*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘V Festival Shakespeare’

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Shakespeare bajo el agua

Hamlet, la obra7

Surf o no surf, esa es la cuestión, y ese es el slogan que predomina en esta genial versión de Hamlet en que el balneario de Pinamar se convierte en escenario protagónico de la trágica historia shakesperiana para dejar atrás a la Dinamarca original.

Hamlet Rey ha muerto y su fantasma merodeando por la playa en busca de venganza a través de su hijo, quien se vestirá con traje de neopren y patas de rana, añorando esos veranos en que podían disfrutar de esquivar olas y conquistar chicas bonitas.

La puesta en escena no precisa más que de sillas para que, por orden de aparición, vayan representando la tragicomedia en que la risa invadirá El Tinglado, en el marco del V Festival Shakespeare Buenos Aires.

Y sin menospreciar determinadas obras, resulta interesante el impacto que se produce cuando se le da la posibilidad al público de ingresar gratis a un espectáculo. Por suerte ya no se asocia lo libre con lo bueno. Este es uno de esos casos, tanto el festival como la dramaturgia.

No es requisito saber de memoria Hamlet ya que la propuesta está destinada a un público heterogéneo que, sobre todo, quiera romper con los relatos clásicos y tradicionales.

También resultan interesantes y súper entretenidos los diálogos y conversaciones entre los personajes para conformar estrategias y bandos que le permitan a un héroe u otro alcanzar el poder.

La trama original se mantiene pero sufre muchas modificaciones que le permiten convertirse en una tragedia celebrada en que lo grotesco, lo absurdo e inclusive lo convencional tienen su momento y espacio para demostrar que los personajes de Hamlet no son solo personajes que aman y odian sino que, también, tienen deseos sexuales, que mantienen secretos para confabularse con quienes les convenga y que, por sobre todo, tienen salvajismo al igual que los animales más feroces.

Son sobresalientes las actuaciones y logran crear una voragine existencial gigante que quien no esté libre de prejuicios deberá abandonar la sala.

La dupla Gertrudis-Claudio se lleva todas las miradas de los espectadores por el modo en que transitan temas aún tabúes que demuestran cuán ridículo es mantenerlos en silencio. Pero Ofelia y su caprichoso deseo por estar junto a Hamlet príncipe la convierten en una despechada loca que se mueve por sus sentidos y no por la razón.

De hecho, son pocos los que piensan y planean algo. Una de ellas es la hija de Fortimbrás (Rey de Noruega), quien desea quedarse con el balneario de Hamlet a toda costa. Para ellos se une a la ex mujer de Claudio, quien por estar muy despechada consigue su propósito de vengarse.

El léxico desde ya que es modificado por uno vigente, de nuestros tiempos modernos y, seguramente, este sea uno de los puntos que más le atraigan a los jóvenes que observen esta pieza teatral.

Como si lo más importante fuera ocupar un trono en un castillo, aquí se demuestra que nadar y rescatar a quien está a punto de ahogarse, es lo que vale la pena. Nada de lucir trajes épicos sino cómoda y liviana ropa, mallas y bikinis para juntarse junto a un imaginario fogón.

Cuando las llamas surjan, todas las verdades serán develadas y las escenas llegará a su fin.

“Hamlet, la obra” (escrita por Leandro Orellano y Cumelén Sanz; dirigida por Matías Feldman y Santiago Gobernori) sorprende, divierte, tiene un fuerte contenido social y merece ser aplaudida de pie. “Chetos” frente a “viyeros”, lucha de lenguajes, territoriales y carnales. Estos son los problemas de nuestra sociedad y por esto, simplemente, tenemos que ser agradecidos de que un grupo de jóvenes talentosos se anime a versionar al gran autor.

A la vez que los personajes corren, se miran, se alían unos a otros y se combaten unos a otros; llega la gran batalla: una pelea de ojotas en que el veneno matará al más débil. Quizás nadie salga herido o tal vez no sea la idea que uno perezca para que otro salga victorioso.

Hamlet, la obra ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Puedo sonreír y asesinar mientras sonrío

Sweet William4

Michael Pennington es un actor inglés que interpretó varios roles shakesperianos, decidiéndose a crear su propio unipersonal titulado “Sweet William”. En el marco del V Festival de Shakespeare Buenos Aires, el artista estuvo presente dando charlas sobre el escritor y, también, sobre su vida.

Es sumamente atrapante, sepas o no el idioma, cómo los relatos entre ambos se van entrelazando hasta que llega un momento en que tenés que preguntarte de quién se trata en ese entonces. Desde ya que sus pasados familiares no tienen semejanzas pero sí el amor por la literatura, el teatro y el deseo por narrar.

Cada cual con su lenguaje transmitió una atmósfera diferente y similar a la vez. En esta oportunidad, la Usina en el barrio de La Boca, abrió sus puertas para que disfrutemos de Pennington a través de su representación.

Solo, sin escenografía, simplemente con una silla logró conmover, anhelar, soñar despierto y atravesar esas fronteras que suponemos existen en la vida.

