*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Desear lo que se hace

Espejismo

Ficha EspejismoLa danza-teatro contiene ese vuelo distinguido para decodificar con sensaciones el universo planteado. En esta oportunidad, la obra Espejismo Shinkiro (escrita por Rony Keselman y dirigida por Gustavo Collini Sartor) nos hace volar, sin darnos cuenta, por el mágico mundo de las leyendas japonesas en manos de dos artistas increíbles que son acompañados por un músico en vivo.

Claudia Lapacó es la portavoz de estas historias orientales que tienen el honor de ser interpretadas por el bailarín de danza butoh, Sebastián Collini Sartor.

Este es uno de los casos en que mis palabras serán un simple retrato de lo observado, que emocionó con diferentes sensaciones a mi organismo.

Con una noche fresca, en este verano agobiante, hubo una introducción antes de pasar a la platea del Teatro Larreta al aire libre y de disfrutar la belleza del espectáculo en conformidad con su naturaleza. Siempre el paso por este sitio es una caricia al alma.

En primer lugar, quisiera exclamar a vivas voces que cuando existe amor por el arte surgen y se desarrollan situaciones y escenas como las que se pudieron ver en la presente función. Y, no es casual, que hace doce años se esté presentado Espejismo y continúe como un estreno, con esa magia inigualable.

Espejismo nos habla de un mundo perdido u oculto, que puede aún ser recuperado aunque diste de poder conseguirse. Frente a este mundo, el nuestro, el actual, el Occidente que corre, que se preocupa ante banalidades, que se violenta ante la pérdida de un objetivo y se descarga agresivamente contra algo o alguien.

Pero espejismo es, también, un reflejo en aguas cristalinas, un modo de verse y vernos en otras personas, de querer ser mejores, de superarse o superarnos, de ir lentamente sin correr, por querer llegar rápido, de una mentalidad totalmente opuesta a la dominante, de sentir un cambio o modificación con el cuerpo entero, de transmitir sensaciones, convicciones y de luchar por propósitos ideológicos -entregando, incluso, la vida-.

Son cuatro los cuentos que se desarrollan en el escenario: Hoichi el músico sin orejas, ánades Mandarines, El secreto de un muerto y La Visión. Si bien la primera leyenda es la más extensa de todas, cada cuadro consigue ir inmiscuyéndose en nuestro inconsciente colectivo hasta revolucionarnos por completo. Claro que no todos los espectadores, por igual, están preparados para entender la valoración que se hace sobre el mundo contemporáneo y sobre dos tipos de mundos; pero sí existe una absoluta admiración de parte del público que permanece absorto de principio a fin.

Como si se tratara de una tetralogía, Espejismo se comprende una vez ocurrido el desenlace, momento en que la emoción fluye por completo, extasiándonos hasta las lágrimas.

El Butoh tiene sus códigos dentro de los que se encuentran el tipo de maquillaje blanco, la expresión en su máxima potencia, la vanguardia  como estética de confrontación respecto de lo conservador y la posibilidad de danzar -de pies a cabeza- la vida. Y digo la vida y no una canción ya que la magnitud de esta puesta en escena pretende transgredir y lo consigue. Pretende mostrar lo más íntimo y no solo lo hace sino que coloca el ojo del espectador en un lugar incómodo para que, entre todos, podamos construir un mañana.

Horai es el sitio en el que nos sumergiremos en esta velada tan noble, en la que podremos soñar con los ojos abiertos junto a hadas, emperadores y fantasmas de miles de años atrás. Y, como si fuera poco, conocer al pequeño y gran Emperador Antoku -quien tuvo una muerte trágica junto a su abuela, cuando el clan Heike se vio amenazado y sufrió persecuciones-. De aquí se presupone que el fantasma del niño merodeaba por los aires y quiso hacerse de Hoichi, engañándolo con pleitesías y adulaciones hacia su increíble música. Tanto este final como el de los restantes representados por Collini, dan cuenta de la pasión que el artista siente y lleva en sus venas, de cómo puede interpretar a un hombre o mujer, a una anciana o niño, a quien perdió todo y a quien aún tiene motivos para seguir en la Tierra.

Desde sus ojos enrojecidos hasta sus pies levitando en busca de paz, de un resurgimiento, de un nacimiento natural, de una búsqueda en soledad y en compañía de la voz de Lapacó -quien permanece erguida en el atril hasta que se fusiona con algunas escenas, dotándolas de su talento e impresiones-.

Mientras un títere sorprende hacia el final, todos los pétalos de rosa decoran las muertes más bellas que, posiblemente, conseguirán traer sus cuerpos hacia otra dimensión.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Identidad compartida

Casa Valentina

Ficha Casa ValentinaSin lugar a dudas que José María Muscari sabe hacer reír reflexionando a la vez, refiriéndose a temáticas vigentes y realizando una bajada de línea interesante para llevar a cabo su arte.

De repente, van ingresando, solemnemente, cada una de las figuras que compondrán el elenco de Casa Valentina (de Harvey Fierstein, con versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino) y, como público, nos podemos dar una idea de cómo será la obra de teatro. Y un subtitulado que aparece en dos pantallas, nos ubican en tiempo y espacio. Estamos allá por la década del 70´ en que se consideraba a la homosexualidad como una enfermedad. Y, actualmente, si bien se sabe que no es una enfermedad, sino que la homosexualidad depende de muchísimos factores -entre los que ingresa la elección-, cierto sector conservador continúa aseverando que ser gay es sinónimo de tener problemas de desviación sexual.

