
YERMA (Hay un niño en la calle)
Poema trágico de Federico García Lorca
Adaptación y Dirección General: Roberto Ibáñez
Estreno: 12 de marzo a las 20 hs
Teatro: El Portón de Sánchez, Bustamante 1034, CABA.
Funciones: Domingos a las 20 hs.
Duración de la obra: 1 hora 20 min.
Ficha artístico técnica:
Yerma: Silvana Coppini
Juan: Roberto Caute
Víctor: Pablo Viollaz
Vieja Pagana: Nonnel Nhoj
Dolores: Denise Bell
María/Lavandera: Cecilia Fava
Muchacha 1 / Lavandera: Carolina Casal
Muchacha 2 / Lavandera: Daniela Cimminelli
Lavandera: Cecilia Cabrera
Lavandera: Claudia Bosco
Lavandera: Laura Hierro
Lavandera: Maricel Vicente
Lavandera: Mercedes Binetti
Cuñada 1 Macho: Rubén Ramírez
Cuñada 2 Hembra: Marcelo Beltrán Simo
Acomodador: Horacio Serafini
Niña: Camila Truyol
Ayudante de dirección y coreógrafo: Dario Dorzi
Diseño de Escenografia: Victor de Pilla
Diseño de Vestuario: Alicia Gumá
Diseño de luces: Betina Robles
Fotografia: Gabriel Reig
Realización de Escenografia: Edgard Ocampo
Realización de Vestuario: Ana Paula Fernández, Laura Hierro, Kita Samudio y María Rosa López
Relaciones Públicas: La Doménica
Indicios sobre la versión de YERMA:
“En esta versión del texto de García Lorca –cuenta Roberto Ibáñez– respetamos gran porcentaje del original, introduciendo algunos personajes y situaciones con la intención de crear nexos para con nuestra realidad y para adentrarnos, no sólo en el trágico desencuentro entre Yerma y su marido, sino también para desnudar la potente presencia de las mujeres, quienes vigilarán desde los rincones en los que trascurren sus existencias, asfixiadas por la cultura imperante. Como un coro griego, ellas opinarán incidiendo en las acciones del combate que se libra en escena.
Las rejas-camas, a la vez que las encierran las protegen, enmascarando sus indiscreciones y permitiendo fisgonear intimidades mientras conservan intactos sus temores y prejuicios. Yerma será chivo expiatorio de las culpas que las engrillan y les impiden realizar sus deseos.
Las mujeres del pueblo alentarán por acción u omisión el inútil calvario de Yerma rumbo a la tragedia. Los juegos entre ingenuos y lésbicos que amenazan florecer por aquí y por allí, estallarán en la escena de las lavanderas y en la bacanal que se desatará durante la romería del final.
Los caminos hacia una vida más plena, insinuados por la Vieja Pagana y la muchacha del pueblo a la que llaman: ‘la loca’, serán ahogados por los severos mandatos que aprisionan a Yerma y a todas. El personaje de ‘la niña’, proveniente de la realidad real, invadirá la escena en busca de cobijo, aunque resultará invisible para todos los personajes de la obra, ocupados en sus temas urgentes.
Víctor, portador de una pasión compartida, será testigo de la tragedia que se avecina comentando las acciones desde su cajón andaluz, aunque en el momento de las definiciones también elija huir del mandato del cuerpo, como si éste fuera ajeno a la tragedia que ha visto madurar ante sus ojos.
Las cuñadas, interpretadas por hombres, desarrollan vigilantes el cumplimiento de leyes impuestas desde una dureza desprovista de cualquier posibilidad de ternura. Ejercerán sin embargo durante la romería orquestada por Dolores, una virilidad despojada de los frenos que ellas imponen sobre Yerma, custodias de la honra familiar, y de la infertilidad de Yerma, cuyas causas desconocemos y que son atribuidas por el marido a un ‘destino’ ante el cual sólo es posible someterse.
La rebelión se intuye tras todas las máscaras que hemos podido descubrir, enciende las miradas y se derrama sobre la escena acompañando ala jugosa pluma de Federico García Lorca”.
Una pincelada sobre Yerma
“Con mano firme de poeta, Federico García Lorca consigue llevarnos a palpar los rincones más sabrosos de un pueblito Andaluz, a compartir las fiestas y las tormentas que la naturaleza desata en los cuerpos encendidos, y acorralados por la ignorancia y el miedo”, continúa Ibáñez. “Yerma en una de las más sugerentes tragedias rurales que nos regala su pluma fusilada.
Los prejuicios machistas y la represión, ensombrecen las alegrías anheladas por Yerma. Su bello cuerpo, entregado en matrimonio a un hombre que ella no ama ni desea, estimulado por el jolgorio de otros lechos, se rebelará entre amores y placeres prohibidos.
La maternidad, único destino aceptable para una mujer de campo, tercamente, se le niega. La doble moral mancha las calles del mundo, ocultando tras los muros de la cultura imperante, las pasiones más festejables de los cuerpos, aplastados por el sometimiento que a ella los rinde.
Cercada por este entorno asfixiante, la juventud, la tristeza y la desesperanza de Yerma, se van transformando en odio, para culminar en una peripecia de heroína trágica».
Escrito
en marzo 7, 2017