*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para la Categoría "Danza"

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Recordar taconeando

flamenco

Noches de flamenco (espectáculo creado y dirigido por Jorge Mazzini) pretenden ser veladas para que la historia de España sea profundizada, sentida e interpretada por un ballet, cantores y músicos quienes se encargarán de hacer un recuerdo en vivo y en directo. El homenajeado es el cantaor gitano José Monte (llamado originalmente José Jiménez Navarro), quien nació en 1893 y murió en 1966. Su pasión desgarradora podrá vislumbrarse en cada una de las escenas montadas a lo largo del espectáculo.

Durante alrededor de una hora y media, pudimos disfrutar del estilo sevillano y de diferentes bailarines que desfilaron por las tablas en el Teatro Astral. Cada espectador podrá tener a su preferido/a y me atrevo a afirmar que Gastón Stazzone deslumbró en cada una de sus apariciones -tanto individual como grupalmente-, teniendo una destreza única, comunicándose con su mirada, pisando fuerte, preciso y permitiendo que su cuerpo hable por él.

Baldomero Cádiz como voz principal del show, fue el encargado de ir hilando cada una de las piezas flamencas al igual que una presentadora que describía escena tras escena lo acontecido. Ambos relatos ilustraron y detallaron las batallas, amores, guerras, desesperanzas, uniones y la gran pasión que caracteriza a este pueblo español.

Los bailarines: Jorgelina Amendolara, Cecilia Crespo y Yamil Rabaj brillaron en escena y dejaron todo de sí por esta danza, admirando cada sensación y profundizándola corporalmente.

El tango Volver fue interpretado por Eugenio Romero y se convirtió en uno de los lazos más fuertes entre el país europeo y Argentina, uno de los tantos que unen ritmos diferentes y que por algún motivo, razón o deseo terminan confluyéndose.

Con respecto a las canciones que sonaron a lo largo de la noche se pueden mencionar: Cantiñas, Desde lo profundo, Mi guitarra y yo, Campanas del olvido, Buenos Aires Flamenco, Espejos, Celos, Potro de rabia y miel, Fiesta de tangos, Me gusta reñir contigo y Bulerías, bulerías, bulerías.

Un público espectador muy conectado con este ritmo musical que aplaudía cada uno de los números. Un público dentro del que no todo sería, seguramente, entendedor del baile y dichos estilos melódicos. Por tal motivo, considero necesaria la aclaración de ciertos términos relacionados con el flamenco.

Cuando se menciona la Jota de Cádiz, la referencia es a un baile de varios lugares de España dentro de los que se baila de manera similar y muchas veces con castañuelas. Es un baile y canto tradicional -como en Argentina podría serlo el tango y folklore-. De hecho pueden observarse ciertas similitudes entre algunos desplazamientos de nuestra chacarera y zamba, con la jota y otros ritmos españoles.

Otro de los aspectos que llaman la atención es el aplauso que se utiliza para llevar el compás del baile gitano. Dicho compás suena a castañuela, como si una palma de la mano se juntara a la otra dejando un hueco entre ambas, sonando más grave que en una chacarera donde las manos se colocan de otro modo.

A la vez que otro bailaor gitano danza una seguiriya en la que se puede sentir su dolor, la persecución de esta gran franja de la sociedad, los celos por un amor y la muerte. Se percibe la presencia de una seguiriya cuando el cantaor cambia la altura de una sílaba musical mientras entona (lo que comúnmente se conoce como melisma), al tiempo que se escuchan quejíos y “ayes” (plural de la palabra ay, que utilizan como forma descripción sonora del dolor).

Cada una de las escenas se convierte entonces en un retazo de historia y es posible determinar un principio y fin -sin que resulte necesario unir una con otra-.

En cuanto al cuerpo de baile es realmente perfecto y coordinado en cada uno de sus movimientos. El ballet mira hacia adelante, se comunica entre el mismo y suena el “llanto de la guitarra”. Luego aparecerá una novia con su rama y sufrirá el abandono de su amado, no sin expresar su dolor y lanzando todas sus joyas por los aires.

La pasión de quien interpreta esta danza resulta fundamental. No se trata solo de aprender figuras y pasos, tampoco de tener solo gracia, sino de un conjunto que convierte al bailarín en un transmisor de historias sentidas, exageradas pero creíbles.

Algunos ritmos como granaínas (proveniente de Granada y denominada como un fandango) y guajiras (se originan en Cuba ya que se trata de un ritmo musical de la isla, pero se le agrega el flamenco) estuvieron durante estas Noches flamencas en que todos nos comprometimos con el espectáculo y sufrimos el pasado como si fuera nuestro, que de alguna manera también lo es.

 

ficha Noches de flamenco

Fotografía: VCorta Producciones.

Mariela Verónica Gagliardi

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Manteniendo viva su ilusión

Ni con perros, ni con chicos

Las propuestas de musicales en Buenos Aires cada vez son más valoradas por el público, sea éste concurrente o no.

Lo cierto es que son pocas las comedias musicales que cumplen con la función de su nombre. Por lo general, los artistas que cantan excelente no transmiten demasiado desde lo corporal y, los que sí saben de danzas no tienen demasiados dotes vocales.

Ni bien supe que Ni con perros, ni con chicos… se estrenaría en el Teatro Cervantes, reservé mi
Ni con perros, ni con chicos3localidad. Cómo perderse una obra musical con cuatro talentosísimos actores del género (Omar Calicchio, Dennis Smith, Julieta Nair Calvo y Laura Oliva), con una dramaturgia impecable y atrapante (a cargo de Fernando Albinarrate) y la dirección del increíble Javier Daulte. Con un elenco de esta magnitud, ya se sabe que todo será goce y placer por parte de nosotros los espectadores.

