*** Agosto 2017 ***

el-lago-de-los-cisnes-inaki1

ficha-el-lago-de-los-cisnes-inakiPensé una y otra vez cómo comenzar esta nota porque no es la primera vez que acudo a una función de El lago de los cisnes dirigida por Iñaki Urlezaga. No quise releer la nota anterior para no caer en comparaciones ni en hacer algo “mejor” a lo que pude haber hecho. Entonces decidí mencionar y hablar de sensaciones…

Porque ver una puesta de esta magnitud, con artistas tan brillantes y esta pieza musical sonando a lo largo de casi tres horas; producen tantas cosas que vale la pena enumerar como para que nadie se pierda la oportunidad de asistir a al menos una función en el futuro.

Desde lo más profundo de mi alma, adoro a los artistas de la estirpe de Iñaki. Lo adoro a él como ser humano por hacer todo lo que hace, por incluir en su ballet a jóvenes talentosos, por brindarles el honor de estar junto a él, de crecer junto a él. Aplaudo su sensibilidad, su humildad y grandeza, sus pasos definidos que marcan un antes y un después.

A lo largo del ballet se pudo observar a un grupo de bailarines que dieron todo de sí en el
escenario, que se convirtieron en cisnes blancos y negros, que danzaron unas eximias coreografías, que lucieron vestuarios súper distinguidos y que junto a la Orquesta Académica de Buenos Aires (la cual está dirigida por Carlos Calleja y Luis Belforte), hicieron de las partituras un vuelo deleitoso.

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Notas que se transformaron en escenas, en dramas, en romances y en todo lo que hiciera falta para que los espectadores viajemos a una historia tan impregnada en los corazones de quienes sonreímos y nos emocionamos hasta las lágrimas con la música clásica. Porque es uno de los pocos géneros que no precisan del canto para enaltecerlo.

Haciendo un poco de historia, el argumento del Lago de los cisnes estaría basado en un cuento alemán, titulado El velo robado (Der geraubte schleier) y el libreto fue escrito por Vladimir Petróvich Béguichev y Vasily Geltser.

Respecto de las partituras, fueron escritas por Piotr Tchaicovsky en el año 1875, para recién estrenarse en 1877 en el Teatro Bolshói de Moscú (Rusia). Según algunas referencias, la puesta en escena no fue muy notoria, motivo por el cual no tuvo buena crítica en sus comienzos. Tuvieron que pasar diez años desde su creación para que las coreógrafas Marius Petipa y Lev Ivanov hicieran varias reformas y así tuviera esta pieza de Tchacovsky el éxito rotundo que se merecía.

Siempre se dijo que los cuentos rusos conformaban la mejor literatura y pareciera ser que con este ballet puede estarse seguro de esto.

Desde el comienzo del drama se puede ver a una Odette (Gabriela Alberti) brillante, sensible, delicada, femenina, guerrera, apasionada y con cada vez mejor técnica si es que algo se puede remarcar de su excelencia tan pero tan notoria. Pero ella no es solo técnica, puntas y pasos de ballet sino una composición completa, una búsqueda hacia la esencia precisa de sus personajes que representa (en este caso tres). Con su gracia y la del gran Sigfrido (Iñaki) es que este cuento de hadas abre sus aguas para el juego escénico, permitiendo que disfrutemos y creamos en la magia al menos durante unas horas. Porque si de amor se trata, aquí puede vislumbrarse. Si de salvar a una bella joven es que también se tendrá esperanzas y todo lo malo pasará. Como esos cisnes negros que provocan angustia y dolor pero que, sin embargo, sabemos que se irán extinguiendo como la maldad que se reproduce hasta esfumarse por completo.

Cabe resaltar y no por adular al Ministerio de Desarrollo Social, pero ciertamente sin su apoyo no podría llevarse adelante este programa de funciones gratuitas que existen hace muchos años y que le dan la posibilidad a todos por igual a acceder a un producto artístico de excelencia y sin tener que abonar la entrada. Esto se agradece porque la ante última función estuvo repleta y con un aire renovador. Hay quienes se molestaban por los aplausos constantes y vivas voces de aliento. Y es que por instantes parecíamos estar en un estadio de fútbol y eso, permítanme decirles que es sensacional. La pasión en un ambiente tan elitista como el de la música clásica, sorprende, abruma y nos deja atónitos. Entonces, no es cierto que el ballet es para unos pocos: se pretende hacer creer una idea ilusa. El ballet es para todo aquel que tenga la oportunidad de ingresar y de vivenciar algo completamente distinto, que emociona de principio a fin, que pone la piel de gallina y que por más giros que den esos cisnes increíbles, jamás cansarán. Serán idénticos pero para nuestros ojos serán increíbles, no agotarán la mirada y darán ganas de recorrer los jardines del Palacio donde comienza la acción, siguiendo por los lagos y diferentes lugares. La tragedia se habrá apoderado de los amantes, quienes consiguen unirse en algún lugar de la eternidad pero habiéndolo dado todo hasta entonces.

Mariela Verónica Gagliardi

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