*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Elijo cantar como un pájaro

El ave1

Según el diccionario, la definición de ave es: Animal vertebrado, ovíparo, de respiración pulmonar y sangre de temperatura constante, pico córneo, cuerpo cubierto de plumas, con dos patas y dos alas aptas por lo común para el vuelo. Mientras que humano significa: Ser animado racional, varón o mujer.

¡Qué estructurados que somos los terrestres! Un animal con alas siente cosas y un humano es un ser racional. Piensa nada más. Pensar sin que el corazón medie. Acá está el verdadero problema del hombre.

Linda Peretz es la creadora de «El ave», un espectáculo musical protagonizado por Joaquín Soffredini, donde puede también dirigir al artista.

El ave no es una obra de teatro, a pesar de que se erige como tal. Joaquín despliega sus alas, transitando por muchísimas sensaciones y situaciones, a través de distintos géneros musicales. Como valor agregado, sonorizan el show una flauta traversa (Julián Vat), un piano (Demián Sielecki) y un cello (María Eugenia Castro); los cuales logran representar a los grandes clásicos como: Handel, Bizet, Mozart, Verdi, entre otros.

Acostumbrada a las propuestas del Maipo Kabaret, me sorprendió esta puesta en escena, totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados como espectadores. Con vestuarios confeccionados por Verónica De Lacanal, que le otorgan al cantante un esplendor divino. Él es un ángel que nace, transita la vida y celebra cada momento. No precisa de texto ni guiones ya que las propias canciones se encargan de narrar una historia mágica, donde prevalece el amor y el romanticismo.

Todas las melodías son famosas, lo cual permite que relajemos nuestra mente sin precisar comprender o traducir sus poesías. Podría existir un subtitulado para todo el espectáculo –como ocurre en una ópera- pero nos estaríamos perdiendo de la esencia de “El ave”, de sus movimientos de manos, de sus dedos que se conforman como alas, combinando el color blanco de la vestimenta con la pureza de su alma.

Este joven nos invita a un espacio tranquilo, lleno de paz, donde reina la alegría y donde existe solución para todo. No es habitual sentirse inmerso de tranquilidad durante un espectáculo, pero Linda Peretz encontró la fórmula precisa como para que sintamos. Es como un placer de los Dioses no tener que prestar atención a un guión, no escuchar micrófonos desafinados ni intentos de lograr algo que no se puede. Un lunes, un comienzo de semana y un hombre versátil, que sabe cantar, interpretar y colocar su voz más aguda o grave, según lo requiera la canción y elección escogida.

De repente, empecé a observar al público presente. Un público mayor, que disfrutaba de la música clásica y cerraba sus ojos. Ninguno de nosotros estaba sentado en una silla, sino que logramos viajar al paraíso, abrazados por él. Su pelo, su rostro, su modo de caminar y de moverse transmiten calma, serenidad y amor.

En cuanto al repertorio, interpretó: Nacimiento (Julián Vat), Il dolce suono (Gaetano Donizzetti), Una furtiva lágrima (Gaetano Donizzetti), Lascia ch’io pianga (Georg Friedrich Handel), Entreacte (Georges Bizet), Pur ti miro (Claudio Monteverdi), La reina de la noche (Wolfgang Amadeus Mozart), Renacimiento (Julián Vat), Alabama song (Kurt Weill / Bertolt Bretch), Habanera (Georges Bizet), Duo lakme (Leo Delibes), Voi che sapete (Wolfgang Amadeus Mozart), Concierto nº 3 en re menor (Wolfgang Amadeus Mozart), Mon coeur s’ouvre a ta voix (Camille Saint Saens), El oboe de Gabriel (Ennio Morricone), Va pensiero (Giuseppe Verdi) y Brindis de la alegría (Giuseppe Verdi). Durante, aproximadamente, una hora, los músicos recorrieron estilos y autores diversos, siendo dirigidos por el flautista Julián Vat -quien estaba en trance durante la función, vibrando cada palpitar-.

Carolina Bejar, como invitada, interpretó algunas de las canciones junto al artista y, también, se lució como solista.

El renacimiento abrió sus puertas para impresionarnos como una película de época.

Es bonito, a veces, estar en un show distinguido, donde prevalece la perfección, la sutileza, el esplendor, la educación, los buenos modales y saber que todos disfrutamos de eso.

Reiteradamente se escuchan comentarios de lo segmentaria que es la música clásica y la ópera. No creo que el estilo segmente o discrimine sino que salvo determinados medios, estamos invadidos por combinaciones de melodías groseras, chabacanas y que repiten lo ya descubierto miles de años atrás.