Una primera parte se basó en los primeros años de vida de Shakespeare donde contó que su infancia no fue del todo feliz, que dejó el colegio y desapareció hasta que se casó. Que no se sabe por qué contrajo matrimonio ya que su mujer había quedado embarazada, pero no existe información fehaciente que diga si estaba enamorado o no.

Desde ya que no es lo mismo escuchar hablar a un actor en castellano que en inglés porque para comprenderlo, en vivo, habría que tener un nivel excelente. Ese fue el único aspecto negativo en cuanto al unipersonal, sobre todo teniendo en cuenta la extensión de alrededor de dos horas, motivo por el cual tuvimos que escuchar la traducción a través de unos auriculares.

Claro que lo que importa, más allá de lo que dice es el cómo, las herramientas que utiliza y despliega para unir dos épocas completamente diferentes, para hacernos sentir que los reinados y monarquías siguen vigentes, y para que, realmente, deseemos con el corazón seguir consumiendo Shakespeare para siempre.

Al avanzar el relato, Michael hace una diferenciación entre tipos de actores estando de gira, con muchos tintes de humor y esa sonrisa de placer por poder representar no a uno sino a muchos de los personajes de sus libros.

En cuanto sigue mechando su historia de vida con la de Shakespeare, llega el momento de transitar por diferentes obras del autor, las que, posiblemente, pudieron ser concebidas gracias a lugar solitario en que vivía el autor. Macbeth, La comedia de las equivocaciones, Rey Lear, Ricardo III, Sueño de una noche de verano, Hamlet, entre algunas de las obras citadas por Pennington a lo largo del unipersonal. De ellas decide tomar ciertos fragmentos e interpretarlos en el espacio escénico.

¿Qué hubiera dicho Shakespeare si hubiera escrito en época de un mundial? – cuestiona el actor en un momento de la obra. Dejándonos perplejos y continuando con otra temática, es tarea para resolver en casa, pensando en tantos factores como sean posibles.

Uno de los momentos más cruciales se produce cuando menciona el lugar que tenían los teatros en la época de Shakespeare, a qué altura estaban y el menosprecio que sentían los poderosos por éstos: los teatros eran puestos al mismo nivel de un burdel, de hecho se trataba de los mismos dueños. También, nos explica que los autores eran peor pagos que los actores. Seguramente, habrá sido el único momento en que un actor ganó bien, agrega Pennington.

Respecto a los niños, dice que no suelen tener suerte en las historias de Shakespeare, aunque el resto de los personajes tienen la oportunidad, a través de monólogos, de esbozar sus pensamientos. Dice que el que recita el soliloquio, nunca miente en las obras de Shakespeare.

«El amor me abandonó desde el seno de mi madre , logra erigirse como una de las frases más emblemáticas de Shakespeare y habría que cuestionarle si ese abandono y esa soledad también existieron en su vida, si además de trasladar la política a sus libros, se atrevió a caracterizar personajes desolados y tristes que de cualquier manera pretendían sentir algo de amor, aunque sea por un instante.

 Mariela Verónica Gagliardi

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Dinamarca arde en llamas

Niño en estado adulto9

La quinta edición del Festival Shakespeare Buenos Aires tiene un abanico de propuestas interesantes pero no amplio en cuanto a las obras escogidas del autor. Esta selección, permite que veamos por ejemplo dos versiones totalmente diferente para luego analizar el género predominante.

“Niño en estado adulto, nieve que arde o lo que quedó de Hamlet” (escrita y dirigida por Amalia Tercelán) tuvo lugar en el Teatro Beckett y la repercusión, durante la función, demostró que la adrenalina del espacio escénico se trasladó a las butacas. El horario escogido fue la medianoche y, junto a ella, surgieron todos los placeres juntos para desarrollar la historia del príncipe Hamlet (Martín Gross) pero desde una arista no convencional.

Él es adulto y, sin embargo, se transforma en pequeño para expresar lo que sintió en aquel momento tan desgarrador en que su padre fue asesinado por su hermano (Franco Planel) quien se quedó con su cuñada (Vivian Luz Piemonte). Esta nueva pareja, ante los ojos del niño, fue un mal ejemplo, depravada y, sobre todo, mostrando a Claudio como un verdadero oportunista que -sin ningún tipo de pudor- se paseaba delante de su sobrino como si fuera un ejemplo de vida.

La lujuria es el elemento central de la obra, a partir del cual los personajes interactúan, se complementan y se diferencian. Los seis pecados capitales restantes son: pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia. Cada uno de éstos se ve representado específicamente sea a través de un personaje o de alguna de sus acciones.

Son detractores del catolicismo y solo tiene sed de amor, devoción incluso por sus propios cuerpos, un marcado favoritismo por hacerse notar pretendiendo ser escuchados de verdad.

En cuanto a la pereza es el menos ejemplificado durante la obra pero que cae de lleno en Laertes (Mariano Echeconea) -quien se mantiene absorto hasta casi el desenlace de la historia-.

Helados de diferentes gustos y bebidas alcohólicas desfilan por el castillo convertido en living hogareño, un living que brilla y sirve de confesionario para todo aquel que necesite desahogarse y no tenga con quién.