A la casa de Valentina ingresarán sus amigos desde hace años y un nuevo integrante un tanto inseguro de la decisión que tendrá que tomar. Y es que lo que comenzó para varios como un juego, después de un tiempo se convirtió en una elección personal y espiritual.

¿Por qué deben dar explicaciones sobre su aspecto físico, sobre el color de la peluca que deciden ponerse en la cabeza, los tacos o el vestido a tono que más les guste lucir?

Seguimos teniendo una sociedad bastante retrógrada y enfermiza que, en gran parte, está convencida de que el travestismo es un show para pasarla bien, hombres disfrazados de mujeres. ¿Acaso un heterosexual justifica cada uno de sus pasos?

Esta comedia contiene comicidad y drama, momentos para entretenerse con la música y diálogos -establecidos en esta especie de asociación que dará una lección de vida a quienes estén abiertos y dispuestos a escucharla-; y, el plus de tener la dirección de Muscari -quien tiene un don para hacer comedias entretenidas-.

Cada personaje está muy bien caracterizado, desde su atuendo hasta maquillaje y expresividad; pero quien resalta notablemente es Fabián Vena. Después de haber visto sus trabajos, a lo largo de los años, éste es, verdaderamente, increíble. Consiguió inmiscuirse en la piel de una mujer, sentir como mujer, moverse como tal e incluso tener la histeria necesaria para simular femineidad.

Casa Valentina2

Sorprenden, erotizan y cautivan estos artistas que decidieron escribir una historia en tiempo real, conmoviendo con la profundidad de sus palabras, la valentía para afrontar la realidad y sobrepasarla cuando sea necesario. Así será como sus roles diversos irán impregnándose en toda la sala del Teatro Picadilly para que nos sintamos parte de esta gran propuesta, en la que solo es preciso abrir los ojos y demás sentidos para observar la enamorada del muro y los banderines de colores que decoran la mansión que hospedará a sus huéspedes por un intenso fin de semana.

Existen varios puntos para reflexionar y concientizar, pero lo más certero es que cada espectador se lleve el mensaje que quiera, que pueda optar por divertirse un rato o sentir el código establecido por estas paredes que hablan, que se quejan, que ruegan, que se desbordan, que piden auxilio y piedad. La libertad es la verdad más grande de la Casa Valentina que está integrada, además, por María Leal y Mariela Asensio, con dos papeles muy controversiales y dentro de los que consiguen lucirse y dejar una impronta muy fuerte en el escenario y la historia.

¡¿Qué interesa un rouge o una máscara de pestañas cuando ellos desean ser ellas?! ¿O, acaso la vida debe ser una infinidad de argumentaciones interminables que desencadenen solo cuando el silencio acapare por completo la inmensidad del espacio?

En tan solo un fin de semana, algunos aprovecharán el tiempo para decidir si prolongar su libertad o volver al seno familiar en el que deberán ocupar el lugar que, supuestamente, deben ocupar.

Quizás lo más interesante de la dramaturgia sea que no existe un blanco o un negro sino un blanco y un negro, la posibilidad de elegir ser un día mujer y otro día hombre, por un momento reina y luego marido. Desde esta arista es que el autor focaliza y se posiciona para que el debate pueda existir en las mentes de los espectadores durante la función y una vez finalizada ésta. Tal vez sea este el punto de equilibrio que muchos estén buscando hace tiempo y, hoy, comience su verdadero camino.

Mariela Verónica Gagliardi

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El arte en el mundo de hoy

En el aire

Ficha En el aireEn el aire (unipersonal protagonizado por Facundo Arana, con dramaturgia y dirección de Manuel González Gil) es una obra de teatro que transita por una infinidad de clímax increíbles.

Combinando pasado y presente es como Marcos (locutor de un programa de radio) se convierte en el portavoz de una historia profunda, que conmueve de punta a punta, haciendo vibrar al público de un modo notable.

Y es que esta emisión se está llevando a cabo desde el Teatro Ana Müller que, por lo diversas noticias, se sabe será derrumbado para la construcción de una playa de estacionamiento que dará muchos ingresos a empresarios.

Todo parece ir sobre rieles en esta consternada transmisión radial que parece haber un secreto no develado. No tendría sentido, realmente, contarlo en esta nota ya que el unipersonal perdería esa magia que se percibe en el éter de principio a fin. Pero, lo que sí puede mencionarse es la creatividad para poner en escena a Facundo Arana, componiendo diversos personajes que harán unir la narración como si se tratara de pequeños retazos que fueron pensados artesanalmente. Así es como el pueblo de Las Rocas (situado en el Interior de Buenos Aires) le irá devolviendo a sus habitantes la valentía para luchar por lo propio, por lo autóctono, lo que es de ellos y del pueblo.