Quien no disfrute de lo clásico está en todo su derecho pero adoro poder estar, compartir, vivenciar un momento tan único e íntimo.

El Ave ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Una linda excusa para estar juntos

Un paseo por el mundo6

“Un paseo por el mundo con la Camerata Bariloche” (la idea es de Luis Ovsejevich y Héctor Presa, dirigida por éste último) es un viaje por paisajes preciosos junto a la música de estos grandes intérpretes.

Quisiera ponerme por unos instantes del lado de los más chicos que, muchas veces, no son escuchados u oídos. En ciertas ocasiones se los subestima o cree que ellos tienen que participar de determinados espectáculos como para su edad, o consumir melodías modernas de la televisión con simpáticos personajes disfrazados.

Ciertamente, a mi izquierda, tuve la posibilidad de observar a una pequeña de casi dos años que no se cansaba de mover su cuerpito, aplaudiendo y sonriendo un domingo a las 11 de la mañana.

¿Qué decir frente a esto?

Ella no fue la única presente. Muchos niños y bebés disfrutaron junto a sus padres. Quizás para varios fue su primer Un paseo por el mundo11contacto en vivo con este estilo de música clásica, en un teatro tan grande como el Coliseo, oyendo las cuerdas rozadas por los arcos de pernambuco.

La trama de la historia se basa en la familia Camerata compuesta por un matrimonio compuesto por: Carlos (Santiago Burgi) y Mercedes (Andrea Mango); y sus dos hijos: Rafael (Mauricio Vila) y Tamara (Agustina Di Vico) que deciden jugar a partir de la música. Ellos imaginarán que están en diferentes países, conociendo bellos lugares y despertando el entusiasmo de los niños.

Libertango (Astor Piazzolla) es la primera canción que suena en el escenario y ya nos adentramos en este mágico mundo de pentagramas porteños, para ingresar en Las cuatro estaciones (Antonio Vivaldi). Aquí, en Europa optan por quedarse y viajar por Austria, Alemania, Polonia, Rusia, Francia e Inglaterra. En esas tierras, conocen Una pequeña música nocturna (Wolfgang Amadeus Mozart), Sinfonía N° 5 (Ludwing Van Beethoven), Vals del minuto (Frederic Chopin), Serenata para cuerdas (Piotr Ilitch Tchaikovsky), Habanera de la ópera (Georges Bizet) y Yesterday (Paul Mc Cartney), entre otros.

Cuando este clan culmina su recorrido por el gran continente, se para a descansar unos instantes, para luego Un paseo por el mundo14continuar por los senderos luminosos. Las valijas están esperándolos a estos tan ansiosos tripulantes, pero nunca toman un avión, ni un tren. La familia tiene el mejor viaje a través de la imaginación. Este don los une, les permite relacionarse, compartir aventuras y ser felices.

Esta segunda parte cambia el rumbo completamente y, si bien lo clásico predomina, los ritmos más infantiles se hacen presentes como el caso de Pata pata (Miriam Makeba), Cielito lindo (Quirino Mendoza y Cortés), Jarabe tapatío (José Leopoldo Enrique Reyes Oliva) y Allá en el rancho (Jorge Negrete), El humahuaqueño (Edmundo Zaldívar) y El quebradeño (Adolfo Ábalos).

Con respecto a los artistas, supieron ser muy anfitriones y compartir el escenario con figuras tan destacables, demostrando que cada uno tiene su lugar y momento. Quisiera destacar las voces de los dos actores principales, quienes con sus voces le rindieron homenaje al Brindis de la ópera, junto a la orquesta.

Siempre se vuelve al mismo punto en que se partió y Argentina, su país, es el que los vuelve a hospedar. Las luces del escenario nos reflejan, nos apuntan y, entre todos, hacemos palmas.

Lamentablemente, ellos decidieron cuándo finalizar y retornar a su hogar. Nosotros pretendíamos continuar pero, en otra función, será posible hacerlo.

Un paseo por el mundo7

Los niños salieron, raudamente, de la sala con el programa en mano. Y es que hay una sección para pedir autógrafos y ninguno se lo quiso perder. Así fue como el hall del teatro se convirtió en una fiesta con los actores sonrientes, poniendo sus firmas.

¿Y los músicos?  ¿Por qué, siempre, se escabullen entre la gente hasta desaparecer?

Ellos, como siempre, con su perfil bajo, decidieron tomar otro rumbo: la vereda, el sol que comenzaba a calentar la ciudad y su rutina por seguir.

Un paseo por el mundo1

ficha artístico-técnica Un paseo por el mundo

Mariela Verónica Gagliardi

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