Con un listado de dieciocho canciones que se representan como cuadros musicales, me atrevo a decir que se trata de una comedia musical dramática y no solo de un mero musical -ya que el recorrido que se realiza tiene un fuerte argumento y una gran investigación sobre el artista principal sobre el cual gira la trama: Charles Laughton-.

El actor inglés (1899-1962), nacionalizado americano años más tarde; tenía carácter. Y cuando digo carácter es que hacía lo que quería, conseguía cosas que otros no, tenía un lugar privilegiado y el amor incondicional de su esposa Elsa Lanchester (1902-1986).

Esta puesta en escena que aprovecha la estructura de la ex confitería del Cervantes, ubicando a los cuatro músicos excepcionales en el balcón (Marcos Vives, Pablo Citarella, Alejandro Bidegain, Roberto Gutiérrez) y utilizando la escalera y el espacio como precisen; debe ser visto no solo por amantes del género musical sino por todo artista que merezca ser llamado actor, así como también por profesionales vinculados a las artes escénicas.

Quizás pueda parecer una orden muy imperativa de mi parte pero cómo no estar presente en esta invitación a la vida de Laughter que es reconstruida por retazos, jugando con los tiempos pasados y presentes, interpretando diversos personajes, cantando como los dioses y reconociendo la trayectoria del inglés.

Ni con perros, ni con chicos4

¿Qué es teatro?

Y Charles menciona: el que escribe, el que lee, el que llora y el que ríe. Y circunscribiéndose a esta definición, la historia se vuelve magia, como esos papelitos plateados que vuelan por los aires haciéndonos sentir en otra galaxia.

¿Quién es actor, quién no lo es, cómo es este universo ficticio que se entremezcla con la realidad?

Uno de los hilos conductores lo marca el personaje de Greg (interpretado por Dennis Smith), un documentalista que está indagando sobre la vida de Laughter y tiene la brillante y escandalosa idea de conocer a Elsa -la viuda del actor, también actriz-. Narrada como película cinematográfica, todo parece ser escogido hasta con el mínimo detalle de diálogos, texturas y estética de aquella época gloriosa.

Otro de los factores que hacen relucir aún más el argumento se relaciona con el tiempo real surgido por momentos. Con esto me refiero a la reconstrucción de los hechos y a las intervenciones del difunto que cuando no está de acuerdo con algo, aparece para opinar o reclamar u ordenar hacerlo de otra manera.

Ni con perros, ni con chicos2

El luz, cámara y acción están inmiscuidos en su cabeza y aún muerto sigue maltratando a su mujer, la que se desvivió por él, la que anhelaba actuar a su lado algún día y esto se le dio recién con Peter Pan en 1935.

Pero ese amor-odio que sentían uno por el otro los hacía describirse como agua y aceite: éstos se mezclan bien con el amor.

Con respecto a un film sobre el que se hace hincapié es La noche del cazador, ya que fue el único que dirigió él.

Y como mencionaba Alfred Hitchcock, no hay que actuar ni con perros, ni con chicos… Como si se tratara del mismo asunto, de la misma cosa, de algo que, al menos desde afuera, se vislumbra un tanto discriminativo. Pero, fue su parecer. Así como sin Charles Laughton (ni con un gordito).

Las pausas para volver atrás permiten fijar datos, fechas, imágenes y disfrutar de una velada única. De un recorrido que dan ganas de vivirlo a diario. Entre coreografías muy atractivas, espejos utilizados por vanidad y también para reflejarnos en ellos, para desplazarlos por doquier, para quitarlos del camino como a todo lo que sobra y estorba.

Él será recordado por Motín a bordo, Rembrandt, El jorobado de Notre Dame y Testigo de cargo. Pero, ella también será rememorada, sobre todo, por La novia de Frankestein.

Dramaturgia: Fernando Albinarrate. Elenco: Omar Calicchio, Dennis Smith, Julieta Nair Calvo, Laura Oliva. Músicos: Marcos Vives (cello), Pablo Citarella (piano), Alejandro Bidegain (saxo tenor), Roberto Gutiérrez (clarinete). Dirección: Javier Daulte. Funciones: jueves 21:30 hs. Teatro Nacional Cervantes.

Mariela Verónica Gagliardi

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Las durmientes, de Jésica Josiowicz.

las durmientes

Después de votar el domingo 25 de octubre, a las 19 hs en la Sala Apacheta

Bailan
Mercedes Claudeville
Roxana Galand
Soledad Gutiérrez
Creación Coreográfica
Mercedes Claudeville
Roxana Galand
Soledad Gutiérrez
Jésica Josiowicz
Asistencia de Dirección
Mariana de los Ríos Farfán
Giulieta Espinoza
Música Original
Fabián Kesler
Vestuario y Escenografía 
Paula Molina
Diseño de iluminación
Alfonsina Stivelman
Diseño Gráfico
Leticia Valdez
Idea y Dirección
Jésica Josiowicz
Esta obra cuenta con el subsidio del Fondo Metropolitano a las Artes 2014

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La Compañía Faye Driscol con dos funciones gratuitas

faye danza

FAYE DRISCOLL presenta:

Grupo: Compañía de Faye Driscoll

Organizan: Universidad Nacional de San Martín, National Performance Network (NPN) y la Red Latinoamericana de Promotores Culturales.