En un recorrido, notablemente emotivo, la figura del actor será puesta de protagonista para transmitir el rol que tiene, el que se merece y dónde está parado actualmente. También, el monólogo oficiará de “cómplice” para con otros artistas presentes y, de este modo, hacerlos partícipes de la problemática por la que atraviesa el arte y la cultura hace tiempo en el país.

¿El actor es una mercancía que se compra y se vende, o es un cuerpo que se pone en la piel de quien pretende para formar una realidad determinada?

Un gran debate se focaliza en estas cuestiones artísticas, fusionándose con llamados de oyentes, consignas y música. Hasta que la estructura con punto y coma -a la que está acostumbrado el locutor- se pierde y se ve arrasada por la cruda realidad.

La claridad de los ojos de Arana nos traslada a un universo confuso en el que irá desentramando toda tela araña que opacaba la belleza del pasado, la sutileza de una mirada, el amor verdadero, la angustia de no tener certezas en todo sentido, la desesperación por no poder recrear el mágico mundo en el que vivieron sus abuelos, la construcción de un espacio dentro del que florecería el arte en todo su esplendor, la figura de Baigorria quien era un bombero voluntario olvidado, pero homenajeado por Marcos -quien parece ser tenaz y firme en pensamiento pero muy sensible en su corazón-.

Como si se tratara de una obra integrada por varios actores, Facundo Arana conmueve por sus interpretaciones, por sus voces, su soltura y simpleza. El es el cuerpo de quienes forjaron el teatro desde el que transmite, la voz de quienes ya no hablan, el aire de quien no se atreven y el espacio de quienes no se creen capaces.

Verdaderos dueños o los que figuraban como tales. Todo parece ser una batalla, una lucha por ganar no por el mero hecho del reconocimiento sino del olvido que se envuelve en escombros.

En diferentes espacios del escenario Arana compone a sus personajes, que son acompañados por la iluminación precisa para que todo brille aún más, para que el futuro no sea algo incierto sino el reflejo de quien se enviste en una ideología y camina con el agotamiento que eso conlleva.

Y, cuando todo está dicho, la emisión llega a su fin. No sin antes dejarnos varias enseñanzas que podrán guardarse en lo más íntimo del ser.

Una llamada será uno de los hilos conductores elementales que nos conducirán hacia el objetivo planteado en el desenlace.

La vida y la muerte, ese espacio que intriga y da miedo, la nada misma, el todo convertido en palabras y en espíritus que desean escribir una nueva historia.

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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Cuando el dinero podría comprar la felicidad

Antihéroe off

ficha Antihéroe off“Para poder alcanzar la sensibilidad del espectador en todas sus caras, preconizamos un espectáculo giratorio, que en vez de transformar la escena y la sala en dos mundos cerrados, sin posible comunicación, extienda sus resplandores visuales y sonoros sobre la masa entera de los espectadores” (Artaud, Antonin, 1938, El teatro y su doble).

Existen momentos en la vida en que todo pareciera ser una nebulosa tan grande como infinita a la vez. Desde ese nubarrón pesado, denso y angustiante es que Remo se para ante un público que oficiará de confidente -para guardar sus intimidades más preciosas y sufridas-.

De esta manera, Patricio Abadi, escribe e interpreta a un padre y actor que pretende escapar de la realidad componiendo diferentes personajes, los cuales se combinan de un modo humorístico, existencialista y satírico. Una fusión, realmente, conmovedora en la que el artista es superado por su presente y futuro, luchando por reunir el dinero necesario y viajar hacia Inglaterra a reencontrarse con su pequeño hijo. Toda la puesta en escena girará en torno a su niño a quien no ve hace tiempo.

¿Cuántos padres como Remo existirán y quisiéramos que existan para que el mundo sea más noble y espiritual?

Remo, como una sencilla acepción relacionada al movimiento, al avance, a querer llegar a ese puerto en que se encuentra su amor más grande, fruto de la esperanza.

Así es la historia de este luchador en Antihéroe off y que se embiste como una criatura sufrida, noble y sincera. Un verdadero héroe que solo precisa confiar en sí mismo y proyectar un futuro colmado de fortunas -no solo económicas sino sentimentales-. Allí, desde un sitio que oscila entre la desesperación, la angustia, la depresión, las botellas de alcohol, los sueños y cada uno de los recuerdos; está Remo. Pretendiendo estar, permanecer y avanzar si saber bien cómo. Sin referentes a quien copiar o pedirle ayuda, sin una familia, con personajes que compone desde antaño -pero que no tiene la oportunidad de mostrar en vivo-, con la grandeza obtenida por tanto sufrimiento y por el estar en pie cuando su corazón está derrotado absolutamente. ¿Cómo dar cuando ya no se tiene?

De repente, una voz infantil se escucha desde un grabador de juguete y la piel se me eriza completamente. En este momento del unipersonal se produce un quiebre en que el humor es dejado de lado y ya no puede disimularse el dolor que invade a este hombre que rememora sus comienzos en los escenarios, su primer profesor de teatro y las páginas leídas de autores excepcionales que lo formaron profesionalmente. Todo, ¿para qué?

Pareciera ser que él no quiso ser actor sino huír de sus penas, ponerse el traje de Hamlet pero hablar con otra voz, combinar el delirio con el clasicismo y la oportunidad con el deseo.

