*** Noviembre 2017 ***

El ángel del subsuelo1

¿Qué es lo que nos define como personas? ¿Cuál es el rasgo más importante que tiene alguien? ¿Qué parte de nuestra historia define nuestra personalidad y porvenir?

Una casa en un subsuelo, aloja a su dueño, Pedro Godofredo Larsen (Daniel Dibiase), quien vive por inercia, sufre, bebe y transita los días de un modo decadente. Él se siente nadie. En la vivienda, trabaja Manuel Pinzón (Miguel Terni), quien es de algún modo su mano derecha en la toma de decisiones y es, quien intenta, mantener a salvo a su amo.

Un espacio, iluminado tenuemente, con un escritorio, su respectiva silla y un biombo; son los únicos elementos de la puesta en escena. El ángel del subsuelo3Alrededor, están las butacas, conformando un lugar sumamente intimo e interesante para descubrir.

Al comenzar la obra podemos ver como interactúan los dos personajes sin saber qué se traen entre manos y a dénde apunta la historia. Esta comedia irónica, con momentos de tensión y muchos alegres, nos traslada a un relato cronológico en el que surgen los remordimientos, el deseo de venganza, la pasión, el dolor, la tristeza y el qué dirán.

En un instante Pinzón le pregunta al Señor: ¿cuándo fue la última vez que sonrió? Es increíble notar cómo la expresión de felicidad no surge ni aparece de modo natural en ninguno de los personajes de “El ángel del subsuelo” (de Luis Sáez y dirigida por Andrés Bazzalo).

Pero si intentamos deducir hacia dónde nos conducen los diálogos de los actores y qué mensaje pretenden dejarnos, es bastante difícil dar con una respuesta certera; ya que ellos son y se conducen tan libremente como la vida misma. Sus días están plagados de recuerdos, de estrategias y de buscar sentir algo diferente a lo habitual.

Un día, Pinzón alquila una de las piezas de la casa a un hombre llamado Barsut (Daniel Zaballa). Este hecho modificará la historia por completo vertiginosamente hablando.

De esta manera, notamos cómo tres hombres -muy diferentes entre sí- pelean por causas perdidas y por más que lo ideal sería su unión, ésta no será posible.

Como si fuera poco, Barsut, trae a vivir a la casa de su compañero a Perla (Analía Di Vito) -quien supuestamente es la hija de una mujer que desean vengar-. A partir de ese El ángel del subsuelo2momento es que todo tomará un cauce diferente al del comienzo, donde todo parecía ir en una dirección determinada.

Aquí no importa saber qué desean vengar de su pasado, sino los modos en que pretenden llevar a cabo la acción. Utilizando el morbo, la soberbia y el grotesco es que harán un plan que fracasará por no estar bien pensado. Ellos se dejarán llevar por el impulso, sin entender que no siempre tiene sentido el resentimiento y traer los años transcurridos a la vida actual.

A veces, el propósito es lo que debe predominar y no la intencionalidad. Otras tantas, las heridas no se curan con un balazo ni devolviendo con la misma moneda.

Pero, ¿cómo decide Barsut, irrumpir en la casa de su ex camarada? ¿Por qué ese dia? Su imagen de caballero que se lleva el mundo por delante es opuesta a su ser interior, quien está destruido y deambula en busca de algún afecto (sea el que fuere).

La obra entretiene, divierte y también nos hace hurgar en lo más profundo de nuestro corazón, quiénes somos y qué queremos.

Para que entiendan cómo es el personaje de Barsut, él, en un diálogo con Larsen, le comenta que su sueño es quedarse con la casa de éste, convertirla en un palacio del vicio y, como detalle, desea que dicho burdel lleve el nombre de su padre -a quien nunca conoció- pero que quisiera que lo localice de ese modo.

La historia toca la intimidad de sus personajes y, así, se entiende quién es quién.

Mientras tanto, cabe cuestionar cómo se entero Barsut sobre la deuda de Larsen, si es que ese motivo fue el que lo condujo a la casa de El ángel del subsueloéste. Y haciendo hincapié en la deuda, justamente, Larsen estaba por tener una reunión para resolver la cuestión. Entonces, ese encuentro, Larsen, intentó usarlo a su favor, sin importarle las posibles consecuencias que pudieran acarrearse.

Y, siguiendo el hilo de la obra, se puede ver cómo Manuel estalló de bronca, sin encontrar la manera de frenar a su amo -a quien tanto cuidó del mundo externo traicionero-. En cierto momento dijo: “Hasta los imbéciles tienen una misión que cumplir”. Esta frase no se la dirá al Señor sino al reino conformado por personas no pensantes.

Hasta acá se puede sentir cómo opera cada uno y qué es lo que piensa cada persona sobre la otra. Por un lado, Barsut, inferioriza a Larsen y supone que no tiene coraje para enfrentar las situaciones pero, por otro, una frase de este último lo sintetiza: “Los cobardes también tienen un lugarcito en esta historia”.

¿Cómo termina el relato? No tendría sentido alguno mencionarlo y le quitaría ese gustito a la obra de teatro, el revelarlo.

Cada quien prestará atención a un diálogo u otro. Cada quien sentirá que la razón de ser de la historia es una u otra. Lo más importante, en definitiva, es la percepción al admirarla, al sentirla y al palpitar cada situación que desencadena en la siguiente. El saber que no todo está perdido, si tenemos la intención y valentía de modificarlo.

Mariela Verónica Gagliardi

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: