*** Septiembre 2018 ***

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El aire es el mismo

Creo en un solo Dios6

Tradiciones, religiones, guerras desmedidas, tierras en puja, poder, poder y poder.

Hay cosas que se enseñan desde la cuna y otras que se maman, podría decir.

¿Cómo le podríamos decir a un israelí que su país no es suyo del todo o a un palestino que carece de todo?

¿Quién tiene la certeza o el derecho de pronunciar que un territorio es suyo o de su eterno enemigo?

¿Las guerras, probablemente, sean eternas porque la religión es su intermediaria. Entonces, cómo conciliar a dos países que se odian sin saber por qué o para qué?

¿Quién es culpable o inocente?

“Creo en un solo Dios” (con dramaturgia del italiano Stéfano Massini, traducción de Patricia Zángaro y dirección de Edgardo Millán) es una obra de teatro dramática, ¡excelente!

Resulta impecable cada uno de sus detalles, desde la puesta en escena, hasta las interpretaciones, el vestuario característico de cada actriz, la dramaturgia y su dirección. Sucede que cuando se ingresa a la sala, ya notamos una impronta escénica. Una decoración blanca que nos marca un espacio surrealista. Podría tratarse del cielo o de la tierra. No tiene por qué colorearse del  tono más conocido, ¿no?

Tuve la sensación de estar entre algodones, de que cuando cayeran esos cuerpos no se dañarían del todo.

Creo en un solo Dios es una manera de despertar a quienes se encuentran dormidos o pereciendo en el olvido.

Un Dios por religión o uno para todos. Qué difícil resulta.

En cuanto a la dinámica que ocurre a lo largo de la historia, cautiva, emociona y nos hace reflexionar con el paso del tiempo. Porque es un tiempo no lineal sino que toma diversas formas para contar qué sienten: una soldado norteamericana (Estela Garelli), una profesora de historia (Noemí Morelli) y una estudiante palestina (Antonia Bengoechea). Pareciera ser irreconciliable por lo antagónico, pero funciona como anzuelo perfecto para que ningún espectador pueda sentirse descalificado, burlado, ironizado o calumniado.

Estos exquisitos personajes son humanos. Trascienden la cuarta pared, la impregnan de sensibilidad y consiguen salirse de todo tipo de estereotipos que obstruyan su credibilidad.

Por momentos me olvidé que eran actrices. Era tan real lo que ocurría que disfruté y sufrí (al mismo tiempo) cada retazo de la obra.

Si se creyera en un solo Dios, quizás los enfrentamientos y las guerras ya no tendrían sentido de ser. Tal vez quienes comandan cada operativo no podrían seguir llevando sus caretas y no tendrían la oportunidad de hacer inmolar o explotar por los aires a jóvenes que “creen” en que eso es defender a su Patria y hacer justicia.

No existe aquello que corresponde, en una guerra.

No hay peor cosa para el ser humano que combatir y eliminar a un “otro”, matándolo. Quitándole su vida. ¡Su vida!

No concibo este mundo en paz.

Mientras la cronología parte de una fecha específica por el 2003, las vivencias, anécdotas y situaciones no paran dejan de continuarse. Temer por la muerte a cada instante porque una vez se zafó pero, luego, quizás, ya no. Pensar que se sigue viva de milagro porque Dios existe. Pero, entonces, ese superhéroe permite que unos vivan y otros mueran. No, no.

La decisión de la soldado de defender, ¿defender?, de intermediar entre esas dos naciones que no le dan libertad a sus habitantes, será lo que permita hacer un click al público. Es fuerte, muy fuerte lo que presenciamos, no el final, sino todo.

El monólogo de una se entrelaza con el de la otra, y el de la otra con el de la otra. Pero, en un momento se unen como un ovillo. ¿Son las tres una misma? ¿Qué hubiera ocurrido si la norteamericana era palestina o si la palestina era israelí o?

Todo tipo de especulación no hará más que angustiarnos. Sí, el corazón se me salió por la boca, pasé un momento de shock. Soy consciente, soy judía pero no israelí. Pienso como humana y no como guerrera. No creo que la vida de una valga más que la de la otra ni que una deba morir para que la valoren más. No estigmatizo, no juzgo, no creo más que en un Dios. Por eso esta dramaturgia es poesía que se escabulle en el corazón. Por eso es que no puedo más que recomendarle a todo ser humano que, obligatoriamente, asista mínimo a una función en el Teatro Payró.

Quizás podrán pensar qué habrá de nuevo para contar sobre esta guerra incesante. Les puedo asegurar que no es un juego de Teg sino la manera de narrar, de poner en movimiento un texto, de escuchar lo que a veces leemos, de abrazarnos sin importar cuál sea nuestro origen, religión, raza o condición.

Funciones: Jueves 20.30 hs.
Teatro Payró.

Mariela Verónica Gagliardi

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El juego de los roles

Absolutamente comprometidos4

En los años 90’ la actividad de call center -también llamada contact center- comenzó a aumentar en Estados Unidos y el resto del mundo. A través de operadores telefónicos se delegó una infinidad de tareas a resolver, inmediatamente, sin que los capitalistas asumieran y se hicieran cargo del rol que iba a tener que cumplir un simple operario telefónico.