Abadi es un talentoso que deja todo en el escenario, que suda como boxeador y sufre como padre, que baila como Freddy Mercury pero llora como niño, que lucha como un águila pero cae como un pichoncito de su nido incluso antes de nacer, que implora al universo su existencia y no obtiene las respuestas que busca, que quisiera estar simplemente con su hijo a quien ama desde lo más profundo pero que no tiene el dinero para un pasaje, ni la oportunidad de actuar en Londres ni un hombro en que apoyarse para descansar.

Y, de repente, una tortuga camina lentamente simbolizando a Artaud y su teatro absurdo. Simplificando la complejidad del hombre y explicando la esencia de la existencia humana.

Chuker, el poeta edulcorado es aquel personaje que descontractura la presión del artista-hombre, que lo encauza y permite reír en medio de tanta pena.

Resulta increíble el don que tiene Patricio Abadi para manejar cada uno de los clímax por los que transita la obra, metiéndose a cada espectador en el bolsillo y andando por momentos risueños al principio y dramáticos (plenamente) hacia el final.

Con respecto a la iluminación, a la música y efectos, todo está a merced del espectáculo otorgándole los detalles necesarios para que Remo se concentre y transmita cada uno de sus sentires, despreocupándose por el entorno. A su vez, los objetos que aparecen le sirven para citar e ir componiendo cada partecita de su ser, cada detalle de su relato y cada lágrima contenida.

“El corazón tiene razones que la razón no entiende” (Pascal, Blaise), afirma en cierto instante y así consigue asumir ciertas elecciones del pasado que lo ubicaron donde hoy está parado, frenado y obstaculizado -en cierta forma- por él mismo.

Y, como si el telón cayera ferozmente de golpe, se acentúa diciendo que el actor “tan cerca de la basura como de la eternidad” (Kantor, Tadeusz).

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Noche mágica de música pop

Machaca3Cuando se termina uno año, siempre se busca hacer un balance.

En el caso de Sabor A Teatro, el desafío es encontrar el último espectáculo del año a cubrir, que sorprenda, que llene de satisfacción al alma y que deje alguna enseñanza.

El 30 de diciembre, casi 31, andando por las calles de Microcentro, un lugar me invitó a pasar. Se trataba de un espacio que forma parte de un hostel en el que se podían ver muchísimas personas de otros países. Con un ánimo festivo, como si ya se tratara de la víspera del 1° de año, una banda estaba tocando. Con un estilo de “rock”, a lo que en la actualidad se suele denominar como tal, seguí depositando mi esperanza en algún otro grupo que se presentaría a lo largo de la noche.

Y se trató de la segunda banda, una banda con vigor, con muchísima onda, con un repertorio propio y otro de covers, que desfiló por el folk, pop y nos brindó un verdadero show en el que se pudo ver a sus músicos muy compenetrados, fusionados, felices de estar allí y dichosos de contagiar su energía a un público que estaba más acostumbrado a la banda anterior súper convencional y no a un equipo profesional con el que había que establecer un lazo diferente y entregarse a un viaje colmado de placer, sabiduría e inteligencia.

Machaca está integrada por: Gianni Sabbione (Voz y sintetizadores), Nicolás Castañeda (Voz y bajos) y Nahuel Santos (Voz y guitarras). Un grupo que suena a sintetizadores de los años setenta con un tinte más contemporáneo aún y una pasión por la música y sus melodías de tiempo atrás. Con reminiscencias de rock, pop y un aire innovador que hace vibrar de principio a fin.

Sin lugar a dudas que el tema “Elefantes rosas”, con el que abrieron la noche; es uno de los más increíbles de todo el disco que se titula “Machaca, instinto de satisfacción”. Una satisfacción para ellos y para nosotros como espectadores, para sus seguidores de siempre y los que nos sumamos a este móvil de cultura pop en castellano e inglés.

Sé quién soy, Himno de mi corazón, Satisfaction, No soy tu amor, Loco, Safe and sound, Chica Nacional, Dame una razón, Nada personal, Sabés y Chica cool; completaron el repertorio escogido por estos músicos talentosos que ya han compartido escenario con Miranda, Cuentos Borgianos y demás bandas famosas de larga trayectoria.

No fue casual encontrarlos horas antes de finalizar este 2015. Un aplauso cálido, conmovedor y colmado de alegría, suena durante las últimas estrofas de Chica cool. Y no es una despedida sino un hasta pronto y que en el 2016 puedan rodar por diferentes espacios y movidas culturales impregnando su compromiso musical y dejando huella al andar.

Mariela Verónica Gagliardi

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Arrancando la viruta

Percal Ocho x ocho

Unos años atrás en un Festival de Fado y Tango tuve la oportunidad de escuchar a Percal Tango. Esta orquesta -integrada por diferentes músicos- modificó su formación inicial y se convirtió, con el correr del tiempo, en una búsqueda consolidada, precisa e íntegra, que pisa fuerte, que tiene nombre propio y brilla desde lejos.

Así como en un momento sonaban a tangos de otros (porque resulta imposible no tener incidencias musicales de autores ya consagrados) hoy en día consiguieron su propio sello.

