*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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El living de la Sala Siranush (Armenia 1353 – C.A.B.A) se amplió más que de costumbre y el público femenino también.

Javier Calamaro se hizo desear como todo artista. Las mujeres tomaban sus celulares, se ponían al día con él y charlaban, entre ellas, como en sus casas seguramente lo harían.

El telón de terciopelo, pesado y original, no tenía intención de abrirse.

Hasta que se hicieron las 22 hs y el músico, junto a su banda -conformada por: Indio Márquez (guitarra),  Misael Hilal (batería), Gustavo Giles (bajo), Leandro Chiappe (teclados) y el líder de la agrupación en voz y guitarra-, comenzaron tocando “Navegar” (Iluminado, 2001). Javier, impecablemente lookeado, despertó la pasión en las mujeres que no paraban de sacarles fotos y filmarlo.

Como en los años 90’, se sintió que sus canciones invadían a cada uno de sus seguidores, con una caricia templada. Fue como volver el tiempo atrás pero al mismo tiempo como si el mismo no hubiera transcurrido.

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“No me nombres” (Kimika, 2003), mostró el lado guarro de Calamaro, de hombre que pisa fuerte. Aunque su costado rudo, se desvaneció mágicamente al entonar una canción titulada “Stand by me” (Ben E. King, Jerry Leiber, Mike Stoller), contándonos que gracias a su madre (la cual estuvo presente en el recital) -tanto él como su hermano Andrés-, la conocieron y fue así como decidieron dedicarse a la música.

Y cerrando una especie de segmento en vivo, prosiguió el tema “Corralero” (Iluminado, 2001), que trata sobre la difícil decisión que debe tomar justamente un hombre con esa profesión, de matar a un caballo para que no sufra más.

Los aplausos iban en aumento a medida que continuaba el show y de repente, un nuevo bloque se hizo presente, durante el cual Javier Calamarointerpretaron clásicos del folklore y tango argentinos. Por un lado “Camino y piedra” (Atahualpa Yupanqui), cantada y sentida desde lo más profundo y con acompañamiento de la batería. Y luego continuó una tanda arrabalera durante la cual, Calamaro y el pianista, se apoderaron del escenario, dejando todo lo mejor de sus talentos y amor por la música. Todos los temas -menos Sur- están incluidos en el disco Villavicio (2006): “Garúa” (Enrique Cadícamo – Aníbal Troilo), “Yuyo verde” (Homero Expósito – Domingo Federico), “Malevaje” (Enrique Santos Discépolo – Juan de Dios Filiberto), “Sordidez y sordera” (Javier Calamaro), “Desencuentro” (Cátulo Castillo – Aníbal Troilo), “Sur” (Homero Manzi – Aníbal Troilo) y “Los mareados” (Enrique Cadícamo – Juan Carlos Cobián).

Una vez concluido el segmento tanguero, lleno de nostalgia, amor, desamor y tristezas; volvió la energía del principio del espectáculo con “Sweet home Buenos Aires” (Charly García), “Mi religión” (Kimika, 2003), “Sin ser valiente” (10 de corazones, 1999) y “Quitapenas” (Quitapenas, 2000).

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Estos últimos temas provocaron una energía avasallante en el público. Pero se trataba del final del recital. De una hora que finalizaba pero no terminaba para siempre.

“Este minuto” (Este minuto, 2010), se encargó de cerrar:

(…) “Aferrado a cosas que no tienen sentido 
Me puedo equivocar
La prosperidad en un envase vacío
No olvides de dónde sos y a dónde vas

Este es el tiempo y es el lugar
Nada puede ser mejor
Ya no voy a vivir quemando el tiempo
Ahora que el sueño se acabó” (…)

Pero, como pasa a menudo, las palmas se hicieron escuchar y los pedidos del bis, también.Javier Calamaro2

El pianista, salió de bambalinas y con mirada cómplice nos pidió que aplaudamos más. Hicimos caso y lo logramos.

“La última curda” (Cátulo Castillo – Aníbal Troilo) y “Yira yira” (Enrique Santos Discépolo), nos dijeron hasta luego. El show no fue muy extenso, pero lo bueno viene en frasco chico.

La frutilla del postre hubiera sido Andrés Calamaro… ¿será la próxima?

Mariela Verónica Gagliardi

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