*** Octubre 2017 ***

Ser ellas1

Ficha Ser ellasLo interesante de una dramaturga tan versátil como Érika Halvorsen es que nunca para de sorprenderte.

Es muy interesante prestar atención a los comentarios, que a veces por lo bajo, dicen los espectadores antes o después de una función. Y, sin lugar a dudas, que uno de ellos (mujer) comentó a su pareja que creía que iba a abordarse más la historia de las tres protagonistas en cuestión. Suele ocurrir que los propios deseos pretenden cumplirse, hacerse realidad.

Ser ellas es un trabajo extraordinario en el que puede sentirse la esencia (captada por su escritora) de Simón de Beauvoir, Frida Kahlo y Evita Perón. Claro que es una esencia puramente feminista, íntima, plagada de anécdotas (muy al estilo Halvorsen) y que atrapa al público desde el vamos.

Por eso cuando se apagan las luces e ilumina la escena, está cada una de ellas donde debe estar. En el lugar que las mantuvo presas o esclavas de algún padecimiento, o sufrimiento, o letargo. Claro que no se trata de una historia dramática en que predomina la tensión, sino un agradable encuentro entre tres generaciones y entre tres heroínas que no tuvieron el placer de conocerse. Esto es lo que se lamentan desde el más allá o más acá: la no oportunidad de poder entablado una amistad y de haberse nutrido (aún más) una de la otra.

Quizás algunos, desde la platea, puedan observar que las tres actrices no presentan rasgos muy similares a las protagonistas reales, pero no se pretenden convencer desde la imagen sino desde el discurso, desde la palabra, desde la evocación de determinadas temáticas que revolucionaron en el pasado y siguen latiendo en el presente.

Cuando las pelucas son quitadas, aparecen las verdaderas Anabel Cherubito, Ana Celentano y Julieta Cayetina: tres talentosas que encarnan a la perfección a quien le toca, que lucen los principal y destacan lo más significativo, aquello que no debe olvidarse.

Simón esboza en un momento lo grato que habría sido que Evita y Frida pudieran haber hablado de comunismo. Y de aquí en adelante es que la dialética e ironía se apoderan de cada uno de los diálogos de esta preciosa obra.

“La derecha me está jugando una mala pasada” – menciona Kahlo, refiriéndose a su pierna y a su vez a la política.

Detalles acerca de sus deseos como mujeres, como esposas y como madres o futuras madres se ponen sobre la mesa. Así consiguen debatir, extraordinariamente, para que se desenvuelva la idea principal que Anabel Cherubito le planteó a la autora: la de unir a estas tres feministas que no solo fueron feministas, sino íconos importantísimos en sus países y no solo por los hombres a quienes acompañaban. Ser ellas trata, justamente, de centrarse en sus intrincadas y cortas vidas (salvo en el caso de Beauvoir que por ser europea, quizás, consiguió unos años más en la tierra), en la sensibilidad que las marcaba, en sus ideales y en cada pincelada de amor y conocimiento que le otorgaron al mundo.

Sin ellas, desde luego que la historia sería otra. Seguramente más triste y no tendríamos de qué sentir orgullo (sobre todo las mujeres).

Frida y Evita, dialogan sobre sus vidas y llegan al punto en que “nos sobra todo, menos tiempo”. Ese tirano que se lleva a quienes deberían continuar.

Y, retomando la línea de esta dramaturgia, se preguntarán cómo se consiguió la unión entre las tres. Particularmente, hubo una cuarta mujer (no presente en escena) que sí tuvo la posibilidad de conocerlas a todas: Aurora Venturini es su nombre y ella sí pudo vivir hasta más de los noventa años, habiendo conseguido la fama desde grande como novelista argentina.

De un modo filosófico, consiguen detener el tiempo -el cual ya no corre como en la vida- y no sienten que éste las apremia. Es entonces el momento para que se autocuestionen quiénes fueron, por qué deberían haber sido madres y cuáles fueron las razones verdaderas de sus vidas. En ninguna de sus voces la respuesta alcanza el nombre de un hombre sino cuestiones realmente conmovedoras y como pueden conocerse a partir de libros, enciclopedias, documentales, entrevistas y demás archivos históricos.

En cuanto a la dirección de Adrián Blanco, es impecable, permitiendo que las artistas se luzcan en escena, brillen, puedan estar relajadas cuando la historia se los permite y luchadoras cuando recuerdan quiénes fueron.

Ser ellas es una historia fragmentada en dos, la ilusión de soñar durante la muerte y de dejarnos la esperanza de que todo lo que viene después quizás no sea tan incierto u oscuro como puede pensarse.

Siempre que el más allá permitan una reunión de este estilo, será un verdadero encanto esperar el fin de los tiempos.

Mariela Verónica Gagliardi

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: