*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Escribir la vida desde el Paraíso

Hoy El diario de Adán y Eva1

El cometa Halley, pasó cerca del Planeta Tierra el 30 de noviembre de 1835, día en que Samuel Langhorne Clemens nacía.

Más conocido como Mark Twain, es uno de mis autores favoritos desde pequeña, ya que logra acercar sus vivencias personales a las aventuras más sorprendentes y divertidas, en las que es posible ser feliz durante cada una de sus páginas.

Sin lugar a dudas, este genio creó uno de los libros más importantes de la literatura humana: El diario de Adán y Eva. Durante este breve relato, estos personajes bíblicos van autodescubriéndose y conociendo el mundo, sus palabras, sus significados y, asombrándose, con las diferencias entre ambos sexos.

Como un homenaje, en cierta forma, a su esposa Olivia -quien murió un año antes de la escritura del libro-, él entremezcla ficción y realidad, haciendo primar las diferencias y el humor por sobre todas las cosas.

Justamente, esta mujer y este hombre reflejan a tantos otros de su especie. Tanto animal como humana, claro que solo la humana podrá comprender el lenguaje que se utiliza durante la dramaturgia, a pesar de que Miguel Ángel Solá representa muy bien a las diferentes especies anteriores al hombre. Tal es así que Eva tarda en entender la evolución y darse cuenta que es un semejante.

Lo mismo ocurre cuando engendran vidas -la de Caín en primera instancia-, las cuales no logran asimilar como suyas, ni entender de qué razas son -confundiéndolas, incluso, con reptiles-.

Todo el lenguaje poético que se utiliza en esta obra, denominada “Hoy: El diario de Adán y Eva” (escrita por Solá, Oteyza y González Gil; dirigida por Manuel González Gil), goza de una suspicacia y sensibilidad enormes.

Miguel Ángel Sola y Paula Cancio, consiguen retratar a dichos personajes emblemáticos de la religión católica, enaltecerlos y ridiculizar sus conductas a partir de diálogos entretenidos, graciosos y llenos de romanticismo.

La música, a cargo de Martín Bianchedi, ameniza las escenas que transcurren entre pasado y presente. Un pasado en que una emisión radial desarrollaba un radioteateatro sobre este clásico de Twain, un clásico representado por Dalmacio y Eloísa (Adán y Eva). A partir de estas intervenciones en el micrófono, dentro de las que logran desarrollar dotes artísticos, se enamoran. Como era esperado.

Entonces, la pieza artística tiene varios aspectos a destacar: los orígenes de la especie humana a través del libro de este escritor y periodista del Siglo XIX, una historia de amor deleitosamente interpretada en la radio, en la vida ficcionada y la certeza de que todo ocurre, seguramente, en su vida privada.

Una historia, dentro de otra y ésta, dentro de otra… como quien abre una Mamushka y se encuentra con otra y sonríe por saber que existe una aún más pequeña e idéntica.

Así, como la reproducción humana, como las generaciones y como los días recorridos por el Diario que nos esboza otra sonrisa. No existe descubrimiento para nosotros, sin embargo, rememorar los orígenes, sin importar el credo, es una caricia al alma. Imaginar que dos seres, únicos, están solos y no les queda más alternativa que congraciar o ignorarse.

Como Adán cuando ya no soporta escuchar a Eva hablar sin parar, mientras Eva no entiende lo frío que se muestra su compañero.

Los fragmentos escogidos para representar están muy bien tomados y esta elección les permite intercalar lo fiel del teatro leído con la memoria que los caracteriza.

Y, con respecto al presente -que aparece, una y otra vez-, un programa radial, con mobiliario moderno, lo entrevista a Dalmacio. Un Dalmacio ya anciano, con problemas de salud que intenta disimular y con una ternura y terquedad como toda persona mayor. La entrevistadora (Adriana) es la pieza fundamental de toda la obra y quien irá conduciendo el programa para llevar a este personaje por diferentes momentos de su historia. Será de vital importancia el objetivo que ella persigue y el cual éste niega rotundamente con evasivas.

Mientras, los actores se cambian en visibles camarines -que se encuentran en ambos extremos del escenario-, la música no solo nos y los acompaña en esos breves instantes, sino que no dejan de narrar y esbozar sus identidades. Todo el vestuario es asombrosamente práctico y bello, lo que les permite a los intérpretes hacer los cambios en escena y que, desde el público, se pueda observar.

Casualmente, aunque no creo demasiado en las casualidades, el gran Mark Twain fallece el 21 de abril de 1910 -un día antes de que el cometa Halley volviera a pasar por la Tierra-.

ficha Hoy El diario de Adán y Eva

Mariela Verónica Gagliardi

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Las estrellas celosas los mirarán pasar

La novia de Gardel10

(…) Me falta algo y ese algo sos vos, queridita Isabel. Pero no importa: pronto llegaré y será para no separarme más (…).