Entre anécdotas, el carisma serio de Nacho Cabello, la conjunción de instrumentos de cuerdas y percusión, la voz del líder y Eva Fiori otorgándole la femeneidad arrabalera al género. Esto es Percal y el tango de antaño y de ahora. Un recital que tuvo como finalidad presentar el nuevo disco “Ocho x ocho”, un material doble y que por eso duplica su apuesta.

El show en Boris permitió percibir auditívamente la magia de cada canción, del repertorio propio y del apropiado. De un material titulado Admiración -con autoría de Pedro Laurenz y homenaje a éste- y de la segunda parte mencionada como Inspiración -que incluye temas propios-.

Desfilaron por el escenario diferentes estilos que engloban a: tangos tradicionales, milongas, vals y una fusión de ritmos tangueros bien de Percal. Porque de eso se trata, de acercarse a una orquesta joven que apuesta a perdurar en el tiempo, a homenajear y, también, a escribir su propia historia, a aplaudir a los históricos y también ser aplaudidos, a sonreír cuando se rememora y también lagrimear en ocasiones que lo justifiquen.

Cerrando los ojos pude sentir a otra de las orquestas que conquistaron mi corazón hace rato llamada El Arranque. Siento sus pasos, su esencia, pero no como una copia… es simplemente un vestigio, ese algo que resulta imposible de definir pero que ahí está como una sensación en el aire, en las notas, en los acordes, en ese pisar fuerte y decir “acá vamos, arrasemos”. Considero que con los años esta orquesta se convirtió en un equipo que se encamina hacia un objetivo determinado, un equipo en el que cada artista tiene su espacio, en el que no resalta uno por encima del resto, una solvencia sin igual que está integrada por: Álvaro del Aguila (Bandoneón), Nacho Cabello (Voz y guitarra), Juan Manuel Costa (Violoncello), Eva Fiori (Voz), Sergio Milman (Piano), Nicanor Suárez (Contrabajo) y Hernán Zauner (Violín).

Tangos melódicos, tangos cantados, tangos para bailar, otros para soñar despiertos, para hacer firuletes o para conquistar desde la mirada.

Los tangos admirados fueron: Orgullo criollo, La revancha, Risa loca, Milonga de mis amores, Mala junta, Mal de amores, Berretín y Esquinero. Mientras que los inspirados: Cocó, Lila y las luces, Coplas de mi niño, Sobre los tilos, Final del juego, Un vals para Joaquín, Cables y cajita, y Buenas noches.

Una velada realmente encantadora de la que disfrutamos todos. Una noche en la que se sintió unión y fuerza, sonrisas, expresiones y deseos, una noche en la que la política fue dejada de lado por un momento para demostrar cómo las letras de estas canciones pueden hablar más que cualquier discurso.

Sumado a esto, la voz de la talentosa Eva Fiori que deleitó en cada una de sus interpretaciones en que consiguió lucirse como una verdadera figura. Una cantante excelente que subió al escenario cada vez que le tocaba su turno y que con sus rulos perfectos conformó una performance encantadora.

Así da gusto presenciar un recital de tango, que tiene la particularidad de ser para todo público. Sí, porque podían verse a bebés de meses de vida despiertos y sin hacerse notar en absoluto. Y es que los pequeños que crecen entre melodías, difícilmente no lleven al tango su sangre.

Entre fotos, videos, aplausos, gritos desenfrenados, ovaciones y saludos; fue despidiéndose esta orquesta que, notablemente, pasó por esta noche loca que más que loca fue sentimental.

Mariela Verónica Gagliardi

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El deseo es más fuerte

las iglesiasHay obras de teatro que son fabricadas como una pieza artesanal y consiguen no exponerse solamente a un público sino a integrar a éste en la historia que se plantea en el argumento.

¿Qué diferencia a esta dramaturgia de otras?

Sinceramente, muchas cuestiones. Claro que no es la única obra de teatro que merece ser destacada pero sí tiene que ser distinguida porque ofrece la oportunidad de ser parte, como espectador, de la intimidad de tres mujeres que se van fusionando no solo como personas sino como temáticas a tratar.

Las Iglesias es un título referencial, que significa (aún antes de inmiscuirnos en sus profundidades) muchas cosas. Es un apellido, una institución y demás detalles que se irán conociendo durante la función.

Sin lugar a dudas que desde que llegamos a la sala, hasta que ingresamos por su pasillo, ya estamos dentro del universo Iglesias. Se puede sentir con el olfato, con la vista y con el cuerpo como totalidad. Las fragancias nos permiten ir reconociendo la magia de la luz tenue, de la delicadeza de sus artistas al narrar lo que les sucede y de la femineidad que tienen al hablar de sí mismas -de sus recuerdos y de la impronta que llevan en su interior-.

Un hostel familiar funciona de una manera bastante peculiar, hospedando a turistas. La llegada de uno de ellos será la pieza cuasi fundamental para hilar cada hecho ocurrido antes y ahora. En un principio se podrá ver un ritmo discursivo lento que irá unido a una circunstancia dada en ese momento; pero, luego, la agilidad aumentará para dar a conocer una segunda parte de la historia que conmoverá desde las lágrimas hasta las entrañas.

Quisiera afirmar que existe una transformación en cuanto a espectador al salir de la obra. Así como las puertas de la casa se abren, muy despacio, para alojarnos; deberemos ser cuidadosos al escuchar cada una de sus charlas.

