*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Tati Martínez’

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Un atentado al corazón

Miranda10

El 21 de diciembre de 1988, el vuelo 103 de Pan Am (compañía estadounidense) sufre un atentado, a partir del cual pierden la vida varias personas de diferentes nacionalidades. Esta noticia, es adaptada para la obra de teatro, informando que sucede en la ciudad de San Pedro.

Ni la vida se compra ni la muerte se compra. Ambas cosas, llegan cuando tienen que llegar, por más rezo o plegaria que hagamos. Ni un Santo ni una oración podrán devolver a quien ya no está o asumir realmente lo que toca cuando esa persona ya no esté presente para escucharnos.

«Miranda» (escrita y dirigida por Ulises Puigrós) no se centra en la muerte aunque sí logra abordarla de algún modo. La sala de Corrientes Azul parece ser el lugar escogido para confesiones tan reales como tristes en que, se diga lo que se diga, las lágrimas nos recorren.

Desde un comienzo, la iluminación tenue y la vestimenta sombría, contextualizan el ambiente: un velorio. Si bien hay un muerto -que jamás vemos-, las culpas, la discriminación y la violencia tienen su espacio para determinara quién es cada uno y qué pretende del otro.

Miranda es una diva glamorosa, actriz protagonista de la novela de la tarde, y un ser que tiene demasiado para decir. Como si las palabras no bastaran, ella está presente y, de a poco, logrará silenciar cada acto de maldad o ignorancia por parte de su familia.

Su hermano, su cuñada y su mamá formarán parte de la sociedad ochentosa que apenas lograba conocer sobre la homosexualidad y cada concepto tan lejano como exasperante. Miranda, por otro lado, argumentará e integrará a los menos escuchados, a ese pequeño sector que pareciera ser -aún actualmente- el más relegado y equivocado. Ridículamente, ya es momento de aceptar que no existe persona que tenga la razón, cada una tiene sus justificaciones y no siempre es necesario darlas. Quien más necesita entender es, seguramente, quien menos definida tenga su vida y quien más pena sienta de sí mismo.

Miranda es el reflejo del sufrimiento, del padecimiento, de la lucha diaria, de la grandeza, del orgullo de tener libertad y una alegría a su propio corazón. Ella no necesita condenar sino ser. No precisa de un manual de instrucciones ni de tener la posibilidad de hacerse notar. Ella, después de mucho tiempo, vuelve, regresa a su casa y es ahí cuando lo olvidado resucita.

Como si se tratara de un baúl lleno de polvo y telarañas, ella lo abre para hacerle notar a su familia lo mal que estuvo.

Admirarla es lo que resulta. Primero por la pantalla chica y después al verla en vivo.

Si siguen existiendo temáticas de género en el mundo artístico es porque las minorías necesitan ser tenidas en cuenta y precisan aprobación de alguna manera. Mínimamente para no sentir que su condición las convierte en minusválidas.

Un gran trabajo de Ulises Puiggrós que le quita el velo al misterio cuestionado por los más impertinentes sectores sociales, aquellos que se creen con derecho de ofender y, la cobardía, de no marchar por sus propias inquietudes.

Entonces, se pueden tener en cuenta -como una sucesión de hechos- varios aspectos: el motivo de la muerte de este padre, el regreso de su hija y el dolor del pasado.

Quién es quién resulta fundamental para observar «Miranda», una comedia dramática que demuestra la delgada línea entre el hoy y el mañana, entre una decisión bien tomada y una mal tomada.

No juzgar se convierte en la acción más solicitada para entender el argumento de esta dramaturgia. Cada uno vive como puede y hasta las declaraciones más rígidas e hirientes por parte de la viuda, son entendibles pero no justificables.

La gran actuación de Tati Martínez, conmueve, emociona y brinda tanto placer que es imposible no emocionarse. Con su embarazo, se desplaza en escena, juega a ser esposa y futura mamá a la vez que le confiesa a Miranda su malestar verdadero.

Como un estallido que irrumpe sin pedir permiso, así quedan marcados estos personajes, quienes interactuarán entre sí desde lo que fueron y, quizás, puedan dejar de ser.

Miranda ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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De lo naif a lo artificial

Varieté brutal25

La Familia Ingalls siempre fue tomada como una imagen a seguir de modelo perfecto. Los que no cumplimos con dicha tradición -por más que suene exagerado-, aún en la actualidad y en nuestra sociedad, somos menospreciados. Quizás no tanto como antes, pero sí lo suficiente como para que el machismo siga reinando.

