarcó en su vida y en la sociedad conservadora de aquel entonces.

La homosexualidad y la homofobia existen desde que el hombre «se civilizó», por eso es que podemos leer todo tipo de relatos vinculados al amor, sobre todo, entre hombres.

En esta adaptación -realizada por Jorge Schussheim-, Gilda Farrell es la protagonista de la historia y, a partir de ella, se van desencadenando situaciones para pensar y repensar la vida.

La dramaturgia se pudo estrenar recién en 1939 y, actualmente, sigue conservando su vigencia argumental.

En segundo lugar, considero que la obra se disfruta muchísimo por su excelencia global. Los diálogos, las expresiones de sus intérpretes, la decoración -que cambia de una escena a otra-, la música que consigue ambientar sonoramente la época y país narrados durante la historia, el vestuario tan fino y estético para que sus personajes actúen completamente.

En tercer lugar, la forma natural en que se expresan los actores como para desentonar con los personajes de Dan Breitman y conseguir marcar una diferencia entre lo real y lo ficticio-sobreexagerado.

Los amoríos de unos con otros y el despertar de cada uno de ellos demuestra cómo es posible romper con estereotipos antiguos. Aquí resaltan los sentimientos, apoderándose de cada corazón y consiguiendo la mayor fortuna que es amar por placer, por convicción y sin culpas mal fundamentadas.

¿Qué sucede cuando un triángulo es perfecto y cada vértice es el turno que se debe respetar para no romper el equilibrio establecido durante tanto tiempo?

Indudablemente, todos los enojos deberán ser dejados de lado para que el deseo siga su curso. Relajados e imperiosamente desprovistos de maldad, cada cual jugará su juego favorito, desarrollará su carrera artística y se reencontrará con quien deba ser. Imantados por una fuerza superior, transitarán caminos impensados y la desaparición física no significará el final sino el principio de un entendimiento simple y espontáneo en que la biología reinará.

«Otro estilo de vida» oscila entre el dinero y la pobreza, el poder y la nobleza; dejando entrever que el deseo es imposible de callar, de abolir y de reemplazar.

Una mujer mostrando su erotismo, brillando y transmitiendo lo esencial femenino. Dos hombres disputándose su cariño y, a su vez, deleitándose con ella. Desde acá podría fundamentar un paralelismo con la sociedad burguesa inglesa, francesa e italiana. Cuestionamientos, críticas y un fuerte desapego a los parámetros sociales ridículamente establecidos.

No existe persona en este mundo que pueda fingir durante mucho tiempo ser alguien que no es. Esta es la gran evolución del pensamiento de su autor y, seguramente, de otros humanos del siglo pasado y del actual.

En cuanto los valores se protegen como joyas, llega el momento en que pierden sus fundamentos, pero, en cuanto se defienden por convicción, jamás pierden sus brillos.

Si bien son tres los actores principales, los restantes cumplen roles fundamentales para comprender el contexto reinante así como la otra faceta de la sociedad: la mayoría que luce sin sentir.

¿Cuál es el problema de amar libremente?

Pareciera ser que en nuestros tiempos aún no entendamos que no hay una sola fórmula para ser feliz y que no se debe vivir copiando sino transitando, conociendo, disfrutando. Posiblemente sea el temor por ser transformado en algo desconocido lo que atormente a tantas almas pérdidas. Posiblemente siempre exista otra esperanza diferente a la vigente para vivir, evitando dar explicaciones de lo que se vive en la intimidad.

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Mariela Verónica Gagliardi

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El amor es tiempo y el tiempo no existe

Tuya es mi vida

Carolina Papaleo y Rubén Stella protagonizan “Tuya es mi vida” (escrita por Guillermo Camblor y dirigida por Julio Baccaro), también conocida como Yo adivino el parpadeo, dentro de la que se puede vivenciar una comedia dramática con el formato de sitcom.

Este formato que en las últimas décadas ha captado a un gran público televisivo, por suerte, también, tuvo su oportunidad en el teatro.

Ambos títulos rescatan frases de la canción Volver (Carlos Gardel), sobre la que se mantiene el espíritu de lo que fue, de lo que es y de lo que quizás podría ser.

