*** Noviembre 2017 ***

Bohemia noche19

“Agua del río viejo, llevate pronto este canto lejos, que está aclarando y vamos pescando para vivir”.

Cuando alguien es tan famoso, resulta imposible desvincularlo de su lazo sanguíneo sin decir: la hija de… Pero, en esta oportunidad, ella también se hizo su propio camino, trayectoria y un nombre que no debe ser asociado -en primera instancia- con la la cercanía a su madre.

Ligia Piro es un sello que integra varias sensaciones, además de profesionalismo y vocación por el canto. Ligia es una artista que convierte una sala de teatro como la del Picadero en un living de casa. Tiene un don especial como para hacernos sentir un público con identidad y no uno que compró un ticket.

Recuerdo a la cantante de años atrás, avocada al jazz y, ahora, ella misma abrió sus alas para disfrutar y hacernos aliados de una aventura más popular. Teniendo en cuenta a los que partieron hace poco, van resurgiendo con sus melodías en escena y los arreglos musicales que convierten a las canciones tan conocidas en versiones diferentes. La no imitación, da satisfacción.

Un espectro musical muy amplio, recorrió Ligia junto a sus músicos (). Desde folklore hasta pop, invadieron las tablas en una gran noche de tormenta. Y, ultimamente, diría que la lluvia viene dejando huellas tan especiales que ya no atemorizan a nadie. Ningún noticiero que muestre rayos asesinos, logran desplezar al arte de escena.

“Te juro por los dos que me cuesta la vida” (Verdad amarga – Consuelo Velázquez), afirma en un momento, el bolero, tan tenazmente; y, momentos más tarde, El monigote (canción tradicional venezolana) aparece para quedarse: “Vendo este monigote, se lo vendo por dos reales. Y si no tiene dinero, me lo paga con un baile”.

Esta letra marca un quiebre en el recital ya que se trata de su infancia, de cuando con tan solo ocho años escuchaba dicha canción y soñaba con cantar. Veía a su madre y pretendía, algún día, estar en su lugar. Este sueño se convirtió en su estilo de vida del que añora -por momentos- a la Ligia bohemia. Ser bohemio es no prestarle atención a la hora, nos dice. Actualmente, quizás, se mezcle un poco este término con el hippismo, autonombrándose -quienes no tienen una meta clara- con alguno de ellos como para sentirse parte.

Ser bohemio es estar descontracturado, también nos cuenta. Y sí. Para eso creo este ciclo de conciertos semanales que nos permiten viajar a un lugar especial, en el cual nos sumergimos sin pensar, dejando que nuestros oídos escuchen esas notas que, seguramente, nos remitirán a un momento del pasado.

“No quiero soñar mil veces las mismas cosas, ni contemplarlas, sabiamente, quiero que me trates suavemente” (Tratame Suavemente – Gustavo Ceratti). Imposible no llorar de alegría y tristeza a la vez, cuando esta letra se incrusta tan profundamente en el alma que pidió para que el artista despierte. No pudo ser, como tantas cosas que se tornan imposibles. “Tan solo un pañuelo, al cielo se me olvidó, se te olvidó” (Canción de lejos – Chaqueño Palavecino).

Bohemia noche19

Casi veinte canciones suenan a lo largo de esta velada, en la que se pide un bis y otro bis y otro más. Los argentinos somos pedigüeños y, siempre, queremos más. Pero Ligia, ahora es madre y, su hijo, a un lateral la observa con una mirada de amor eterno. “Ya lo estoy queriendo. Ya me estoy volviendo, canción” (Barro tal vez – Luis Alberto Spinetta).

Y en cuanto el recital avanza, se produce otro hito importante: la llegada al escenario, del músico y compositor, Nahuel Pennisi. Mis párpados se convirtieron, en ese momento, en una especie de limpiaparabrizas ineficientes para secar o quitar tantas lágrimas. Existen muy buenas voces en el país, pero, tal como lo presentó la propia Ligia, es un ángel. Su caudal de voz, unido al de ella; se fusionaron tan deleitosamente al oír “Oración del remanso” (Jorge Fandermole). Anterior a este momento tan especial, Nahuel interpretó una canción de su propia autoría sobre la cantante tucumana: “Mercedes, como un ángel perseguido por los asesinos de la paz”

Un desfile de estilos rítmicos tuvo lugar en una noche mágica en que las gotas limpiaron el cielo, mientras Ligia quiso retornar al Café concert, contando anécdotas, sentimientos, sensaciones, placeres y una enorme calidez humana. Canciones en portugués, castellano e inglés; conformaron una nostalgia que no solo está impregnada en el tango arrabalero sino en cada poeta y narrador.

Ella, ahí parada -con su peinado recogido y una bonita vestimenta-, mirándonos sin ver una masa, saludando a sus amigos en la platea y agradeciendo.

Bohemia noche1

Mariela Verónica Gagliardi

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