24 y 25 de octubre a las 21 hs., en el Centro de Arte Experimental de la UNSAM (Sánchez de Bustamante 75, CABA)

La entrada es gratuita con reserva previa.

24 de octubre:

https://eventioz.com.ar/e/thank-you-for-coming-attendance-en-el-centro-de-ar–2

25 de octubre:

https://eventioz.com.ar/e/thank-you-for-coming-attendance-en-el-centro-de-ar–3

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Por culpa de un frijol

Into the woods1

La historia del ogro Shrek marcó un antes y un después en el modo de contar los clásicos infantiles y en la manera de interpretar a sus personajes -buscándoles una vuelta de tuerca más real en nuestros tiempos vigentes-.

En esta oportunidad, Dentro del bosque (Into the woods) es una comedia musical oriunda de Broadway (con libro de James Lapine y letra y música de Stephen Sondheim) que se estrenó en dicha ciudad en el año 1987. A nuestro país llegó recién hace en el 2013 y ganó varios premios y nominaciones.

Dentro del bosque es un juego alrededor de la vida de Caperucita Roja y Cenicienta, dos jóvenes que no son ingenuas ni crédulas sino que cobran vida de mujeres con deseos y sentimientos fuera del típico mundo de las hadas. Ellas no perdonan ni tienen alma de tontas, son humanas. A ellas se unen la princesa Rapunzel y Jack de las semillas mágicas.

Cabe resaltar la excelente adaptación que hizo Marcelo Kotliar y los arreglos musicales de Gonzalo Botí que, junto a la dirección general de Nicolás Roberto, permiten que esta historia parezca argentinísima sin dificultad en el doblaje como tantas veces ocurre.

El humor negro es el punto más fuerte de toda la trama que consigue que lo originalmente trágico se vuelva carcajada. Así es como un hechizo llevado a cabo por una bruja le impide a un matrimonio vecino tener un hijo, mejor dicho que la mujer quede embarazada. A raíz de dicho impedimiento, la bruja les indica cómo romper con esto, lo cual no será demasiado sencillo pero posible en el mundo ficcional que en que se adentran.

Una escenografía integrada por cajas de cartón es lo que decora al bosque, el cual no es necesario indicar con árboles ni demasiados objetos ya que los personajes se encargan de hilvanar cada acontecimiento con sus canciones y diálogos. Dos talentosos músicos acompañan la dramaturgia y hacen posible que los códigos de este universo sea mágico.

Dentro del bosque a caminar y a mi abuelita visitar – dice Caperucita. Y ya sabemos el cuento original, aunque no tiene por qué ocurrir exactamente lo mismo. En esta oportunidad la niña no sufre como la del cuento ni su temperamento es el mismo. De hecho, bastante opuesto, lo que despierta las carcajadas continuas en el público.

También Cenicienta ha tenido algunas transformaciones y ya no es la ilusa que se conforma con casarse con el Príncipe y vivir en un palacio con sirvientes por doquier. Tampoco sus hermanastras son las brujas malvadas sino que presentan algunas particularidades que las colocan en un lugar en que los espectadores las ovacionan a lo largo de toda la obra.

La música cumple un papel fundamental, luciendo y dejando lucir a los actores que van tejiendo la trama narrativa; acentuando la comicidad y las partes relevantes de cada escena al igual que los silencios.

Cada artista consigue lucirse en el escenario con su matiz de voz. Algunos resaltan más que otros o gustan más que otros como suele ocurrir y está bien que así sea. En definitiva se trata de una historia en la que están presentes muchos personajes conocidos por todos desde siempre y, ahora, escuchar sus voces, sus deseos y vidas es como revivirlos en un instante.

Quiero ir al baile del Príncipe – quiere, dice y desea Cenicienta pero nunca imaginó lo que significaría este evento ni que el príncipe azul no existe ni siquiera en esta historia, al menos no como lo conocemos.

La vaca de Jack, Aigüish (I Wish), sufre una metamorfosis hasta conseguir hablar y darse a entender, sin que sigan abusándose de su condición de animal. El panadero y su esposa estarán muy entretenidos consiguiendo todo lo que la bruja les pidió para que el conjuro se disuelva. Rapunzel irá perdiendo su larga cabellera por caprichos ajenos. Se suceden muchos acontecimientos, unos más importantes que otros, otros más llamativos que aquellos; dejando que -como siempre- el amor y la paz sea lo que prime en un cuento infantil. Esta historia absurda, en su manera de llevarla adelante, tiene un desenlace inesperado en que el Reino sigue con quienes deciden embarcarse en un camino más feliz y menos dañino para el resto. Al fin de cuentas se trata de hacer el bien sin mirar a quién.

Caperucita canta que es divertido ser mayor aunque creo que no. Y los hechos le demuestran que es preferible que siga siendo una niña y que los adultos se encarguen de reconstruir el mundo que se resquebraja a pedazos por decisiones inadecuadas. Causalmente, Jack parece tener la culpa del caos reinante por plantar semillas y que crezca la enorme planta de frijoles. Pero otros personajes también se consideran responsables y darán su sensación sobre el tema.

Ya no hay más luna, ya no hay más luz – menciona la Bruja. Aunque nada es eterno y ya el sol volverá como siempre lo hizo. Solo tendrán que encontrar el camino correcto que los conduzca hacia él.

Cada quien en su lugar, juzgando a los demás, hechándose la culpa, y sintiendo desidia al ver cómo quedó todo después de tanto egoísmo. Reconstruir el Reino entre todos… entre todos los que queden demostrando que siempre alguien te acompaña. Solos no estarán. Nadie lo estará.