La sala de teatro del Picadilly, fue testigo del debut de esta dramaturgia durante una noche muy especial en que la actriz cumplió años desarrollando su vocación, esa vocación que desde chica llevó en sus venas.

Durante la velada, los espectadores disfrutamos de una puesta en escena en que se recreó la casa de Delia -una mujer que, de un momento a otro, recibió a Pacha, su amor del pasado-. De esta manera, la temática de la obra se centra en el amor, en el resentimiento, en aquellas heridas no cicatrizadas, en el desarraigo y en las oportunidades no vistas con los ojos abiertos por predominar el egoísmo.

No hace falta aclarar que los dos artistas se lucieron ya que es una obviedad y los personajes les calzaron a la perfección. Ella, una profesora y bailarina de tango, débil pero que, actualmente, valora a cada persona. Él, un bailarín de tango que viene con una propuesta de trabajo, supuestamente, inquietante. Se suman al elenco dos personajes secundarios que deleitarán con pasos arrabaleros y el sabor de esta danza tan porteña.

Así, la lucha de intereses ocupará un espacio central y cada uno argumentará lo que sienta, por más que la razón sea dejada de lado.

El tango, como eje social y de comunicación, le permitirá a Pacha rememorar su tierra natal deseando, de cierta forma, no haberla dejado nunca.

Secretos ocultados, tapados y tratados de mantener en la clandestinidad, también tendrán oportunidad de ser dichos, así como aquellas respuestas o planteos irrisorios, ridículos e inclusive no atractivos.

El argumento de la historia tiene la posibilidad de ser visto de dos maneras: por un lado, nos encontramos con una trama tradicional de novela en que surgen situaciones graciosas, románticas e inverosímiles; pero, por otro lado, la profundidad de temas que no son juzgados ni por ellos ni por la dramaturgia -simplemente se plantean superficialmente-.

Considerando estas cuestiones, la ex pareja narra vicisitudes de la vida cotidiana, conflictos que posiblemente a mucha personas le han ocurrido, tragedias inevitables, sinsabores de un romance y alegrías cautivantes.

“Tuya es mi vida” no es otra cosa que el reflejo de una persona en otra, la posibilidad de cambiar y la oportunidad de lograrlo.

Aquellos días en que todo se vuelve oscuro, siempre existirá la luz de la luna que abrace al más débil, otorgándole una confianza absoluta en sí mismo.

Lo que debo resaltar, sin lugar a dudas, es que se puede disfrutar de dos grandes actores, interpretando diálogos interesantes, con muchísimos gags y evitándonos el dolor profundo de un drama tradicional.

El verano en Buenos Aires es desolador en cuestiones artísticas ya que casi todas las obras retoman las tablas en marzo. Por eso, Tuya es mi vida marca la diferencia, junto a otras propuestas vigentes.

Tuyo es lo que quiero y me atrevo a dártelo, tuya es la nobleza que se abre durante la adolescencia dejándola al desnudo. Tuyo es lo que me queda cómodo, lo que me sobra y lo que no sé cómo sobrellevar.

Pero, al transcurrir la historia, sucede un acontecimiento, un quiebre inesperado que entristece y nos hace repensar nuestra vida, la vida de ellos y esas señales emitidas suponiendo que el otro las entendería.

Cuando el mal se avecina, el humano suele cambiar su perspectiva, disculparse e intentar buscar protección. No es momento para cursilerías. El tiempo es otro, la gente cambió, se transformó obligada y ya no podrá borrar el pasado para cambiar el presente.

Una pareja que por momentos parece vivir en el aquí y ahora, atosigada por malas elecciones. Una pareja que intenta confiar en aquello que, sabe, no podrá.

Cada beso y abrazo tienen sus significados, esos que podrían conmover o sanar aquellas heridas en carne viva.

¿Tienen sentido las segundas oportunidades?

¿Qué decisión deberá tomar cada uno?

¿Existe manera de remediar el dolor, esa angustia que te atraviesa de punta a punta?

Tuya es mi vida nos invita a la reflexión sin llegar a deprimirnos, solamente dándonos esa oportunidad de abrir los corazones para conocernos más y hacer el bien.

Tuya es mi vida ficha

Mariela Verónica Gagliardi