Este trío consigue adentrarnos en su mundo y crearnos la sensación de no teatro, de no actuación. Se trata de una verdadera interpretación sobre hechos que las unen y separan, sobre sensaciones que se les presentan y deben resolver, sobre asuntos pasados no concluidos ni cerrados.

Y, al conocer estas situaciones, podremos envolvernos en su aire, escuchar cómo un techo se corre, cómo una llamada transforma y cómo una invitación participa.

Todo lo que ocurre dentro de estas paredes húmedas y atractivas, a su vez, queda allí y en nosotros. Por eso es que no pueden develarse más misterios que los hasta ahora dichos.

Mientras otros aromas se apoderan de nuestras narices, creo que las artes escénicas son posibles gracias a diferentes propuestas y a este tipo de espectáculo intimista que hace latir diferente al corazón.

Cuando las lágrimas recorren sus mejillas, ella ya no es la misma. Ahora está dispuesta, abierta y por eso logra atravesar lo que tanto le duele. Un adiós, un final inesperado y sustancioso, un desenlace suspicaz y súper fuerte que hace latir, ahora, las paredes y la humedad frena -para absorber al amor más tierno y noble que pudiera existir-.

Las Iglesias son una máxima potencia que recorre habitaciones, oscuridades, melodías y silencios, gracias a la certeza más grande llamada: convicción. Cuando se sabe lo que se desea, el deseo se puede convertir en realidad y toda barrera disolverse para dejar transitar a quien camine.

Ficha Las Iglesias

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

 

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El triunfo de la bondad

La loca de Chaillot

«Somos los últimos hombres libres, la época de la esclavitud llega y no tardará mucho».

(Jean Giraudoux).

Una sátira muy distinguida, que se vale y apoya de y en varios recursos literarios y teatrales para conseguir que este clásico francés de Jean Giraudoux se convierta en una pieza artística digna de ser vista y apreciada en todo momento. La loca de Chaillot (escrita por Jean Giraudoux y dirigida por Francisco Javier) no es solo la historia de una mujer sino de varias mujeres que se unen para tramar un plan. Dicho plan será muy estratégico y girará en torno a una problemática de aquel entonces que no podía ser quitada con un simple pestañear de ojos: la invasión de Alemania a Francia.

Durante la cuarta escena de esta dramaturgia (que tuvo su única función en la Alianza Francesa), Francisco Javier utilizó al teatro como máxima expresión, haciendo que cada actor se destaque con su personaje -tanto si fuera secundario como protagónico-. Y es que este director tiene tanto conocimiento acerca de las artes escénicas y del presente autor que pudo hacer una puesta en escena magnífica, montando un fragmento extraordinario y en que se puede comprender a la perfección el argumento de la obra sin necesidad de conocer las escenas restantes. Claro que tuvimos, como espectadores, el plus de escuchar a Francisco Javier quien hizo un recorrido acerca de la vida y obra de Giraudoux y de La loca de Chaillot.

Casualmente, el dramaturgo, un año antes de morir escribe en 1943 la presente sátira -momento en que Francia había sido derrotada en la Segunda Guerra Mundial-. Ese es el contexto de la obra, la cual tiene un doble giro para hacer pensar al público y también para que éste pueda hacer su análisis sobre la historia que bien podría entenderse como un triunfo de Francia por sobre Alemania.

En cierto momento menciona que “los personajes expresen lo que les ocurre, lo que sienten, lo que les pasa en relación a los acontecimientos de la época, los acontecimientos”. Y, ciertamente, es así. Seis personajes finamente caracterizados, con un andar que refleja quién es quién, con un trabajo tanto corporal como vocal en el que se logra vislumbrar hacia dónde se conduce cada uno y qué es lo que pretende.

Dicha escena se centra en el conflicto del petróleo. Pareciera ser que debajo de una casa, en un sótano más exactamente, se encuentra este hidrocarburo que pretenderá ser extraído por un grupo de personas interesadas. Como contrapartida, Aurelia y sus amigas (Constanza, Gabriela y Josefina) emprenderán un plan para darle la lección a quienes suelen fijarse en el dinero más que en la humanidad.

Lo más interesante es que la escalera que conducirá a estos hombres al subsuelo, no les permitirá retornar a la superficie ya que un abogado -designado por ellas- se encargará de celebrar un juicio para que eso ocurra.

Una figura noble de abogado es fabricada por este grupo de mujeres que pretenden hacer el bien por sobre todas las cosas y la designación del hombre de la ley tendrá mucho que ver con esta cuestión.

Todos los actores consiguen lucirse deleitosamente y en casi una hora desfilar por el escenario, haciéndonos sentir en París -con proyecciones fílmicas-, con palabras en francés, con la delicadeza y suspicacia para conseguir esa templanza en que es posible decir y hacer sin correr velozmente. A su vez, un vestuario que ilustra a cada personaje y lo dota de la apariencia que, junto a la destreza de cada quien, logra desenvolverse muy bien.

Buenos y malos (puramente hablando) se enfrentan y prevalecen unos por sobre otros. Según palabras de Javier, la Loca de Chaillot y quienes la rodean, conforman una especie de “Corte de los milagros, parecen personajes de la picaresca española”.

