*** Noviembre 2017 ***

Un bebé en camino, una suegra malvada y un marido ausente son la combinación perfecta para que una mujer embarazada sienta fervientes deseos de desaparecer del mundo.

Es sabido que la dulce espera no tiene demasiada dulzura, sino todo lo contrario. La fealdad se apodera por completo del ser y la pobre femeneidad se oculta detrás de un hombro, asomando solo en sueños.

El cuerpo cambia y el hombre que acompaña deja de hacerlo. Éste siente que su esposa es futura madre y no ya mujer.

Marcelo Iglesias (Director de la pieza teatral) supo escoger a los actores precisos para que la trama pueda desenvolverse de la manera más real y absurda posible.

Zoe (Rosana Boneto) tendrá que soportar hasta las peores humillaciones por parte de su suegra (Graciela Levaggi), sin contar con el apoyo de su compañero de vida Sasha (Ignacio D’ Olivo). Pero, a no desesperar que se trata de un melodrama, con muchos códigos de humor negro y estallaremos de risa hasta al ver caer la panza redonda en la cama sommier.

Hay que aceptar, digerir y disfrutar una buena comedia. Apartar por unos minutos esas rígidas estructuras que nos dicen qué está bien y qué está mal.

Teniendo en cuenta estas condiciones, quien no ría será por falta de comprensión. Nada de decir uy pobre! Sobre tal personaje porque estaremos saliéndonos de la pista humorística.

No existe una gran elaboración en los diálogos y es que la obra “De mi madre” no apunta a eso, sino a las sensaciones surgidas en una familia durante un embarazo y a la crueldad desencadenada por ese periodo.

Todo es producto de la naturaleza pero lo cierto es que Zoe estará viviendo en un cuento de terror hasta que sea dormida para siempre. Blancanieves, La bella durmiente y tantas otras princesas casi pasan por eso.

Pero, el detonante de la pieza teatral, es la aparición de una mujer negra (Claudia Schanzenbach) dentro de una caja. Ella será una especie de cantante que amenizará las situaciones conflictivas de la casa haciendo estallar en ira a la pobre mujer.

Lo más ocurrente será la cantidad de justificaciones que dirá su ama y tanto tortura física como psicológica que parecerá sin desearlo en absoluto.

El final será como la gota que rebalsó el vaso y no hay que buscar similitudes con hechos reales porque cambiaría totalmente la carátula de la historia.

En cuanto a los temas que se abordan no son todos en torno a un bebé y embarazo sino a la miseria humano y su egoísmo. El humor negro es una buena herramienta para evocar y transmitir sin herir, pudiendo elegir una narración como pretexto para, luego, argumentar sobre la vida, la venta ilegal de niños, la desvalorización del otro, la infidelidad, el desamor, el statu-quo y la cobardía que lleva a una persona a decidir por otras -ocultando verdades demasiado desgarradoras-.

De mi madre, de su madre, de cada una de las madres que eligen parir sin saber para qué ni por qué.

De mi madre, puesta en boca de su hijo quien tiene más interrogantes que respuestas y que cualquier.situación le será útil para escapar de la responsabilidad que le corresponde.

Y, de la madre de la negrita privada de su libertad, ocultada en cuatro maderas que no pueden ni saben hablar pero sí recordar el triste pasado.

Mientras el tiempo pasa, el monoambiente albergará risueños momentos y descabellantes situaciones que nos harán reír relajadamente. Hasta que nuestra mente tenga que analizar y para ese entonces la función habrá terminado.

Mariela Verónica Gagliardi

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