Estos placeres gustativos son acompañados por una pianista (Fernanda Zappulla) que deleita no solo con sus melodías sino con un gran despliegue vocal que incita a la risa constantemente.

Resulta imposible no pasar una velada agradable, junto a Shakespeare, quitando todo tipo de máscaras y dejando al desnudo a estos personajes tan controversiales como reales. Y, justamente, borrado todo vestigio del periodo renacentista originario logran, indiscutiblemente, interpretar una performance bien Argentina.

Uno de los puntos de inflexión acerca del relato se refiere a la relación entre madre e hijo, o sea, entre el príncipe Hamlet y Gertrudis. El complejo de edipo parece haberse quedado en el tiempo sin permitirle al niño crecer normalmente. Es así como lo vemos jugar con un caballito en el que salta de extremo a extremo, intentando conservar su personalidad sin enloquecer en el intento.

Con respecto a Hamlet Rey, ya muerto, no aparece en escena pero sí a través de unas proyecciones visuales, en blanco y negro, permitiendo que esté dando sus mensajes para que nadie lo olvide. Hacia un lado aparece Claudio y hacia el otro, su sobrino. Ambos tienen su turno para hablar aunque ya conocemos quién es quién y las atrocidades llevadas a cabo por el asesino del Rey.

Es Ofelia (Antonella Grosso) un personaje gracioso y grotesco, que permite dilucidar el lugar que ocupa una mujer, lo poco que le interesa el poder y su gran propósito por estar con quien quiera cuando quiera. Cuando sus sentidos le den la orden para ir hacia Hamlet o hacia quien seduzca con la mirada.

La nieve vendría a significar los paños fríos que necesitan los integrantes de la tragedia para seguir adelante sin morir de pasión desenfrenada. Y lo que quedó de Hamlet, trasluce los misterios humanos, los motivos por los cuales los más perversos consiguen “triunfar” a cualquier precio.

“Niño en estado adulto, nieve que arde o lo que quedó de Hamlet”, transmite esa adrenalina impregnada durante la adolescencia que perdura por el tiempo que se reavive. Esta obra de teatro es una excelente manera de unir el canto, la música y la actuación, de la mano del clásico autor dramático y consiguiendo un resultado fabuloso.

Puede presenciarse un gran trabajo entre todo el elenco gracias al cual, indefectiblemente, se obtiene a un príncipe sufrido que opta por enfrentar sin miedo y asumir lo que el destino le procure.

Niño en estado adulto ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Escalera a la fama

Romeo y Julieta, una obra en construcción11

Dos actores son convocados para protagonizar la obra Romeo y Julieta. Pero sucede que el resto del elenco no podrá llegar a tiempo para la grabación y solo ellos tendrán que remontar el inconveniente.

De esta manera, los dos actores, representarán, formidablemente, las escenas más emblemáticas de la historia, utilizando los pocos objetos que a su alcance.

En medio de la gran desesperación e incertidumbre, Romeo y Julieta atravesará momentos trágicos, otros cómicos y otros tristes; predominando siempre la magia de la risa. Al sentir que están haciendo el ridículo y que todo está perdido; conseguirán una nueva versión del clásico de Shakespeare muy dinámico y entretenido.

Basándose en la frase de «el show debe continuar», ellos sienten que es un desastre lo que están llevando adelante a la vez que el director les da aliento diciéndoles cuán extraordinario está saliendo todo.

Utilizando la imaginación e invitando a los niños a jugar con ella, podremos descubrir que ciertos objetos impensados sirven para situarnos en tiempo y espacio sin precisar grandes lujos.

El famoso balcón ahora será representado por dos escaleras y, los amados, se mirarán a los ojos prometiéndose lo más profundo. Se respetarán los lineamentos principales de la historia que masivamente se conoce y la palabra veneno deambulará por la sala como si se tratara de una poción difícil de ignorar.

Un gran desenvolvimiento corporal y destrezas físicas se ven en escena, intentando ocultar la vergüenza ajena tras desplazamientos rítmicos.

Pata de ganso, un lugar muy familiar, llenó su sala y, entre todos, logramos darle aliento a esta versión de Romeo y Julieta. Prescindir de un escenario al igual que de objetos tradicionales para montar una obra épica es la solución para, muchas veces, crear productos artísticos diferentes y romper con los clásicos que se repiten sin, en general, cambiar o adaptar relatos a estos tiempos modernos en que es preciso facilitar el lenguaje y códigos para que un público más heterogéneo logre comprender las tragedias románticas de fines del 1500.

Sábanas, escobas, escaleras, telas pintadas e inclusive el sol y la luna que giraban para marcar el paso de las horas. Una función plagada de risas con tanta espontaneidad como empatía con los espectadores, consiguió marcar una huella entre grandes y chicos.

De este modo, el Festival Shakespeare le dio un lugarcito a Mónica Spada y Pablo Di Felice, quien dice no haber triunfado en Clave de sol, pero asume que en algún momento lo hará.

Quizás sea ahora, en vivo, junto a los niños, a su voz cautivante y a la de su compañera. Pasos firmes, luz, cámara y acción para que hagan magia con lo poco que encontraron detrás de bambalinas.

 Mariela Verónica Gagliardi

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