Elenco: Lucila Gandolfo, Mariano Muente, Florencia Róvere, Walter Canella, María Hernandez, Federico Coates, Patricio Witis, Silvana Tomé, Romina Casella, Hugo Queija, Clara Daray, Mario Angelomé.

Funciones: martes 20:30 hs. Paseo La Plaza (Sala Pablo Picasso).

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Fraude o defraude? Síganme hermanas y hermanos

La crueldad de los animales1

Raúl Ricardo Alfonsín fue el primer presidente electo democráticamente después de varias sucesiones de gobiernos de facto en el país que seguían debilitando a nuestra sociedad, a nuestra economía y a nuestra política. Cuando todo parecía convertirse, de a poco, en una estabilidad constituida por derechos y el fin de las masacres a quienes opinaban diferente; nuestro presidente fue invitado a retirarse del cargo. En su lugar vino él: un hombre de pequeña estatura que prometió el oro y el moro, que supo decir las palabras que el pueblo quería escuchar y, apoyándose en un discurso “perfecto”, ganó las elecciones. Así, Carlos Saúl Menem, asumió como presidente de los argentinos, vendiendo nuestras tierras al mejor postor, olvidándose de cuál era su rol (de administrador) y arruinando a una sociedad que no había podido tener tregua tras tanto sufrimiento.

Menem, con el correr del tiempo, se convirtió en mala palabra. Su nombre era yeta. Su presidencia nefasta y su demagogia el comienzo de una era que aún en nuestra actualidad no logra revertirse.

La crueldad de los animales (escrita por Juan Ignacio Fernández y dirigida por Guillermo Cacace) es un recorrido por esta época tan siniestra y macabra en que se utilizó a millones de personas para un plan que se revirtió sobre la marcha.

Esta puesta en escena realmente audaz, con un elenco talentosísimo y una dirección impecable; logra describir los años noventa sin siquiera mencionarlos, sin utilizar la tradicional bajada de línea ni siquiera para contextualizar. En vez, se juega completamente valiendo y apoyándose de y en la danza, la música, los efectos sonoros y la actuación.

Un escenario desprovisto de objetos y accesorios, en el que solo puede observarse césped artificial, verde brillante y sillas -una para cada artista-. A la vez que varios reflectores sirven para acentuar un discurso o protagonista. Dichas luces no permanecen estáticas sino que son movidas por los dos apuntadores quienes, además, forman parte de la historia dramática que se representa a lo largo de una hora.

En la sutileza del vestuario pueden vislumbrarse las diferencias en cuanto a estratos sociales, al abuso de unos hacia otros y al “olvido” de quienes son los verdaderos dueños de las tierras: los aborígenes que se leen más de lo que se ayudan.

A lo largo de siete escenas es como el público deberá imaginar la estética y ambientación de todo lo que sea mencionado como descriptivo, para luego observar la acción en vivo y en directo -nutriéndose lo dicho con lo interpretado-.

Lisandro ingresa y entre pasos de flamenco logra romper el hielo de esta dramaturgia que intriga completamente: “Si no sos fuerte se sufre mucho”, le dice su madre. Y sus ojos, llenos de lágrimas, miran a un punto en el horizonte mientras sus brazos y piernas recorren un espacio preciso. Pareciera querer avanzar sin trasladarse en el espacio. Está absorto, perplejo, sufriendo en carne propia.

De repente, el absurdo se hace presente con Manuel quien con tono irónico pretende llevar adelante su estrategia de conformar a un hombre que perdió casi todo en su vida. Aquí es cuando se comprende el principio del fin, uno de los conflictos territoriales que no consiguen hallar soluciones eficaces para los pueblos originarios.

Un sobre abierto desata varias situaciones desagradables que desembocan en violencia. En diferentes tipos de violencia que ejemplifican diversas formas de poder y lo que éste implica.

Después de representarse diversas escenas con situaciones familiares, sacando a la luz problemas pendientes de resolver y conflictos importantes o banales; se da a conocer otra cuestión realmente imprescindible en materia nacional: las tierras.

El sarcasmo es el que permite que por momentos sonriamos en medio de tanta tragedia lingüística y real.

Un sonido de interferancia aparece y desaparece por momentos -marcando tensión y suspenso-, al igual que los ladridos de una perra que se van extinguiendo como las conversaciones, como las soluciones, como el mal clima del país. Todo es política y no porque se cite a un político sino porque las transacciones, los intercambios, las relaciones humanas, entre otras; giran en torno a la política, a decir o hacer algo esperando o pretendiendo un fin determinado.

Chiquito es el diferente, el olvidado, el dejado a un lado y el que se pretende ocultar o que pase más desapercibido aún. Su vida, su deseo, sus necesidades nadie las atiende. Él es un aborigen, un hombre con familia, un ser que no daña a nadie pero pretende ser respetado. Él no usa un abrigo de piel, no mata para lucir, no aparenta lo que no es.

Los viajes a Miami se suceden mientras otros se quedan ansiando poder llevarse un bocado de pan a la boca, sufriendo el derroche de las clases más altas -y de las que no tanto- que disfrutan un paseo de virtualidad derrotada luego.

“Es mi tierra Manuel” – acota Chiquito. Él no quiere una casa lujosa ni más cómoda, quiere quedarse en su hogar a orillas del río Paraná. Son sus raíces las cuales no quiere que se le amputen.

Pero, la única que lo entiende es la abuela de la familia aristocrática: “el nombre y la tierra es lo único que tenemos”.