Realmente un extracto que llega al alma, muy tierno, bien logrado y que, seguramente, continuará reuniendo a esta “nobleza” relegada de la sociedad parisina.

ficha La loca de Chaillot

Mariela Verónica Gagliardi

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Ser conservador con el cuerpo ajeno

Cien veces no debo1

Todo terrestre habrá visto la película interpretada por Luis Brandoni en la que, su un padre, decía la famosa frase: “¡Le inflaron el bombo!” Un elenco inolvidable compuesto además por: Norma Alejandro, Andrea Del Boca, Federico Luppi, Darío Grandinetti, Oscar Ferrigno y Verónica Llinás. ¿Quién podría olvidar determinadas escenas del texto de Alejandro Doria basado en el original de Ricardo Talesnik?

Con un éxito tan grande y rotundo como el que tuvo este film de los años 90´ (dirigido también por  Doria), resulta un desafío montar una obra de teatro con un excelente nivel actoral. Pero con un director como Daniel Dalmaroni las expectativas fueron superadas y el elenco pisó fuerte en el escenario. Esta propuesta es oriunda de la Ciudad de Crespo (Entre Ríos) y forma parte de Cervantes Federal (un programa que se hace anualmente, trayendo a artistas de todo el país).

Quien hizo de Lidia (Celina Zamero), la joven embarazada, realmente deslumbró con su interpretación. Considero que el argumento, en estos tiempos, se vuelve más polémico ya que se relaciona, íntimamente, con los miles de casos de violencia de género. Esta colegiala que está a punto de terminar quinto año, que sigue los sueños ajenos y que pretende conformar a su madre y/o padre a cualquier costo; hasta que entiende que es ella la que debe vivir, aunque para eso deba despegarse de la «comodidad» a la que estaba acostumbrada.

Cien veces no debo (escrita en 1970) es como un castigo impuesto por las maestras de colegios a los alumnos “rebeldes”. Como si por escribir la misma frase, una y otra vez, se pudiera cambiar de parecer o de personalidad o de sentimientos.

Era muy habitual el prejuicio, aunque actualmente siga existiendo y la moral, aunque no se daba el ejemplo, como sigue pasando ahora. Décadas atrás el tema del aborto era aún más silenciado, pero no por eso no existía. Mujeres tildadas de ligeras, de inmorales y mencionadas de tantas maneras para que sintieran ese peso pesado que no deberían llevar bajo sus espaldas. Una sociedad que no ayudaba, que no apoyaba, que juzgaba y, como si fuera poco, familias enteras decidiendo por la futura mamá.

Pero todo se vuelve un verdadero caos -en esta comedia que utiliza a la parodia como principal recurso- cuando Lidia se opone a que decidan por ella. De un momento a otro lo que parecía ser la regla se vuelve oposición y todo mandato es cuestionado por la juventud (tanto por ella como por sus amantes).

Mientras tanto, una casa conservadora alojará a Julio (Adolfo Recchia) y a Mabel (Norma Espiñeira), que se desesperan ante la imposibilidad de controlar a su hija, quien demuestra tener voz y voto en su propia vida. Lo que podría decirse que más impacta es, lógicamente, la temática vinculada a la violencia hacia las mujeres, al trato que se le da a la joven como si se estuvieran refiriendo a un objeto que no tiene sentimientos ni pesares. Los años 70 y la actualidad se diferencian en algunos aspectos: entre ellos se encuentra la lucha diaria que hacemos muchas mujeres por reivindicar nuestros derechos, nuestra inserción en el plano laboral, la pertenencia, la identidad y el modo de ser, queriendo ser consideradas al igual que los hombres. Sin mencionar superioridades o inferioridades, esta versión teatral nos permite revalorizar nuestro rol en la sociedad, sin sentir que se es menos porque “alguien” así lo decrete. Jorge (Ezequiel Buch), Pilo (Ezequiel Gareis) y Carlos (Mario Lorán) le otorgan a la historia un aire de frescura y una lección que oscila entre lo profundo, lo tierno y la cruda realidad.

Hay muchas Lidias esperando morder el fruto prohibido, intentando aventurarse en su camino, en equivocarse por sí mismas, en celebrar su cumpleaños como quieran, en retirar cuadros de la infancia para construir un futuro propio y en determinar que en cualquier parte del mundo una mujer tiene derecho de ser feliz sin ser menospreciada por su elección.

Mientras la actriz se emociona, llora -pero sigue en pie- su discurso se afirma cada vez más. Es momento de que vuele como se lo sugirió Pilo y que no se deje manipular por quienes la trajeron al mundo.

Conservar, guardar, hacer que todo permanezca quieto, igual y sin modificación alguna. Así transcurren los días en este hogar hasta que todo se disuelve. Un hogar que fue reflejo de la Dictadura en Argentina, que copiaba el modelo de someter a los más débiles. Claro que esta pieza artística no utiliza la tragedia como tal, sino que, con humor, pretende crear conciencia. Antes, ahora y siempre, cada mujer es dueña de su cuerpo y de su vida.

ficha Cien veces no debo

Mariela Verónica Gagliardi

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Besos de amor

Yo no duermo la siesta2

Ese aroma a infancia y a niñez, con aires frescos y conflicto igualmente sin resolver, amores, sensaciones de agobio y placer, tensiones y la vitalidad de hacer remediando, luego, las consecuencias.