Quienes tenemos alrededor de treinta, somos parte de aquellos años noventa en que se resaltaba un estilo de hacer televisión muy característico -y a veces banal-. Tiempo después, supimos que lo realmente artificial estaba por llegar.

Un viernes a la medianoche pude disfrutar agradablemente de «Varieté brutal» (escrita por Julián Sierra y Marina García, dirigida por Julián Sierra) una propuesta súper divertida en que la risa se apodera de todo y todos.

Si el humor negro o ácido no es de tu agrado, entonces no te la recomiendo. En cambio, si te gusta, no solo es aconsejable ir a verla.

Se utilizan proyecciones visuales que constan de fragmentos televisivos, publicidades reales y otras realizadas especialmente por el elenco; para impulsar las genialidades de estos artistas -quienes replicarán y enfrentarán lo pasado como puesta en escena actual. De esta manera, se irán entremezclando guiones de la pantalla chica con noticias trágicas -esbozadas ridículamente-.

Para hacer reír de esa manera y lograr una gran repercusión en el público solo es posible contando con un grupo artístico de primera línea. Ideas pueden sobrar, pero el modo en que se conjugan durante la Varieté, demuestran la calidad de cada cuadro, una historia con principio y fin; a la vez que una gran profundidad para analizar -por más que a primera instancia solo se disfrute del género cómico y satírico-.

La caracterización de los personajes es desorbitadamente graciosa, permitiendo observar la realidad globalizada y cada sutileza conformada en torno suyo.

Aquellos superhéroes vestidos como tales, con máscaras y disfraces de distintos colores abren con una performance en que tendrán que mostrar sus destrezas. Desde este primer cuadro se puede notar cómo la antítesis de las pequeñas dramaturgias son las precursoras de lo posterior. Cómo los diálogos se tornan muy entretenidos, siendo imposible que la tensión afloje. Y no me refiero a la tensión como sinónimo de nervio sino en el sentido que no existen altibajos durante la pieza teatral.

¿Recuerdan el caso de la fan de Axl Rose que se suicidó por no haber podido ir a su recital?

Esta noticia al igual que los testimonios fueron recreados, consiguiendo que las carcajadas continúen como ecos en el aire difíciles de disuadir con otros relatos. Claro que la personificación de la seguidora no estuvo encarnada por una mujer y eso es, justamente, lo irrisorio: verla vestida con jumper, los pelos revoltosos al viento, zapatos y una actitud de loca que arrasa con todo obstáculo puesto en su camino.

Años más tarde, llegaría de la mano de Cris Morena el programa Chiquititas y una de sus escenas, también, tenemos el agrado de disfrutar. Por supuesto que tomando una dimensión diferente a la original y usando al grotesco como contrapartida.

Otra de las situaciones llevada a cabo fue la constituida por la famosa Barby en su mundo estético, mostrando las diferencias con Tammy, y lo superior que se siente respecto a ésta. Una muñeca cobrando vida y siendo la protagonista de tantas vidas adolescentes, llevándolas a la ruina alimenticia y permitiendo que sus interiores sean tan vacíos como la cabeza de Barbie. Su superioridad camina por sobre cualquier intelecto supuestamente especial.

Me es imposible no hilvanar cada sketch con algún suceso o información de la actualidad -más próxima o lejana-. Lo extraño se vuelve conocido y ya no por salir en las noticias de los medios sino por ocurrirle a nuestros conocidos.

Y cómo olvidar la escena de amor durante Ghost en que ocurren momentos delirantes, al igual que en El clon -mostrando cómo durante una cena se ve acompañada por movimientos árabes hasta para comer-.

Dos horas fueron suficientes para renovarnos por completo, para justificar la dramaturgia, para conmover con las destrezas y actuaciones de los artistas al igual que para emitir un mensaje positivo. Siempre hay algo bueno que nos permite sonreír. Ojalá la vida fuera como la Varieté brutal. Ojalá nuestras vidas puedan contener momentos similares, sin importar que los más conservadores critiquen dicha actitud.

Varieté brutal es una caricia y una cachetada. Una mirada al pasado y al presente. Un modo de recordar y comprometerse con el futuro, divirtiéndose y haciendo felices a los demás.

Una vida perdida por fanatismo es la prueba de que aún queda un largo camino por recorrer. Hoy en día se quitan la vida por problemas más pequeños, como símbolo de cobardía. Como símbolo de que dan lo único que tienen en pos de algo que jamás podrán saber.

Varieté brutal ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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