Las palabras son dichas, las broncas brotan de cada uno de los presentes y hay quien no quiere estar más así ni ahí.

¿Cómo salvarse de una situación tan discrepante, que amenaza a todos por igual aunque de distinta manera?

Manuel Dorrego fue fusilado al igual que tantos hombres inocentes que perecieron en la lucha de existir. Siempre gana el más fuerte, el que tiene más apoyo, no el que tiene la razón.

Los pedidos continúan, el hombre moreno quiere que su lugar sea respetado, no quiere que un temporal lo extermine ni una construcción edilicia le ataje el sol.

Sangre que viene y va, animales feroces que se atacan o que atacan simplemente. Larvas que están por convertirse en algún organismo animal más desarrollado, larvas que son malignas, organismos que se trepan por los cuerpos, que se inmiscuyen en éstos hasta pudrirlos. Larvas que convierten a humanos en parásitos.

La crueldad de los animales es un panorama sobre una época nefasta que no terminó, que sigue su curso hasta que los derechos de los mortales sean respetados y ningún vivo pueda sobrevivir por sobre otro.

Dramaturgia: Juan Ignacio Fernández. Elenco: Héctor Bordoni, Ana María Castel, Fernando Contigiani García, Gaby Ferrero, Esteban Kukuriczka, Sabrina Marcantonio, Iván Moschner, Denisse Van der Ploeg, Nacho Vavassori y Sebastián Villacorta. Funciones: viernes y sábados 19 hs, domingos 18:30 hs. Teatro Cervantes. Dirección: Guillermo Cacace.

Mariela Verónica Gagliardi

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Construyendo a quien adorar

El becerro de oro1

El becerro de oro es el nombre de una performance de danza que tiene el don de fusionar religión, historia, baile y teatro; consiguiendo un resultado digno de ser destacado tanto por sus intérpretes como por la propuesta en sí.

Así se puede notar cómo Amparo González y Pablo Lugones construyen su propio becerro, partiendo del original de la Biblia, solo que con algunas diferencias que lo vuelven mucho más contemporáneo.

Mientras Moisés estaba en el monte hacía tiempo, el pueblo israelí precisaba un dios a quien seguir y venerar; fue así como le pidió a Aarón (hermano suyo) que les diera esa posibilidad. Aceptando la propuesta, cada uno tuvo que dar sus pertenencias de oro, las cuales al quemarse formaron este animal dorado. Pero, ni bien se enteró Moisés de ello, le pareció un pecado tanto el resultado como la fiesta armada alrededor del becerro. Entonces, decidió hacerlo polvo y obligar al pueblo que lo tome. No quedando satisfecho con esto, aplicó la fuerza física, haciendo que se desate una oleada de muertes.

En esta puesta en escena, los artistas se valen de diferentes luces, de joyas y diferentes simbolismos que cargan dentro de sus ropas. Al comenzar a saltar, oscilantemente, sus bolsillos se rompen dejando caer todas sus pertenencias -las cuales quedarán esparcidas por el suelo-.

Es momento de que sus cuerpos se fusionen, sientan y oscilen entre humanos y animales. Consiguiendo sonidos de sus propias respiraciones -éstas conformarán la atmósfera en que se desenvolverá la historia-, demostrando sus excelentes estados físicos y la inventiva para narrar un ritual milenario.

Un becerro femenino, decorado con joyas y demás accesorios que decoran la magia que encierra esta dramaturgia en que es posible admirar y sentir diversas sensaciones en el organismo.

Había quienes en el público reían, mientras otros, obnubilados, quedaban absortos. Durante media hora, estos bailarines consiguieron conectarse entre ellos con mucha sensualidad y sexualidad; posando de diversas maneras -como si se tratara de un juego establecido espontáneamente por ellos en el que son los únicos que conocen las reglas para continuar, romper toda estructura conseguida o volver al inicio sin dar explicaciones-.

Amparo y Pablo consiguieron meterse en la piel de un animal y convirtiendo toda ilusión en realidad… de eso se trata esta puesta en escena: de justificar con expresiones y sonidos todo lo que la razón precisa saber, al mismo tiempo que las interacciones desafían la noción de gravedad.

El becerro de oro tiene la particularidad de situar un mito cual pieza de museo, pero una pieza que en cuanto es observada cobra movimiento -todo el que necesite para hacer vibrar al espectador, llevándolo a diferentes universos artísticos-.

Función del 13 de septiembre dentro de la Bienal de Arte Joven 2015. Centro Cultural Kónex.

Mariela Verónica Gagliardi

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Penumbras de amor

Giselle18

1848 fue y es un año recordado mundialmente y, sobre todo, por los franceses. Denominada por algunos como la Tercera Revolución, fue un enfrentamiento contra la Monarquía de Luis Felipe de Orleáns. Sumado a la crisis económica que se había desatado por culpa de malas cosechas; provocaron el descontento de la clase obrera -hundida en la miseria-. Después de varias luchas por derechos de igualdad y de abolir la monarquía, al año siguiente consiguen establecer una República, liderada por Luis Napoleón Bonaparte, la cual dejó una vez más a la vista la ideología del país.

El Teatro Coliseo volvió a hospedar a Danza por la inclusión, un programa impulsado y dirigido por Iñaki Urlezaga que, con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Social, le permite a quienes no tienen la posibilidad de pagar una entrada, acudir a un espectáculo de ballet de alto nivel.