Yo no duermo la siesta (escrita y dirigida por Paula Marull) plantea diversos problemas que son ubicados, sin orden de prioridad, unificando criterios, espacios escénicos, momentos recurrentes y situaciones que se van de las manos sin poder arrepentirse.

Una familia es el foco dentro del que irán interactuando cada uno de los personajes principales y secundarios hasta conformar una unidad que se mueve como pieza de engranaje, que se desliza aceitada sin por eso tener que terminar con un tradicional feliz como se quisiera.

Existe un gran contenido simbólico en el que habitan estos hombres, mujeres y niñas. Tal es el caso de Aníbal (Marcelo Pozzi) que, sin lugar a dudas, es el que más llama la atención desde un principio por su dificultad para comunicarse y moverse. Igualmente, él hace hasta lo imposible para lograrlo aunque suele fracasar en el intento por culpa de quienes se burlan de sus problemas como modo de entretenimiento. Así, el bien y el mal toman protagonismo indefectiblemente al igual que lo correcto e incorrecto y varios de los antagonismos que desfilan por la dramaturgia.

El sometimiento es otro de los factores que existen en la historia y a través del que se obtienen determinados resultados, no siempre gratos.

Puede observarse una puesta en escena realmente atractiva, vistosa y que cumple a la perfección con la línea argumental, sin sobrecargar los espacios pero otorgándole a cada ambiente los detalles precisos para que sepamos en qué lugar de la casa se está en qué momento. El vestuario también es el ideal para cada personaje y la música que se apodera del corazón infantil que todos llevamos dentro.

Natalie (Micaela Vilanova) es la que más protagonismo tiene en Yo no duermo la siesta, no solo por su excelencia para interpretar a esta niña perversa e inocente a la vez, sino por el rol que ocupa en la historia. Ella es la encargada de transmitir el deber ser, la moral y, sin embargo, tener acciones opuestas a sus argumentaciones. Uno de los juegos que puede verse es un tratamiento para que su amiga espante a los mosquitos de su cuerpo. Así, cada una de las intervenciones de la pequeña será precisa, eficaz y dando a entender el sufrimiento por el que está viviendo y tuvo que crecer de repente.

El personaje antagónico de Natalie es la talentosa María Marull -quien interpreta a Doris-, una mucama que vive con esta familia y tiene la función de armonizar. Como si se tratara de un hada madrina que sonríe, sufre y llora en privado para después tener la fortaleza de dar lo mejor de sí. Cabe resaltar que Natalie no pertenece a dicha familia sino que es una vecina que, por diversos motivos, está con ésta momentáneamente.

Es verano, los insectos abundan, el clima agobia y las discusiones también. El ventilador no alcanza, los caprichos desbordan y todo explota de un momento a otro.

“Yo no duermo la siesta”, dice Natalie. Porque le hace mal y le da ganas de vomitar al despertarse. Afirma a su amiga Rita (Agustina Cabo) que cuando sea grande va a irse a vivir a una ciudad para evitar dormir de tarde. Esta última sin saber que hacer solo justifica que “Hay que decir las cosas para no enfermarse”.

Mientras Doris se acuesta e intenta no pensar, su mirada se entristece, lagrimea y silencia su padecimiento. Al mismo tiempo, puede verse a las niñas jugar en el living y resulta encantador vivenciar la niñez tan bien narrada. No parece ser una historia sobre la infancia escrita por adultos sino por una mujer observadora que se detuvo a reflexionar en el tiempo y captó la esencia justa de cada momento luego desarrollado por las pequeñas en escena.

Jugarán al videoclip, recorrerán la casa de un extremo a otro y harán cosas de toda niña traviesa. De eso también se trata. Mientras la madre de Rita (Sandra Grandinetti) está fuera del hogar, el descontrol se apodera de la atmósfera in crescendo.

Yo trato, trato, trato pero no te olvido. Yo lucho, lucho, lucho y no lo consigo (Contra la corriente – Karina) se escucha de repente y la cumbia sintetiza una de las líneas argumentales de la obra. Todo parece fusionarse en un punto y los pensamientos de Doris ser, de algún modo, los que transmite en ciertos momentos la pequeña Natalie.

“Hay que darse cuenta de las cosas”, dice Doris; y pretende solucionar como por arte de magia el caos de la casa.

Varios relatos que tienen una profundidad impecable, una sensación de que no todo lo malo es tan malo y que la alegría puede aparecer en determinadas situaciones para digerir los malos estragos.

La adultez recién aparece cuando el personaje interpretado por William Prociuk se hace presente, habiéndose anunciado con anticipación y también existirá un cierre prometedor que emocionará a todo aquel presente.

“No me da miedo ir, me da miedo llegar”, dice Natalie casi al producirse el desenlace de la historia. Una historia que emociona, angustia, que te traslada a un mundo de fantasía y realidad muy bien logrado, que otorga ese don para sentirse bien hasta en el peor momento, recordando quién es cada uno.

ficha Yo no duermo la siesta

Mariela Verónica Gagliardi