Solo un enamorado puede dar su corazón, extrañar, anhelar estar junto a ella y prometerle un futuro. Quién podría afirmar que si no hubiera existido el accidente sus vidas permanecerían juntas. Todo es tan incierto, incluso hasta su fecha de nacimiento, cada una de sus amantes y cuál era su verdad. No la que los medios transmitían sino la suya, aquella que le brotaba desde lo más profundo de su ser y que solamente él podría esclarecer.

Un corazón puede ser muy grande o muy pequeño. Puede alojar a un solo amor o a varios a la vez.

Carlos Romualdo Gardés, más conocido como Carlos Gardel y apodado el Zorzal o el morocho del Abasto; eligió la segunda opción. En realidad, los artistas, solían tener amoríos por doquier sin por ello dejar de amar a una en especial.

“La novia de Gardel” (escrita por Ana María Cores, Marisé Monteiro y Pablo Mascareño; dirigida por Valeria Ambrosio) retrata a una italiana que migró a Buenos Aires y, allí, conoció a su cantor, aquel que la embelesó por completo.

Con una escenografía muy bonita, proyecciones audiovisuales y detalles ornamentales; la historia avanza y retroce como lo precise.

Si bien el musical muestra a la joven (Ana María Cores) como una muchacha sumisa e idealista, existen rumores que cuentan otras versiones totalmente diferentes.

De cualquier modo, esta puesta en escena tiene como propósito homenajear a Gardel -quien murió hace ochenta años-, haciendo sonar aquellos tangos más conocidos, popularmente hablando, y que le valieron la fama. Algunos de ellos son: «El día que me quieras», «El corso», «Volver», «Milonga sentimental» y «La canción de Buenos Aires».

Más allá del dúo vocal, considero que es digna de destacar la elección de canciones que, en conjunto, se encargan de narrar el romanticismo de Carlos Gardel, sus viajes, cada gira, la fama, la desolación y el desarraigo constante que sufría. De esta manera existen dos posibilidades al interpretar la obra: una sonora y, la otra, dialogada. Creo que si se quitaran las conversaciones, el sentido de la historia se comprendería a la perfección; pero, de eliminarse las canciones ya la esencia de Gardel moriría junto a él.

Con respecto a la relación entre él y su amada, ella se llamaba Isabel del Valle. La diferencia de edad era notoria entre ambos ya que con tan solo catorce años se había enamorado del codiciado tanguero quien la doblaba en edad. Este aspecto no se ve reflejado en la obra ya que ocurre lo opuesto: ella es más grande que él.

Como una pieza de baile perfecta, comienza y termina con la misma escena, aquella que sacudió y sacudirá durante la función a todos -tan desgarradora como fugaz-.

La juventud lo marcó, lo proveyó de tanto entusiasmo que le permitió soñar y avanzar. Habiendo sorteado todo tipo de obstáculos, se encaminó a cuanta gira se le presentó, siéndole fiel a su corazón aunque no a su biología.

Su destino lo enfrentó, dejando atónita a su principal mujer, con quien deseaba casarse algún día.

La voz de Gardel (interpretada por Mariano Depiaggi), su voz con esa tonalidad casi imposible de imitar no puede vibrarse en escena y es que las copias no sirven de mucho. Mariano logra capturar su imagen, modismos y esa frescura que lo hizo brillar por siempre. Esto es más interesante que encontrar a un cuasi Zorzal.

Ese zorzalito a quien Isabel hablaba día y noche, a quien le cuestionaba, junto a quien lloraba y de quien aprendía a cantar los más bellos versos.

El Teatro Regio le permitió a la historia del tango, vivenciar momentos de la intimidad de esta pareja. No interesa qué fue verdad y qué mentira. No nos corresponde juzgar si se trató de amor por conveniencia, si fue una pantalla o si realmente se amaban con locura.

Mientras Isabel cose y plancha, los años 30’ parecen establecerse en escena, desde la vestimenta hasta el léxico utilizado. Desde los movimientos de sus cuerpos hasta las palabras esbozadas por sus bocas.

Volver es lo que no pudo y quizás fue lo único que salvó a su mujer del escándalo público, de las conjeturas, de las charlas sobre infidelidad. Tal vez, las palabras y los versos fueron el romance idílico entre ellos. Cada carta y documento podrán hablar a favor o en contra de ella, ensalzando siempre la figura de uno de los más grandes y venerados del reino arrabalero.

La novia de Gardel ficha

Mariela Verónica Gagliardi