En esta oportunidad le tocó el turno a Giselle (con música de Adolphe Adam), interpretada por un elenco de bailarines muy prestigiosos en las primeras figuras y con presencia, nuevamente, de la Orquesta de la Provincia de San Juan (dirigida por el Maestro Gustavo Plis Steremberg).

Jean Lous Adam, padre de Adolphe Adam, tuvo un peso muy fuerte en el ámbito de la música. A partir de 1829 formó parte de la Legión de Honor (nombre con el que se distingue a una persona por algo extraordinario que haya realizado). Jean fue considerado el fundador y jefe de la escuela francesa de piano. Varios músicos de renombre egresaron de la misma: Kalkbrenner, Hérold, Ilhemaigne, Henri le Moine. También, publicó obras de piano: Las premieres leçons, Methode nouvelle pour le piano, y Méthode général lleva doigté.

El alumno más querido fue su propio hijo Jean Louis Adam, quien tuvo una carrera muy importante también y se dedicó a realizar varias óperas. A pesar de ello, Giselle es el ballet que lo hizo más conocido aunque no popular -el cual escribió junto a Théophile Gautier, con libreto de Saint-Georges- en el año 1840. Además de Giselle, escribió Faust (1832) y El Corsario (1848).

Recién en 1910, este ballet cobró más vigor e impacto gracias a Sergei Diaghilev que realizó una producción muy grande, con escenografía de Alexandre Benois y coreografía de Michel Fokine. A partir de aquí, desfilaron varias bailarinas rusas, deseando ser las protagonistas de este clásico.

Al morir su padre, Adam ocupó su lugar en el Conservatorio de París en 1848 y creó un teatro nacional, el cual tuvo que cerrarse -después de un tiempo- por cuestiones económicas.

La historia es de amor pero muy triste y melancólica. Giselle nos lleva a un universo interesante en el que se plantea una rivalidad entre lo que se desea y lo que se debe. Ella vive en una aldea que queda situada en el valle de Turingia y está enamorada de Loys -creyendo que es un campesino como el resto-. De ahí en más, su corazón se verá partido en dos ya que Hilarión se muestra atraído por Giselle y será un amor no correspondido. Este “triángulo” no amoroso será uno de los focos argumentales de la dramaturgia. Cuando ella descubre que Loys es el Duque Albrecht de Silesia y que está prometido a otra mujer (Bathilde), su tristeza aumenta hasta confluir con su enfermedad y aniquilarla por completo.

Una historia de la que se podría decir que se muere por amor y que la verdadera enfermedad es aquella que no permite unirse hacia su otra mitad complementaria.

Mientras las Willis (según la mitología eslava, son seres similares a las hadas que habitaban los bosques) se unen en un baile realmente majestuoso, los pesares son dejados a un lado para homenajear a la gran mujer que prefirió seguir sus convicciones y no el capricho de su entorno. Cabe destacar a la Reina de las Willis, interpretada por Ana Claudia Magagnin, quien logró trascender las fronteras entre el mundo de los muertos y los vivos, actuando y danzando a flor de piel un personaje maravilloso.

Con respecto al origen de esta narrativa, el autor es Heinrich Heine quien se basa en una leyenda alemana en la que aparecen dichas Willis, bailando durante la noche para atraer a jóvenes con danzas crueles -las cuales solo finalizaban al morir éstos-. El personaje de la reina de Willis fue tildado por Heine como femme fatale.

Giselle en esta función estuvo protagonizada por la bailarina Gabriela Alberti que con su técnica, sensualidad y sutileza impregnó el escenario de arte; junto a su amado Loys (Matías Iaconianni), quien deleitó con su danza de principio a fin. Una dupla realmente conmovedora, unida a un equipo de baile en que cada uno tuvo su momento para lucirse. Sumado a un vestuario confeccionado para la ocasión por emprendedores a quienes también se les dio la posibilidad de formar parte de esta suma de fuerzas para que un espectáculo no sea solo para la misma élite de siempre sino que abra puertas, corazones y el deseo arrasador de llegar a quienes más lo necesitan.

La dulzura de los niños figurantes es notable, al igual que las sonrisas, el fulgor y el talente de cada bailarín presente.

Resulta muy atractiva la puesta en escena, la gama de colores que se utilizan en ambos actos y el poder que cobra la expresividad de cada uno de los cuerpos que, deleitosa y perfectamente, se van desplazando y danzando sin necesidad de acudir a la palabra. Se comprende cada diálogo bailado en que el amor se funde en un beso o la batalla se desata en plena armonía.

Giselle se estrenó en 1841 en París, durante el Romanticismo; dejando en evidencia que la narrativa corporal puede prescindir de diálogos vocales e ir más allá de lo que cualquier amante sienta en su mente.

Existe un segundo conflicto en la presente historia que se corresponde con el papel que ocupaba la mujer en aquel entonces y el poder que le otorgaba un hombre al casarse con ella. Como si la soledad o la decisión de no contraer matrimonio hubiera sido un crimen, o la necesidad de amar a quien su corazón le indica, el peor de los pecados. Pero Giselle era una adelantada para aquel entonces y quiso pagar las consecuencias de no casarse con quien su madre le indicaba. Así fue su destino que la llevó a un sitio en que había otras como ella, con corazones aniquilados por el desamor. Este segundo acto, mucho más breve que el primero, nos sumerge en el cementerio -desde el que puede verse su tumba-. Pero el espíritu de Giselle vuelve a ser angelical como siempre, a danzar más que nunca y a acompañar a su verdadero hombre mientras la pena de ambos se unía en una comunión muy angustiante. Como si la bruma los hiciera menos visibles, ellos se mimetizan hasta que ella vuelve a reposar para siempre. 