La precarización de esta actividad laboral, inclusive hoy en día sigue siendo cuestionada por los grupos de mayor poder político y económico, queriendo hacer la vista gorda y evadiendo las consecuencias y el estado en que quedan los empleados después de una jornada de trabajo.

“Absolutamente comprometidos” (Fully Committed originalmente) es una comedia que utiliza la ironía para narrar la vida de un operario telefónico que tiene a su cargo el deber de atender varias líneas a la vez, debatiéndose entre su deseo de desempeñarse como actor y la obligación de tener que ganar un sueldo.

Este unipersonal, protagonizado por Julián Kartún (y dirigido por Miguel Pittier), se está llevando a cabo en el Teatro Payró, y nos hace notar el stress por el que pasa, constantemente, sin animarse a renunciar a semejante locura. Claro que está tan encapsulado en un sótano que solo es capaz de continuar hablando con uno y otro cliente sin respiro alguno, resolviendo cada interrogante a la brevedad y descubriendo -de a poco- la miseria de la clase alta que se encapricha por reservar la mejor mesa en el restaurante distinguido de la zona.

Si bien la historia real se desarrolla en Nueva York y los gags, chistes y ocurrencias son muy yankis; Esther Feldman y Alejandro Maci lograron hacer una adaptación bastante Argentina.

Estéticamente hablando, se ha mantenido la utilización de los aparatos telefónicos con discado, un mobiliario sencillo como en la puesta original y el detalle del árbol navideño para ubicarnos en la época que transcurre la escena.

El espectáculo que dura alrededor de una hora de reloj, se hace eterno porque este día de trabajo está interpretado en tiempo real, motivo por el cual escuchamos conversaciones de muchísimos clientes que pretenden ser exclusivos a cualquier precio.

Como dice la frase: río para no llorar; no puedo dejar de lado la notoriedad del estado del cuerpo de este trabajador. Su cuerpo, abatido, desea ir un instante al baño, comer algo y, por qué no, respirar. Nada de esto se le brinda. Nada de esto le ofrece su jefe: un cocinero que lo humilla con tareas que no le corresponden.

“Absolutamente comprometidos” parece una ironía también. Aunque el título real se refiere a las mesas reservadas en su totalidad, la traducción es un juego de palabras tan irrisorio como triste a la vez. Un empleado que compromete cada minuto de su vida en un puesto que no lo reditúa en ningún aspecto. Por otro lado, la situación en norteamérica respecto de Argentina es algo diferente.

Quizás allí puedan reírse de llamados recibidos y de las ocurrencias de las personas que están del otro lado del tubo. De la misma manera que Becky Mode no toma la decisión de colocar a un solo artista en escena porque sí. Pensándolo durante horas llegué a la conclusión de que podría tratarse de una elección suspicaz e inteligente: varias voces llevadas a cabo por este empleado que está saturado. Dichas voces en línea pueden ser, literalmente hablando, una suerte de sketchs con cada cliente ausente físicamente, o, la locura que lo invade por completo.

Quien haya tenido o tenga un empleo de atención al cliente vía teléfono, seguramente, habrá tenido o tendrá pesadillas, sueños en que conversa o discute con cada uno, entre otras cosas.

El punto cúlmine se alcanza en cuanto su jefe lo denigra por completo, como les mencionaba anteriormente, pretendiendo hacer de su vida una tortura psicológica.

Quien tiene el poder, manipula, controla y exige; muchas veces sin mirar a los ojos al otro. El otro no es otro, es una persona con necesidades de todo tipo.

Detrás de las risas se esconde el peor dolor, ese llanto desgarrador que no tiene espacio en esta obra ya que se posiciona del lado más cómico, mostrando a la rutina como un modelo a seguir, abriendo otra pequeña arista donde se encuentran los afectos y los objetivos personales.

Las voces continúan y cada una lo irrita, divierte y marea, hasta perder noción espacial y temporal. Esos sonidos que aparecen y se esfuman cuando el cliente quiere; operando también como pieza fundamental en la paraoia de este joven y cumplidor trabajador.

Absolutamente comprometidos ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Ficha técnico artística

Dramaturgia: Natalia Paganini / Actúan: Sofía D´afflitto, Florencia Orce, Mariana Paganini, Miguel Angel Vigna / Maquillaje: Andrea Cataldo / Diseño de vestuario: Yamila Ornella Gentile / Diseño de escenografía: Irina Cervilla, Débora Luaces, María Rita Rovati / Diseño de luces: José Luis Misevich / Realización de escenografia: Irina Cervilla, Débora Luaces, María Rita Rovati / Realización de vestuario: Yamila Ornella Gentile / Audiovisuales: Leandro León, Pablo Moro Rodríguez, Florencia Orce, Ivana Ostertag / Diseño gráfico: Sophian.com.ar / Asistencia de dirección: Andrea Cataldo / Producción: Andrea Cataldo / Supervisión dramatúrgica: Ariel Barchilón / Teatro Payró (San Martín 766 – C.A.B.A) / Las funciones son los sábados a las 20 hs. Última función el 24 de noviembre / Localidades $30 y $60 / Duración: 75 minutos.

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