Función del 8 de septiembre. Protagonistas: Giselle: Gabriela Alberti, Albrecht: Matías Iaconianni, Hilarión: Gonzalo Fernández, Wilfred: Brian Montes, Berthe: Alicia Sawinski, Duque de Curlandia: Ángel Gómez, Bathilde: Eugenia Berreta, Asistente del duque: Evaldo Melo, Myrtha, Reina de las Willis: Ana Claudia Magagnin, Moyna: Aylén Castro Ortíz, Zulma: Marilyn Panelo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un fogón de esperanzas

Mujeres quemando1

Una varieté encierra varios desafíos: el principal, bajo mi mirada, es el que exista un hilo conductor entre cada sketch representado. Hay para distintos gustos pero creo que la profundidad y compromiso del relato es lo que puede marcar la diferencia entre un teatro de variedad y otro.

En este caso, Mujeres quemando pisa fuertísimo, y utilizo este adjetivo superlativo ya que merece ser descripto de este modo. Un elenco de mujeres talentosas al que se suma un solo hombre que se viste como dama, conformando unanimidad femenina para no solo entretener y hacer reír sino, en primer lugar, para demostrar y justificar esta nueva pieza artística en un momento muy sensible de nuestra actualidad como sociedad.

Mujeres coyas que hablan de chinos, que divierten, mujer que canta al amor como una estrella, mujer que hace su propio stand up sobre el hippismo vigente -dotándolo de hipocresía, aunque sin determinarlo con esta palabra-.

Son muchos los números que se van presentando en escena y por más nota que pueda tomarse, uno no quiere perderse de contemplar el vivo.

La mujer hippie-chic que utiliza la ironía en su monólogo, haciéndonos transitar por los lugares y sensaciones más conocidas y trilladas de lo que -se supone- se debe hacer para convertirse en un ser de luz. Mudarse al Uritorco, abandonar la ropa cheta por otra más mundana y cómoda, dejar de usar muebles para conectarse más con la madre tierra y tener la propia casa de adobe con bosta de caballo. Realmente uno de los momentos más cómicos que transcurrieron a lo largo de la noche en que la sala estuvo colmada de espectadores.

¿Qué mejor que contratar a la tradicional llorona para un velatorio? Ella también está presente realizando una parodia sobre el sufrimiento, a la vez que describiendo y ejemplificando los distintos tipos de llantos.

Hasta aquí es pura risa, hasta que un video da a conocer la intencionalidad de Mujeres quemando: la lucha por nuestros derechos, la lucha contra la violencia de género y la dura batalla que se debe llevar a cabo diariamente -en el propio hogar, en la calle y en la vida en general-.

El video deja ver cómo hay ciertos mandamientos que, actualmente, se siguen respetando sin siquiera -muchas veces- replanteárselos: esperar a un marido con la cena lista, con la casa limpia, con la ropa planchada. El tiempo pareciera detenerse… ¿en qué año estamos? ¿Un esposo debe ser tratado como alguien diferente y superior?

Y la verdadera batalla sigue su curso, in crescendo, cuando otra ama de casa completamente diferente a la anterior, utiliza a los productos de limpieza para crearles personajes e informarles que se va de la casa: que se va a un congreso latinoamericano de mujeres.

Pero la apuesta sube hasta que ingresa Ana Seligra con una jaula en su cabeza, la cual la aprisiona, no la deja libre. Esa libertad que toda mujer ansía y no está siempre tras las rejas de una cárcel sino en sus propias ataduras, en las imposiciones tan fuertes que nos imponen desde niñas, en lo que se supone tenemos que hacer y todo lo que sea distinto sería considerado rebelión. Estamos en una era en que las que sentimos y accionamos somos consideradas locas y en contra del sistema. Nada de eso es real. La única verdad es que existe una unión más fuerte entre todas nosotras y que la palabra prostitución no es ya una mera palabra que suena a un adjetivo descalificativo.

Una bella canción le sirve de introducción a Ana, que se desliza por el espacio escénico muy sutilmente, muy desgarradoramente, creando una rutina de danza contemporánea que llega al corazón. Mientras una grabación dice que: ninguna mujer nace para la prostitución.

Me voy a los cerros, alto
A llorar a solas, lejos
A ver si se apuna el dolor

(Subo, subo – Mercedes Sosa).

Pero los matices de la varieté están muy bien acentuados y se manejan los climas de una manera muy buena ya que es posible aunar el dolor con la alegría, la felicidad con la tristeza. Todo es aprendizaje que no debe ser olvidado ni combatido en vano.

Hay quienes deberían ser hipnotizados con una de las rutinas surgidas, que tanta ovación tuvo.

La genia de Yanina Frenkel hace su aparición en varios momentos de la noche, tanto en los videos proyectados como en su oficio de presentadora pero, sin lugar a dudas, su momento para representar un sketch junto a su compañero, demuestran su arte clownesco. Ella puede transformar su cara en la máscara que quiera, ser divertida o temeraria. Provocar un asalto de risas o parodiar a los cantantes de folklore. Yanina es un ícono en el mundo clown y de la actuación, un ejemplo de vocación que gira por el mundo con su espectáculo, llevando su valija de ilusiones.

Mujeres quemando es una conjunción de talentos, euforia, militancia, amor y compromiso por una sociedad más pacífica y menos interesada en el daño ajeno.

Elenco: Ana Valeria González Seligra, Alejandra Caputo, Gisela Cilia Podestá (Fuji), Julia Maria Izaguirre, Mara Ferrari, Mariana Cabrol, Mercedes Di Nápoli, Gisela Gómez (Morena), Natalia Domínguez, Paola Pretelli, Rosalía Jiménez, Valeria Maldonado, Yanina Frankel.

Mariela Verónica Gagliardi

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Liberarse en el momento justo

Las Mutaciones

El I Ching, a diferencia de prácticas como el Tarot y derivados, no es de temer por sus respuestas. Un libro oriental y milenario que no es de conocimiento masivo, aunque en los últimos tiempos, ha llegado a conocimiento de más personas que se interesan en saber de qué se trata.

Considero que el humano de por sí no puede vivir en la incertidumbre. Necesita una rutina, un orden establecido, una estructura diaria y solo sentir adrenalina cuando lo desea.

Llamado El Libro de las Mutaciones (o de los Cambios), fue y es considerado una fuente de conocimiento para distintas religiones y filosofías orientales, precisamente porque constituye una clave que procura una relativa estabilidad y certidumbre, y al mismo tiempo ayuda a la comprensión del relativo remanente de inseguridad y por lo tanto trata de conducir a un sereno y despreocupado equilibrio (D.J.Vogelmann).

Se le debe la autoría original a cuatro santos: Fu Hi, el rey Wen, el duque de Chou y Kung Tse (Confucio). Al comenzar la lectura pueden verse sesenta y cuatro signos diferentes que provienen del rey Wen, el antepasado prócer de la dinastía Chou, quien la proveyó de sentencias o juicios, los dictámenes , durante los años en que Chou Sin lo tuvo preso en la cárcel. El texto dedicado a los trazos individuales proviene del duque de Chou (su hijo). Dichos escritos fueron usados durante todo el periodo en que los Chou estuvieron al poder, con el nombre de Las Mutaciones de Chou (Chou I).

Richard Wilhelm fue uno de los autores que escribió dos libros sobre el I Ching, y considerado mejores versiones en lo que al tema respecta. No es sencillo leer una publicación de este estilo, interpretar al mundo bajo las herramientas que brinda (sobre todo en Occidente, continente no muy acostumbrado a este tipo de prácticas ni a la búsqueda profunda en sabidurías milenarias).

Por otro lado, si bien Richard murió, su hijo Hellmut continuó su trayectoria en cuanto a escribir sobre mutaciones.

¿Pueden imaginar una obra de teatro que aborde estas cuestiones de una manera atractiva y sin sobrecargar de información a los espectadores?

Las Mutaciones (escrita por Valeria Correa y dirigida por Lorena Ballestrero) es la respuesta. Con una excelente puesta en escena que se vale de una estructura cuadrada de la que se pueden abrir puertas para cualquier lado (giran sobre un mismo eje), continuando con el relato dispuesto y permitiendo que la historia fluya.

Existen varios detalles que conforman a la dramaturgia y totalidad de la pieza artística y a los cuales conviene prestar atención. Uno de ellos es la imagen del programa de mano que consta de un hexagrama (líneas partidas y enteras como pueden verse).

HsiehHsieh / La Liberación

arriba Chen, Lo Suscitativo, el trueno

abajo K´an, Lo Abismal, el agua

Aquí, el movimiento se abre paso y sale del peligro. El impedimento quedó eliminado, las dificultades están en vías de solución. La liberación no se ha cumplido todavía, sino que precisamente ahora se inicia, y sus diversos estadios encuentran expresión en este signo. (Richard Wilhelm).

Por qué hago la introducción. Justamente porque no todos los que se acerquen a ver dicha propuesta están íntimamente relacionados con esta sagrada escritura y, tal vez, ni siquiera sepan en qué consiste su lectura.

Lorena Vega y Leonardo Murúa interpretan deleitosamente a una pareja que está atravesando, hace tiempo, varios conflictos propios de cualquier relación. Separados, juntos, pensándose, recordándose, dándose un beso, una caricia, un abrazo y sin poder cortar el vínculo cuando aún ya no son felices.

Así como el cambio está latente aún no se asume demasiado por parte de ninguno de los dos. Ellos se necesitan de algún modo, se buscan. Rememoran el pasado y utilizan el voseo y la tercera persona, durante toda la dramaturgia, para hablar sobre y con su pareja. Muy interesante este modo de narrar que otorga dinamismo y vuelve atractivo todo lo que acontece.

Mientras unas melodías tangueras surgen, se esfuman y cobran protagonismo; ellos danzan algunos pasos, aprovechan para fusionar sus cuerpos e indagar sobre lo que pretenden.

Ella sabe que si no se va ahora, no se va a ir nunca. Sin embargo, el tiempo se dilata, los pretextos se acumulan y las distancias se aploman.

La posesión, la felicidad y la fluidez parecen hallarse en ciertos momentos, para luego contraerse.

Una obra que dura casi una hora y que, sin embargo, alcanza para comprender su dimensión y su búsqueda -que seguramente será la de tantos y tantas-.

Las Mutaciones sorprende, emociona y colma de ternura, aquella ternura que esta pareja se tiene y que no desea terminar. Ella y él, como dos extraños que se conocen mucho y de tanto que se conocen, absurdamente, se desconocen. Que no consiguen afrontar sus caminos hasta que asumen lo que les toca.

Dramaturgia: Valeria Correa. Elenco: Lorena Vega y Leonardo Murúa. Dirección: Lorena Ballestrero. Jueves 21 hs. Teatro del Abasto.

Mariela Verónica Gagliardi

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